Gustavo Petro allana el camino a las presidenciales en medio de un terremoto político en Colombia

Por Néstor Prieto

Las elecciones legislativas e interpartidistas del 13 de marzo fueron una especie de primera vuelta en la maratoniana carrera por llegar a Casa Nariño. Los resultados materializan un cambio político que desde hace años se gesta en Colombia, por primera vez en la historia del país la primera bancada del Congreso y el Senado será de un partido de izquierdas, aunque no hay mayorías claras. Petro se consolida como el candidato a batir, pero un frente común contra él podría arrebatarle la presidencia.

En la carrera de fondo, que también de obstáculos, que está siendo la elección presidencial colombiana el domingo 13 de marzo se culminó la primera de las tres etapas que llevan a Casa Nariño. Las elecciones legislativas y las consultas interpartidistas del domingo despejan parcialmente el horizonte con Gustavo Petro como gran favorito, una derecha reconfigurada, parcialmente dividida pero fuerte, y un Centro malherido por fuego amigo.

Los casi 39 millones de colombianos con derecho a voto tuvieron hasta tres papeletas que depositar este domingo: Congreso, Senado e interpartidistas. Esta última una consulta para elegir a los candidatos presidenciales de las tres principales coaliciones: Pacto Histórico, que aúna a la izquierda colombiana; Centro Esperanza, una amalgama de partidos verdes, liberales autoproclamados como centristas; y Equipo Colombia, la fórmula bajo la que compitieron los nuevos rostros de una derecha colombiana que intenta marcar distancias con Iván Duque y Álvaro Uribe.

Gustavo Petro arrasa y rompe el techo de la izquierda colombiana

La elección de diputados y senadores quedó en buena medida eclipsada por el ambiente pseudo-presidencial que habían adquirido las elecciones del 13 de marzo. Las consultas interpartidistas, una suerte de primarais de las principales coaliciones políticas, centraron el foco mediático. No se trataba solo de elegir candidato, algo fundamental para quitar peso a la abultadísima lista de aspirantes, sino de ver con que fuerza llegan los tres principales sectores políticos del país: el Pacto Histórico de Gustavo Petro, Coalición Centro Esperanza y la apuesta de la derecha Equipo por Colombia. En este sentido, la participación en las tres consultas era un termómetro para medir la viabilidad de sus candidatos.

Más de diecisiete millones y medio de colombianos, el 45% de los habilitados para votar, participaron en las elecciones del 13 de marzo. El mayor dato de participación se registró en la elección senatorial.

El Pacto Histórico cumplió sus expectativas y se convirtió en la coalición con más votantes, movilizando a casi 6 millones de compatriotas; a una distancia prudencial Equipo por Colombia superó por poco los 4 millones de participantes y casi con la mitad de participantes, Coalición Centro Esperanza no llegó a los 2,3 millones.

El gran triunfador de la noche, el Pacto Histórico, sacaba músculo ante el resto de las coaliciones por su gran movilización electoral. Al frente, en una victoria sin épica por esperada, Gustavo Petro arrasaba con un 80% de los votos y 4,5 millones de votos. El exalcalde de Bogotá obtuvo más respaldo por sí solo que todos los candidatos de Equipo por Colombia y más del doble de lo cosechado por el Centro Esperanza.

Petro, economista de 62 de años, se ratifica como favorito para la presidenciales y enemigo a batir para el resto del espectro político colombiano. Su militancia política comenzó vinculada al movimiento guerrillero M-19, organización de la fue parte desde 1977. Concejal en el municipio de Zipaquirá por el brazo político de la guerrilla, Petro fue detenido a finales de 1985 y no saldría de cárcel hasta 1987, cuando fue parte activa en el proceso de paz entre el M-19 y el gobierno. Desde entonces estaría presente en las sucesivas fórmulas electorales que impulsaba la izquierda colombiana y el espacio posguerrillero. Así, en 2006 Petro se convierte en Senador, bajo la marca Polo Democrático Alternativo. Desde su asiento en la Cámara Alta se referenció por su oposición dura contra el presidente Uribe, al que acusó de paramilitarismo, impulsando procesos judiciales exitosos contra varios de sus colaboradores. Cuatro años después, optaría a la presidencia de la república por primera vez, obteniendo un 9,13% de los votos; un resultado que, aunque no evitó la victoria de Juan Manuel Santos, era un buen registro para la izquierda colombiana.

Con esas credenciales Petro buscó la presidencia del Polo Democrático, pero sus aspiraciones toparon con la negativa de la mayoría del Comité Ejecutivo. La negativa motivó su salida y la creación de una nueva agrupación de la que era líder indiscutido. El abandono de Polo Democrático y las disputas internas que dejaba tras de sí le valieron las acusaciones de ego que aún hoy arrastra. No obstante, consiguió en un tiempo récord armar un espacio desde el que optar a la alcaldía de Bogotá en las elecciones locales de 2011, donde triunfó sorpresivamente convirtiéndose definitivamente en un actor relevante en la política colombiana. Desde la alcaldía de la capital impulsó varias políticas sociales de gran impacto, pero en diciembre de 2013 un controvertido fallo la Procuraduría General de la Nación le destituyó de su cargo e inhabilitó para el ejercicio público durante 15 años. Un fallo a todas luces irregular que terminó siendo tumbado por el Consejo de Estado colombiano en 2017.

Pero los cuatro años fuera de la política institucional no desarmaron su figura, por el contrario, se convirtió en una suerte de víctima de las élites políticas, reforzando su discurso anti-establishment, un suculento eje discursivo del que se ha apropiado en un país donde la confianza política en instituciones roza mínimos históricos. El economista rompió el techo de la izquierda colombiana pasando a segunda ronda en las presidenciales de 2018. En aquella ocasión obtuvo un 25% y un 41% de los votos respectivamente, perdiendo en el ballotaje frente a Iván Duque. Pese a su derrota, Petro proyectó sus aspiraciones en el 2022 y comenzó cuatro años de campaña permanente donde combinaba una faceta destructiva de oposición frontal a Duque y una cara propositiva recorriendo el país, defendiendo los acuerdos de paz y “construyendo una gran alianza” que tomaría forma en el Pacto Histórico.

No obstante, Petro lidia desde hace años con el fantasma de la “venezolanización” del país y acusaciones de egocentrismo. En su estrategia para llegar a Casa Nariño pasa, no duda en marcar distancias respecto a Venezuela, asegurando que Nicolás Maduro “es una persona que está dentro de las dirigencias de la política de la muerte” pero abogando por mantener relaciones diplomáticas con el país. Al mismo tiempo, ha apostado por ampliar la base social de su coalición -Colombia es un país conservador donde la izquierda nunca ha llegado al poder-, una decisión que le ha llevado a constituir alianzas en ocasiones contradictorias. Así, bajo la figura de Petro confluye la izquierda colombiana tradicional (no guerrillera), movimientos sociales, importantes sectores que estuvieron tras el estallido social, pero también llama a políticos liberales y de centro en su búsqueda de aparecer como un candidato moderado y al mismo tiempo restar opciones a la coalición Centro Esperanza. Sirva como ejemplo el polémico apoyo del pastor Alfredo Saade, opuesto al aborto y el matrimonio igualitario, dos medidas que constituyen la columna vertebral de varios grupos del Pacto Histórico.

Francia Márquez, segunda en la interpartidaria del Pacto Histórico, junto a Gustavo Petro | Foto: Esteban Vega, La Semana.

Este debate ha tenido su última expresión en la elección de su fórmula vicepresidencial. Desde hacía meses se sopesaba la opción de que Petro incluyese como número dos a la hija del expresidente César Gaviria, María Paz Gaviria, del Partido Liberal, formación histórica alejada de la izquierda colombiana. Del otro lado la militante afro Francia Márquez, segunda en las primarias del Pacto Histórico con un sobresaliente 14% y más de 785.000 votos; Márquez representa un sector sustancialmente más ideologizado que en ocasiones ha tenido choques importantes con Petro -criticando la política de alianzas, respecto a las cuotas de población negra y mujeres en las listas al legislativo, el feminismo o la legalización de la droga-. Una disputa entre mirar a las capas medias y las profesiones liberales de la Colombia urbana o las clases populares, población negra y mujeres de las grandes ciudades. La balanza terminó por decantarse del lado de Márquez gracias a su excepcional desempeño el 13 de marzo, donde consiguió movilizar a sectores históricamente relegados al abstencionismo político.

Una derecha reforzada y reconfigurada y un Centro malherido por fuego amigo

La derecha colombiana sale de estas elecciones con un nuevo rostro y configuración. En el seno de este espacio político conviven distintas sensibilidades que han tendido a agruparse en candidaturas unitarias. Bajo esta lógica el uribismo ha sido el actor hegemónico desde que el fundador del movimiento, Álvaro Uribe Vélez, se hiciese con la presidencia de la República en 2002. La única salvedad fue la elección de Juan Manuel Santos en 2014, alineado en la derecha pero con un discurso sustancialmente menos duro. El actual mandatario, Iván Duque, obtuvo su cargo sin ocultar sus vínculos con el expresidente, algo que la derecha colombiana busca evitar en estas presidenciales.

La corrupción, el paramilitarismo, la crisis social y económica -que tomó forma en el estallido social- y la desafección política han pasado factura al uribismo, que en los últimos años ha visto como su líder era procesado por la justicia y su rostro político, Iván Duque, batía récords de desaprobación. El uribismo, durante casi dos décadas locomotora de la derecha colombiana pasa ahora a ser vagón de fondo. Una reconfiguración total de la derecha donde Centro Democrático -la marca política del uribismo- queda integrada pero en un segundo plano en detrimento nuevos liderazgos.

Precisamente de la necesidad de desvincularse del binomio Uribe-Duque varios alcaldes, senadores y exgobernadores impulsaron una suerte de gran coalición de derecha “renovadora y fresca” frente al descrédito del gobierno y la alargada sombra del uribismo. Equipo por Colombia juntaba a fuerzas tradicionales como el Partido Conservador o el Partido de la U con nuevos movimientos vinculados a liderazgos carismáticos como “Creemos Colombia” de Fico Gutiérrez o “País de Oportunidades” de Álex Char. En todos ellos había una voluntad compartida de constituir un espacio político competitivo para la derecha colombiana, condición para la cual el uribismo quedaba fuera pues restaba más que sumaba. Tal es así, que el elegido por Centro Democrático para las presidenciales, el exministro Óscar Iván Zuluaga, intentó infructuosamente participar en las primarias de la coalición topando con la puerta cerrada del resto de candidatos.

Fico Gutiérrez, vencedor de la coalición Equipo por Colombia, posa con la papeleta de las elecciones interpartidistas del 13 de marzo. | Twitter.

Con Zuluaga fuera de la competición la disputa se centró en un grupo de “jóvenes políticos” que hacían de la renovación su bandera. Álex Char, regidor de Barranquilla, Enrique Peñalosa de Bogotá y Fico Gutiérrez de Medellín, junto a los senadores Aydeé Lizarazo y David Barguil aparecieron en la papeleta del 13 de marzo. Pero de entre los cinco contendientes venció con claridad Fico Gutiérrez (54% y 2,16 millones de votos en la consulta). Su discurso, hostil hacia Petro, le convierten en el antagonista perfecto de cara a una segunda vuelta; cuestiona los acuerdos de paz aunque no busca derogarlos, defiende la seguridad pero reconoce el papel del estado en algunos sectores y asegura que “no hay mejor ideología que el sentido común”.

El uribismo, que no solo quedó excluido de la consulta, asistió con impotencia al entierro de sus opciones presidenciales. El arrollador triunfo de Gutiérrez y el cierre de filas en torno a su figura obligaron a Centro Democrático a sacrificar a Zuluaga a cambio de nada. Las encuestas aventuraban un descalabro electoral que Uribe quiso evitar; todo indica que Centro Democrático quedará relegado a un segundo plano en la campaña presidencial, limitándose a mover a los fieles, pues en Equipo Colombia saben que vincular a su candidato con el uribismo resta votos entre la mayoría de la población.

Por su parte, la Coalición Centro Esperanza podría considerarse la gran derrotada de cara a las presidenciales, aunque si obtuvo buenos resultados legislativos. Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín y exgobernador del Departamento de Antioquía, volverá a representar al autoproclamado Centro Democrático, una singular alianza entre fuerzas dispares que no tardaron en hacer valer sus diferencias antes y durante la campaña electoral.

La deslucida victoria de Sergio Fajardo con el 33,5% de los votos y 725.000 -la victoria más ajustada y con menor votación que Petro, Fico e incluso Francia Márquez-, le acompañaron Juan Manuel Galán (Nuevo Liberalismo) con el 22,5%; Carlos Amaya (Dignidad) con el 21% y Alejandro Gaviria (15,6%). Las diferencias eran políticas, pero también personales, los fuertes egos hicieron que la competición entre compañeros de fórmula estuviese marcada por reproches y ataques; al punto de generar disidencia y abandonos. Luis Alberto Murillo, exministro del Ambiente con Juan Manuel Santos, aseguró “no encontrar el ambiente para un candidato afro” y retiró su candidatura pocas horas después de anunciarla.

Sergio Fajardo repite como candidato presidencial, esta vez bajo la debilitada Coalición Centro Esperanza. Foto La Semana.

Más hiriente aún fue la salida de Ingrid Betancourt, política franco-colombiana y excandidata presidencial en 2002, cuando fue secuestrada por las FARC en plena campaña electoral, un cautiverio que se prolongaría más de seis años. Betancourt, quien durante años siguió la política colombiana desde Francia, ayudó a coser las maltrechas costuras del Centro Esperanza; en los meses previos a que se oficializase la candidatura se señalaba su papel mediador como clave para alcanzar el precario acuerdo. Pero quien auspiciase las conversaciones entre distintos sectores de la coalición sorprendió en enero del 2022 anunciando su voluntad de concurrir a las primarias; algo que no llegaría a hacer porque a semanas para la elección decidió abandonar la marca que había ayudado a crear criticando severamente a sus hasta entonces compañeros. Betancourt anunció que se presentaría como independiente a las elecciones y divide aún más el voto del centro de cara a la primera vuelta.

Al frente de este espacio menguante, que las encuestas ya sitúan por debajo del 15%, se encuentra Sergio Fajardo, cuya campaña ha mantenido formas y fondo respecto a la realizada en 2018, cuando quedó a las puertas (23,78%) de arrebatarle a Gustavo Petro el segundo puesto y pasar al ballotaje contra Duque. Pero ni los tiempos ni los grandes debates políticos son los mismos; la tendencia polarizadora que se está asentando en Colombia tiene a Petro como uno de los dos polos en disputa, enfrente cada vez parece una opción más competitiva la derecha colombiana que un malherido centro. Para llegar a esta situación mucho a hecho el fuego amigo, principal responsable de que el Centro Esperanza no llegue a ser percibido como una alternativa sólida.

Si bien Petro figura como favorito en todas las encuestas para ganar las presidenciales en primera y segunda vuelta, un frente antipetrista podría llevar al traste las aspiraciones del exalcalde. El favorito ha anunciado su intención de «ganar en primera ronda», para lo cual necesita obtener más del 50% de los votos, una cifra que suele rondan los 9 millones de sufragios -tres más de los que obtuvo el Pacto Histórico en la consulta del 13 de marzo- lo que a priori se antoja complicado. Hasta el 29 de mayo, fecha de la primera ronda, se espera una campaña bronca que podría restar votos a Petro.

Un legislativo fragmentado

Por primera vez en la historia de Colombia la primera bancada en número de escaños, tanto en el Congreso como en el Senado, será para la izquierda. El Pacto Histórica rompe todos los techos preexistentes y se consolida como principal partido del país pero con números muy insuficientes para asegurar con tranquilidad un eventual gobierno de Petro.

Los resultados han sido puestos en cuarenta por las abultadas acusaciones de fraude: el retraso en el escrutinio, los datos inconexos y la falta de información han sembrado la duda entre varios sectores hasta el punto de que la Registraduría de la República ha pedido un recuento total de los sufragios.

El gráfico no incluye la última corrección realizada por el CNE que aumentó en tres el número de senadores al Pacto Histórico en detrimento de otras fuerzas.

Los datos publicados hasta la fecha ofrecen en todo caso un poder legislativo ultrafragmetando sin mayorías claras pero con predominio de la derecha y mejor resistencia de los partidos tradicionales respecto al desempeño mostrado en las consultas interpartidarias. En el Senado, principal cámara del país, el Pacto Histórico obtiene 19 senadores a los que sumar dos por circunscripciones indígenas; por detrás los centenarios Partido Liberal y Conservador empataron a 15 asientos; la lista de la Coalición Centro Esperanza obtiene 13 curules, los mismos que el damnificado Centro Democrático -que pierde seis representantes y pasa de primera a quinta fuerza-. En todo caso la derecha goza de una mayoría relativa, a uribistas y conservadores se suman los votos de Cambio Radical (11), Partido de la U (10) y Nos Une Colombia (2), todos directa o indirectamente implicados en Equipo por Colombia. Ello suma 51 de los 108 senadores. La reconstruida Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) mantiene sus cinco asientos conforme a lo firmado en el Acuerdo de Paz.

En el Congreso el equilibrio es parecido aunque el mayor número de diputados y la mayor flexibilidad electoral multiplican el número de partidos con representación a cerca de 30, muchos de ellos coaligados y reiteradamente divididos.


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Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Intentando ofrecer una visión crítica de la geopolítica. Militante. He cubierto y vivido sobre el terreno los procesos migratorios en Grecia, Italia y Melilla. Ahora escribo sobre América Latina.