Los centros culturales rusos en el extranjero

Logo de Rossotrudnichestv
Logo de Rossotrudnichestvo. Fuente: Blog Cultura Rusa

Todos los países utilizan la persuasión para atraer a individuos, colectivos y países enteros a la esfera de su influencia. Sin embargo, debido a la guerra en Ucrania, todos los ojos están puestos en las acciones que toma Rusia en este respecto. Son constantes desde hace varios años las menciones en los medios de comunicación a las injerencias rusas en las elecciones estadounidenses, en el conflicto catalán o las ya por entonces problemáticas acciones del Kremlin en relación a Ucrania.

Para ampliar: Cobertura de la guerra ruso-ucraniana

En la actualidad es útil extender nuestro conocimiento sobre cómo Moscú aplica el poder blando en la difusión de la cultura rusa en el mundo. Esto se puede dar, y de hecho se da, mediante muchas formas. Quizá la más conocida y sonada en los últimos meses es la que utiliza los medios de comunicación, como RT, para tal fin. Hay otras muchas, como por ejemplo las redes de museos, donde se incluye el Museo Ruso de Málaga que también ha dado de qué hablar en los últimos meses. En este artículo nos vamos a centrar en quizá, la parte más tangible de este soft power y la más reconocible puesto que echa raíces en el territorio donde se asienta: los centros culturales rusos en el extranjero. Hablaremos de la principal red dirigida gubernamentalmente, Rossotrudnichetsvo, pero también de otros casos relevantes.

La diplomacia pública de Rusia no siempre ha sido tan extensa como lo es hoy. Después de la caída del Bloque del Este, el foco estaba puesto casi exclusivamente en los países del espacio postsoviético, en especial en los que formaban parte del CEI. Es tan solo después del fracaso de relaciones públicas que supuso la guerra ruso-georgiana de 2008 cuando el Kremlin dio una nueva dirección a su política exterior. Se evidenciaron las carencias de Rusia en credibilidad internacional, en un debate público al cual la potencia no había mostrado el suficiente interés. Es entonces cuando el presidente Medvedev incide en la creación de agencias estatales y centros culturales que suplan esta debilidad. Rossotrudnichestvo se crea entonces como heredera de la Agencia Federal de la Comunidad de Estados Independientes. A pesar de la utilidad que había tenido la agencia anterior, esta se había demostrado insuficiente. El gobierno ruso consideró que tenía que ampliar cualitativamente sus esfuerzos en otras áreas del globo, además de seguir manteniendo un fuerte interés en su área de influencia primaria.

Oficialmente la nueva agencia fue nombrada Agencia Federal para los Asuntos de Colaboración con la Comunidad de Estados Independientes, Compatriotas en el Extranjero y Cooperación Humanitaria Internacional. Sus funciones: colaborar con la diáspora rusa, con la actividad de las organizaciones internacionales y regionales establecidas por Rusia y el CEI, extender el aprendizaje del ruso como idioma extranjero, cooperar con instituciones educativas y llevar a cabo otras actividades para dar a conocer la cultura rusa. Uno de los mayores intereses de Rossotrudnichestvo es la juventud. Los jóvenes son un activo de primer orden para cualquier potencia que pretenda aumentar su soft power, por lo que mediante la agencia cultural se han creado programas como “Nueva Generación”, que busca atraer a jóvenes representantes de las esferas política, social, científica y empresarial de países extranjeros para periodos de estudio en las universidades rusas.

La nueva estrategia desplegada en 2008 se vio acompañada de medidas más radicales que las que se habían llevado a cabo anteriormente y que entre otras consecuencias han desembocado en la guerra informativa vivida en la actualidad. Para llevar a cabo este plan Rusia cuenta con un elemento que la diferencia de las potencias occidentales: un mayor control directo sobre las agencias y organizaciones encargadas del soft power cultural. Al contrario que organizaciones del mismo ámbito como el Instituto Cervantes o el British Council, Rossotrudnichestvo depende directamente del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Este aspecto diferencia a la agencia de las organizaciones culturales de otros países, que tan solo mantienen relaciones con el gobierno y las oficinas de asuntos exteriores, pero que son organizaciones, si bien públicas, independientes. Por su parte Rossotrudnichestvo sigue los dictados de las Direcciones Principales de la política de la Federación de Rusia en el campo de la cooperación cultural y humanitaria internacional. Al ser un ente estatal, se facilita en gran medida la colaboración y sinergias con el otro pilar de la diplomacia pública, que son las embajadas.

La cadena RT, antes del inicio de la invasión de Ucrania, era una de las principales herramientas de diplomacia pública de Rusia
La cadena RT, antes del inicio de la invasión de Ucrania, era una de las principales herramientas de diplomacia pública de Rusia. Fuente: Getty Images

La agencia tiene 97 oficinas de representación en 80 países del mundo, datos por delante del Instituto Cervantes, y también está presente en más países que el Instituto Francés. Una de las formas preferidas de representación es la creación de un Centro de Ciencia y Cultura. La posibilidad de tener tanta presencia viene dada por la mencionada colaboración con las embajadas, que la organización utiliza como sede allí donde no tienen la suya propia. Sin embargo, son muchas las Casas de Ciencia y Cultura que existen en el mundo como espina dorsal de su actividad, como la que se encuentra en Madrid desde 2011. Desde la organización ven éxito en los resultados. Por ejemplo, en 2017, la agencia reportaba un aumento del interés del idioma y cultura rusas en las representaciones de la agencia en América Latina.

El hecho de que la principal agencia para la difusión de la cultura rusa sea estatal no es una circunstancia anecdótica. Y es que Rusia no sigue el modelo que Joseph Nye tenía en mente cuando ideó el concepto de soft power. En lugar de ceder espacio a otros actores sociales no gubernamentales, en el caso ruso es el Estado quien tiene el cuasimonopolio en la promoción de los intereses rusos en el mundo, dirigiendo también los medios de comunicación con proyección internacional (RT, Sputnik).

El control directo de la agencia cultural es aún más importante si tenemos en cuenta la valoración que se hace de la cultura en el mundo moderno y en las sociedades occidentales como elemento positivo, esencialmente neutral y por lo general, difícil de atacar. Es por esto que la propaganda cultural quedaba, hasta hace poco, en gran medida fuera de la confrontación agresiva entre Rusia y Occidente.

Hasta recientemente, porque hemos visto cómo en los últimos meses numerosos eventos, obras y museos con lazos con la cultura rusa han sido cancelados. Hoy día Rossotrudnichestvo en España sigue funcionando, aunque casi nada se realiza de manera presencial. Cierto es que buena parte de la explicación de esto la tienen las medidas que ya venían desde el inicio de la pandemia del coronavirus, pero también se quieren evitar episodios incómodos o acciones en contra como ya se han vivido en otros lugares de España o Europa.

Podemos afirmar que Rossotrudnichestvo es la pieza principal y más importante en el aparato de centros rusos en el extranjero. Pero no es el único. Si nos vamos al caso de España, destaca la Casa de Rusia, que tiene su sede en Barcelona. Creada en 2011 y con seguimiento de su actividad hasta hoy, este centro difiere de los Centros de Ciencia y Cultura en que pretende ser una “embajada cultural y económica”. No podía ser de otro modo y es que entre las mayores divergencias también se encuentra quién es su financiador directo.

A diferencia de Rossotrudnichestvo, que depende directamente del Ministerio de Asuntos Exteriores, la Casa de Rusia la funda un conglomerado de organizaciones donde destaca Gazprombank, filial bancaria de Gazprom, que recordemos es la mayor compañía en términos absolutos de Rusia y controlada por el gobierno en más de un 50%. Podríamos aducir lógicamente que es por esta causa por la que su respuesta institucional varía de la dada por otros centros de carácter cultural y educativo rusos pero con una intervención más diluida del Kremlin.

Un manifestante lanza una piedra contra un centro de Rossotrudnichestvo en Kiev, el 18 de febrero de 2018
Un manifestante lanza una piedra contra un centro de Rossotrudnichestvo en Kiev, el 18 de febrero de 2018. Fuente: Getty Images

Como prueba, comparemos la respuesta dada por la Casa Rusia de Madrid –fundada en 2013– y que responde a la filial española de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Efectivamente, el Patriarcado de Moscú y el gobierno de dicho país tienen una relación muy estrecha, pero por las circunstancias de la organización el control directo es en apariencia menor, y además el Arzobispo de Madrid y Lisboa, Néstor Sirotenko, no es el patriarca Kiril.

Algunos extractos de la respuesta a la que se adscribe la Casa Rusia de Madrid son: “Desde la Casa Rusia de Madrid queremos expresar nuestro profundo dolor por lo que está sucediendo en Ucrania (…) Quisiera dirigirme a nuestros feligreses ucranianos, a aquellos cuyos familiares se han visto sorprendidos hoy por los sonidos de las alarmas antiaéreas y las explosiones, a aquellos cuyos seres queridos están defendiendo su país en las fuerzas armadas. (…) este año cancelamos la celebración de Maslenitsa y de la tradicional feria benéfica. Nadie de nosotros es capaz de unirse hoy a estas celebraciones tan alegres”. Inclusive, se ha organizado una recogida de ayuda humanitaria dirigida a Kharkov, que no es una de las ciudades ocupadas.

Por el contrario, la Casa de Rusia en Barcelona, al inicio de la invasión, comunicó en un tweet lo siguiente: “hemos decidido suspender a todas las actividades excepto las educativas mientras duren las hostilidades en Ucrania”. En un análisis discursivo del lenguaje utilizado, vemos que es mucho más neutro y que está mucho más cerca del término “operación militar especial” tan usado por el oficialismo ruso. Este centro ha sufrido ataques de personas que las relacionaban con la invasión y tuvo que quitar todos sus símbolos y cerrar por un tiempo.

El siguiente centro que no podemos pasar por alto es el Instituto Pushkin y sus filiales en España. Esta serie de centros ya están más orientados a la enseñanza del idioma ruso, por lo que actividades culturales no relacionadas con la lengua como tal son más escasas. Oficialmente “Instituto Estatal de lengua rusa Aleksandr Serguéievich Pushkin”, se fundó en 1966 con el objetivo de difundir, enseñar y preservar la lengua rusa. A partir de 1998 se convierte en una universidad del sistema estatal público, pero su actividad va mucho más allá.

La CEI le otorgó el estatus de “organización principal encargada de la enseñanza y evaluación de la lengua rusa”. El Instituto Pushkin tiene una particularidad, y es que no tiende a abrir filiales en otros países. Tan solo destaca el centro que tienen en París. Sin embargo, sí hay numerosos centros de igual nombre que no tienen relación directa con la supuesta matriz. En España, por ejemplo, tenemos el Instituto Pushkin de Madrid y el de Barcelona. Estos son centros independientes entre sí y del Instituto Pushkin de Moscú. Quizá por esta independencia, y retomando el análisis que empezáramos antes, es por lo que estos centros se permiten declararse más frontalmente contra la guerra. Sin ir más lejos, lo primero que aparece al abrir la página del Instituto Pushkin de Madrid es “нет войне: no a la guerra”.

Pintada "Rusia mata niños" en la fachada de la Casa de Rusia de Barcelona
Pintada «Rusia mata niños» en la fachada de la Casa de Rusia de Barcelona. Fuente: Jordi Otix 

Volviendo al Instituto Pushkin de Moscú, lo que sí existen son proyectos de colaboración entre las entidades que hemos comentado y la universidad rusa, que permiten expedir certificados oficiales, por ejemplo. Además de estos proyectos de colaboración, algo a lo que sí se dedica el Instituto Pushkin de Moscú es a la difusión del idioma ruso mediante becas y programas de estudio en la propia Rusia. Para esto se apoya en la colaboración con otros agentes gubernamentales, como Rossotrudnichetsvo. Por poner un ejemplo, el Centro Ruso de Ciencia y Cultura de Madrid ofrece varias becas para estudiar en verano en Moscú en el Instituto Pushkin.

Además de las mentadas organizaciones y redes de centros existen en España, país que hemos tomado de ejemplo, numerosos proyectos de difusión cultural rusos, pero consideramos que aquí se encuentran las principales con participación directa o indirecta del gobierno ruso y que pueden contribuir más contundentemente a esa herramienta política que todos los países ejercitan que es el soft power, cultural en este caso.


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Estudiante de último año de Relaciones Internacionales y Sociología en la Universidad Complutense. He hecho estancias académicas en la Universidad de Salamanca, Masaryk (Chequia) y recientemente, MGIMO (Rusia). Sigo de cerca la política de la UE tanto interna como externa, especialmente en lo que se refiere a las relaciones con Rusia y el espacio post-soviético.

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