Octubre Negro (I): Los tanques disparan contra la Casa Blanca

Soldados frente a la Casa Blanca de Moscú en el año 1993. Vladímir Velengurin/ Komsomolskaya Pravda

Moscú, 4 de octubre de 1993. Los blindados disparan contra la Casa Blanca, el edificio que albergaba al parlamento ruso. Aunque este acontecimiento es perfectamente comparable al despliegue de tanques en Tiananmen en 1989, lo que ocurrió aquel otoño de 1993 en Moscú es mucho menos conocido.

Pero… ¿Qué pasó exactamente y cómo se llegó a esta situación?

La Crisis Constitucional rusa de 1993, también conocida como el “Octubre Negro”, fue un conjunto de sucesos que culminaron con el despliegue de tanques por parte del entonces presidente Boris Yeltsin. La confrontación entre Yeltsin por un lado y el vicepresidente Alexander Rutskoi y Ruslan Jasbulatov, que lideraba el parlamento, desembocó en la destitución del presidente ruso y generó enfrentamientos en las calles. La tensión alcanzó su punto álgido el 3 de octubre, y al día siguiente, 4 de octubre, Yeltsin ordenó a las tropas leales que disparasen sus tanques contra la Casa Blanca. El objetivo del presidente ruso era acabar con cualquier resistencia parlamentaria a su gobierno. 

Existen muchos mitos acerca de los sucesos de octubre de 1993. Quizás el más extendido, y, además, reproducido tanto por partidarios de Yeltsin como por simpatizantes del parlamento, es que esta institución representaba o bien la “extrema izquierda” o bien una especie de “alianza rojiparda”. El triunfo Yeltsin sobre esta oposición, argumentaban algunos entonces, significaría la victoria de la “democracia” y el “capitalismo liberal” sobre los “extremistas”. Pero nada más lejos de la realidad. El parlamento había sido elegido en 1990 en unas elecciones libres y democráticas y Yeltsin será el primer presidente de la institución. Este parlamento fue el mismo que emitió la declaración de soberanía de Rusia frente a la URSS, el mismo que creó el cargo de “Presidente de Rusia” que ocupará Yeltsin, y el mismo que, hasta bien entrado 1992, apoyó buena parte de sus reformas liberalizadoras. La composición de la cámara elegida en 1990 no cambiará en ningún momento: era igual en 1990 y en 1993.

¿Qué ocurrió para que los diputados electos en este parlamento acabasen enfrentados con Yeltsin? ¿Cómo pudo escalar la situación hasta el punto de que presidente ruso acabase sacando los tanques a la calle y ordenase abrir fuego contra la Casa Blanca?

Los orígenes: Las elecciones de 1990 y 1991

Hay que remontarse a los últimos años de existencia de la URSS para saber de donde salieron los principales actores de esta crisis: el presidente Yeltsin y el parlamento ruso. En 1985 Mijaíl Gorbachov se convierte en el nuevo secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) e instaura la perestroika. Estas reformas liberalizadoras tanto en lo político como en lo económico acabarán desembocando en la caída de la URSS a finales de 1991. En ese momento, Boris Yeltsin, un político ambicioso y oportunista comenzaba su ascenso político ocupando cargos como la secretaría del Partido en la ciudad de Moscú o el viceministerio de construcción de la URSS. Sin embargo, Yeltsin seguía sin estar satisfecho y deseaba, con impaciencia, alcanzar puestos de primer nivel en la jerarquía. Yeltsin decidirá entonces acercarse a la naciente oposición liberal y democratizadora, para terminar uniéndose a la ola formada por todos aquellos que estaban descontentos con el poder soviético y anhelaban cambios profundos en el sistema. Aun formando parte del Partido hasta bien entrado 1990, Yeltsin comenzará a criticar duramente a las élites del PCUS por los privilegios –supuestos o reales– de los que gozaban. La reprobaciones de Yeltsin sobre el poder soviético lo convertirán en una de las figuras favoritas de la nueva oposición liberal.

En marzo de 1990 –cuando todavía existía la Unión Soviética– se celebrarán las primeras elecciones libres y democráticas para escoger el Congreso de los Diputados del Pueblo de Rusia (nombre que recibía el parlamento de la entonces RSFS de Rusia dentro de la URSS). Se escogerán un total de 1.068 diputados para un período de 5 años. El sistema de elección de los parlamentarios consistirá en elegir a través de distritos unipersonales: cada persona residente en un distrito determinado votaba a un candidato y no a una lista perteneciente a un partido político. Cualquiera se podía presentar a estos comicios, tanto si eran miembros de PCUS, de un partido alternativo de oposición o candidatos totalmente independientes.

Lo único que se puede objetar a estas elecciones es que en la papeleta estaba indicado si un candidato pertenecía al PCUS, en caso contrario, la formación política no aparecía en la papeleta, sino que figuraba como “independiente”. Pero, en la práctica, esto no tuvo transcendencia, pues al final era al candidato, y no al partido, al que se votaba.

Del total de 1.068 escaños, 920 fueron a parar a candidatos pertenecientes al PCUS y 148 eran candidatos independientes. A pesar de que a primera vista estos resultados parecen reflejar una mayoría aplastante de diputados comunistas, la realidad era más bien la contraria. No hay olvidar que de la mano de Gorbachov el PCUS adoptó una línea reformista y liberalizadora. A partir de aquel momento el Partido aceptó a personas muy alejadas de sus ideas oficiales, gente que simplemente vio esta militancia en el PCUS como una forma para ascender en su carrera profesional. Dentro de los diputados pertenecientes al PCUS se podían encontrar, al mismo tiempo, “comunistas de extrema izquierda” que se oponían a la perestroika y a Gorbachov; “comunistas reformistas” que seguían a Gorbachov y diputados que incluso podían ser abiertamente anticomunistas y derechistas. Conforme la URSS se vaya desquebrajando, numerosos parlamentarios dejarán el PCUS y se pasarán a otras fuerzas. A pesar de que se había votado al candidato, y no al partido, una vez inaugurado el nuevo parlamento los distintos legisladores comenzarán a crear grupos en base a sus diferencias ideológicas.

Boris Yeltsin –en aquella época era una figura bastante popular y con importantes apoyos en el pueblo ruso–  se presentará a estas elecciones y conseguirá un escaño. Dada su gran popularidad, será elegido presidente del parlamento ruso. Bajo su mandato el parlamento ruso emitirá la declaración de soberanía el 12 de junio de 1990 frente a la URSS –declaraba la primacía de las leyes de Rusia sobre las de la URSS– y condenará el uso de la fuerza en Vilna en enero de 1991, entre otras iniciativas. En marzo de 1991 se celebrará un referéndum en el que los ciudadanos votarán, con un 71,38% de votos a favor, la creación de un nuevo cargo que antes no existía: Presidente de Rusia. En junio de 1991 los rusos elegirán a su presidente.

Boris Yeltsin fue candidato en las elecciones presidenciales de 1991 a las que concurrieron otras figuras. El principal contrincante de Yeltsin será el comunista de línea gorbacheviana Nikolay Rhyzkov. Otros aspirantes también vendrán del PCUS como Aman Tuleev y Albert Makashov y habrá también candidatos alternativos, como el liberal-demócrata Vladímir Zhirinovsky. Los candidatos debían presentarse con un compañero de tándem que ocuparía la vicepresidencia del país. Yeltsin eligió como su número dos a Alexander Rutskoi, un general de aviación que había combatido en Afganistán y era considerado por todos como un héroe de guerra; Rutskoi había recibido la medalla de “Héroe de la Unión Soviética”, la máxima condecoración militar del país. No serán pocos los militares del espacio ex soviético que tras la renuncia del PCUS al monopolio del poder decidan emprender una carrera política, y habitualmente con bastante éxito. Algunos de estos militares eran vistos como verdaderos hombres de acción que habían hecho algo relevante por su país (además de Rutskoi, hay otros casos como el de Lebed, Aushev…) en contraposición con los antiguos comunistas –vistos como burócratas incapaces de conectar con la población–  y con los nuevos políticos liberales que solían ser carismáticos, pero que en ocasiones eran percibidos como meros charlatanes. 

Yeltsin será elegido presidente de Rusia con el apoyo aplastante del 57,30% de los votos, seguido a gran distancia de Ryzhkov con un porcentaje del 16,85%. Alexander Rutskoi, por consiguiente, se convertirá en el vicepresidente. Tras su elección, Yeltsin renunciará al cargo de presidente del parlamento. Ruslan Jasbulatov, doctor y profesor de economía de origen checheno, ocupará el cargo.

El presidente del parlamento Ruslan Jasbulatov (izquierda) junto al vicepresidente de Rusia Alexander Rutskoi (derecha). Estas dos figuras, originalmente próximas a Yeltsin, se convertirán en los principales líderes de la oposición a su figura en octubre de 1993.

En un primer momento, el presidente Yeltsin, el vicepresidente Rutskoi, y el presidente del parlamento Jasbulatov eran auténticos aliados. Durante el golpe de Estado de agosto de 1991 perpetrado por la línea dura del PCUS, los tres saldrán a la calle, y los tres juntos, con el apoyo de una parte de la población, plantarán cara a los golpistas y conseguirán que fracase. Lo que probablemente pocos esperaban es que dos años después, en 1993, sería el propio Yeltsin el que diese su propio golpe de Estado –bastante más sangriento– contra el vicepresidente Rutskoi y contra el parlamento liderado por Ruslan  Jasbulatov. Irónicamente  muchos de los que apoyaron la intentona golpista de extrema izquierda de 1991 compartirán trinchera con Rutskoi y Jasbulatov en 1993.

Yeltsin y sus colaboradores más cercanos se sitúan en una tribuna para arengar a los ciudadanos que habían salido a la calle para frenar la intentona golpista de la línea dura del PCUS en agosto de 1991. El vicepresidente Alexander Rutskoi agita la bandera tricolor rusa.

A finales de diciembre de 1991 se disuelve la URSS y Rusia surge como Estado independiente. Se acabó la euforia; si la URSS en sus últimos años era un Estado que atravesaba diversas crisis, la disolución de la Unión será un duro golpe para las repúblicas resultantes en todas las áreas (economía, defensa, etc.). Rusia emergía como Estado independiente con múltiples retos a los que hacer frente. Ahora tocaba dedicarse a la política de manera seria, y será aquí donde los caminos de Yeltsin y del parlamento comiencen a separarse.

1992: el año del distanciamiento: las reformas liberalizadoras

Una vez disuelta la URSS, los problemas económicos que aquejaban al “nuevo país” deberían ser resueltos. Yeltsin se rodeará de una serie de economistas liberales rusos, conocidos como los “jóvenes reformadores”, que decidirán continuar con el rumbo liberalizador emprendido de manera más o menos moderada durante la perestroika. Pero las nuevas directrices terminarán desembocando en reformas liberales más radicales. El rumbo que estaba tomando el país no acabarán de gustar a buena parte de los diputados. El parlamento ciertamente estaba a favor de avanzar en el proceso democratizador en lo político y liberalizador en lo económico, pero al fin y al cabo, la mayoría de los parlamentarios defendían un modelo económico más cercano al modelo nórdico que al neoliberalismo. Ruslan Jasbulatov, el presidente del organismo, era un firme representante de esta tendencia hegemónica en el parlamento. En lo económico Jasbulatov no dejaba de ser precisamente eso: un socialdemócrata.

La deuda que había heredado Rusia era colosal: ascendía a 78 billones de dólares estadounidenses. Esto hará que los acreedores, principalmente potencias occidentales y el FMI, presionen a Moscú para que avance en su programa de reformas. Más de 1.500 asesores, la mayoría provenientes de Occidente, participarán en la elaboración del programa económico. La figura más controvertida del gobierno y principal responsable del deterioro de las relaciones entre el presidente y el parlamento será el ministro de economía y finanzas, y posteriormente primer ministro en funciones, Yegor Gaidar. Gaidar era un fanático casi enfermizo del neoliberalismo económico y un firme convencido de la terapia de choque. El ministro de economía de Yeltsin intentará llevar estas ideas a cabo en el escenario ruso. La primera gran reforma que impulsó Gaidar será la liberalización de precios. Hasta entonces, el Estado tenía el monopolio de fijar los precios para prácticamente todos los productos. Con esta medida se buscaba otorgar libertad a las distintas entidades empresariales para fijar los precios que deseasen. El parlamento –que no estaba formado por radicales de ningún tipo– en un principio apoyará la liberalización de precios, cuando ésta se debatió en octubre de 1991. No obstante, habrá diferencias entre la reforma que se aprobó y la que se impondrá

Yegor Gaidar, ministro de economía y finanzas primero, y primer ministro después durante el año 1992.

La liberalización de precios entró en vigor a principios de enero de 1992. Se liberalizaron al 90% los precios establecidos por los comercios minoristas y al 80% los precios establecidos por los comercios mayoristas. El importe de los productos más básicos (pan, leche, transporte público…) seguirían siendo fijados por el Estado. El gobierno alertó a la población de que la liberalización de precios podía desembocar en una subida que no superaría el 3,5%.

Todo era mentira. La subida de precios se descontroló por completo y esto desembocó en la depreciación del rublo y en una hiperinflación brutal que alcanzó el 2610%.

Aunque el Estado establecía los precios de los productos más básicos, a partir de marzo de 1992  dejará de fijar los precios incluso de los productos más esenciales –parte de las competencias a la hora de fijar estos precios residían en las regiones, pero  éstas tampoco bloquearán la reforma–. Esta decisión provocará un daño terrible a la economía y causará el empobrecimiento de buena parte de la población. Todo el dinero que los ciudadanos rusos habían podido ahorrar hasta los últimos años de la URSS perderá totalmente su valor. Algunos autores sostienen que el gobierno conocía en buena parte las consecuencias “colaterales” de estas medidas y  aun así continuó adelante para poder acabar con la deuda interna (pagando el dinero correspondiente a bonos). Con la bajada de los salarios y pensiones reales se aseguraban la solvencia de un Estado que prácticamente estaba en bancarrota. El parlamento, como ya se ha mencionado, apoyó la liberalización de precios al principio, pero a la vez defendió que las pensiones, becas, salarios… se ajustasen siempre a la inflación.

La otra gran reforma que aumentará las diferencias entre el parlamento y el presidente será la privatización de bienes y empresas estatales. A finales de 1990 se creará el Comité de Gestión de Bienes Públicos para privatizar las empresas del Estado. En noviembre de 1991, Anatoly Chubais, otro “joven reformador”, se convertirá en el nuevo director de este organismo.

Anatoly Chubais propondrá un programa de privatización mucho más ambicioso que el desarrollado originalmente por esta institución. Si bien se aplazaba la privatización de algunos sectores considerados estratégicos, el programa de reformas de Chubais contemplaba la privatización, en primer lugar, de aquellas empresas de mayor tamaño y más rentables con el fin de beneficiar a los inversores y a los nuevos propietarios. Además, el programa de Chubais contemplaba llevar a cabo la privatización de manera masiva y acelerada. Aunque el parlamento no estaba por la labor de aprobar la ley, tras presentar una serie de enmiendas que fueron aceptadas, –aunque sin demasiado entusiasmo– se aprobará también la reforma privatizadora. Con la finalidad de darle a la privatización un carácter más popular, cada ciudadano ruso recibirá un “voucher”, es decir, un cupón que tenía un valor nominal de 10.000 rublos y que se podía intercambiar por acciones de distintas empresas. Sin embargo, con un solo voucher apenas se podía obtener beneficio alguno –hay que tener en cuenta que el rublo había perdido bastante valor como consecuencia de la liberalización de precios–  y buena parte de los ciudadanos acabarán vendiendo los vouchers a gente que ya tenía cierto capital y sabía qué uso darles a estos cupones. Al final, por mucho que se pretendiese proporcionar un aire popular a la privatización, serán los antiguos directores de fábricas y la naciente oligarquía quienes se hagan con buena parte de las propiedades empresariales que teóricamente antes eran de todos.

Anatoly Chubais, el responsable del Comité de Gestión de Bienes Públicos, presenta su programa de privatización.

La principal motivación de la reforma de Chubais no era puramente económica, ésta tenía una fuerte carga político-ideológica: buscaba ante todo transitar hacia un capitalismo liberal y crear una nueva clase de propietarios que sirviese como apoyo del nuevo sistema. Más adelante, en una entrevista, el propio Chubais dirá lo siguiente:

“Hasta el año 1997 la privatización ni siquiera fue un proceso económico. Era una forma de lograr nuestro objetivo principal: frenar al comunismo. Y lo conseguimos.”

A pesar de la creciente oposición que el parlamento ejercía frente al gobierno, en un principio seguía sin haber una gran oposición organizada.

Tras el golpe de Estado de 1991, Yeltsin ilegalizó al PCUS, confiscó sus bienes y prohibió su actividad en las estructuras estatales, eliminando así la principal oposición que podía causarle problemas. El escenario de la oposición al presidente se quedó completamente vacío y nacerán otras fuerzas dispuestas a ocuparlo. Las primeras organizaciones opositoras serán de izquierda radical y marxistas-leninistas que se acabarán de formalizar con la ilegalización del PCUS y la caída de la URSS. Éstas comenzaron a fraguarse en los últimos años de la URSS como una oposición tanto frente a los nacientes liberales como a la línea oficial reformista de Gorbachov. Entre estas asociaciones destacarían sobre todo Rusia Obrera liderada, entre otros, por Viktor Anpilov el ex corresponsal de la radio soviética en América Latina. Anpilov defendía una línea marxista-leninista pura y dura. Otra organización fue la Unión de Oficiales, un grupo de militares con ideología izquierdista –o que simplemente defendían una especie de “patriotismo soviético”– dirigida por Stanislav Terejov. Otra formación fue el Partido Ruso de Comunistas dirigido por el teniente coronel de la policía Anatoly Kriuchkov; una agrupación política bastante pequeña, pero con una militancia muy activa. Más allá de las organizaciones partidistas, Yeltsin también contará con la oposición de la Federación de Sindicatos Independientes de Rusia que nació en 1990 precisamente como un sindicato independiente que renegaba del marxismo-leninismo. Sin embargo, la Federación de Sindicatos Independientes se desencantará con las nuevas autoridades, cuyas políticas económicas acabarán perjudicando sobre todo a la clase trabajadora. En un principio la oposición a Yeltsin se reducía a algunos grupos minoritarios de extrema izquierda, sin embargo, a lo largo de 1992 el gobierno encabezado por Gaidar conseguirá enfadar a prácticamente todo el espectro ideológico: desde la izquierda radical que se opuso a Yeltsin desde un primer momento hasta grupos nacionalistas y conservadores –que  reprochaban a Yeltsin la pérdida de peso de Rusia a nivel internacional y su excesivo prooccidentalismo–,  pasando por demócratas decepcionados por la deriva enormemente liberal del gobierno en materia económica. En octubre de 1992 se celebró el congreso fundacional del Frente de Salvación Nacional, un movimiento que agrupará a las fuerzas opositoras al presidente fuese cual fuese su signo: desde la izquierda radical, como el Partido Comunista Obrero de Rusia, hasta organizaciones nacional-derechistas, como la Unión de Todos los pueblos de Rusia de Sergei Baburin. Este congreso fundacional dejará imágenes curiosas: se llegará a decorar la sala de conferencias con la bandera negra-amarilla-blanca imperial rusa (utilizada por grupos nacionalistas y de extrema derecha) y la bandera de la URSS al mismo tiempo. Muchas veces se ha acusado al Frente de Salvación Nacional de ser una “alianza rojiparda” que agrupaba a extremistas de ambos signos. El Frente de Salvación Nacional incluía a organizaciones tanto de izquierda como de derecha radical, pero también a fuerzas mucho más moderadas, como la Unión Agraria (centro-izquierda) o el Movimiento Democristiano Ruso (centro-derecha). Tanto su simbología como el hecho de que agrupase a organizaciones situadas en los extremos ideológicos hacen del Frente de Salvación Nacional un movimiento un tanto estrambótico, más que de una alianza rojiparda se trataba de un movimiento transversal que agrupaba a buena parte de las organizaciones de oposición a Yeltsin.  Sin embargo, las diferencias ideológicas entre los distintos miembros, a menudo irreconciliables, impedirán cualquier posible refuerzo de su estructura.

Congreso fundacional del Frente de Salvación Nacional, un movimiento que agrupaba a distintas organizaciones opositoras a Yeltsin en ese momento. El FSN agrupó a organizaciones con ideologías que a priori eran totalmente antagónicas, y esto nos dejó imágenes como esta, en la que se ve la bandera imperial rusa junto con la bandera de la Unión Soviética.

En noviembre de 1992 sucede otro hecho clave para la oposición. El Tribunal Constitucional Ruso declarará anticonstitucional la ilegalización del PCUS en 1991 y anula la medida de Yeltsin. Los restos de la sección rusa del PCUS se reorganizarán, y acabarán formando en febrero de 1993 el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR o KPRF en sus siglas en ruso), que se convertirá en el mayor partido opositor en ese momento.

La ruptura definitiva: diciembre de 1992-junio de 1993

La tensión entre el gobierno y el parlamento irá aumentando progresivamente a lo largo de 1992. A pesar de todos los desencuentros entre los poderes del Estado, el parlamento no ejercerá una oposición frontal y casi siempre intentará negociar, aunque con poco éxito, para terminar adoptando las medidas propuestas por el ejecutivo. Durante este tiempo no se puede hablar de ningún enfrentamiento abierto hasta que llegue la ruptura definitiva.

En diciembre de 1992 se celebrará el VII Congreso de los Diputados del Pueblo. El primer ministro Yegor Gaidar debía proporcionar un resumen de la situación económica del año 1992 y rendir cuentas ante el parlamento. Tras una larga sesión de control, el trabajo de Gaidar como responsable de la economía será considerado insatisfactorio por una parte importante de los diputados . Gaidar, entonces, estaba ejerciendo como primer ministro en funciones –Yeltsin ocupó durante un tiempo los puestos de presidente y primer ministro, y dejó el puesto de primer ministro para que su viceprimer ministro Gaidar ocupase el puesto– y conforme a la legislación debía enfrentarse a una sesión de investidura.

El 9 de diciembre se celebró la votación para investir a Gaidar como primer ministro. El parlamento rechazará su candidatura: 486 votos en contra frente a 467 votos a favor. Yeltsin no se esperaba estos resultados, para el presidente fue un auténtico shock. La negativa parlamentaria para investir a su primer ministros provocó que Yeltsin se encerrase durante un tiempo sin estar en contacto con nadie. Según su jefe de guardia personal, Alexander Korzhakov, incluso llegó a pensar en suicidarse.

Otra variable a tener en cuenta para entender la reacción de Yeltsin fue la presión externa de los Estados Unidos. Los EE. UU. siguieron muy de cerca la situación política de Rusia y siempre presionaron a Yeltsin para que no desistiese en la política económica y exterior que estaba impulsando. Cuando George Bush Sr. perdió las elecciones contra Bill Clinton a finales de 1992, una de las últimas cosas que le dijo a Yeltsin fue: “No entregues a Gaidar y a otros reformadores sin luchar.”. En el momento en el que se conoció la noticia de que la investidura de Gaidar había fracasado, Bush llamó a Yeltsin para decirle que “su propio destino dependía del destino de Yegor Gaidar”. La consideración de Yeltsin y de los jóvenes reformadores por parte de EE.UU. como sus protegidos no es ninguna exageración, y la presión estadounidense será constante y sin cesiones. En este momento Yeltsin entenderá que debía ceder lo menos posible, agarrarse al poder como fuese y no soltarlo, incluso aunque esto supiese traicionar los principios “democráticos” y “liberales” que él y sus colaboradores decían defender.

A pesar de todo, resultado de la votación para investir a Gaidar fue muy ajustado: 486 votos en contra frente a 467 a favor. Dado que el número de diputados que habían votado a favor de Gaidar ascendía a 467, Yeltsin pedirá a esos parlamentarios que abandonen la Casa Blanca, para que el parlamento perdiera el quorum necesario (694 diputados) y evitar así que siguiese realizando sus actividades. De estos 467 diputados, solo 171 siguieron a Yeltsin; 715 permanecerán en la Casa Blanca, manteniendo el quorum. Este movimiento del presidente no solo fracasará, sino que una parte de los diputados que hasta ahora le habían apoyado se solidarizarán con sus compañeros y acercarán posiciones políticas con ellos.

El 14 de diciembre se volverá a repetir la votación para elegir al primer ministro. Se propusieron 5 candidatos y el que más votos recibiese debería ser investido. Destacarán tres: Yuri Skokov, Viktor Chernomyrdin, y Yegor Gaidar, de nuevo. Yuri Skokov será el favorito con 637 votos, seguido de Chernomyrdin con 621 votos, mientras Gaidar apenas recibirá 400 votos. Pese a que el parlamento había votado por Skokov  –que era el entonces Consejero de Seguridad Nacional–, Yeltsin se negará a nombrarle primer ministro, pues Skokov, sin ser ninguna especie de comunista, era partidario de un Estado fuerte que no encajaba con el rumbo económico liberal vigente. Se volverá a repetir la votación con Chernomyrdin como único candidato, finalmente será investido y se convertirá en el nuevo primer ministro. Viktor Chernomyrdin era un funcionario que había hecho carrera en empresas de gas estatales,  no tenía ideología alguna, por lo que a priori parecía el candidato perfecto para alcanzar un compromiso entre ambas partes. Durante un tiempo, la situación se calmará un poco, pero a la larga poco cambiará con Chernomyrdin como primer ministro. Gaidar dejó de ocupar puestos de importancia, pero continuará siendo asesor en materia económica del gobierno y su línea se mantendrá. Por otra parte, tras ver que el parlamento le podía poner en jaque, Yeltsin se planteará la elaboración de una nueva Constitución mucho más favorable a su persona.

Yuri Skokov, Viktor Chernomyrdin y Yegor Gaidar, los tres candidatos a primer ministro. Finalmente, Chernomyrdin se convertirá en el primer ministro, a pesar de que Skokov fuese el más votado en una primera votación.

Durante el invierno, la situación pareció aplacarse, pero surgirá una nueva desavenencia entre el parlamento y el presidente: el tratado START II. El tratado fue un acuerdo firmado entre Rusia y EEUU y prohibía el uso de Misiles Balísticos Intercontinentales de cabezas múltiples. Algunos autores sostienen que el tratado resultaba más beneficioso para los EEUU que para Rusia. Además, el hecho de destruir este tipo de material militar, lejos de suponer una reducción del presupuesto militar, suponía un aumento, pues la operación de destrucción de las cabezas tenía un coste inmenso y había que reducir presupuesto de otros campos del ámbito militar. El tratado START II fue firmado por Yeltsin y Bush padre en enero de 1993, pero debía ser ratificado por el parlamento y este se negará. No obstante, el START II nunca se acabará de llevar a cabo de manera plena, primero por falta de presupuesto, y después por diferencias con los EE. UU. en Bosnia y en Kosovo.

A lo largo de febrero y principios de marzo de 1993 Yeltsin se pondrá en contacto con las principales potencias mundiales para asegurarse su apoyo en caso de una agravación de la crisis. A principios de marzo, Yeltsin planeará disolver el parlamento por decreto y organizar un referéndum de aprobación de su gobierno y de una nueva constitución. Hasta entonces, la constitución vigente era la de 1978 –de la época soviética– con unas enmiendas que hicieron de ella una constitución democrática ¿Pero qué ocurrió?

Justo a principios de marzo se inauguró el VIII Congreso de los diputados, Yeltsin perderá algunos de los poderes extraordinarios que previamente le habían sido transferidos: disolver el parlamento de manera legal o abusar de los decretos presidenciales. El mandatario ruso decidirá apoyarse en el Consejo de Seguridad con el objetivo de declarar el Estado de Excepción, para lo cual en un principio recibirá luz verde. Sin embargo, tras una reunión con Skokov, director del Consejo de Seguridad, el vicepresidente Rutskoi y Valery Zorkin, presidente del Tribunal Constitucional, sus ambiciones se verán frustradas. Su propuesta de instaurar el Estado de Excepción para organizar un referéndum y establecer una nueva constitución por la fuerza no seguirá adelante. Yeltsin decidirá continuar por la vía legal: el 20 de marzo hará un llamamiento por televisión en el que declarará que suspendía la constitución e implantaba un nuevo marco en el que sus poderes se veían aumentados y los de los parlamento reducidos. Ante tal situación, el parlamento decidirá iniciar un procedimiento de destitución del presidente. Y aquí, una vez más, entre la confrontación entre el poder ejecutivo y el legislativo, volverá a hacer su aparición el tercer poder: el judicial. Durante esta crisis, la judicatura mediará continuamente entre el legislativo y el ejecutivo. Como pasó cuando el Tribunal Constitucional anuló la prohibición del PCUS decretada por Yeltsin en 1991, el Tribunal Constitucional, basándose en el discurso televisivo de Yeltsin, considerará las intenciones de éste como una razón válida para iniciar este impeachment. Sin embargo, el decreto que venía preparando Yeltsin era de un carácter mucho más moderado del que había anunciado en televisión, y en principio no vulneraba la constitución. Esto hará que algunos diputados se echen para atrás a la hora de votar la destitución del presidente. Para que la destitución fuese válida, 2/3 de los diputados debían votar a favor, es decir, 689 de un total de 1033. El 28 de marzo se celebrará la votación: 617 diputados votarán a favor de la moción y 268 en contra (el resto no estarán presentes o se abstendrán). Por lo tanto, al no alcanzar los 689 votos necesarios, la moción fracasa.

Tras un mes de marzo agitado en el que ninguna de las partes había conseguido imponerse, el parlamento y el presidente acordarán la celebración de un referéndum, el 25 de abril, en el que se realizarán las siguientes 4 preguntas:

  1. ¿Confía usted en el presidente de la Federación Rusa Boris Yeltsin?
  2. ¿Aprueba usted la política económico-social llevada a cabo por el gobierno desde el año 1992?
  3. ¿Cree necesarias elecciones presidenciales anticipadas?
  4. ¿Cree necesarias elecciones parlamentarias anticipadas?

Yeltsin llamará a votar Sí-Sí-No-Sí. Se hará una intensa campaña para llamar a votar Sí-Sí-No-Sí en todos los ámbitos. El líder ruso tenía prácticamente el monopolio total de los medios de comunicación: la televisión, quizás el medio más relevante, estaba completamente en sus manos. Mientras la oposición carecía de medios para contrarrestar la hegemonía informativa del gobierno. El único apoyo del que disponían eran pequeños periódicos como la revista “Zavtra”. Una vez se celebró el referéndum, los resultados serán los siguientes:

1) Confianza en Boris Yeltsin: 58,7%.

2) Aprobación de la política social y económica del gobierno: 53%.

3) Elecciones presidenciales anticipadas: 49,5%.

4) Elecciones parlamentarias anticipadas: 67,2%.

Para que el resultado de las dos últimas preguntas fuese vinculante, debía votar a favor no solo el 50% de las personas que ejercieron su voto ese día, sino el 50% del total del censo electoral. Por lo tanto, aunque el referéndum suponga un éxito parcial para Yeltsin, no tendrá ningún efecto práctico.

Para alguien que simpatice con el parlamento y que considere que este representase al pueblo en toda su totalidad, estos resultados pueden resultar desconcertantes. En efecto, puede sorprender si miramos con perspectiva el desastre que acabaron siendo los años 90 para Rusia y si vemos a Yeltsin como un borracho incapaz siquiera de mantenerse en pie ni de tomar una decisión mínimamente racional. Yeltsin acabará cayendo en el alcoholismo y convirtiéndose en un borracho incapaz de mantenerse en pie, pero en 1993 todavía era una persona bastante cuerda y poseía casi la misma energía que cuando se subió a un tanque en 1991. Aunque las reformas económicas habían hecho estragos, buena parte de la población pensaba que este mal era temporal, que la economía mejoraría a medio plazo y confiaba en el cumplimiento del sueño capitalista que se le había prometido. No se debe obviar que Yeltsin tenía el monopolio de los grandes medios. Pero, en buena medida, el referéndum sí reflejaba el sentir de la población: había una división casi exacta entre aquellos que apoyaban a Yeltsin y al parlamento, con una inclinación muy ligera a favor de Yeltsin. Esto no tardará en cambiar en cuanto se descubra que el sueño capitalista no dejaba de ser un sueño, y el mejor de los ejemplos son los resultados electorales. Si en las elecciones de diciembre de 1993 las fuerzas favorables a Yeltsin obtuvieron unos resultados relativamente buenos y el PCFR quedó relegado a la tercera fuerza, en 1995 los comunistas ganarán las elecciones parlamentarias mientras las fuerzas favorables a Yeltsin apenas superarán el 10% de los votos.

El 1 de mayo de 1993, Día del Trabajador, se convertirá en una jornada importante para la oposición, que decidirá llevar a cabo una gran demostración de fuerza frente a Yeltsin. Se celebrará una manifestación verdaderamente masiva, organizada principalmente por grupos de izquierda radical. Miles de personas desfilarán por la capital de Rusia portando banderas rojas.

En el cruce entre dos calles, la policía formará un cordón e impedirá el paso de los manifestantes. Los intentos de los asistentes a la marcha para cruzar y las acciones de la policía por impedir su paso acabarán desembocando en una batalla campal en la que resultarán heridas en torno a 150 personas. Algunos calificarán este día como el “Primero de Mayo sangriento de 1993”.

Un joven posa en frente de la policía con una bandera de la URSS en la manifestación del 1 de mayo de 1993

La tensión entre el parlamento y el presidente continuaba. Yeltsin decidió seguir adelante con su proyecto de una nueva constitución presidencial. En el mes mayo, el presidente ruso presentará su borrador del proyecto de la nueva carta magna presidencial y el parlamento su borrador de una nueva constitución parlamentaria. En junio, Yeltsin creará una “Asamblea Constitucional” para, en teoría, elaborar una nueva Constitución en la que deberían participar representantes de todos los sectores –políticos, religiosos, empresariales, sindicales–  y en la que cabían hasta los miembros del parlamento. Los diputados que participaron en esta Asamblea Constitucional eran una completa minoría, y aun así fueron completamente boicoteados. Cuando Jasbulatov se disponía a hablar, Yeltsin le negó inicialmente la palabra, y cuando se le permitió hacer su discurso, fue boicoteado y abucheado en masa por los partidarios del presidente. Después de ser humillados públicamente en la Asamblea Constitucional, Jasbulatov y los partidarios del parlamento abandonarán la conferencia. Entonces Yeltsin seguirá con su elaboración de la nueva constitución sin contar con representante del parlamento alguno.

Manifestantes tiran piedras a la policía durante la protesta del 1 de mayo de 1993

Por otra parte, no nos podemos olvidar de Alexander Rutskoi, el otro gran líder de la oposición a Yeltsin en los sucesos de octubre de 1993 junto a Jasbulatov. Rutskoi fue elegido como vicepresidente junto a Yeltsin en las elecciones de 1991 y durante cierto tiempo fue su fiel compañero de viaje, pero no tardará en ir distanciándose de él. Ya en diciembre de 1991 Rutskoi criticará duramente el Tratado de Belavezha que supuso la disolución de la Unión Soviética. Posteriormente será nombrado presidente de la Comisión para la Reforma Agraria y presidente de la Comisión de Lucha contra la Corrupción  y el Crimen. Durante el año 1992, Rutskoi realizará diversas críticas a ciertos miembros del gobierno del entorno de Gaidar, pero al final sus críticas se centrarán sobre algunos miembros del gobierno y determinadas políticas.  No criticará directamente al presidente Yeltsin.

Todo cambiará con la crisis constitucional de marzo de 1993, cuando Rutskoi se niegue a apoyar a Yeltsin en su intento de resolver el conflicto con el parlamento por la fuerza, y se posicione con el parlamento, criticando duramente al presidente. En abril, la comisión anti-corrupción dirigida por Rutskoi habrá recogido “11 maletines” de información que comprometían a varias figuras clave del gobierno, entre otras Gaidar y Chubais. Como fruto del enfrentamiento ahora también con el vicepresidente, en mayo, Yeltsin cesará a Rutskoi de sus puestos en las distintas comisiones, aunque continuará manteniéndolo como vicepresidente. El verdadero enfrentamiento estaba aún por llegar.

Bibliografía

1993. El bombardeo de la Casa Blanca. Alexander Ostrovsky

Bajo la bandera de la de democracia: conflictos y guerras en las ruinas de la URSS. Evgeny Norin

Casa Blanca, Humo Negro. Documental del canal ruso NTV

Hispano-ruso. Ingeniero informático. Interesado en la historia, especialmente en Rusia y el espacio ex soviético desde finales de los años 80 hasta la actualidad. Si deseáis contactar conmigo, podéis hacerlo a través de Twitter o correo electrónico.

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