Gabriel Boric gana las elecciones presidenciales de Chile

El candidato izquierdista obtiene casi un 56% de los votos frente al 44,1% de su rival, el nacionalista conservador José Antonio Kast. Se convierte en el presidente más joven y más votado de la historia de Chile.

Gabriel Boric celebra su victoria en las elecciones presidenciales. Fuente: EFE / Elvis

“Voy a ser el presidente de todos los chilenos y chilenas, de los que votaron por mí, los que no me votaron y los que no fueron a votar”, aseguró Gabriel Boric en un mensaje televisado, poco después de conocerse su victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Chile, este domingo. El triunfo del candidato izquierdista tiñe de rojo un país más en Latinoamérica y supone una victoria más de las fuerzas progresistas de esa región en un año que ha sido especialmente provechoso para ellas, tras el triunfo de Pedro Castillo en Perú, la vuelta al poder del Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia y la más reciente victoria de Xiomara Castro en Honduras.

Boric ha obtenido un 55,8% de los votos en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales frente al 44,1% de su rival, el nacionalista conservador José Antonio Kast, que reconoció su derrota nada más conocerse los resultados del escrutinio y mostró su reconocimiento a Boric. “Desde hoy es el presidente electo de Chile y merece todo nuestro respeto y colaboración constructiva. Chile siempre está primero”, afirmó en un mensaje en su cuenta de Twitter. Una actitud conciliadora que contrasta con el tono general de la campaña, una de las más duras y polarizadas desde que Chile recuperó la democracia en 1990.

Boric, de tan solo 35 años, se convierte así en el presidente más joven de la historia de Chile y dirigirá el que se prevé que sea el Ejecutivo más escorado a la izquierda desde el de Salvador Allende, que gobernó el país de 1970 a 1973 y fue derrocado en el golpe de Estado del general Augusto Pinochet, instigado por la CIA, el 11 de septiembre de ese año. El triunfo de Boric supone también el acceso al poder de la generación que capitalizó las protestas sociales de 2011 contra la privatización del sistema educativo y el estallido social de 2019 frente a las desigualdades sociales en el país, el alto coste de la vida, la corrupción y el aumento del desempleo. Estas movilizaciones desembocaron en el plebiscito nacional de octubre de 2020 para la aprobación de una nueva Constitución política para el país –que sustituyera a la vigente Constitución de 1980, aprobada durante el régimen militar– una de las principales demandas de los manifestantes.

El cambio constitucional, al que se habían opuesto tanto el Partido Republicano de Kast como la derecha tradicional, fue aprobado con más de un 78% de votos favorables frente a un 21,7% de votos contrarios y Boric será el encargado desde el Gobierno de pilotar el proceso constituyente que debería culminar en 2022. En buena medida su candidatura ha conseguido capitalizar esas aspiraciones de cambio que ha moderado discursivamente en la segunda vuelta, mostrando un perfil pragmático de transformación moderada.

Boric es el primer candidato que vence en la segunda vuelta de unas elecciones presidenciales chilenas partiendo de un segundo puesto en la primera vuelta, una victoria que además ha logrado con la mayor participación desde que se implantó el voto voluntario en 2012: en la jornada electoral del domingo votaron 8,3 millones de personas, el 55% del censo, una participación que supera en ocho puntos la de la primera vuelta del pasado mes de noviembre, en la que participó un 47%. Es además el candidato presidencial más votado en la historia del país al superar los 4.620.000 votos.

El candidato izquierdista se define como ecologista, feminista y ha sido muy crítico con el “modelo neoliberal” que, para el candidato, ha acrecentado las desigualdades sociales en el país durante las últimas décadas.  En su programa electoral destacan medidas como el aumento del salario mínimo, la subida de impuestos a los más ricos, la reforma del sistema de pensiones (AFP), la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales o la instalación de un sistema único de salud.

Resultados de las elecciones presidenciales. Fuente: BBC

El nuevo presidente se ha presentado a través de la alianza Apruebo Dignidad, que engloba desde formaciones socialdemócratas al histórico Partido Comunista de Chile, una heterogeneidad que le ha generado algunas polémicas. No obstante, tras un comunicado de apoyo al presidente nicaragüense Daniel Ortega por parte del Partido Comunista después de las cuestionadas elecciones del pasado 7 de noviembre, Boric no tardó en desmarcarse de sus compañeros de papeleta electoral.

“En nuestro gobierno el compromiso con la democracia y los derechos humanos será total, sin respaldos de ningún tipo a dictaduras y autocracias, moleste a quien moleste. Nicaragua necesita democracia, no elecciones fraudulentas ni persecución a opositores”, escribió en un mensaje en su cuenta de Twitter. De este modo, Boric, ha intentado desmarcarse de las acusaciones que vertían sobre él sus rivales de la derecha –que le presentaban como admirador del comunismo y del bolivarianismo– y ha tratado de dar una imagen conciliadora, algo que también ha hecho su rival, José Antonio Kast, durante la campaña de la segunda vuelta.

Kast había sostenido polémicas declaraciones sobre el legado del Gobierno militar de Augusto Pinochet (1973-1990), del que elogió su “legado económico” y le comparó con otros Gobiernos de corte autoritario actuales. “Dígame si las dictaduras entregan el poder a la democracia y si hacen una transición a la democracia y se respeta. Eso es lo que no hacen otros países y en Chile se hizo”, afirmó Kast hace poco más de una semana, en referencia al plebiscito convocado por el propio Pinochet en 1988 para que el pueblo decidiera su continuidad en el poder y a las elecciones de diciembre de 1989, que se celebraron cuando el general aún ocupaba el Palacio de La Moneda. Este hecho, unido a otras polémicas como la revelación durante la campaña de la segunda vuelta de que el padre de Kast, Michael, no solo combatió en la Wehrmacht alemana durante la Segunda Guerra Mundial, como ya se conocía, sino que fue militante del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), han marcado fuertemente su campaña.

El éxito de Boric radica en haber sabido atraerse el apoyo de los dos grandes partidos de la Concertación, el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, algo que necesitaba para lograr el espacio del centro político, y que le fue facilitado por la imagen de derecha radical que, para muchos, desprendía su rival, José Antonio Kast. Ahora, según ha mostrado en más de una ocasión, tratará de integrar al espacio socialista en su coalición –algo que ve con buenos ojos un sector del partido mientras que la facción más moderada es aún reticente a esta fusión-. La Democracia Cristiana, por su parte, ha anunciado que formará parte de la oposición por lo que, si los socialistas finalmente se fusionan con Boric, supondría la ruptura de la gran Concertación de centroizquierda que había llevado la batuta del progresismo chileno desde 1990.

Boric se ha impuesto en todas las regiones del país y su victoria ha sido especialmente abultada en la Región Metropolitana, con un 60,3% de los votos frente al 39,6% de Kast. En Antofagasta, al norte del país, donde se había impuesto el outsider populista liberal Franco Parisi en primera vuelta, Boric logró también una amplia mayoría con un 59,7% frente al 40,2% de su rival. Muy abultada ha sido también su victoria en Atacama, donde ha logrado más del 65% de los sufragios. José Antonio Kast, por su parte, solo ha logrado la victoria en cinco regiones: Tarapacá –en el norte-, Maule, Ñuble, Biobío y en La Araucanía– feudos de la derecha en el centro y sur del país.

Sebastián Piñera (izquierda) y Gabriel Bórica (derecha). Fuente: Martin Bernetti / AFP

Esta amplia victoria ha supuesto la ratificación definitiva del proceso constituyente chileno, que Boric intentará llevar a buen puerto logrando cambios de mayor calado. No obstante, la victoria de la izquierda estará condicionada por el empate en el Senado con las fuerzas de la derecha, contrarias al proceso constituyente, y en una Cámara de Diputados que también estará partida por la mitad. El reto de Boric, además de culminar este proceso, será el de buscar reducir el clima de tensión y polarización acrecentado en Chile en los últimos dos años y generar consensos en una población que se haya muy dividida. Los primeros gestos parecen ir por ese camino.

Al rápido reconocimiento de su derrota por parte de Kast se suman las palabras de Boric en una videollamada televisada con el presidente saliente, el conservador Sebastián Piñera, que felicitó a Boric por su victoria y aseguró que el candidato izquierdista había “dado un ejemplo de democracia”. “Muchas gracias presidente, es un honor para mí hablar con usted. Voy a dar todo de mí para estar a la altura de este desafío, nuestro país da lo mejor de sí cuando nos unimos. Le agradezco el llamado, es importante respetar las tradiciones republicanas, y he recibido también el llamado de José Antonio Kast, esto habla muy bien de Chile”, respondió quien dirigirá el destino del país a partir del mes de marzo. La jornada acabó con movilizaciones multitudinarias en las principales ciudades del país festejando la victoria de Boric; una postal que constata la apertura de una etapa en el país.


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