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Macron bloquea un gobierno de izquierdas en Francia

Lucie Castets, candidata propuesta por el Nuevo Frente Popular para convertirse en primera ministra francesa.
Lucie Castets, candidata propuesta por el Nuevo Frente Popular para convertirse en primera ministra francesa. Fuente: Tomkiou

Casi dos meses después de las elecciones legislativas, Francia aun no cuenta con un primer ministro. Los resultados arrojaron una Asamblea Nacional donde no hay una mayoría absoluta, pero sí una mayoría simple. De forma sorpresiva, el Nuevo Frente Popular (NFP) –una coalición de partidos de izquierda– emergió como primera fuerza, obteniendo 182 diputados –la mayoría absoluta se sitúa en 289–, si bien a este número podrían añadirse entre 13 y 16 escaños adicionales de otros parlamentarios de izquierda.

El macronismo cosechó 163 diputados, los Republicanos consiguieron 68 y Reagrupación Nacional alcanzó 143, situándose en tercera posición. Como se puede observar, el NFP es quien está en mejor posición para formar un gobierno, especialmente tras el rechazo de los Republicanos a sellar una coalición con el macronismo. 

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En este contexto, comenzaron las negociaciones. Por un lado, el NFP se veía envuelto en divisiones internas respecto a la designación de un primer ministro –fueron días en los que se amenazó con romper la coalición–. Por otro lado, Emmanuel Macron buscaba una fórmula de gobierno de unidad “republicano” con socialistas, verdes y republicanos con el objetivo de aislar a La Francia Insumisa (LFI), formación que está integrada dentro de la coalición de izquierdas.

Tras múltiples días, finalmente el NFP propuso a Lucie Castets –personalidad de la sociedad civil conocida por su lucha contra el fraude fiscal– como candidata al puesto de primera ministra. Sin embargo, Macron decidió posponer las negociaciones, alegando el inicio de los Juegos Olímpicos en París como excusa. Finalizado el evento deportivo, el presidente galo reanudó las consultas. Fue entonces cuando empezaron a cobrar fuerza los rumores de que Macron rechazaría el nombramiento de Castets, la única candidata oficial.

Las consultas se sucedían mientras los diferentes jefes de los partidos franceses anunciaban su intención de bloquear a Castets en un hipotético futuro voto en la Asamblea Nacional. Se lanzaba así la siguiente advertencia: la candidata del NFP no será nombrada si LFI participa directamente en el gobierno. Jean-Luc Melenchon, líder de LFI, aprovechó la oportunidad para abrir la puerta a que los insumisos no obtengan carteras ministeriales, recalcando que su objetivo principal es cumplir el programa electoral.

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Con este golpe político, finalmente se atestigua lo evidente: la presencia de los insumisos era una excusa para rechazar a Castets, aunque Macron asegure que no la designa como primera ministra para preservar la “estabilidad institucional”. El presidente decide de esta forma volver a las consultas desencadenando la cólera de la izquierda que denuncia el “golpe democrático”.

El macronismo argumenta que no quiere designar a Castets porque no duraría mucho tiempo en el gobierno debido a una probable moción de censura que se pondría en marcha en su contra. No obstante, aunque esto fuera cierto, Macron se extralimita en sus funciones como presidente, ya que el jefe del Estado tiene la obligación de nombrar al primer ministro, no de organizar una mayoría parlamentaria.

Son los diputados los que tienen que decidir en la Asamblea Nacional, no el presidente con maniobras políticas. La situación empeora teniendo en cuenta que Macron no tiene ninguna alternativa más favorable que ofrecer, por lo que se mantiene el bloqueo político en Francia.

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Asimismo, desde hace semanas, varios medios galos informan de que detrás de la decisión de Macron de rechazar a Castets y al NFP está el temor de que estos den marcha atrás a sus reformas –como su polémico proyecto de la reforma de las pensiones– y articulen políticas como la vuelta del impuesto sobre la fortuna o el aumento del salario mínimo interprofesional a 1.600 euros.

¿Y ahora qué? Se entiende que Macron, en algún momento, designará a un candidato acorde con sus gustos e intereses, aunque este no tenga la confianza de la Asamblea Nacional debido al previsible voto en contra del NFP y Reagrupación Nacional. Al mismo tiempo, el presidente socava la institucionalidad francesa al fomentar un caos político que solo contribuye a desarrollar una mayor desafección ciudadana. 

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