El movimiento Sadrista, un fenómeno que vuelve a despertar

Mucho se ha hablado estas últimas semanas del panorama de inestabilidad que está atravesando Irak a raíz de los comicios del 10 de octubre, pero poco de quién tiene las riendas de la formación de gobierno. Esta figura es la de Muqtada al-Sadr un clérigo político chií que tiene una influencia en el país que va in crescendo. En este artículo vamos a analizar la figura de Muqtada, que suele ser bastante desconocida fuera de Irak, a pesar de que en el mismo país sea una de las mayores instituciones, tanto a nivel político como social y religioso. ¿Quién es Muqtada al-Sadr? ¿Qué es el movimiento sadrista? ¿Qué perspectivas de formación de gobierno se prevén en Irak? Lo analizamos en este artículo.

La conformación del Sadrismo en el contexto de la invasión de EE.UU

Antes de hablar de la irrupción de Muqtada, es necesario que nos fijemos en la de su padre, Mohammed al-Sadr, un clérigo chií muy importante en el país durante la época de Saddam Hussein. El que fue máximo mandatario iraquí hasta 2003 era conocido por beneficiar a su burbuja suní y de apostar por un estado secular, por lo que cualquier voz que intentase superar el discurso del gobierno no gustaba al líder nativo de Tikrit. Mohammed al-Sadr, poseedor del título de gran ayatolá, era una de las voces religiosas más importantes del país, por lo que a Saddam no le gustaba la masa social que era capaz de generar con sus fatwas. Mohammed al-Sadr fue asesinado en 1999 junto a dos de sus hijos, siendo el gobierno de Saddam uno de los principales sospechosos.

La muerte de Mohammed no implicó la desaparición de sus ideales, centrados en el empoderamiento de una mayoría chií que llevaba décadas bajo el dominio de una minoría suní. Muqtada al-Sadr, su cuarto hijo y clérigo chií, asumió las riendas del movimiento dirigido por su padre y se erigió como una de las figuras más relevantes de los años venideros en la política iraquí. Con la deposición de Saddam se terminó el dominio suní, pero llegó un invasor extranjero (EEUU) que tampoco gustaba a al-Sadr y sus seguidores, que conformaron un grupo armado que iba de la mano del movimiento: el Ejército de Mahdi.

El Ejército de Mahdi se erigió como uno de los mayores focos de resistencia contra la invasión estadounidense y fue el autor de varias emboscadas contra las fuerzas de la coalición, además de incitar a la rebelión en diversas ciudades iraquíes. A pesar de no conseguir la retirada de los estadounidenses, pues los recursos de estos eran infinitamente superiores, al-Sadr y su milicia se convirtieron en un símbolo de la insurgencia contra los mismos.

Militar de la coalición en Irak ante un retrato del joven Muqtada. Fuente: AFP

El Sadrismo, un modo de vida antes que un partido político

Para entender el fenómeno sadrista es necesario aclarar algunos conceptos. Muqtada al-Sadr es el líder de un partido político que se presenta a las elecciones legislativas cuando estas tienen lugar, pero no tiene nada que ver con un partido convencional. Muqtada al-Sadr es una figura que se proyecta como un clérigo religioso chií, dada su vestimenta, con un turbante de color negro y una túnica que pretenden denotar una relación con sus seguidores como la que mantiene un clérigo con sus fieles, estructurando un discurso político que se asemeja a sermones religiosos.

El sadrismo es, además, un fenómeno que lleva varias décadas de arraigo, con su máxima esplendor paramilitar en la respuesta armada del Ejército de Mahdi (su anterior milicia) ante el invasor estadounidense, en 2003. El Ejército de Mahdi quedó disuelto en 2008, pero se volvió a organizar bajo otro nombre en 2014, con la irrupción del EI, denominándose como Compañías de la Paz. Esta milicia es el principal brazo armado de al-Sadr en el presente y se adueña de algunos checkpoints en la carretera entre Bagdad y Mosul, además de formar parte de las Fuerzas de Movilización Popular.

La ideología del sadrismo se basa en el nacionalismo iraquí, el conservadurismo, el islamismo político y el rechazo a la intervención extranjera en el país. Este último aspecto es uno de los que más está cuidando al-Sadr hoy en día, pues considera que la injerencia de otras potencias en el país no es bajo ningún concepto beneficiosa, de ahí que se distancie con Irán a pesar de haber tenido buenas relaciones en el pasado.

El sadrismo se presenta en muchas personas como una forma de vida, como es el caso de Abu Ahmed, el dueño del restaurante Alameer, un local del barrio de Karrada que está repleto de simbología sadrista, así como retratos de al-Sadr o símbolos religiosos chiíes honrando al Imam Hussein. Es conocido entre los bagdadíes con el sobrenombre de ‘’el restaurante más sadrista de Bagdad’’. Abu Ahmed, vestido con una túnica de color negro y con unas medallas en el pecho, nos recibe con las manos abiertas y nos invita a volver cuando queramos.

Visitando el restaurante Alameer con su propietario, Abu Ahmed. Fuente: Dídac Medrano

La ciudad al-Sadr, el bastión de los sadristas

El emplazamiento en el que Muqtada al-Sadr concentra la mayor parte de sus apoyos es sin lugar a dudas la Ciudad Sadr, el suburbio más grande de Bagdad, que a su vez, es la segunda ciudad más grande del mundo árabe después de El Cairo. La Ciudad Sadr fue construida en 1959 para alojar a la población creciente de la ciudad, generalmente proveniente de núcleos rurales. El entramado urbano se diseñó a imagen y semejanza del de un pueblo, con calles anchas, de allí que su extensión sea tan exagerada. Estamos hablando de un suburbio que alberga unos 4 millones de habitantes.

Primeramente la ciudad fue nombrada Ciudad de la Revolución, mientras que en 1982 pasa a llamarse Ciudad de Saddam. Al principio era conocida por ser uno de los bastiones de los comunistas en Irak, pero con la caída del régimen de Saddam pasó a llamarse Ciudad Sadr, en honor al padre de Muqtada, Mohammed al-Sadr. Desde entonces la Ciudad Sadr se ha convertido en el bastión de los sadristas, siendo el lugar donde Muqtada concentra sus mayores apoyos.

Después de visitar la Ciudad Sadr este octubre en reiteradas ocasiones, nos encontramos con una ciudad que deja constancia de sus ideales, pues las grandes avenidas están repletas de banderas del partido sadrista, acompañadas de banderas iraquíes. Además, es común que en los cruces encontremos retratos de Muqtada y de su padre, Mohammed, idolatrando al primero y tratando al segundo como un mártir. Otra de las características de la Ciudad Sadr es la abundancia de los tuk-tuks, conocidos en el resto de Bagdad por ser oriundos del suburbio sadrista. Así se demostró la noche electoral del 10 de octubre, cuando en los alrededores de la Plaza Tahrir muchos eran los tuk-tuks que vestían símbolos sadristas, con pasajeros que alzaban fotos de al-Sadr hacia el cielo.

La ciudad, empobrecida, tiene una mala reputación incluso entre los mismos bagdadíes. Ahmed, uno de mis contactos en la ciudad, me dice que antes de mi visita solamente había estado una vez, mientras que Muntathar, otro contacto, me cuenta que jamás había pisado la Ciudad Sadr. Sus caras al ver la ciudad de nuevo desprenden asombro, aunque me aseguran que esperaban un panorama más desolador y hostil. Sin embargo, un soldado del ejército iraquí, al percatarse de que yo era extranjero, le comenta a mi amigo que ni se nos ocurriera comentarlo en la Ciudad Sadr, pues algunos seguidores de Muqtada son hostiles hacia los occidentales.

Cartel propagandístico de las Compañías de la Paz en la Ciudad Sadr. Fuente: Ahmed Saad / Reuters

La relación de al-Sadr con Irán

En líneas generales podemos asegurar que la relación de al-Sadr con Irán se ha ido enfriando paulatinamente, hasta llegar al punto en el que se encuentra hoy en día. Como resaltamos anteriormente en pasados artículos, en el presente la influencia iraní en Iraq se persona en milicias como la Organización Badr, Asa’ib ahl al-Haq o bien Kata’ib Hezbollah, siendo esta última la que tuvo un mayor papel en el asedio de la embajada estadounidense en Bagdad de finales de 2019.

En el contexto de su formación, los lazos de al-Sadr con Irán, cuando el primero encabezaba la resistencia chií a la invasión estadounidense, eran buenos. A Irán le interesaba la reacción que significaba al-Sadr ante Estados Unidos, que como ya sabemos no tiene una buena relación diplomática con Irán. A los persas no les interesaba bajo ningún concepto que EEUU se estableciera junto a sus fronteras, por lo que apoyaban cualquier ápice de insurgencia que pudiera contribuir a la retirada de las fuerzas invasoras. Al-Sadr, en ese entonces, era el principal icono de esa resistencia.

Con el paso de los años, el Ejército de Mahdi fue perdiendo ese impulso inicial para centrarse en el conflicto sectario que reinaba en el país, donde se sumieron en enfrentamientos con grupos suníes como Al-Qaeda. Varios grupos se escindieron de la milicia sadrista, como Asa’ib ahl al-Haq, liderado por el pro-iraní Qais Khazali, que continuó participando de la insurgencia ante la ocupación estadounidense y se erigió como uno de los principales aliados de Irán en el panorama de las milicias iraquíes.

Con la llegada del Estado Islámico, al-Sadr volvió a formar su ejército para enfrentarse a los integristas, renombrándolo como Compañías de la Paz. Esta milicia luchó mano a mano con las otras milicias chiíes apoyadas por Irán, en un período de guerra total en el que Irak ‘’olvidó’’ sus conflictos internos para evitar que el EI tomara Bagdad y el sur chií. Con el Estado Islámico derrotado, el distanciamiento de al-Sadr con Irán se hizo cada vez más notable. El líder sadrista hizo incluso una visita a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes Unidos (2017), siendo estos dos países de tradición suní y rivales directos de Irán en el espectro político.

Durante el contexto de la Revolución de Octubre de 2019, conocida como Tishreen, al-Sadr se quiso diferenciar de las milicias pro-iraníes, acusadas de matar a centenares de protestantes y apostar por un mayor distanciamiento, incrementando el discurso nacionalista, contrario a la intervención extranjera tanto de EEUU como de Irán. Actualmente, al-Sadr no participa de las protestas que encabeza la coalición Fatah (donde se integran la mayoría de milicias pro-iraníes) pidiendo el boicot electoral, pues los resultados sadristas fueron los mejores de su historia (73 diputados ante 17 de Fatah).

Muqtada al-Sadr con Mohammed bin Salman, el líder de Arabia Saudí, en 2017. Fuente: Al Arabiya

¿Qué perspectivas de formación de gobierno tiene?

Después de las elecciones legislativas de octubre de 2021, de las que os hablamos aquí, al-Sadr se postuló como el principal potencial formador de gobierno, pues sus resultados superan a cualquiera de las coaliciones en diputados. Las perspectivas de formación de gobierno se prevén a largo plazo, pues el parlamento de Irak es hoy en día muy heterogéneo. Los principales actores son el Taqaddum suní de Mohammed al-Halbousi (37 diputados), la Coalición Nacional del Estado de Derecho del ex-PM Nouri al-Maliki (34 diputados) y el Partido Democrático del Kurdistán (33 diputados). Los candidatos independientes, que consiguieron alrededor de 40 diputados, también serán importantes.

Hace unos días al-Sadr llamaba al cese de la injerencia iraní en las FMP, pidiendo la disolución de algunos grupos armados que, según el clérigo chií, ‘’contribuyen a la desestabilización del país’’, por lo que sus intenciones son claras. El líder del Movimiento Sadrista aboga por un gobierno de unidad nacional que no suscriba las injerencias extranjeras en el país.

Sin embargo, el boicot electoral sigue presente y no es precisamente poca gente. A parte de las fuerzas de Fatah, las más visibles, en el boicot también encontramos la Coalición Nacional del Estado de Derecho de al-Maliki (que no tiene buena relación con al-Sadr, pues persiguió su movimiento durante su mandato), por lo que las cosas no se le ponen fáciles a al líder sadrista, que sigue en conversaciones con diferentes partidos para formar su gobierno de unidad nacional.

Conclusión

El sadrismo es un movimiento político que tiene una importancia de gran calibre en el Irak de hoy en día, siendo algo que va a mayor, después de unos años de ostracismo (especialmente al principio de la década, tras ser acusados de cometer crímenes en el conflicto sectario de 2006-2008). La popularidad del sadrismo en el día de hoy se debe a factores como su arraigo entre la población chií empobrecida, un elevado porcentaje, que ve en la figura de al-Sadr no solo un político sino un líder que encabeza un movimiento social.

Más que como un líder de un partido político, se comporta como un clérigo religioso, dando sermones y vistiendo como tal, además de crear una maquinaria propagandística de gran calibre. El recuerdo a su padre Mohammed, tratado como un mártir que murió a manos de Saddam, junto al recuerdo de su respuesta a la intervención estadounidense en Irak, son sus principales bazas propagandísticas, además de su discurso nacionalista sobre Irak.

Parece que al-Sadr, hoy en día, no está por la labor de establecer lazos de amistad o de mejorar la relación con el vecino iraní, pues considera que el final de la intervención extranjera y la creación de un gobierno de unidad nacional son los principales pilares para reflotar a un país sumido en la corrupción, las diferencias sectarias y la influencia de las milicias en la política y la sociedad.

En referencia a la formación de gobierno, veremos si al-Sadr es capaz de juntar a suníes, kurdos y chiíes en su objetivo de formar un gobierno de unidad nacional, que se avecina como una de las únicas posibles soluciones. La repetición de las elecciones sería un escenario que aprovecharían las fuerzas de Fatah para presionar y crear un clima de tensión preelectoral, que sin lugar a dudas influenciaría en los resultados, tal y como hicieron algunas milicias asesinando a activistas pro-Tishreen antes de los comicios de octubre de 2021.

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