Elecciones iraquíes: la marea verde de Muqtada al-Sadr se alza con la victoria

Bagdad respira hondo después de una intensa jornada electoral que ha movilizado a una gigante cifra de efectivos militares y policiales, en la que se pudieron escuchar hasta cazas y helicópteros militares surcando el cielo. Bagdad este domingo era una ciudad casi fantasma: la práctica mayoría de los negocios cerrados y humvees o pick-ups del ejército en casi cada esquina. La capital iraquí comenzó a despertar con el cierre de los colegios electorales -a las seis de la tarde-, acompañado del sonido de algunos fuegos artificiales lanzados de forma espontánea, a modo de celebración.

Colegio electoral en el barrio bagdadí de Karrada. El cartel indica la prohibición de entrar armas de fuego y la obligatoriedad de dejar el teléfono móvil en la entrada. Fuente: Dídac Medrano

Irak ha afrontado este domingo 10 de octubre unas elecciones legislativas anticipadas que pretenden dar solución a muchas de las problemáticas que atraviesa el país, como su mermada economía, una clase política que sigue sin renovarse, un sistema sectario demasiado establecido, la injerencia extranjera en el país o bien la reconstrucción del norte, que aún continúa, tras la derrota del Estado Islámico en 2017, a manos del ejército iraquí y las milicias chiíes.

Una jornada electoral sin mayores incidentes

El domingo electoral comenzaba con el atronador sonido de los F-16 que surcaban el cielo de Bagdad, en un día en el que la seguridad de los comicios era la principal prioridad de las autoridades iraquíes. Como medidas extraordinarias para las elecciones, el gobierno decretó de antemano un toque de queda, el cierre total de los aeropuertos del país e impidió la movilidad entre ciudades, estableciendo más checkpoints de lo normal y movilizando a dotaciones de otras partes del país para proteger la capital. De esta forma el gobierno pretendía evitar ataques organizados en los lugares de votación, así como grandes aglomeraciones de grupos políticos.

El día de los comicios no estuvo, sin embargo, exento de polémicas. Poco tardaron en saltar algunas voces que indicaban que en algunos colegios electorales de la capital los lectores de votos no funcionaban, o bien que algunas personas no pudieron votar porque no se les leía la huella dactilar, a pesar de estar registrados y contar con la credencial de voto biométrica. Además, la comunidad periodística en el lugar denunció cierta falta de transparencia, puesto que el acceso estaba restringido solamente a ciertos colegios electorales, mientras que en algunos se impedía la presencia de cámaras a los mismos periodistas.

Cabe recalcar, además, que estas elecciones han contado con un enorme despliegue de observadores de Naciones Unidas (de la sección del UNAMI), compuesto por centenares de vehículos, amontonados en la Zona Verde los días anteriores a los comicios. La Unión Europea, por su parte, también contaba con 90 observadores, encabezados por la eurodiputada alemana Viola von Cramon. Todo con el objetivo de evitar el fraude electoral que se denunció tanto en las pasadas elecciones legislativas de 2018 como en el pasado.

La participación: la peor de la historia 

En las anteriores elecciones (2018), la participación fue del 44 %, mientras que en los comicios de 2021, de un total aproximado de 25.000.000 votantes elegibles, solamente ha votado el 41 %, implicando la peor cifra desde que se celebran elecciones en Irak. Algunas voces recalcan que la participación podría bajar incluso hasta el 34 %, puesto que la metodología de la Alta Comisión Electoral Independiente se basa en mostrar solamente los porcentajes del electorado que se ha registrado para votar.

Cartel propagandístico de Mohammed al-Halbousi apoyado en un edificio con marcas de bala, en su feudo de Faluya. Fuente: Dídac Medrano

A lo largo del domingo pudimos visitar algunos de los colegios electorales, en diferentes barrios de Bagdad: Adhamiya (mayoritariamente suní), Karrada (chií con minoría cristiana) y la Ciudad Sadr (el feudo chií de Muqtada al-Sadr). El lugar en el que contemplamos la mayor afluencia de electorado fue de lejos en la Ciudad Sadr, aunque eso sí, en ningún momento encontramos colas para acceder a los colegios. Cerca de una de las escuelas que visitamos en Ciudad Sadr, pasaba una furgoneta pick-up con una decena de jóvenes ondeando banderas y cantando canciones sadristas a modo de celebración anticipada.

En los otros dos barrios, Adhamiya y Karrada, la gente llegaba a cuentagotas, siendo incluso mayor la presencia de los militares, que nos preguntaban si llevábamos armas encima al entrar en el recinto electoral, el cual se extendía más allá de una sola manzana. El ejército era el encargado de mantener la seguridad de las escuelas, mientras que una larga hilera de concertinas indicaba que las calles estaban cortadas alrededor de los colegios. El votante debía dejar su teléfono móvil en la entrada y permanecer el menor tiempo posible en el recinto electoral.

Ganadores y perdedores de las elecciones

El centro de Bagdad rebosaba de simpatizantes sadristas este lunes por la noche, una vez se dieron a conocer los primeros resultados preliminares. Estos resultados otorgaban al partido de Muqtada alrededor de 73 escaños, casi una veintena más que en los comicios de 2018 (54) y, por lo tanto, proclamaban al clérigo político chií como el gran triunfador de los comicios. Fotografías de Muqtada y de su padre Mohammed eran alzadas al aire por sus seguidores, entre los que encontrábamos un gigantesco colectivo de tuk-tuks adornados de símbolos verdes sadristas.

En segundo lugar se ubica el sunita Mohamed al-Halbousi, del Taqaddum, con unos 38 escaños, seguido de una de las grandes sorpresas de la noche: la Coalición Nacional del Estado de Nouri Al-Maliki, Primer Ministro iraquí de 2006 a 2014, con alrededor de 37 escaños. La popularidad de Maliki parece repuntar, después de caer en picado con la pérdida de Mosul durante su mandato. El segundo partido suní ha sido la Coalición Azm, con aproximadamente 15 escaños.

En referencia a los partidos kurdos, el más votado ha sido el Partido Democrático del Kurdistán, con gran arraigo en Erbil y Duhok (31 escaños); mientras que la Unión Patriótica del Kurdistán, con gran presencia en Sulaymaniyah, ha obtenido 15 escaños. El Kurdistán Iraquí suele ser siempre clave en la conformación del gobierno iraquí, especialmente el PDK, que tiene más votos. La rivalidad entre los dos grandes partidos kurdos implica que sea difícil incluirlos en la misma alianza.

Carteles políticos con mujeres candidatas al parlamento. El cartel inferior pertenece al Movimiento Sadrista de Muqtada al-Sadr. Fuente: Dídac Medrano

Los grandes derrotados son, sin lugar a dudas, la Alianza Fatah pro-iraní (con 14 escaños, 34 menos que en 2018) y Haider al-Abadi junto a Ammar al-Hakim, que no han superado los 4 escaños en su aventura política conjunta.

Por último, cabe recalcar la irrupción del Movimiento Imtidad (9 escaños), que es el que más se acerca a los ideales de las protestas de 2019. Este partido tiene mucha afluencia de votos en la ciudad de Nasiriya (en el sur chií del país), lugar en el que los protestantes fueron represaliados con especial dureza. Además, es importante mencionar la gran cantidad de votos que han obtenido los representantes independientes, los cuales han llegado hasta la treintena de escaños.

Para conformar gobierno serán necesarios pactos y muchas negociaciones entre partidos. Muqtada al-Sadr tiene claro que no pactará con al-Maliki, puesto que durante su mandato este último persiguió al sadrismo, mientras que el PDK y el Taqaddum sunita pueden ser una buena opción para forjar una alianza. Recordemos que el parlamento iraquí tiene 329 escaños y un tercio está reservado para mujeres, mientras que nueve escaños corresponden a diferentes minorías étnicas y religiosas, como cristianos y yazidíes, entre otros.

Elecciones anticipadas, la herencia de las protestas del tishreen

Para saber a qué responde esta convocatoria de elecciones anticipadas hay que echar la vista dos años atrás. En octubre de 2019 la población iraquí salió en masa a la calle a pedir reformas al gobierno surgido de los comicios de 2018. Dichas movilizaciones, conocidas como las protestas del Tishreen –octubre en árabe-, se saldaron con un millar de muertos y decenas de miles de heridos, según el Iraqi Warcrimes Documentation Center. El ejército -con la colaboración de algunas milicias chiíes de las Fuerzas de Movilización Popular- arremetió contra los manifestantes usando todo tipo de munición, desde balas de fuego hasta gas lacrimógeno propulsado a alta velocidad, perforando los cuerpos de algunos de ellos.

Los protestantes demandaban la reducción del desempleo, el aumento de los salarios, el final del intervencionismo extranjero en Irak (por parte de Irán y EEUU), una respuesta al marcado sectarismo político y el fin de la corrupción crónica que sufre el país, entre muchos otros aspectos.

Mural pintado por protestantes del Tishreen en el puente subterráneo de la Plaza Tahrir. Fuente: Dídac Medrano

Las protestas terminaron con el mandato del entonces Primer Ministro de Irak: Adil Abdul-Mahdi, dando lugar a la convocatoria de nuevas elecciones legislativas para junio de 2021, que finalmente se aplazaron al 10 de octubre. Asimismo, Mustafa Al-Kadhimi, un candidato independiente pero anteriormente opositor a Saddam, fue designado como nuevo primer ministro del país. Hoy en día la herencia del Tishreen se refleja en una Plaza Tahrir repleta de policía y de militares y en un puente subterráneo de los alrededores en el que se pueden leer los nombres de los que perdieron la vida, así como las pinturas de algunas de sus caras, una escena que en ocasiones es borrada con pintura blanca y gris por las autoridades.

Unas elecciones sin partidos pro-tishreen

Una de las paradojas más grandes de estas elecciones es que se anticiparon por las demandas de los manifestantes pero en las listas de los candidatos apenas encontramos partidos que se abanderen de estos ideales. Esto se debe principalmente a la campaña del miedo que han impulsado las milicias chiíes, que mayoritariamente pertenecen a las denominadas Fuerzas de Movilización Popular. Estas milicias suelen estar conectadas con partidos políticos, como la milicia de la Organización Badr, liderada por Hadi Al-Amiri, que encabezaba la Alianza Fatah pro-iraní en las elecciones.

Las mismas milicias fueron quienes acabaron con la vida de Ihab al Wazni, importante activista del Tishreen, este mismo mes de mayo. Dicho acontecimiento provocó que casi la completa mayoría de partidos pro-Tishreen se retiraran de las elecciones de este pasado domingo y que incluso algunos representantes abandonaran el país, por miedo a represalias, además de llamar al boicot electoral. El partido más destacado es quizás el Movimiento Imtidad, liderado por Alaa al-Rikabi, que, como se ha mencionado anteriormente, ha obtenido 9 escaños.

Según Ahmed S., bagdadí abstencionista de 27 años que ha vivido de primera mano tanto la invasión estadounidense como la guerra sectaria de 2006-2010, dichas milicias constituyen un “impedimento al cambio’’, puesto que estas mismas se encontraban entre quienes disparaban a los manifestantes en las protestas del Tishreen y que, por lo tanto, están del mismo lado del statu-quo que reina en Irak desde de la caída de Saddam.

Las claves de Irak en el siguiente lustro

Lidiar con el excesivo poder de las milicias chiíes

En las calles de Bagdad el orden del día son los carteles de las milicias honrando como mártires a Qasem Soleimani y a Abu Mahdi Al-Mohandes, entre otros. Por si fuera poco, las mismas milicias chiíes -kalashnikov en mano- tienen carta blanca para establecer checkpoints en algunas partes de la capital, por lo que conviven con el ejército regular, que asimismo ondea banderas del Imam Hussein (icono chií por excelencia). La colaboración de estos grupos en la campaña contra el Estado Islámico ha comportado que lleguen a tener un estatus de poder que antes no tenían. Convivir con grupos paramilitares en las calles del país no es precisamente la receta para una democracia estable.

Cartel propagandístico de las Fuerzas de Movilización Popular, en el que se pueden ver cuatro féretros con la bandera iraquí apuntando a la Mezquita del Imam Hussein de Karbala, sagrada para los chiíes. Fuente: Dídac Medrano

Librarse del intervencionismo de las potencias exteriores

Tras décadas de involucración en Irak, las tropas estadounidenses abandonarán el país el 31 de diciembre de 2021, aunque este no parece ser el final de la intervención extranjera. Irak lleva años envuelto en un tira y afloja entre Irán y los Estados Unidos por su control, una competición que parece encabezar Irán, a pesar del asesinato de Qasem Soleimani en enero de 2020. Irán no tiene tropas en el país, pero tiene una enorme influencia en las milicias que pueblan las calles de las ciudades iraquíes. A Teherán no le interesa que su vecino (con el que ya ha tenido disputas en la historia reciente) sea un país estable políticamente, por lo que sigue contribuyendo con financiamiento a estas organizaciones paramilitares teóricamente extra-gubernamentales.

Abandonar la espiral de conflictos armados en la que está envuelto

Sin lugar a dudas el mayor problema del Irak de los últimos 20 años son los conflictos bélicos que han asolado el país: la Invasión estadounidense de 2003, la Guerra Civil de 2006 y la campaña contra el Estado Islámico de 2014. Es muy difícil conseguir una estabilidad política, social y económica cuando tales eventos suceden y se reiteran en un país. Encadenar una serie de años libres de conflictos es sin lugar a dudas uno de los principales objetivos de Iraq, en aras de un desestancamiento económico y de una mayor apertura hacia la inversión extranjera.

Encontrar una figura política que sea capaz de liderar este cambio

A un país con tanta variedad de identidades le hace falta alguien que sea bien considerado entre todas las confesiones religiosas que pueblan el país. Esto es realmente una tarea difícil en un país con el conglomerado étnico y religioso de Irak. Sin embargo, parece ser que la figura de un político independiente como primer ministro puede ser la solución. Este es el caso de Mustafá al-Kadhimi, uno de los principales candidatos a ser el nuevo primer ministro del país, dada su moderación y no afiliación a ningún partido político. Kadhimi es un confeso opositor de Saddam que cuenta con el beneplácito de los Estados Unidos.

Mustafá al-Kadhimi en uno de los carteles de la conferencia de Baghdad, junto a líderes como Erdogan o Macron.Fuente: Dídac Medrano

Conclusión

El futuro próximo de Irak nos da pocas certezas. Un país que ha atravesado tantos conflictos en tan poco tiempo y con semejante panorama étnico y religioso no es un lugar fácil de gobernar, y mucho menos de prever. Irak, a pesar de llevar cuatro años sin ningún conflicto armado, es aún un lugar envuelto en el sectarismo, donde la injerencia extranjera sigue estando en el orden del día y donde la corrupción sigue impregnada hasta puntos extremos.

El primer paso para lograr esa tan deseada estabilidad social, política y económica pasa porque Muqtada al-Sadr opte por el diálogo y abogue por construir un gobierno en forma de consenso, en lugar de parapetarse en sus ideales y en el culto hacia su figura. Irak necesita un gobierno que incluya a todos los colectivos del país, de no ser así el país seguirá siendo el campo de batalla entre rivalidades sectarias que es hoy en día, donde los partidos políticos siguen siendo identificados por su religión en lugar de por su programa político y donde las milicias chiíes campan a sus anchas.

 

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