Orígenes y consolidación del partido verde alemán

Desde hace varias décadas Los Verdes constituyen una de las principales formaciones políticas de Alemania, con gran presencia tanto a nivel político como social. Sin embargo, desde su fundación el partido ha experimentado diversas etapas y cambios internos hasta llegar a la situación actual.

Los orígenes y su fundación

Aunque el partido político alemán Los Verdes (Die Grünen) se fundó a comienzos de la década de 1980, sus orígenes hunden sus raíces en el tiempo. En buena medida recogía el legado de la generación que había protagonizado movimiento estudiantil alemán de finales 1967-1968. Tras haber apostado por Willy Brandt y la opción del Partido Socialdemócrata (SPD), para finales de 1970 muchos de ellos se encontraban abiertamente desencantados con el SPD. A estos se les unieron perfiles de corte conservador o alternativo, disconformes con el rumbo que seguía la Alemania occidental. Todos ellos tenían en común la preocupación por las cuestiones ecológicas, en un contexto en que el sector industrial se encontraba inmerso en una profunda crisis.

En los últimos años de la década de 1970 hubo diversas iniciativas electorales a nivel local bajo el paraguas del ecologismo, aunque sin una coordinación formal. No sería hasta el otoño de 1979 cuando se dieron los primeros pasos para dar forma al partido Die Grünen («Los Verdes»), fundado oficialmente en el 13 de enero de 1980. Nacía como una formación que se autodenominaba «anti-partidos», ecologista, demócrata de base, social y libre de violencia. Algunos antiguos representantes de la generación de las protestas de 1967-1968 se encontraban entre los muñidores de esta iniciativa.

Desde el mismo momento de su nacimiento se constituyeron varias facciones internas, reflejo de las distintas tendencias que confluirían en la nueva formación. En el ala izquierda sobresalían figuras como la icónica activista Petra Kelly o el abogado Otto Schily. Este último se había labrado un nombre como abogado de estudiantes y activistas de izquierdas en el Berlín Oeste, aunque su notoriedad la alcanzaría como defensor de Gudrun Ensslin durante el Proceso de Stammheim. Por el ala derecha se encontraban democratacristianos como Herbert Gruhl, veteranos conservadores como August Haußleiter o antiguos nazis como Baldur Springmann o Werner Vogel. En el caso de Herbert Gruhl cabe señalar que este procedía de las filas de la CDU.

Petra Kelly y Gert Bastian en 1985. DeutschlandFunk.

En esos primeros años la activista Petra Kelly sobresalió como principal rostro del partido, convirtiéndose de facto en la líder del partido a ojos del público. La atracción del movimiento verde tuvo un carácter transversal, abarcando sectores sociales muy diversos entre sí. Así, con el paso del tiempo también se acabarían uniendo al partido militares como el general Gert Bastian, un veterano oficial del Bundeswehr. Bastian se convirtió en una figura muy notoria y llegaría liderar un pequeño grupo de acción compuesto por otros miembros de las Fuerzas Armadas que apostaban por el pacifismo en el contexto de las tensiones de la Guerra Fría.

Consolidación y primeros éxitos

A comienzos de la década de 1980 la Guerra Fría experimentó una nueva etapa de tensiones. Bajo el liderazgo de Ronald Reagan la administración norteamericana endureció su discurso y apostó por el despliegue de misiles balísticos Pershing II en Europa occidental. El movimiento pacifista y antinuclear organizó una intensa campaña contra este despliegue, llegando a celebrar una multitudinaria protesta en Bonn durante el otoño de 1983 que congregó a medio millón de personas. En contraste con la actitud de los principales partidos alemanes, Los Verdes se implicaron activamente en el movimiento pacifista y se opusieron al despliegue de los misiles norteamericanos en el territorio de la República Federal de Alemania.

Aunque los resultados en las elecciones federales de 1980 habían sido insuficientes para que Los Verdes entraran en el Bundestag, el parlamento germano, tres años después la situación fue muy diferente. En los comicios de 1983 lograron obtener más de dos millones de votos y 27 diputados. Esto constituyó un hito, ya que era la primera vez en dos décadas que una nueva formación conseguía entrar en el Bundestag, al margen de conservadores (CDU), socialdemócratas (SPD) y liberales (FDP). Ello permitió que Los Verdes reforzaran su posición de cara al público alemán y a Europa. Un año después el partido consiguió entrar en el Parlamento Europeo, con siete eurodiputados.

Manifestación pacifista en Bonn, en 1993. WDR.

La dinámica interna de Die Grünen, que en sus primeros tiempos estuvo muy influida por el activismo y el asamblearismo, dio lugar a diversos desencuentros. Sobre ciertos militantes, como August Haußleiter, Baldur Springmann o Werner Vogel, pesaron las acusaciones de derechismo o de haber sido antiguos militantes nazis. Las tensiones no tardaron en cobrarse las primeras salidas de militantes. A principios de 1982 una parte del ala conservadora se escindió y fundó su propia formación, el Partido Ecológico Democrático. Otro sector muy conflictivo durante aquellos años fue el llamado SchwuP, un grupo de trabajo interno que defendía abiertamente la pedofilia.

Así mismo, cabe señalar que la Stasi de la República Democrática Alemana no desaprovechó la ocasión para situar a numerosos informadores o colaboradores dentro de Los Verdes, al ser un partido que empezaba a cobrar relevancia en el ámbito político y social de Alemania occidental. Este sería el caso de la polémica Brigitte Heinrich, que llegó a ser diputada en el Parlamento Europeo entre 1983 y 1987.

Pasados los primeros tiempos, la organización interna del partido tendió hacia una mayor estabilización. Petra Kelly era la cabeza visible del sector más izquierdista del partido, los denominados por sus detractores como fundis (acrónimo alemán de «fundamentalistas»). Paralelamente, se formó una corriente de los autodenominados «realistas» (realos), partidarios de una línea de actuación más pragmática dentro del sistema parlamentario. A frente de los realos se situaron figuras como Daniel Cohn-Bendit o Joschka Fischer, veteranos de las protestas de mayo de 1968.

A mediados de la década de 1980 Die Grünen había consolidado su posición en el espectro político alemán, logrando una efectiva implantación a nivel regional y local. El partido había conseguido entrar en varios parlamentos regionales, como fue el caso de Hesse, donde en 1985 se forjó una coalición de gobierno con el SPD. En su momento ello constituyó toda una novedad, por ser la primera vez que los ecologistas entraban en un gabinete. El realo Joschka Fischer se convirtió en ministro regional de Medio Ambiente y Energía de Hesse. A esto se sumaría un nuevo éxito cosechado en las elecciones federales de 1987, en las cuales la formación obtuvo 42 diputados y más de tres millones de votos. Este auge político ecologista contrastaba con el estancamiento que durante aquellos años experimentó el SPD.

El desastre electoral de 1990

A los diez años de la fundación de Los Verdes el partido afrontaba una situación novedosa. Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial se celebrarían unas elecciones generales en todo el territorio alemán, tras el proceso de reunificación entre la RFA y la RDA. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió con otros partidos, Los Verdes se presentaron por separado en el Oeste y en el Este. En la antigua RDA ya se había formado en 1989 una formación análoga a de la RFA. Sin embargo, en contra de lo esperado, los resultados de las elecciones generales del 2 de diciembre de 1990 fueron una amarga decepción para muchos militantes ecologistas. Aunque la agrupación ecologista del Este logró entrar en el Bundestag, los resultados de Die Grünen en el Oeste fueron mucho peor de lo esperado y no le permitieron obtener ni un solo escaño.

El batacazo electoral constituyó un auténtico shock para la joven formación política, que afrontaba la peor crisis desde su nacimiento. Muchos lo vieron como una señal de que los tiempos de Los Verdes habían pasado, mientras que para otros ello significó que se imponía un nuevo ciclo. Desde el sector de los realos se empezó a cuestionar abiertamente no solo la línea de actuación de Petra Kelly, sino también su propia figura. Al año siguiente esta sufrió una derrota política interna que marcó su declive definitivo dentro de la organización. Kelly, que en el pasado había recibido amenazas, murió en extrañas circunstancias en 1993. Su desaparición marcó el final de una época.

Hacia el siglo XXI

Con los realos ya al frente del aparato, el partido afrontó una renovación interna. Se procedió a una unión de los dos partidos verdes de procedentes de la RFA y la RDA, a los que se sumaría un tercero, la Alianza 90 (Bündnis 90), una alianza de pequeños partidos oriundos de la RDA. Con ello se procedía a la refundación de Los Verdes históricos, que en 1993 adoptaría el nombre de Alianza 90/Los Verdes. Se apostó por un mayor peso de la organización interna sobre la dinámica asamblearia de los primeros tiempos, que tantos conflictos había provocado. Así mismo, se instituyó una fundación política ligada al partido (la Fundación Heinrich Böll) y una organización juvenil.

Refundación del partido en Leipzig, 1993. FAZ.

A pesar de los pasos que se habían dado, los problemas internos no desaparecieron del todo. La integración de nuevos militantes procedentes de otras formaciones no fue un proceso sencillo, y en algunas ocasiones terminó derivando en conflictos. Este fue el caso de Vera Lengsfeld, una antigua activista antigubernamental de la RDA que terminaría dando un sonoro portazo a Die Grünen cuando la formación acordó alcanzar algunos pactos en las regiones orientales con los herederos del desparecido Partido Comunista. Situación parecida fue la de Matthias Platzeck, procedente de la organización de Los Verdes orientales, que se pasaría a las filas socialdemócratas tras varios desencuentros con la sección regional del partido en Brandeburgo.

Las elecciones federales de 1994 arrojaron un rayo de luz a Die Grünen, que obtuvieron 49 diputados y más de tres millones de votos. Aquel resultado se interpretó como un respaldo del electorado ecologista a la nueva línea de actuación implementada por los realos. En ese contexto, con Alemania afrontando las consecuencias de la reunificación y un creciente desempleo, Los Verdes apostaban por participar en gobiernos de coalición con otros partidos. A nivel regional se ensayaron diversas fórmulas, pero no sería hasta 1998 cuando socialdemócratas y ecologistas formaron un gabinete de coalición a nivel nacional bajo el liderazgo de Gerhard Schröder.

En contraste con el pasado, Los Verdes adoptaron una línea de actuación acorde con la de los partidos tradicionales, rompiendo así con su anterior discurso antisistema. Ello les llevó a aceptar las políticas de corte neoliberal del SPD en materia económica y laboral, caso de la denominada Agenda 2010. Reflejo de este cambio con respecto al pasado fue el apoyo que desde el partido ecologista se dio a la campaña de bombardeos de la OTAN contra Yugoslavia en 1999. No obstante, la nueva línea de actuación también ha ofrecido una opción mucho más estable para el votante ecologista, reforzando el carácter transversal del partido en el espectro político alemán.

Actualmente, de cara a las elecciones del 26 de septiembre, el partido verde alemán podría cosechar los mejores resultados de su historia. Según las encuestas los verdes estarían en una horquilla entre el 15 y el 17%, colocándose en tercer lugar, por tanto con serias de posibilidades de entrar en un futuro gobierno federal.

Referencias

  • Eckart Conze. «Die Stasi und die Grünen: Mit gebundenen Händen beäugt», net (24 de abril de 2017).

Bibliografía

FERRI DURÁ, Jaime; ROMÁN, Paloma (2002). Utopías y realidades: los movimientos sociales. Ed. Gernika.

Licenciado en Historia por la Universidad de Granada. Doctor/PhD (Universidad de Córdoba). Me interesa la historia contemporánea, y en especial España, Alemania y Japón. Investigando sobre la imagen española de Japón.

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