
Tras más de tres semanas de guerra, la administración de Donald Trump sigue buscando soluciones a la crisis del suministro de petróleo y el aumento del precio del barril a nivel internacional.
Los precios del petróleo se han disparado hasta un 50% desde que Estados Unidos e Israel comenzaran los bombardeos sobre Irán el pasado 28 de febrero. El 20 de marzo, casi un mes después, el Brent cerró por encima de los 112 dólares el barril, su nivel más alto desde 2022.
La causa principal de este incremento es el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán. Por esta vía marítima transita alrededor del 20% del petróleo y el gas natural licuado del mundo.
Desde que Teherán lo bloquease como represalia a los ataques sobre su territorio, la amenaza de una nueva crisis energética global ha empujado a Washington a buscar alternativas.
Las sanciones sobre el petróleo iraní
El Departamento del Tesoro autorizó el 20 de marzo la venta de petróleo y de productos petroquímicos iraníes hasta el 19 de abril, levantando temporalmente las sanciones al crudo procedente de Irán que se encuentre en el mar.
Según el propio Departamento del Tesoro, esto implicaría la inclusión de 140 millones de barriles de petróleo en los mercados internacionales, una cifra que ha sido cuestionada y que se estima menor –algunas fuentes sostienen que son alrededor de 105 millones–.
Esta nueva medida llega tras otros anuncios adoptados por la administración de Donald Trump en un intento de controlar el rápido aumento de los precios del petróleo. El 12 de marzo informó del levantamiento de sanciones al petróleo ruso ya cargado en petroleros.
Después, el 18 de marzo, el Departamento del Tesoro también flexibilizó las sanciones al petróleo venezolano, permitiendo a la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) vender directamente a compañías estadounidenses.
Ese mismo día, Trump autorizó una exención temporal de la Ley Jones, permitiendo que buques extranjeros transporten productos entre puertos estadounidenses para facilitar el suministro energético y combatir la escasez.
En definitiva, la nueva exención al petróleo iraní es el último movimiento de Washington para intentar calmar los mercados. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró en X que “Irán tendrá dificultades para acceder a los ingresos generados y Estados Unidos seguirá ejerciendo la máxima presión sobre Irán y su capacidad para acceder al sistema financiero internacional”.
Sin embargo, esto supone un duro golpe político a Estados Unidos, que importará petróleo iraní por primera vez en décadas y concederá un beneficio financiero a un país con el que está actualmente en guerra.
A esto hay que añadirle el rédito que está sacando Teherán de los barcos a los que permite cruzar el estrecho de Ormuz, llegando a cobrar a algunos hasta dos millones de dólares por un paso seguro.
El impacto puede ser limitado
Como respuesta al anuncio del gobierno estadounidense, diferentes voces dentro de Irán han enfriado el posible alivio que esta nueva medida pudiera ofrecer a la crisis energética. El presidente del Parlamento iraní, Mohamed Báqer Qalibaf, ironizó al respecto declarando: “Lo sentimos, se ha agotado [el petróleo]”.
En la misma línea, el portavoz del Ministerio de Petróleo iraní, Saman Ghodousi, afirmó que la República Islámica no dispone de petróleo en el mar ni de excedentes de crudo para los mercados globales, tildando a la declaración de Bessent de un intento de “dar esperanzas a los compradores y controlar psicológicamente el mercado”.
En añadido, aunque Estados Unidos conceda una exención para la venta de petróleo iraní, esto no se traducirá necesariamente en la aparición de nuevos compradores.
Actualmente la mayoría del crudo iraní es adquirido por refinerías independientes chinas que aprovechan el precio reducido. Con la exención de las sanciones aumentaría, en teoría, el número de compradores y los descuentos se reducirían.
Junto a ello, cualquier nuevo comprador se enfrenta a la necesidad de estructurar acuerdos de adquisición y sortear la larga lista de restricciones que siguen vigentes sobre Irán.
Por último, aunque el número de cargamentos iraníes en el mar aumentó significativamente antes de la guerra, esta cifra ha ido disminuyendo y no está claro el impacto que esta nueva exención pueda tener sobre los precios del petróleo a nivel mundial.
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