Las raíces de la protesta en Líbano

Protestas en Líbano | Diego Ibarra Sanchez para The New York Times
Protestas en Líbano | Diego Ibarra Sanchez para The New York Times

“Si el ejército trata de desbloquear la carretera por la fuerza, ¡me prenderé fuego!” gritaba un hombre durante las protestas en la carretera Beirut-Sidón, una muestra de lo mucho que esta en juego.

Las actuales protestas en Líbano, que dieron comienzo el 17 de octubre de 2019, se expandieron por todo el país en una condena al sistema político sectario, el estancamiento económico, la corrupción endémica y un sistema bancario que beneficia a una clase dominante opulenta. Los líderes sectarios, antiguos señores de la guerra y milicianos, la clase política y la oligarquía bancaria conforman una triada que gobierna el país desde el fin de la Guerra Civil y se reparte entre sí las cuotas de poder. Por lo tanto las protestas debemos enmarcarlas históricamente dentro de un proceso de profundo cambio social debido al relevo generacional y al hartazgo con la situación económica y política del sectarismo. Además de importantes cambios geopolíticos en la dinámica de la región como de las fuerzas políticas internas del país. Unos cambios que no dejan de estar marcados por los acontecimientos pasados como la Guerra Civil de 1975-1989, el Acuerdo de Taif (1989) o la Revolución de los Cedros (2005).

Para expandir: Protestas históricas en el Líbano: hablemos de revolución

Descontento social

Las protestas se caracterizan por tener una base popular sin líderes aparentes aglutinando a miembros de todas las comunidades: cristianos maronitas, drusos, musulmanes chiíes y sunníes o refugiados sirios y palestinos. Por lo que son una protestas de base horizontal que abarcan un amplio espectro político y social, que no se caracteriza por estar definidas abarcando múltiples demandas que pueden llegar a ser contradictorias. Por el momento el movimiento de protesta se ha mantenido ajeno a las interferencias de grupos políticos que han tratado de cooptarlo, como “Fuerzas Libanesas”. Sin embargo, el movimiento se mantiene como una masa indefinida que representa el hartazgo social con el sistema político sectario nacido de la Guerra Civil, las políticas económicas neoliberales de austeridad y privatización de servicios públicos realizadas desde 1990 y la extensa corrupción del país. Hay que entender que este sistema político sectario, nacido en el Acuerdo de Taif, reparte por cuotas los puestos políticos: el presidente del país debe ser cristiano maronita, el presidente del gobierno musulmán sunní y el presidente del parlamento musulmán chií. Esto crea un complejo y delicado equilibrio entre las distintas comunidades que se reparten el poder. El parlamento también funciona por la misma lógica, y los pactos (y los gobiernos) destacan por ser muy opacos y transversales para que todos los grupos sectarios se lleven una cuota de poder.

Las nuevas generaciones son las que muestran mayor antipatía. Las cifras son las siguientes como muestra el Barómetro Árabe de 2019: las principales preocupaciones de los libaneses son la economía (45%), los servicios públicos (15%) y la corrupción (13%). La mayoría de los libaneses piensas que en los próximos 2-3 años la economía va a empeorar (59%), el 24% que seguirá igual, solo un 10% piensa que mejorará. Sin duda mirando el momento actual la economía ha empeorado incluso más de los previsto, la lira se deprecia ante el dólar, la inflación se espera que llegue a niveles históricos y la pandemia del coronavirus, con todo lo que implica, es el menor de los problemas. Antes morir por coronavirus que por hambre exclaman en las calles. La confianza en las instituciones esta por los suelos, aunque en 2018 se vea un repunte tras la celebración de elecciones tras 9 años de espera, en el gobierno un 19% mientras en el parlamento un 18%. Los ciudadanos no ven mayor diferencia entre unas instituciones y otras, todas ellas están controladas por la mismas clase políticas y todas son culpables del largo bloqueo político del país, pues el poder se reparte por cuotas entre todos las sectas.

A su vez la percepción de corrupción en las instituciones nacionales es del 91%. Esto es algo que se corrobora a diario en un país que funciona por un sistema clientelista dominado por las élites sectarias de las distintas comunidades religiosas. Estos grupos controlan servicios públicos, seguridad a través de sus milicias, y seguridad privada, y el voto o actos políticos a través de los shabbiha, militantes que disuelven manifestaciones. La percepción de la corrupción en los líderes religiosos no es distinta, el 65% esta de acuerdo en que tienden a ser tan corruptos como los no religiosos. Otro factor a tener en cuenta aquí es ver como se ha desplomado desde 2007 la devoción religiosa (67%) siendo de tan solo un 24% en 2018.

La gestión de los servicios públicos es una cuestión por la que ya hubo fuertes protestas en 2015 conocidas como “Crisis de la Basura”, debido principalmente a los residuos y los problemas de alcantarillado. Pero también por la red eléctrica en la que hay cortes constantes (muchas familias tienen generadores propios de salvaguarda), el agua o los servicios de salud, con muy poca cobertura pública. A pesar de que se prometieron soluciones la mayoría de la población sigue pensando que la basura es un problema serio (92%). La persistencia de unos servicios públicos muy deteriorados por la falta de material e infraestructuras junto a una corrupción generalizada, que afecta gravemente sobre dichos servicios, hacen que el país sea muy susceptible de sufrir graves consecuencias en caso de que se produzca alguna crisis. Esto es algo que pudimos ver con los incendios forestales de octubre de 2019, que quemaron 1200 hectáreas en 2 días. El gobierno contaba solamente con 3 helicópteros, en mal estado por falta de mantenimiento, el problema pudo atajarse gracias a la colaboración de voluntarios, países vecinos y las lluvias.

La gota que rebasó el vaso y dio inicio a las protestas el 17 de octubre de 2019 fueron las nuevas medidas económicas del gobierno de Saad Hariri con un impuesto a los servicios de mensajería móvil como WhatsApp. La primera reacción a las protestas fue retirar a reforma, pero esta solo sirvió de detonante, como digo las causas son estructurales. El 29 de octubre dimitía en bloque el gobierno de Saad Hariri. Desde entonces las protestas han continuado poniendo enorme presión sobre la élite política del país, que no ha podido encauzarlas hacia una resolución. El 13 de noviembre se produjo la primera muerte a manos de las fuerzas de seguridad en la marcha al Palacio Presidencial. La muerte de Abou Fakhr por el disparo de un soldado intensificó las protestas, todas las fuerzas políticas mostraron su condena al incidente que fue calificado de accidente por las autoridades. Tras tres meses de protesta el Líbano formó nuevo gobierno el 22 de enero con el exMinistro de Educación Hassan Diab al frente. Aunque las protestas no pararon si bajaron de intensidad. Y con la llegada de la pandemia del coronavirus se tomaron medidas de confinamiento que mantuvieron a la gente en sus casas. Sin embargo, esta breve tregua ha terminado y se espera que las protestas tomen mucha más fuerza los próximos días.

Caos financiero

¿Cual es la situación económica y porque las protestas van a empeorar? El delicado sistema financiero libanés esta basado en un “Esquema Ponzi” como han apuntado medios y expertos; como el economista Toufic Gaspard, el Financial Times o el think tank “Triangle”. Un Esquema Ponzi consiste en una operación de inversión fraudulenta que se sustenta solamente por la entrada de nuevos inversores, y no por sus beneficios. Como explica Triangle:

“Desde el final de su guerra civil en 1990, el Líbano ha dependía de la banca, el turismo y los bienes raíces para atraer moneda extranjera al país, principalmente en dólares estadounidenses. Durante décadas, esos dólares han sido reciclados por arquitectos financieros del Líbano – el estado, bancos comerciales locales y el Banco Central del Líbano, el Banque du Liban (BDL) – para crear un Esquema Ponzi regulado, el cual ha beneficiado al sector bancario y dejado al pueblo libanés pagar la factura. Como cualquiera Esquema Ponzi, el sistema financiero del Líbano depende de inyecciones regulares de dólares estadounidenses para crear una capa de estabilidad financiera. Esta capa enmascaraba un decrépito sistema financiero insostenible, diseñado para defender un tipo de cambio obsoleto y el aumento de las ganancias del sector bancario”.

Esquema financiero libanés | Fuente: Triangle

Este sistema financiero ha sido diseñado y manejado por Riad Salameh, Gobernador del Banco Central del Líbano desde hace 27 años (1993). Sus habilidades le han permitido diseñar no solo este sistema, sino conseguir gran estabilidad durante años. Por supuesto ha servido a expensas de los antiguos señores de la guerra y las sectas religiosas de pos-guerra que controlan la política del país. Para mantener este sistema es necesaria la entrada constante de dólares, tanto para cubrir los pagos de intereses de deuda pública como para importar bienes de consumo como combustible, medicamentos o trigo, que se compran en dólares. Con el objetivo de asegurar el flujo de dólares al sistema bancario libanés el Banco Central del Líbano y el Estado han ofrecido históricamente tasas de interés por encima de las del mercado internacional a los bancos locales a cambio de la inversión de los bancos en deuda pública. Este esquema permitió a Líbano pasar la crisis financiera de 2008 sin mayores problemas y con un fuerte crecimiento debido a que ofrecía mejores tipos de interés que ningún otro país de la región, sin embargo la deuda continuó creciendo. Cuando han comenzado a faltar la llegada de dólares en 2011 el sistema ha tenido que utilizar ingeniería fiscal para extender el régimen cambiario oficial establecido con el dólar de 1$ = 1,507LL. Estas maniobras a largo plazo han causado inflación y mayor concentración de riqueza.

A principios de 2019 ya comenzó a hacerse notar la fatiga del BDL por tratar de mantener este esquema artificial y el ratio de cambio entre la lira libanesa y el dólar comenzó a fluctuar en el mercado. Salameh trató de contenerlo mediante restricciones a las transferencias en dólares. Hasta septiembre de 2019 se consiguió mantener con dificultades el tipo de cambio alcanzando un máximo de 1$ = 1,524LL. Pero ese mes el frágil sistema bancario recibió uno de los efectos de la inestable política regional: Jamal Trust Bank, con más de 25 sucursales en Líbano, tuvo que liquidar sus activos después de que las sanciones estadounidenses golpearán a la entidad por supuestos vínculos financieros con Hezbolláh. El tipo de cambio se disparo a 1$ = 1600LL. El gobierno tratando de desbloquear liquidez de los fondos internacionales CEDRE (11 mil millones de dólares) mediante sus reformas fiscales con la “Tasa WhatsApp” encendió la chispa de la protesta. El 17 de octubre de 2019 comenzaban las manifestaciones que hoy continúan.

Esta era la situación en diciembre como relata LebaneseLira.org:

“Como se señaló anteriormente, el Banco Central del Líbano ha arrojado al mercado todos los billetes de la lira libanesa restantes en espera de nuevas impresiones. En consecuencia, existe un ligero fortalecimiento artificial de la lira libanesa, ya que la demanda supera con creces la oferta. Antes de octubre de 2019, aproximadamente el 75% de los billetes en circulación eran USD. Desde que se introdujeron controles de capital no oficiales en USD, los billetes en USD se retiraron de la circulación, dejando a la economía libanesa funcionando al 25% de su capacidad. Esto ha exacerbado la crisis económica, pero ha mantenido artificialmente fuerte a la lira libanesa. Desafortunadamente, sin aumentar los billetes de lira libanesa en circulación para compensar la pérdida de billetes de USD en circulación, la economía experimentará una hipercontracción, lo que resultará en un colapso económico en espiral. Como tal, se espera que se introduzcan nuevos billetes de la lira libanesa en las próximas semanas, así como los bancos en el Líbano dejarán de desembolsar colectivamente los billetes en dólares (esto debería suceder en enero de 2020), lo que reactivará la economía a expensas de una lira libanesa que se devalúa rápidamente”.

Aumento del tipo de cambio entre la Lira Libanesa (LL) y el Dólar ($) entre agosto de 2019 y abril de 2020| Bloomberg
Aumento del tipo de cambio entre la Lira Libanesa (LL) y el Dólar ($) entre agosto de 2019 y abril de 2020| Bloomberg

Como consecuencia lira libanesa ha continuado devaluándose, además durante el mes de enero se vio también afectada de nuevo por los acontecimientos geopolítcos del asesinato de Qassem Soleimani y las tensiones militares entre Irán y Estados Unidos. El nuevo gobierno de Hassan Diab en esta situación y con un ratio de 1$ = 2500LL tomó la decisión, por primera vez en la historia del país, de no pagar los intereses de la deuda. El gobierno anunció el default y la necesidad de reestructurar la deuda con los acreedores extranjeros, que era en ese momento el 170% del PIB del país. Hezbolláh, que es parte del gobierno, anunció por su parte que levantaban el veto a la opción de recibir un préstamo del Fondo Monetario Internacional. Una inyección de liquidez de dólares de la entidad parece que podría ser una opción para el gobierno para ganar tiempo y realizar las reformas al sistema bancario. Sin embargo con el actual clima político, las protestas y los bloqueos en las disputas parlamentarias es un horizonte complicado, además las condiciones que imponga el FMI y las posibilidad de desvincular la moneda del dólar también suponen un gran problema.

El 16 de marzo el gobierno impone el Estado de movilización completa en respuesta a la pandemia de COVID19, deteniendo toda actividad comercial no esencial. Durante este tiempo ha aumentado la volatilidad, las protestas han vuelto y la crisis política se ha agravado. El BDL ha publicado en lo que va de 2020, 20 circulares, frente a las 4 de 2019 o 6 de 2018. Las acciones llevadas a cabo por el gobernador del BDL, Riad Salameh, no tienen precedente histórico; en un esfuerzo por controlar el flujo de dólares en los depósitos bancarios y por “lirificar” el sector financiero solo pueden retirarse los dólares en depósitos bancarios en liras libanesas. El tipo de cambio se ha fijado a 3200LL a 26 de abril, frente al cambio oficial de 1$ = 1507LL y el del mercado negro que se calcula en 1$ = 3800LL.

Estos últimos movimientos, restringiendo el acceso a los ahorros en dólares y pudiendo sacar los depósitos solamente a un tipo claramente inferior al real, han desatado protestas inmediatas con ataques sobre 3 sucursales bancarias y renovadas protestas. La espiral sin control que se espera de devaluación del valor de la lira libanesa respecto al dólar e inflación ya esta teniendo sus efectos en la política, el viernes el Primer Ministro lanzaba su ofensiva contra el gobernador del BDL. Diab criticaba que Salameh debía explicar las razones que habían llevado a esta situación pues aseguraba que había “una ambigüedad sospechosa en su desempeño en el deterioro de la libra” y denunciaba que antes de la formación de su gobierno hubo una fuga de capitales de 5,7 mil millones de dólares. Sin embargo este ha sido un hecho constate en el esquema bancario libanés.

Riad Salameh debe defender ahora un legado de 27 años, y en medio de las protestas, lo que esta en juego en Líbano es quien es “la cabeza de turco”. Otras fuerzas ya han salido rápidamente en defensa de la gestión de Salameh, como el Presidente del Parlamento Nabih Berri del Movimiento Amal, que ocupa su cargo desde 1992. “Los libaneses se despertarán con el precio del dólar a 15,000 liras” dijo Berri sobre la posibilidad de destituir a Salameh.

Segunda ola

Esta semana comienza la segunda oleada de protestas. Esta se caracterizará por tener un carácter más violento acorde al deterioro de las condiciones de vida, la angustia por la pandemia del coronavirus y la rabia por las circulares del BDL imponiendo restricciones bancarias. Algunas de estas acciones ya han comenzado vislumbrarse con los ataques a sucursales bancarias, que van aumentar, y que seguramente se extenderán a instituciones públicas. Esta viñeta del diario de Al Yarida reflejaba bien las perspectivas de Líbano, que debe afrontar turbulencias políticas y la descomposición de su sistema financiero. Incluso podría añadirse un nuevo “peso” que represente a la crisis del coronavirus.

Si comparamos las protestas del Líbano con otras similares de la Primavera Árabe como Egipto y Túnez, o las ocurridas recientemente en Sudán y Argelia, la principal diferencia que encontramos es el factor del poder. En Líbano no existe una figura como eran Mubarak o Ben Ali que fuera el objeto principal de la protesta. Esta ausencia de una autoridad es una ventaja, pues a pesar de que se grite: Ash-shab yurid isqat an-nizam (el pueblo quiere la caída del régimen), debido que ante la ausencia de una fuerza política con propuestas claras y decidida a tomar el poder queda en una consigna vacía. Por supuesto también tiene una desventaja, al no haber una “cabeza de turco” no es posible una salida sencilla a la crisis y las protestas seguramente se alarguen bastante tiempo.

Las opciones a partir de aquí son dos principalmente: que alguna fuerza política de la clase dirigente sepa encauzar las protestas a través de algún evento catalítico o un periodo extenso de protestas que termine diluyéndolas. La primera opción también incluye la posibilidad de echar las culpas a otras fuerzas políticas o grupos como ya se está intentando, sin éxito hasta el momento. Ejemplos de esto son la disputa entre el gobierno y el Banco Central, los ataques a los refugiados palestinos y sirios o el salafismo si se producen atentados. En Egipto el ejército supo utilizar la narrativa contra el gobierno islamista de Mursi. Sin embargo el segundo escenario es más posible por la tendencia al pacto entre las distintas fuerzas políticas. Aun así esto no significa que el escenario se mantendrá inalterado, seguramente se den importantes cambios en la correlación de fuerzas. Además nunca pueden descartarse las interferencias extranjeras en un país que celebra el 26 de abril el fin de la ocupación siria y el 25 de mayo el fin de la ocupación israelí.

Bibliografía:

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Àngel Marrades

Graduado en Ciencias Políticas en la Universidad de Salamanca. Hago seguimiento y análisis de procesos electorales, geopolítica, insurgencias y de las dinámicas del imperialismo en Descifrando la Guerra.

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