La opción europea ante la guerra de Trípoli

Por Jorge González Márquez

La llegada de 2020 ha traído nuevas esperanzas a aquellos que, al menos de cara al público, defienden la necesidad de una resolución política del conflicto libio. El año ha comenzado con la celebración de una nueva serie de cumbres diplomáticas durante el mes de enero, primero en Moscú y posteriormente en Berlín, que han venido acompañadas, como viene siendo habitual, por la realización de nuevas promesas (rotas prácticamente al momento de ser enunciadas) y por la aprobación de nuevas resoluciones por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Pero todo este proceso ya lo hemos vivido con anterioridad. Las conferencias de París, mayo de 2018, y Palermo, noviembre de 2018, también estaban destinadas a encontrar esa deseada solución política para un conflicto que sin embargo no hizo más que agravarse a lo largo de 2019.

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Y si no es en lo novedoso ¿dónde reside el interés por este nuevo proceso diplomático internacional? Para contestar a esta preguntar principalmente deberíamos destacar dos cuestiones fundamentales. En primer lugar, debemos señalar algo que ya es un hecho: la guerra de Libia ha cambiado. El comienzo de la batalla de Trípoli, el 4 de abril de 2019, auguraba la llegada de una nueva etapa al conflicto que quedó sellada con una votación en el parlamento turco, celebrada el pasado día 2 de enero, en la que fue aprobado el despliegue de tropas al país norteafricano.

Votación para aprobar el envío de tropas turcas a Libia. 2 de enero de 2020.

Sobre el papel la Segunda Guerra Civil libia siempre ha tenido como elemento principal la rivalidad entre el Ejército Nacional Libio, encabezado por Khalifa Haftar, y el gobierno que ocupara en dicho momento la capital, Trípoli, pero en realidad durante la mayor parte de este periodo Libia ha sido un Estado completamente fallido dividido entre varios “gobiernos”, cuyo número ha ido variando, que han estado embarcados en la ardua tarea de restablecer “algo” que siquiera se asemejara a un Estado. Con este fin, y apoyados por diversos actores regionales según las preferencias ideológico-políticas de estos, cada uno de dichos gobiernos ha estado librando un largo y sangriento conflicto contra las filiales libias de grupos armados internacionales, como Estado Islámico o AlQaeda, y contra señores de la guerra locales. Pero eso quedó atrás a comienzos de 2019 cuando finalmente terminaron de consolidarse por completo los dos grandes bandos, el Ejercito Nacional Libio (LNA) de Haftar y el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), permitiendo que algunas de las principales potencias de la región hayan convertido a Libia en el escenario de una guerra proxy.

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Pero como adelantábamos antes hay otro elemento que hace que esta renovada aproximación diplomática produzca particular interés, y es que supone una prueba de fuego para la recientemente establecida Comisión Von der Leyen.  Esta nueva comisión europea ha prometido desde el momento de su establecimiento ser una “comisión geopolítica” que convierta a la Unión en un actor con la relevancia que le debería corresponder en el panorama internacional. Y todo parece indicar que ya han comenzado a dar pasos en esta dirección.

La reunión de los Estados miembros sobre Libia celebrada el 17 de febrero de 2019 ha dado, contra todo pronóstico, frutos y la Unión Europea ha anunciado el establecimiento de una operación aeronaval para implementar el embargo de armas acordado en la Conferencia de Berlín y respaldado por la Resolución 2510 (2010) en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Puntos acordados en la reunión de la Unión Europea sobre Libia. 17 de febrero de 2019.

La posición oficial de la Unión Europea es apoyar el proceso político libio con el objetivo de alcanzar una resolución pacífica del conflicto. Sobre esto precisamente hablaba Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea, durante el debate plenario sobre la situación en Libia celebrado en el Parlamento Europeo el pasado 14 de enero:

“En ningún caso iba a ser fácil para Libia salir de 40 años de una dictadura y convertirse milagrosamente en una democracia estable. Sabíamos que iba a ser difícil, pero nadie imaginó una catástrofe como esta. Y, sin embargo, podría empeorar aún más, para los libios y para nosotros si no hacemos todo lo posible para detener este conflicto y encontrar una solución política. Con el apoyo de nuestros Estados miembros y del Parlamento, voy a intentar hacer eso, esperando que este fuerte compromiso pueda ser parte de la solución para mantener a Libia unida y buscar una solución pacífica para este conflicto.”

El Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y P. de Seguridad, Josep Borrell.

En consecuencia, la razón para justificar el establecimiento de una misión militar europea se fundamenta en que esta medida llevaría a una reducción de los niveles de violencia en Libia favoreciendo así el establecimiento de un alto el fuego permanente que permitiría que se dieran las condiciones necesarias para establecer susodicho diálogo político. Pero hay otro fragmento del discurso de Borrell que también resulta particularmente interesante:

“Decimos que no hay una solución militar, pero hemos estado repitiendo este mantra durante la guerra en Siria. Y al final, hemos tenido una solución militar. Entonces, tal vez aquí (en Libia) pueda suceder lo mismo.”

Y estas palabras, acompañadas por los escasos detalles conocidos hasta el momento sobre la operación europea en Libia, hacen pensar que la Unión podría haber adquirido tácitamente una estrategia diferente, que podría dar lugar a la resolución del conflicto a través de la victoria militar del Ejercito Nacional Libio. Esto no sería algo particularmente sorprendente, de hecho, principalmente supondría que la visión de Francia sobre el conflicto libio ha terminado por imponerse dentro el debate europeo, al fin y al cabo, Francia ha estado llevando a cabo este “doble juego” desde 2015. Sin embargo, antes de continuar debemos resaltar que, al menos por el momento, no se conocen los suficientes detalles sobre la operación para saber si esta realmente se enmarcará en este “doble juego” y de todas formas, en términos generales, difícilmente podemos prever como reaccionarán los países europeos ante ciertas situaciones que pudieran darse en el transcurso de esta nueva misión.

¿Por qué planteamos esta posibilidad? Porque el embargo, tal y como aparentemente sería implementado por la Unión Europea, solo afectaría realmente a uno de los actores locales: el Gobierno de Acuerdo Nacional de Trípoli. Esto es así ya que, tal y como el Panel de Expertos de Naciones Unidas ha documentado en repetidas ocasiones a través de sus documentos oficiales, solo uno de los actores externos (Turquía) utiliza de manera recurrente los envíos por vía marítima para reforzar a sus aliados en Libia.

Fragmento del informe del panel de expertos de Naciones Unidas sobre el conflicto de Libia en el cual se señala como Turquía, Jordania y Emiratos Árabes Unidos violan de manera continuada, rozando el descaro, el embargo de armas a Libia.

En el último informe publicado por el panel se muestra, entre las páginas 19 y 25, el registro de un total de tres envíos de armas a Libia por vía marítima. Estos tres cargamentos estaban destinados a puertos bajo el control del Gobierno de Acuerdo Nacional de Trípoli, que recordemos es la entidad reconocida por Naciones Unidas como el gobierno legítimo de Libia a pesar de controlar tan solo un 10% del territorio nacional.

En cambio los envíos de armas al Ejercito Nacional Libio utilizan principalmente otras vías para entrar al país. En este sentido debemos destacar particularmente el envío de armas por vía aérea a través del espacio aéreo de Egipto. Nuevamente, podemos acudir al informe del panel de expertos de Naciones Unidas, que dedica a esta cuestión el anexo 52 (páginas 321 a 328), y así comprobar que este es un hecho bien conocido y probado. Pero por si el informe no fuera suficiente, podríamos acudir también a la aún más ilustrativa labor de seguimiento realizada por algunos particulares dedicados a la monitorización específica de este tráfico aéreo. Este tipo de labor de seguimiento, realizada mediante el uso de información proveniente de fuentes de libre acceso (OSINT), nos permite apreciar la magnitud del puente aéreo: en tan solo un mes (12 de enero a 12 de febrero de 2020) se han producido 64 vuelos con aviones de carga desde territorio emiratí hasta territorio del Ejercito Nacional Libio. En esta ocasión debemos agradecer al usuario de Twitter, @Gerjon_ , por su trabajo de seguimiento y monitorización de estos vuelos.

Vuelos de Emiratos Árabes Unidos a Libia registrados por el usuario de Twitter @Gerjon_

Con la información expuesta queda claro que la misión planteada por la Unión Europea difícilmente conseguiría detener el flujo de armas al conflicto. Siendo optimistas, y suponiendo que esta será plenamente funcional y tendrá los medios necesarios a su disposición, en el mejor de los casos podría detener el flujo de armas al GNA, que recordemos nuevamente es el considerado como “gobierno legítimo” por las Naciones Unidas. Pero incluso supondría que la Unión Europea estaría dispuesta a aceptar el potencial riesgo de interceptar los cargamentos de armas provenientes de Turquía que ya anteriormente han sido escoltados por fragatas de la armada turca. Y si bien el bloque ya ha mostrado anteriormente su preocupación por la presencia de Turquía en el país norteafricano, resulta difícil de creer que la Unión, como conjunto, haya desarrollado de la noche a la mañana la voluntad necesaria para afrontar estos potenciales riesgos ante un actor como Turquía, cuyo gobierno ha demostrado en varias ocasiones que de poco sirve “marcarse un farol” frente a ellos.

Teniendo todo esto en cuenta resulta razonable plantearse cuales son los objetivos de la Unión Europea con esta misión y es que, si bien nadie duda que la resolución del conflicto libio es fundamental para aportar estabilidad a la región, para el bloque europeo una intervención mal medida podría resultar ser un remedio peor que la enfermedad.

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Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad de Salamanca, estudiante de Master en la Universidad Complutense de Madrid. Las Relaciones Internacionales han sido desde hace años mi principal campo de interés profesional y personal. Estoy interesado especialmente en las Grandes Potencias y Oriente Medio.
Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad de Salamanca, estudiante de Master en la Universidad Complutense de Madrid. Las Relaciones Internacionales han sido desde hace años mi principal campo de interés profesional y personal. Estoy interesado especialmente en las Grandes Potencias y Oriente Medio.

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