Referencias a China en las cumbres del G7 y UE-EE.UU

Líderes del G7 y representantes de la Unión Europea durante la cumbre del G7. Fuente: EFE

Durante las últimas semanas, el presidente estadounidense Joe Biden y destacados miembros de su gabinete como el Secretario de Estado Blinken, la Representante de Comercio Tai, la Secretaria de Comercio Raimondo o la vice Secretaria de Estado Sherman han realizado una gira europea para acudir a las cumbres del G7, OTAN, UE-EE. UU., Rusia-EE. UU., así como a otras reuniones y encuentros bilaterales más informales con diferentes líderes mundiales.

Biden realiza esta gira con la intención de enviar un mensaje claro: Estados Unidos está de vuelta en la escena internacional y su intención es construir alianzas con las que enfrentarse a los retos globales, principalmente identificados en tres dimensiones: la superación y recuperación de la pandemia de COVID-19, el cambio climático y el desafío que supone el ascenso de China como superpotencia y en menor medida, Rusia. Las tres dimensiones están entrelazadas. Este artículo se centrará principalmente en las discusiones y relevancia de China durante los encuentros de la gira.

Una actitud menos complaciente

Desde el comienzo de su presidencia, Biden ha optado por una aproximación a China más beligerante, continuando con la línea de Trump, pero sin ambages y en múltiples frentes. Aunque sea quizás menos populista que el magnate, el enfoque de Biden no se ha suavizado en absoluto.

La Unión Europea y los estados miembros han alterado sus posiciones respecto a China en los últimos meses. Dos años atrás, no se arriesgarían a un enfrentamiento diplomático debido a los vínculos económicos. Sin embargo, los recientes incidentes diplomáticos relacionados con los derechos humanos en territorio chino han animado al parlamento europeo a suspender el Acuerdo Integral de Inversiones (CAI) y a declarar a China como “un rival sistémico, un socio en asuntos globales y un competidor”. Reconocen la rivalidad, pero no están dispuestos a convertirla en una guerra ideológica en la línea de la posición de Estados Unidos, empeñado en una lucha por la supervivencia entre democracia y autoritarismo. Algunos analistas están convencidos que sus homólogos estadounidenses sienten nostalgia por los gloriosos días de la Guerra Fría.

Al mismo tiempo, diplomáticos de la UE advierten que la situación está en evolución, y puede cambiar en función de posibles cambios en el liderazgo de los países miembros. Merkel ha anunciado su retirada, Macron afronta una dura pugna presidencial el próximo año, la popularidad de Draghi parece empezar a descender. Italia es un ejemplo del cambio de paradigma. De bloquear cualquier crítica conjunta hacia China al haber suscrito la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), a sumarse a las críticas tras la llegada de Draghi y la decepción por los proyectos de la BRI.

Otros miembros del G7 como Canadá y Japón mantienen una posición más dura respecto a China, más en línea con la visión estadounidense. El Reino Unido ha alternado posiciones más colaborativas con menos transigentes. Johnson necesita aliados tras el Brexit, y se esfuerza por acercarse a Biden. Su apoyo a una posición más dura frente a China se debe más a esta necesidad que a convicciones reales, ya que aún deben mantener los lazos económicos con el gigante asiático.

Discrepancias durante el G7 y declaración final

De acuerdo a una persona presente en la reunión, la sesión durante la cual los líderes del G7 discutieron asuntos relacionados con China fue una de las más tensas. Un testigo dijo que, en cierto momento, la sala perdió la conexión a Internet. Mientras que los líderes de la UE, Italia y Alemania optaban por un discurso menos combativo y por subrayar la necesidad de la cooperación con China como socio para afrontar los desafíos globales, el bando compuesto por EE. UU., Francia, Japón, Reino Unido y Canadá apostaba por un endurecimiento de la posición. Incluso se consideraron sanciones, además de meras declaraciones. Canadá insistió en la necesidad de mencionar en el comunicado conjunto a los dos ciudadanos canadienses que llevan detenidos por Beijing desde el incidente que llevo al arresto de la dirigente de Huawei.

En el comunicado conjunto emitido tras la Cumbre, el G7 hizo uso del lenguaje más agresivo hacia China desde que Xi Jinping asumió el liderazgo. Sin embargo, las palabras más duras se reservaron para Rusia. China fue mencionada tres veces. La primera fue una referencia implícita a “trabajos forzosos en las cadenas de suministro…”. La segunda vez fue en términos de operaciones justas y transparentes y llamada a la cooperación frente a desafíos globales. Y, por último, para denunciar a China en cuanto a violaciones de derechos humanos y valores democráticos relacionados con Xinjiang, Hong Kong, Taiwan y los mares del sur y este de China.

Líderes del G7 y representantes de la Unión Europea durante la cumbre del G7. Fuente: EFE

Las decisiones más relevantes sobre China en el G7 fueron el lanzamiento de la iniciativa “Build Back Better for the World” (B3W) y la petición de más investigaciones sobre el origen de la COVID-19.

Discusión sobre la B3W y encaje en la estrategia de Estados Unidos

La iniciativa B3W fue probablemente el asunto relacionado con China que gozó de un mayor consenso. La B3W movilizaría cientos de miles de millones de dólares provenientes de instituciones públicas y privadas para ayudar al desarrollo económico en países de renta baja. Se presenta como una alternativa de calidad superior a la BRI. Diversos funcionarios de la UE subrayaron que no es una alternativa de confrontación con China, sino una alternativa atractiva para los países en desarrollo. Funcionarios de EE.UU. reclamaron a Bruselas y sus miembros una mayor aportación económica para este objetivo. Se establecerá un grupo de trabajo para convertir la idea en planes prácticos y concretos durante el próximo año.

Las razones para poner en marcha la B3W son varias: la necesidad de inversión en infraestructuras tras la pandemia y el desencanto con los proyectos de la BRI, acusados de diplomacia por trampa de deuda, problemas legales y de trabajo, falta de transparencia, corrupción, impacto medioambiental, dependencia de los objetivos de política exterior de China…

La B3W encaja en la estrategia estadounidense de planta cara a China en la mayor cantidad posible de frentes y foros internacionales. El Consejo de Relaciones Internacionales (CFR) de EE.UU. considera que la BRI es un desafío en diferentes áreas –política, económica, medioambiental, defensa y salud-. La retirada estadounidense de la escena global en los últimos años fue un error estratégico del que China se aprovechó con la BRI. El CFR ha propuesto una estrategia para abordar la competición con China, centrándose en fortalezas y no en competir mano a mano con China con sus reglas.

Poco se conoce aún sobre planes específicos para la B3W. Diplomáticos y funcionarios presentes en las conversaciones han hecho comentarios que pueden proporcionar algo de claridad sobre el proyecto

  • Hay desacuerdos en el área geográfica de cobertura. US se centra en Latinoamérica y Asia, Japón en el Indo-Pacifico, la UE en África.
  • No limitarse a desarrollo de infraestructuras. La B3W podría construirse a partir de iniciativas anteriores. Es imposible igualar la financiación china, así que hay que centrarse en la mejora de la gobernanza, la transparencia de seguridad legal, tecnologías punteras…

En cuanto al recibimiento que ha tenido la iniciativa, los funcionarios califican la B3W como una oportunidad para todas las naciones, debido a la necesidad de infraestructuras a nivel global. Se presenta también como una oportunidad geopolítica para contener la creciente influencia china, y para Europa como una oportunidad para extender su área de influencia más allá de los países vecinos. Sin embargo, las críticas van en diferentes direcciones:

  • Falta de coordinación central. En contraste con la BRI, no hay nadie pilotando la B3W. EE.UU. no puede aspirar a liderar la iniciativa en solitario, y un consejo de gobierno formado por países diferentes afectaría a la eficiencia de la iniciativa
  • Aceptación en los países que desarrollasen los proyectos, que no necesariamente estarían dispuestos a aceptar los “estándares de mayor calidad”. Quieren financiación, no condiciones.
  • Aceptación a nivel doméstico. Todos los países han sido golpeados por la pandemia de COVID-19, y escasean los fondos disponibles para la recuperación de las economías nacionales, por lo que antoja complicado convencer a los ciudadanos de la necesidad de desviar fondos para perseguir proyectos globales
  • Imposibilidad de competir a nivel de financiación, de reunir tanto capital y recursos como los desplegados por las empresas y bancos estatales chino. 

La B3W tiene el riesgo de fracasar como iniciativas similares anteriores. Es complicado que pueda competir a nivel de financiación con la BRI. Sin embargo, una combinación de cooperación y competición en cuanto a estándares y asistencia técnica puede acabar beneficiando a todas las partes y contribuir de manera decisiva en las naciones en desarrollo. Incluso su mera presencia como alternativa puede hacer mejorar la calidad de los proyectos de la BRI al conminarles a ser más sostenibles y transparentes.

Conversaciones sobre China durante la cumbre UE-EE.

Tanto la Unión Europea como Estados Unidos han dejado clara su posición en lo referente a China, democracia y derechos humanos en los últimos meses en diversos comunicados. El comunicado final de la cumbre UE-EE.UU. no hacía sino reafirmar la posición. Quizás una de las referencias más inesperadas de la declaración final fue la mención a la Cumbre por la Democracia, un proyecto aún en los primeros compases de preparación. La mención confirma que se sigue preparando, y es la primera confirmación conjunta de los dos bloques, más allá de referencias en declaraciones más informales en los últimos meses.

Finalmente hubo una llamada a seguir investigando de manera independiente y transparente en el marco de la OMS sobre los orígenes de la pandemia.

Joe Biden en la cumbre Unión Europea-Estados Unidos celebrada en Bruselas. Fuente: Patrick Semansky / AP

La UE y EE. UU. acordaron constituir el Consejo de Comercio y Tecnología (TTC) para cooperar y coordinar en estas áreas. Desde algunos sectores diplomáticos se duda sobre su eficacia, pero uno de los principales objetivos del TTC es ejercer presión sobre China, defenderse de la competencia desleal y promover valores democráticos. Los dos bloques se unen obligados por la superioridad tecnológica china en sectores como Inteligencia Artificial o Robótica. Según fuentes internas, el TTC estará dispuesto a colaborar con otras naciones como los miembros del G7. El objetivo es la creación de una coalición digital contra China (y Rusia) y conseguir recabar los apoyos necesarios para redactar las normas sobre comercio y tecnología futuros en el seno de la OMC, tal y como declararon el Asesor de Seguridad Nacional Sullivan y la Comisaria Vestager.

Quizás el acuerdo más importante al que se llegó en la Cumbre fue el que suspendía durante 5 años los aranceles relacionados con el conflicto Boeing-Airbus, un hito anunciado a bombo y platillo. Una de las razones que han impulsado el acuerdo, más allá del hastío de dos décadas de litigio comercial en la OMC, es la necesidad de defenderse de la competencia desleal por parte de empresas chinas, que se convertirán en breve en competidores directos de Boeing y Airbus. El Presidente de Airbus Obermann lleva meses llamando a alcanzar un acuerdo y aliarse contra el enemigo común. Sin embargo, no son pocos los escépticos que aducen que, si la UE y EEUU han tardado 20 años en ponerse de acuerdo en buscar una solución, ¿Cómo pueden aspirar a coordinarse para defenderse de la competencia china?

Estados Unidos ha regresado, al menos a las negociaciones

Biden ha hecho un esfuerzo para demostrar que “América ha vuelto”. Sin embargo, además de una presencia física en reuniones y fotos de grupo, ¿se ha producido algún logro real durante la gira?

Los grandes anuncios sobre impuestos, aranceles y la creación de la B3W y el TTC de momento son meras buenas intenciones. Los resultados reales deberán constatarse en los próximos meses. Se antoja complicada la negociación con otros países y el recabar apoyos a nivel doméstico y conseguir aprobar las iniciativas en el Congreso de Estados Unidos o el Parlamento Europeo.

Quizás el mayor logro haya sido la cohesión alcanzada para advertir sobre el ascenso autoritario de China y los desafíos que plantea. Las naciones occidentales están en este momento más unidas en este frente que unos meses atrás. En los próximos meses, China se enfrentará a una situación diplomática y económica cada vez más adversa y por parte de un mayor número de países.

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