El Partido de los Trabajadores ante el reto de vencer a Bolsonaro

Escrito por Alberto García

“Ante las acusaciones en mi contra no puedo dejar de sentir el sabor fuerte y amargo de la injusticia, de la arbitrariedad. Por eso y como en el pasado, resisto. No esperen de mí el obsequioso silencio de los cobardes”, proclamaba Dilma Rousseff en el plenario del Senado que la destituyó del cargo de presidenta con 61 votos a favor y 20 en contra el 30 de agosto de 2016.

Aquel episodio traumático para el principal partido de la izquierda brasileña terminó con la salida de Rousseff del Palacio de la Alvorada y el ascenso a la presidencia del que hasta entonces había sido su vicepresidente, Michel Temer, que tras una serie de maniobras consumaba su traición a la alianza electoral entre el Partido de los Trabajadores (PT) y su partido, el Movimiento Democrático Brasileño (MDB).

En aquel juicio político tuvo su momento de fama el que por entonces era un simple diputado extremista de un partido minoritario, Jair Bolsonaro, que dedicó su voto a favor del impeachment al general de la dictadura que torturó a Dilma Rousseff cuando la expresidenta participó en la guerrilla contra la dictadura que rigió el país entre 1964 y 1985.

Después vendrían dos años de gobierno de Temer marcados por la reversión de las políticas sociales del PT y las privatizaciones. A continuación, el encarcelamiento de Lula y por ende el impedimento a su participación en las elecciones presidenciales de 2018 en las que era favorito en las encuestas. Y finalmente, la derrota en las urnas del ex alcalde de Sao Paulo, Fernando Haddad (PT) y de Manuela D´Avila (PCdoB), frente a Bolsonaro.

Para ampliar: Claves de la victoria de Bolsonaro

En estos tres años de gobierno de Bolsonaro, el Partido de los Trabajadores ha visto como su influencia ha disminuido notablemente. En las elecciones municipales del año pasado empeoró su resultado con respecto a 2016, obteniendo 183 alcaldías que representan el 2,6% de la población, de las cuales ninguna es capital de Estado.

A su izquierda, surgieron candidaturas pujantes que, a pesar de no resultar victoriosas en segunda vuelta contra los candidatos de la derecha tradicional, obtuvieron un resultado importante. Es el caso de Manuela D´Avila que consiguió un 45% en Porto Alegre, capital del estado sureño de Rio Grande do Sul, y de Guilherme Boulos, del PSOL, partido fundado en 2004 como escisión del PT, y que logró un 40% en Sao Paulo.

Nuevos liderazgos que surgen ajenos a un Partido de los Trabajadores que no consigue renovarse y continúa siendo extremadamente dependiente de la figura de Lula da Silva. Marília Arraes, que fue candidata en Recife, fue de las pocas candidatas petistas que hizo una campaña semejante a la de Boulos y D´Avila, capaz de conectar y movilizar a las generaciones más jóvenes centrándose en cuestiones como el feminismo, el colectivo LGBT y el ecologismo.

Manuela D´Ávila, Guilherme Boulos y Lula da Silva en un mitin en 2018. Fuente: Ricardo Sutkcert

En definitiva, la imagen que dejó las municipales es la de un PT debilitado. Paralelamente continuaron las dudas y especulaciones en torno a la candidatura que el partido presentaría en 2022 para derrotar a Bolsonaro.

Dudas que, sin embargo, comenzaron a disiparse el pasado 8 de marzo cuando el magistrado del Supremo, Edson Fachin, anuló mediante una medida cautelar las penas contra Lula impuestas por el juez Sergio Moro y por las que fue condenado a prisión, alegando que Moro carecía de competencia sobre los asuntos juzgados. Una sentencia ratificada por el resto de magistrados el 16 de abril que implica el restablecimiento de sus derechos políticos. Con casi toda probabilidad el expresidente será candidato en 2022 como ya dejó claro a finales de mayo cuando declaró que de ser “el mejor colocado para ganar las presidenciales” y contar con buena salud, dará un paso adelante.

El expresidente ha dejado claro que pretende iniciar un proceso de diálogo con otras fuerzas de “centro y de la izquierda” para preparar la candidatura. No obstante, aunque el PT esté abierto a formar un frente amplio con otros partidos de izquierda y centroizquierda, e incluso antes de la rehabilitación de Lula meditase si alguien del partido debía liderar el ticket electoral, ahora más que nunca reclamará su derecho a liderar una potencial candidatura progresista. En el camino encontrará con toda seguridad al Partido Comunista de Brasil (PCdoB), uno de sus más estrechos aliados, y al PSOL de Boulos, que ya se ha mostrado a favor de apoyar una candidatura liderada por Lula.

Más difícil tendrá sumar al centroizquierda, especialmente al Partido Democrático Laborista (PDT) del exministro Ciro Gomes. Todavía están abiertas las heridas entre ambos tras la ruptura producida en 2018 cuando Gomes acusó al PT de obstruir alianzas entre el PDT y otros partidos como el Partido Socialista Brasileño (PSB) en varias regiones del país. Lula se reunió con su exministro en octubre del año pasado pero los intentos de reconstruir puentes han sido del todo infructuosos.

Para ampliar: El gobierno de Bolsonaro, militares y ultraderecha

Gomes, del que algunos no olvidan su viaje a París durante la celebración de la segunda vuelta de las presidenciales de 2018 en las que no dio un apoyo explícito al candidato petista Fernando Haddad, asegura que volvería a viajar a la capital francesa “con más convicción” de haber balotaje entre Lula y Bolsonaro. Además, el líder del PDT participó hace escasas semanas en la firma de un manifiesto por la democracia al que se adscribieron empresarios, banqueros y varias figuras de la derecha brasileña, entre ellos algunos antiguos aliados de Bolsonaro como el gobernador de Sao Paulo, João Doria. Este grupo de personalidades de la política y el mundo empresarial estarían buscando un candidato alternativo a Bolsonaro y Lula que represente una “tercera vía”.

Ciro Gomes visita a Lula tras el fallecimiento de su esposa Marisa Léticia en 2017. Fuente: Ricardo Stuckert

Los socialistas brasileños por su parte se encuentran inmersos en un debate interno en el que barajan varias opciones. Por un lado, los dirigentes del partido en el noreste del país defienden apoyar una potencial candidatura de Lula mientras que otro sector liderado por varios diputados prefiere apoyar a Ciro Gomes en caso de que decida volver a presentarse. En el término medio, el PSB de Minas Gerais y Rio Grande do Sul, que apuestan por una candidatura propia. El líder de la formación, Carlos Siqueira, ya ha dejado claro que no tiene intención de tomar una decisión hasta 2022.

Sea cual sea finalmente la fórmula elegida por los distintos actores del bloque progresista tras las elecciones se verán obligados a pactar debido a la gran fragmentación que caracteriza a la Cámara de Diputados, en donde la fuerza con más representación, precisamente el PT, cuenta con tan solo 56 diputados de 513 y donde conviven 24 partidos diferentes.

La gran fragmentación del sistema político brasileño obliga a los presidentes a tejer complicidades con múltiples partidos para sacar adelante su agenda legislativa. Los llamados partidos del Centrao, un grupo de formaciones técnicamente de centro pero fundamentalmente conservadoras, han jugado históricamente como bisagra tanto de los gobiernos del PT como del PSDB. Con Bolsonaro no ha sido diferente. El Centrao fue, por ejemplo, decisivo en la elección de sus aliados Rodrigo Pacheco y Arthur Lira como presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados respectivamente. Lula, además de unir a las fuerzas progresistas, tendrá que llegar a acuerdos con el Centrao tal y como hizo en el pasado si no quiere ver su labor de gobierno dificultada.

Construir un frente por la democracia

Reunión de los expresidentes Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva. Fuente: Ricardo Stuckert.

El pasado día 22 Lula sorprendió en redes cuando publicó una fotografía junto con el expresidente Fernando Henrique Cardoso, histórico rival con el que compitió en dos ocasiones por la presidencia. Lula da Silva está convencido de la necesidad de crear un polo democrático que agrupe en torno a su candidatura a todos los actores políticos que defienden la “democracia y la vida” frente a Bolsonaro.

No obstante, el encuentro despertó recelos entre la dirigencia del partido de Cardoso, el PSDB, que está convencida de lanzar su propia candidatura a pesar de que en las últimas encuestas apenas rozan el 4% de intención de voto. Ante las sutiles críticas de algunos compañeros de partido como el gobernador de Río Grande do Sul, Eduardo Leite, el predecesor de Lula al frente de Brasil se vio obligado a aclarar que apoyaría en primera vuelta al candidato que elija el PSDB pero reiteró que de haber balotaje entre Lula y Bolsonaro, apoyará al candidato del PT.

Las encuestas a favor

Los últimos sondeos realizados, pintan un escenario favorable a Lula, que ganaría en primera vuelta y también en balotaje. El expresidente, que tras ocho años en el gobierno salió con una popularidad récord del 87%, continúa siendo el político más popular del país. Según una encuesta de Vox Populi, la aprobación de Lula en la actualidad es del 47% en comparación con el 23% del presidente brasileño.

Bolsonaro, sin embargo, cada vez tiene más difícil revalidar la presidencia mientras ve como su popularidad ha descendido en buena medida por la gestión de la pandemia, que ha llevado a Brasil a ser el segundo del mundo con más fallecidos por Covid-19, tan solo por detrás de Estados Unidos, con una cifra de más de 300.000 víctimas. Según Datafolha, tan solo un 21% de los brasileños aprueba la gestión de la pandemia en contraposición al 51% que la desaprueba. El 75% está de acuerdo en que el gobierno federal tardó demasiado tiempo en comprar vacunas y el 72% opina que Bolsonaro actuó como si el problema no fuera serio.

Para ampliar: La crisis de la COVID-19, Brasil a contramano del mundo

El mandatario brasileño está viviendo sus peores semanas al frente del país latinoamericano, con reproches incluso de empresarios y banqueros que reclaman medidas urgentes para contener el virus y con el creciente descontento de los presidentes de la Cámara de Diputados y el Senado. Incluso en los últimos meses ha sobrevolado sobre Brasilia la sombra del impeachment, reclamado por la oposición, y al que el presidente de la Cámara de Diputados, Arthur Lira, hizo recientemente una referencia velada a modo de advertencia ya que es él el que tiene la potestad de iniciar el proceso de destitución. Una encuesta ofrecida por PoderData en la última semana de mayo señalaba que el 57% de los ciudadanos están a favor de que sea destituido, 11 puntos más que en enero, y un 37% defiende que permanezca en el cargo, 10 puntos menos a principios de año.

Respecto a la intención de voto, las últimas encuestas realizadas en mayo ofrecen un escenario favorable a líder petista.  Una de ellas, la de Datafolha, otorga a Lula un 41% de intención de voto en primera vuelta aventajando en 18 puntos a Bolsonaro que se quedaría en un 23%. En segunda vuelta, Lula se haría con la presidencia con un 53% del voto y Bolsonaro obtendría el 32%.

Más allá de 2022

Cartel electoral de las elecciones de 2018 antes de que Lula fuera encarcelado y sustituido por Haddad.

Si finalmente el Partido de los Trabajadores vuelve a tomar las riendas del mayor país de América Latina seis años después del golpe parlamentario contra Dilma, tendrán por delante el reto de reflotar a un país tremendamente polarizado y donde 125 millones de personas que sufren inseguridad alimentaria según datos de la Rede Brasileira de Pesquisa y un 12,83% de población en nivel de pobreza según un estudio de la Fundación Getúlio Vargas.

En el plano interno del partido, posiblemente el mayor reto sea el antes mencionado, encontrar un o una líder potente que sea capaz de ilusionar al electorado casi tanto como el expresidente. De ganar, Lula tendría 77 años al juramentar el cargo y 81 cuando finalizase el mandato, por lo que difícilmente se presentaría a la reelección. A pesar de que Haddad se ha erigido desde la última cita electoral como una de las cabezas más visibles del partido, no termina de conectar con los votantes. En los sondeos de intención de voto anteriores a la rehabilitación de Lula, Haddad apenas conseguía más de un 15% en primera vuelta y perdedor en segunda.

La clave, a diferencia de en Estados Unidos, puede que no esté en la persona que le acompañe en el ticket electoral en tanto que la necesidad de establecer alianzas quizá haga que el candidato o la candidata a la vicepresidencia no sea del Partido de los Trabajadores.

En 2022 la leyenda de la izquierda brasileña y latinoamericana puede cumplir su último servicio poniendo fin a la presidencia de Bolsonaro. A partir de entonces, comenzará una carrera a contrareloj para decidir quién es la persona más adecuada para continuar el legado del partido más importante del siglo XXI brasileño.

 

Graduado en Estudios Internacionales por la Universidad Autónoma de Madrid. Apasionado de la geopolítica y la historia. Interesado especialmente en América Latina, Estados Unidos y China.

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