Historias de laboratorios: la batalla por controlar el relato sobre el origen de la pandemia

Un sanitario realiza una prueba de coronavirus a un residente de Nankín, China. Fuente: STR / AFP

El país asiático se mantiene en alerta constante ante nuevos casos de COVID-19. Sin embargo, debido a un estricto control de fronteras, a una hipervigilancia apoyada por medios tecnológicos y humanos, y a la rapidez de confinamientos y testeos masivos aplicados en cuanto surge un nuevo brote, China se encuentra en una relativa nueva normalidad desde hace más de un año.

Quizás debido a una falsa sensación de seguridad, la vacunación de la población local empezó relativamente lenta. Una vez promocionada de forma masiva, China presenta hoy uno de los mayores porcentajes de población inoculada del mundo, logrado principalmente con dos vacunas de producción doméstica por parte de Sinovac y Sinopharm. Éstas han sido incluidas en el Listado de Uso de Emergencia de la Organización Mundial de la Salud, lo cual supone un hito científico para el país asiático. Han surgido ciertas dudas sobre la eficacia de las vacunas, especialmente contra las últimas variantes del virus, por lo cual se están barajando una tercera dosis y mejoras en las mismas.

El impacto económico de la pandemia en China ha sido limitado comparado con otros países. Si bien en los primeros meses la actividad económica se detuvo en varias provincias y sectores, el rápido control ha permitido una recuperación fuerte basada en el consumo nacional. Sectores como el turismo doméstico han salido muy fortalecidos, ante la imposibilidad de viajar al extranjero. Se temen, aunque en menor medida que en el resto del mundo, los ecos de la inflación global.

Con la situación económica relativamente normalizada, la campaña de vacunación a pleno rendimiento y un hasta ahora eficaz sistema de contención de brotes, los esfuerzos del gobierno chino contra la COVID-19 se centran ahora en ganar o al menos no perder el relato sobre el origen.

La investigación científica se politiza

En un intento por mostrar transparencia esclarecer el origen de la pandemia, China permitió en enero a una misión de la OMS visitar Wuhan y colaborar con expertos locales para la publicación de un estudio conjunto. La principal conclusión del mismo fue que la hipótesis más probable es la transmisión de murciélagos a humanos a través de un animal intermedio. Se especificaba como extremadamente improbable que el virus hubiera escapado del laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan, por dos razones principales: la ausencia de registro de virus similares al SARS-CoV-2 en laboratorios antes de diciembre de 2019, y las estrictas medidas de seguridad.

En el informe de la OMS también se advierte del papel residual que puede tener en la transmisión del virus el transporte de alimentos congelados, y se considera improbable que contribuyera a la aparición del virus en Wuhan. La mayoría de la comunidad científica internacional se mostró conforme con estas conclusiones.

Sin embargo, la falta de transparencia china y la acusación de manipulación y presiones a la OMS, han ensombrecido la objetividad del informe y creado un resquicio para la hipótesis de la fuga del laboratorio.

Esta hipótesis fue anteriormente empleada por Trump al inicio de la pandemia en Estados Unidos, siendo criticado por parte del bando demócrata por intentar desviar su responsabilidad en la nefasta gestión de la pandemia. Sin embargo, medios estadounidenses conservadores recogieron la idea y han insistido en ella, creando una corriente de opinión que se popularizó entre el bando republicano, y al cabo del tiempo caló incluso en el banco demócrata. La falta de evidencia que apoye otras alternativas no ha contribuido a desacreditar esta teoría, otorgándole el altavoz mediático una credibilidad más allá de certezas científicas.

Policías chinos en la entrada del Instituto de Virología de Wuhan. Fuente: Reuters

Biden, admitiendo como igualmente válidas las opciones del contacto animal o la fuga del laboratorio, ha encargado a los servicios de inteligencia intensificar los esfuerzos para encontrar pruebas sobre el origen del coronavirus. Se puede alinear esta intención en el marco de presión a China junto a las discusiones sobre derechos humanos o ciberseguridad.

Con el paso de los meses, y en parte gracias a la presión política y mediática estadounidense, más líderes políticos y creadores de opinión de diferentes países empiezan a reclamar una mayor transparencia e investigaciones más profundas explorando diversas posibilidades.

El paradigma de este cambio ha sido la propia OMS, que pasó de alabar la colaboración y gestión de China y apoyar el resultado del informe del equipo de investigación, a admitir otras posibilidades hasta el punto de reclamar el 16 de julio, una segunda fase de estudios que incluya auditorias de laboratorios y mercados en Wuhan, y exigiendo transparencia por parte de las autoridades chinas. El vice ministro de Sanidad Zeng Yixin ha cortado de raíz tal posibilidad, calificándola de “arrogancia contra la ciencia”.

Anthony Fauci, principal asesor de Biden en cuanto a la pandemia, ha reiterado recientemente su convencimiento de que el origen natural del virus sigue siendo el más probable, insistiendo en que esta es la opinión más extendida entre los expertos científicos. A diferencia de los servicios de inteligencia, que aun otorgan similar probabilidad a las dos alternativas, los científicos familiarizados con investigación en coronavirus afirman que un accidente es muy improbable. Paul Offit, un destacado miembro de la FDA otorgó una posibilidad nula al origen artificial.

Rienda suelta a todo tipo de teorías

La respuesta del gobierno chino ante la creciente popularidad de la teoría de fuga del laboratorio ha sido de negación y desvío. Anteriormente se había insistido sobre la presencia del virus en productos congelados importados, o en aguas fecales analizadas en Europa en 2019. En las últimas semanas, una nueva vía de escape ha surgido con fuerza. Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, cuestiona continuamente en sus intervenciones acerca de los secretos guardados en el laboratorio de investigación de Fort Detrick y los más de 200 laboratorios biológicos estadounidenses en el mundo. Insiste en la reciprocidad respecto a las exigencias de transparencia sobre las prácticas en Wuhan.

Los diplomáticos y funcionarios chinos, apoyados en los medios oficiales y el enorme aparato de propaganda en redes sociales domésticas e internacionales, no han cesado de mencionar esta alternativa, vinculando el laboratorio de Maryland a unidades de guerra biológica japonesas durante la Segunda Guerra Mundial y a acogida de científicos nazis en la posguerra. El medio estatal Global Times ha conseguido en unos días 5 millones de firmas para su petición de investigar Fort Detrick.

Dibujo utilizado por el medio estatal chino Global Times para pedir una investigación en el laboratorio Fort Detrick.

Las teorías circulantes en redes sociales occidentales y chinas sobre cómo el virus se esparció desde Fort Detrick son variopintas y se expanden, con cierta complacencia e incluso entusiasmo de los medios oficiales del país asiático. Promovidas también por amantes de las teorías conspirativas, incluyen la transmisión a Wuhan a través de los Juegos Militares celebrados en octubre de 2019, la relación entre un oficial estadounidense y un DJ holandés como paciente cero en Europa, el escape accidental del laboratorio estadounidense como consecuencia de una gestión de residuos deficiente y su posterior encubrimiento por las autoridades y medios de comunicación, la aparición de una misteriosa “enfermedad del vapeo”, un brote de problemas respiratorios en una residencia de ancianos, la transmisión a la población europea a través del programa de donación de sangre a militares estadounidenses ASBP…

Un claro derrotado

Las campañas de desinformación tienen objetivos claros: dañar la reputación del rival en lugares donde su influencia resulta amenazante, creación de distracciones y dilución de la realidad.

Podría parecer relativamente sencillo desmontar una por una todas las teorías de ambos bandos. Sin embargo, en operaciones de influencia, la lógica y la base científica son irrelevantes frente a la repetición a la hora de ganar adeptos. Se trata de una discusión con altavoces, y cada uno escala añadiendo potencia y tonos adecuados a su público. No parece que los esfuerzos de los medios y diplomáticos estadounidenses hagan mella en la confianza del pueblo chino en la versión de su gobierno. Al mismo tiempo, más allá de círculos adeptos a las teorías conspirativas, pocos ciudadanos estadounidenses están familiarizados con el nombre de Fort Detrick que, paradójicamente, es tremendamente popular en China, con cientos de millones de referencias en las redes sociales y cientos de artículos mencionándolo en los principales medios estatales.

Con toda probabilidad, nunca se esclarezca el verdadero origen del virus y el principal perjudicado será la salud pública mundial, más vulnerable tras la creación de escepticismo sobre las vacunas, el daño a la reputación y credibilidad de la OMS, y a la preparación y coordinación ante nuevas pandemias. La escalada en desinformación y esparcimiento de rumores por parte de las dos potencias amenaza con volverse en contra de sus propios ciudadanos.

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