
Las elecciones legislativas intermedias, una singularidad del sistema político argentino que renueva la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado tras cumplirse el 50% del mandato presidencial, fueron mucho más que una instancia de recambio parlamentario.
Para la administración libertaria de Javier Milei, representaron un examen nacional sobre la sostenibilidad política del primer experimento de gobierno “anarcocapitalista” –al menos, retóricamente– en la historia contemporánea del país.
La Libertad Avanza enfrentaba un desafío central: duplicar su representación actual en la cámara baja y asegurar aproximadamente un tercio de las bancas, condición indispensable para garantizar la capacidad de veto presidencial ante eventuales mayorías opositoras.
Ese umbral permitiría sostener la arquitectura institucional de un Ejecutivo que ha hecho del decreto su principal herramienta de gobierno y, al mismo tiempo, blindar al propio Javier Milei frente a un eventual juicio político.
La vigencia del antiperonismo
La estrategia comunicacional del oficialismo intentó reinstalar la narrativa del miedo al retorno del peronismo, un recurso reiterado en la historia reciente de la derecha argentina. Sin embargo, el agravamiento del cuadro económico, el aumento del malestar social y los escándalos que rodearon al entorno presidencial complejizaron el escenario y amenazaban con reducir la efectividad de ese discurso.
Durante la primera mitad del año, el gobierno proyectaba un triunfo de alcance nacional. La meta era alcanzar el 45% de los votos y consolidar una hegemonía rumbo a la reelección de 2027. Pero la victoria peronista en la Provincia de Buenos Aires, liderada por el gobernador Axel Kicillof, alteró la correlación de fuerzas y precipitó un descenso en las expectativas electorales de la Casa Rosada.
A partir de ese momento, una secuencia de episodios deterioró la imagen del presidente: el polémico concierto en el Movistar Arena, declaraciones confrontativas en medios afines y, sobre todo, el impacto del narcoescándalo que involucró al entonces cabeza de lista bonaerense José Luis Espert. Así, La Libertad Avanza recalibró: cualquier resultado por encima del 30% sería visto como un alivio.
En el plano internacional, la elección adquirió un peso inusual. La relación con Washington, clave para sostener los compromisos financieros del programa económico de Milei y de su ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, atravesaba tensiones crecientes. Funcionarios estadounidenses habían dejado entrever que el respaldo diplomático y financiero dependería, en parte, de un resultado favorable para el oficialismo.
La caracterización de Axel Kicillof como un dirigente “de orientación comunista”, aunque falsa, provocó malestar en la Casa Blanca. ¿Realmente era apropiado invertir capital político a largo plazo en un país que, en dos años, podía pasar a ser gobernado por un “comunista”?
Los resultados y la celebración
El resultado final fue presentado como un éxito político en relación con las expectativas previas. Con cerca del 41% a nivel nacional y una participación del 68%, la más baja en décadas, La Libertad Avanza logró imponerse en buena parte del país y disputar de igual a igual la estratégica Provincia de Buenos Aires, donde se registró un empate técnico con leve ventaja oficialista.
En 2021, el peronista Frente de Todos del entonces presidente Albergo Fernández cayó por 8 puntos frente a Juntos por el Cambio del expresidente Mauricio Macri. A esta diferencia conviene sumar los seis puntos que ya entonces acaparó Javier Milei. En 2023, la suma de La Libertad Avanza y el PRO alcanzó el 54% contra el 38% del peronismo, ampliando la brecha a 16 puntos.
En esta ocasión, la alianza liberal-conservadora entre La Libertad Avanza y el PRO reunió el 41% frente al 34% de Fuerza Patria, reduciendo la diferencia a 8 puntos y perdiendo la derecha casi cuatro millones de votos. En términos relativos, el oficialismo retrocede respecto a su propio techo electoral, pero supera ampliamente los escenarios de riesgo que proyectaban las encuestas previas, lo que explica en parte la narrativa triunfalista que se consolidó tras el escrutinio.

Una de las claves del desempeño de La Libertad Avanza fue el fracaso de Provincias Unidas, la alianza regionalista que buscaba posicionar a los mandatarios de Santa Fe y Córdoba como una “tercera vía” no kirchnerista y no mileísta. En esos distritos, el voto opositor se reagrupó bajo el signo libertario, permitiendo al oficialismo un repunte significativo en el balance general y ratificando la dinámica de polarización a escala nacional.
El gobierno logró así su objetivo inmediato: garantizar el tercio de bancas necesario para sostener su programa a través de decretos y vetos. Aunque el resultado no alcanza la magnitud esperada a comienzos del año, le otorga al presidente un margen de gobernabilidad y un verdadero respiro político que parecía improbable semanas antes de la elección.
Hacia adelante, es previsible un relajamiento de las tensiones internas dentro de La Libertad Avanza y una recomposición táctica de sus alianzas con el macrismo. Del otro lado, el peronismo enfrentará la tarea de reagrupar su base territorial y redefinir su estrategia de cara a 2027, partiendo de un escenario menos adverso del que anticipaban las encuestas de mitad de año, pero evidentemente menos optimista que lo que auguraron las encuestas previas al 26 de octubre.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







