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Viernes Santo en el Donbás

En Kramatorsk, a 30 kilómetros de Bakhmut, el paisaje es pandémico y hay una calma amenazada por el lejano rugido de las explosiones en el frente. El pasado viernes, en plena Pascua ortodoxa, un misil ruso impactaba en la ciudad y recordaba, una vez más, que el frente quizá se mueva poco pero continúa muy cerca.

Unos vecinos observan el lugar donde impactaba el misil ruso en Kramatorsk el pasado 15 de abril
Unos vecinos observan el lugar donde impactaba el misil ruso en Kramatorsk el pasado 15 de abril. Fuente: Alfons Cabrera

El bar

A las nueve hay toque de queda en Kramatorsk. Media hora antes ya es de noche, y es tan oscuro que hace falta una linterna para ver dónde pisas. Bakhmut es el punto del frente más cercano a Kramatorsk, y está a sólo 30 kilómetros en línea recta. Las luces de la ciudad permanecen apagadas para dificultar cualquier incursión de la aviación rusa.

A las ocho cierra The Pub, una cervecería en la que no sirven cerveza ahora que hay ley seca en todo el frente. A las siete y cuarto, tres soldados comen pizza; en un sofá, otro soldado fuma en narguile. Tres horas antes, a trescientos metros del bar, impactaba un misil ruso.

La escuela

No hay víctimas. El misil ha impactado hace dos horas a cincuenta metros de una escuela, pero las escuelas de Kramatorsk están cerradas desde el inicio de la invasión. Olexiy Ladyka es un periodista local que vive a doscientos metros del lugar del impacto: “La clase de mi hija era ésta, en el tercer piso”. Ladyka cree que si el misil ha impactado allí y no en cualquier otro sitio no es por algo atribuible al azar: “Los rusos piensan que nuestros soldados viven instalados en las escuelas. Ya han destruido más de una en Kramatorsk”.

En un pasillo, hay un dibujo de Einstein sacando la lengua, pintado con los colores de la bandera de Ucrania: la cara azul y el pelo y el bigote amarillos. Dos hombres tiran, desde el segundo y el tercer piso hacia el patio central, los restos de cristales rotos que quedan en las ventanas. La directora de la escuela también está allí, y cuando vuelve a entrar en el edificio para enseñar el destrozo que ha hecho la onda expansiva, frota las suelas de los zapatos en la alfombra; como si viniera de eso ya. Quienes van detrás se sienten obligados a hacer lo mismo.

Que no haya habido víctimas sí que es atribuible al azar. La escuela está rodeada de grandes bloques de viviendas por tres de sus cuatro lados, y el misil ha impactado precisamente en el que no hay viviendas, frente a unos garajes. Hay un cráter y unos muros derrumbados, y las piedras se mezclan con maderas, algún trozo de metralla y mucho barro. Todavía huele a explosión, como a quemado. Los cristales de muchos pisos, sobre todo medios y altos, están hechos añicos; y algunas ventanas han sido arrancadas de cuajo. Hay vecinos limpiando escombros frente a la fachada y otros se acercan donde el impacto a echar un vistazo y a hacer fotos.

Peluches junto al homenaje a los muertos por el ataque a la estación de Kramatorsk del 8 de abril de 2022
Peluches junto al homenaje a los muertos por el ataque a la estación de Kramatorsk del 8 de abril de 2022. Fuente: Alfons Cabrera

En Kramatorsk hay pocos civiles, pero hay. También se acercan tres voluntarios: “Cuando escuchamos una explosión, miramos en Telegram a ver dónde ha sido y vamos para allí y ayudamos con la evacuación o con lo que sea”. Como aquí sólo ha habido daños materiales, marchan en seguida: “Hoy los terroristas rusos también han atacado con misiles Sloviansk, Drujkivka y Kostiantinivka”. Todas son ciudades y pueblos en torno a Kramatorsk.

En Sloviansk ha sido el ataque más grave: en ese momento, ya han encontrado media docena de cadáveres entre los escombros. Por eso en Kramatorsk no hay bomberos ni militares: están todos en Sloviansk. Pero aquí ha llegado una furgoneta cargada de maderas para que quienes se han quedado sin ventanas puedan tapar el hueco. Lo tienen todo pensado. “Es normal”, dice Olexiy. “Todo esto ya es habitual. Sabemos lo que tenemos hacer”.

A las cuatro de la tarde, un estallido fuerte y seco interrumpía la siesta: un misil impactaba a sólo 900 metros.

La cafetería

En una columna de la cafetería hay un cartel con la foto de Putin: “¡Atención! ¡Se busca! Vivo o mejor muerto”. Todas las persianas del local están bajadas. Está muy cerca de la estación de Kramatorsk, la cual fue atacada hace poco más de un año, en uno de los días más negros de esta guerra: un misil ruso mataba a sesenta civiles que esperaban un tren para huir de la ciudad.

Roman, uno de los camareros, ese día no trabajaba pero andaba por allí: “Vi la explosión, vi muchos muertos… Fue horroroso. Mi novia trabaja en el hospital, en traumatología, y atendió a los heridos”. Es media mañana, y en los altavoces de la cafetería suena Billie Jean, y un perro que duerme en un rincón, mientras sueña, sacude las patas espasmódicamente, y parece como si bailara con la música. “Es un recuerdo muy extraño, y te golpea la mente con fuerza”.

En el andén de la estación, hay un monolito en recuerdo de las víctimas, y al lado, colgando de una valla, peluches y juguetes. Siete de los muertos eran niños.

El parking

“No podemos quedarnos aquí, podrían bombardearnos”, dice Eugen, oficial de prensa en su brigada. Ha sido rápido, sin ceremonia alguna más allá de un soldado que recibía la bendición de un sacerdote militar.

Un soldado y un sacerdote militar se abrazan después de la bendición
Un soldado y un sacerdote militar se abrazan después de la bendición. Fuente: Alfons Cabrera

En el párking descubierto de un centro comercial de Kramatorsk, a las ocho de la mañana llegaba una furgoneta grande llena de cajas repletas de panes de Pascua, que son una especie de panettones pequeños medio cubiertos de azúcar de colores. Había quince mil y venían de Kiev donde habían sido bendecidos. En el párking se reunían unos cincuenta soldados de diferentes unidades y descargaban la furgoneta para cargar los coches y que todo el mundo pudiera festejar la Pascua en el frente. Los ortodoxos celebran la Pascua en función del calendario juliano.

El centro

La plaza de la Paz era el centro de Kramatorsk. Ahora está casi vacía: por la guerra, pero también porque es temprano y quiere llover. En los jardines de extremo, hay un pequeño entramado de trincheras que llevan allí tiempo suficiente como para que el césped haya crecido en la tierra apilada a los lados. En otros parques de la ciudad, hay más trincheras. Las cavaron en otoño cuando los rusos se hicieron con Lyman, y en Kramatorsk temieron que continuase el avance. Tres semanas después, el ejército ucraniano recuperaba Lyman. Hace meses que la línea del frente a penas se mueve.

Trincheras cavadas delante del Palacio de Cultura, en el centro de Kramatorsk
Trincheras cavadas delante del Palacio de Cultura, en el centro de Kramatorsk. Fuente: Alfons Cabrera

En el parque del Jubileo, una enorme bandera ucraniana se ha enredado al mástil a causa del viento. Hace días que llueve de forma intermitente pero persistente, y el camino que cruza el parque está lleno de lombrices; hay cientos, y algunas hacen palmo y medio. Hay que ir mirando al suelo para no hacer una masacre. En la orilla de una lago, hay un soldado y una chica (civil) cogidos de la cintura. Pasado el lago, hay otro soldado sentado en un columpio.

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