El despertar del águila blanca: Polonia, ¿una potencia emergente?

En este pequeño artículo queremos hacer un breve análisis de Polonia, un país miembro de la UE que va ganado paulatinamente más peso en la misma y en el panorama internacional.

Esbozo histórico

Polonia es para la mayor parte del mundo occidental una gran desconocida a pesar de su importancia histórica. Al oír el nombre de esta república es probable que lo único que se nos venga a la cabeza sea que su invasión supuso el detonante de la II Guerra Mundial. No obstante, la historia de Polonia es la historia de toda una potencia que ejerció su poder en el Báltico y Centroeuropa durante siglos.

Escudo de Polonia

Se considera que la historia de Polonia comienza con la unificación del territorio comprendido entre el Vístula y el Oder bajo el reinado de Miecislao I de la dinastía Piast. Durante este mismo reinado, en el 966, Polonia se convierte al cristianismo, ingresando así en la llamada cristiandad y la cultura occidental. Tras algunos vaivenes políticos Vladislao I (1260-1333) consigue afianzar su poder sobre el resto de principados que habían ido surgiendo desde la época de Miecislao I y sentar las bases de una Polonia fuerte y floreciente, llegando a fundarse en 1364 la Universidad de Cracovia.

Un hecho fundamental en la historia de este país lo marca el matrimonio de la reina (Santa) Eduviges I con Jogaila, Gran Duque de Lituania. Fruto de este matrimonio se instala en el reino polaco la dinastía Jagellón y se forma la Unión Polaco Lituana, una unión personal de reinos bajo el gobierno de dicha dinastía. Este periodo está considerado el siglo de oro de Polonia y se caracteriza por su amplia tolerancia religiosa, a pesar de las tensiones por la Reforma, y un importante renacer cultural. Se adoptan influencias arquitectónicas de Italia y se impulsa la ciencia; la Universidad de Cracovia se convierte en un referente internacional, siendo alma mater de científicos como Copérnico, y el polaco se convierte en lengua vernácula con escritores como Mikołaj Rej y Jan Kochanowski.

En 1569, bajo el reinado del último Jagellón, Segismundo II, se firma la Unión de Lublin que unifica el Reino de Polonia con el Gran Ducado de Lituania dando lugar a la Mancomunidad Polaco Lituana o Republica de la Dos Naciones; un sistema político de monarquía electiva en la que los poderes reales estaban fuertemente limitados por el Sejm, un senado compuesto por la nobleza de ambos territorios. La Mancomunidad es una potencia que abarca un territorio de más de 900.000 Km2 (abarcando territorios de la actual Polonia, repúblicas bálticas, Bielorrusia y Ucrania), y una población de hasta diez millones de habitantes.

La Mancomunidad de Polonia-Lituania, conocida en su época como República de las Dos Naciones o Mancomunidad de las Dos Naciones en su punto álgido | Autor: Halibutt

El punto de inflexión lo marca el año 1655 en el que empieza el periodo conocido como “El Diluvio” y que se extiende hasta 1660. En este momento la Mancomunidad se encuentra debilitada, en buena medida, debido a la ineficacia de un sistema político en la que el parlamento nobiliario paulatinamente ha llevado a una importante reducción del poder real (ejecutivo) provocando la inoperancia y el deterioro del estado. A esto se suman las constantes guerra con Rusia, los cosacos y el Imperio Otomano. En el citado 1655 Suecia invade la Mancomunidad mientras rusos y cosacos se hacen con los territorios orientales. Durante este conflicto la economía polaca se derrumba y las guerras, así como las plagas asociadas a las mismas, hacen que perezca hasta un cuarto de la población del país. Finalmente el Tratado de Oliva acuerda la paz entre Suecia y Polonia-Lituania. Sí bien las perdidas territoriales no son importantes para Polonia, este tratado marca la cumbre del poder sueco y el ocaso del poderío polaco. No obstante, este fin del esplendor polaco no impedirá uno de los hecho más brillantes de la historia militar de Polonia; el momento en que Juan III Sobieski al mando de sus húsares alados libera Viena del asedio turco.

El declive de la Mancomunidad se consuma entre los años 1772 y 1795. En este periodo, ante la ineficacia del Sejm y a pesar de los intentos reformadores de Estanislao II, Rusia, Prusia y Austria van repartiéndose el territorio polaco en tres oleadas sucesivas; en 1795 Polonia desaparece como estado independiente.

Tras la I Guerra Mundial se reconoce la independencia de Polonia, que se convierte en una república parlamentaria, regida de facto desde 1926 por Józef Piłsudski. El nuevo estado se enfrenta a importantes retos; un dispar desarrollo regional, la convivencia de diversos sistemas legislativos y monetarios, un fuerte déficit público por la ausencia de una administración fiscal, fuerte inflación etc. A ellos hemos de sumarle el esfuerzo de la guerra polaco-soviética acaecida, entre 1919 y 1920. Por un lado por las aspiraciones polacas de reconstruir su antiguo “imperio” y por otro por el interés ruso en usar a Polonia como puente para alentar los movimientos revolucionarios producidos en Alemania tras la caída del Kaiser agitan el conflicto. Tras el comienzo de las hostilidades, por un incidente menor, Polonia iniciaría una ofensiva beneficiándose de la guerra civil rusa entre los ejércitos blanco y rojo. Tras ello, el ejército rojo logra lanzar una contraofensiva contra Polonia que sería detenida de manera sorpresiva en la Batalla de Varsovia. La guerra terminaría en 1921 con la Paz de Riga y supuso importantes ganancias territoriales para Polonia.

El siguiente hecho importante en el devenir polaco se produce el 1 de septiembre de 1939; la Alemania Nazi invade Polonia. Diecisiete días después la URSS inicia a su vez su propia invasión de Polonia, recuperando aproximadamente el territorio perdido en 1921 y siguiendo lo acordado con Alemania en el pacto Ribbentrop-Mólotov en el que se repartían el territorio polaco y sus zonas de influencia en Europa oriental. Como consecuencia de la invasión polaca por parte Alemania, Francia y Reino Unido declaran la guerra dando lugar la II Guerra Mundial.

Tras el fin de la II GM, Polonia, ahora República Popular de Polonia, se consolida como un estado formalmente independiente pero supeditada a las decisiones de Moscú. Importantes movimientos opositores como el sindicato Solidaridad se opusieron a la influencia soviética y al comunismo. Finalmente, en 1990, se reforma la constitución polaca para dar paso a una economía de mercado y transformar el país en una democracia occidental, adoptando la forma de una república semi presidencialista. Tras estos cambios y la disolución de la URSS Polonia se integra en el mundo occidental, incorporándose a la OTAN en 1999 y a la UE en 2004.

Como vemos, Polonia ha sido un país clave en el devenir de Europa, con un glorioso pasado del que bebe su sentimiento nacionalista y el deseo de volver a convertir a Polonia en un país de referencia en Europa.

Un breve análisis de la Polonia de hoy

Condiciones geográficas.

Polonia es un país situado en el noreste de Europa. Con una superficie de 312 696 Km2 es el 6º país más extenso de la UE y el 10º del continente. Posee una línea de costa en aguas del Báltico de más de 440 Km de longitud y unas fronteras de más de 3.000 Km. Comparte dichas fronteras con Alemania y Republica Checa al oeste, Eslovaquia al sur, Ucrania, Bielorrusia, Lituania y Rusia (enclave de Kaliningrado), al este. Al norte se encuentra el mar Báltico, limitando las aguas polacas con las suecas y con las de la isla de danesa de Bornholm.

Sus principales recursos naturales son el carbón (0,7% de las reservas mundiales, 3º país europeo después de Alemania y Ucrania), el azufre, el cobre, el gas natural, la plata, el plomo, la sal gema y el ámbar. La tierra cultivable representa el 40% del territorio.

Población

Actualmente la población polaca es de 37.958.000 personas aproximadamente. Esto le convierte en el 5º país más poblado de la UE, después de España, 4º con 47.329.000, y por delante de Rumanía con 19.317.000. No obstante el país del Vístula ha ido perdiendo población desde 2009, contabilizando en el presente año 177.000 personas menos que en el citado 2009. Sus grandes problemas demográficos, además de la inmigración, es el bajo índice de fecundidad, de apenas el 1,46 y un cada vez mayor envejecimiento poblacional; en definitiva similares a los del resto del continente.

Crecimiento económico

La economía polaca es una de las más dinámicas del viejo continente. De acuerdo con el FMI Polonia “ha experimentado la expansión económica más larga del mundo con 25 años de crecimiento”. Y es que tras haber sufrido caídas del PIB del 7,2% y 7% en los años 1990 y 1991, como consecuencia de la desintegración soviética, la economía polaca no ha parado de crecer a una media del 4% anual. Si durante la crisis del 2008 las principales economías europeas se erosionaban como la arenisca en un vendaval, Polonia no solo resistía el temporal, sino que seguía creciendo. Hasta enero de 2020, las previsiones para Polonia eran de un crecimiento de en torno a un 3,3 % para ese año.

Elaboración propia. Datos: Datosmacro.expansion.com

La crisis del Covid ha truncado este enorme periodo de crecimiento, produciendo fuertes caídas del PIB en el segundo trimestre (-7,9%). No obstante la caída es menor que la del conjunto de la UE (-11,7%) o que el de las principales economías de la Unión (Alemania -10,1%, Francia -13,8%, Italia -12,4% y España -18,5%).

Desigualdad y servicios públicos

Pero el PIB no es el único indicador asombroso en la economía de la patria de Chopin. El PIB per cápita, tomando como base cien la UE 27, ha evolucionado del 56% de la media europea en 2008 a un 73% en 2019. Un recorte de 20 puntos en apenas diez años.

A su vez la tasa de paro se aproxima al pleno empleo, habiéndose reducido del 10,3% en 2013 a apenas un 3,3% en 2019. Podríamos pensar que buena parte de esta reducción se debe a la fuerte emigración polaca a otros países de la UE, pero lo cierto es que no podemos afirmar que esa sea la única causa. Si bien ha habido una importante inmigración polaca, este país también ha recibido importantes flujos de inmigrantes extracomunitarios, con casi un millón de inmigrantes ucranianos e importantes colonias de nepalíes, bangladesíes o filipinos residiendo en su territorio.

También mejora la calidad de vida de la población polaca. No solo se ha incrementado su PIB per cápita, sino también el Índice de desarrollo humano en su conjunto pasando del 0,759 en 1997 al 0,865 en 2017.

Si en 2010 el porcentaje población en riesgo de pobreza en Polonia era de 27,8%, en 2019 se situó en 18,2%. No solo se ha reducido casi diez puntos en menos de una década, sino que además se ha situado por debajo de la media de la UE y cerca de los valores de los países con menor índice de pobreza como Rep. Checa (12,2%, Eslovenia 16,2% o Finlandia 16,5%). Esto hace que en Polonia, en comparación con el resto de grandes países europeos, haya un menor porcentaje de población en riesgo de pobreza (Alemania, 18,7%; Francia, 17,4% Italia 27,3%; España 26,1%.

Elaboración propia. Datos Eurostat

Respecto a la desigualdad en el nivel de ingresos en 1992 el 20% de la población más pobre de Polonia manejaba apenas el 8.7% de la riqueza para 2004 esa riqueza había disminuido al 6,4%. Desde aquel momento de máxima estrechez se ha ido recuperando cierta equidad de forma que el quintil menos afortunado controlaba en 2017 el 8,3% de la riqueza. Por su parte el quintil más afortunado alcanzó su pico de riqueza en 2004 con un 43,9 % para situarse en 2017 en un 38,2%, porcentaje similar al existente en 1992. Así pues tras la llegada de la democracia hubo un primer momento de aumento de la inequidad que se ha ido corrigiendo hasta recuperar los valores de principios de la década de los 90.

Por su lado el índice de Gini, medido sobre base 100, presentaba en 2010 un valor de 31,1 puntos. En 2018 ese valor era de 27,8 puntos frente a los 30,8 de la media de la UE. Es cierto que en 2019 hubo un repunte en el índice polaco hasta el 28,5, lo que parece invertir una tendencia descendente, pero en cualquier caso ha habido un importante descenso de la desigualdad económica en el país durante la última década.

Pero el índice de Gini no sólo nos indica la igualdad en la distribución de la renta, también podemos emplearlo como un medidor de la eficacia del estado del bienestar. Así pues el índice de Gini antes de trasferencias sociales en 2019 fue de 46,5 después de trasferencias fue de 28,5, es decir las políticas sociales polacas redujeron las desigualdades en 18,5 puntos. No es una cifra desdeñable, pero si uno de los puntos flojos de Polonia. Su estado del bienestar ha ido perdiendo cierta eficacia a la hora de reducir las desigualdades, tanto en valores absolutos como comparado con la media de la UE. Es decir, que si bien las desigualdades económicas en Polonia se van reduciendo esto parece deberse más a la evolución económica que a la eficacia del sistema redistributivo.

Otro éxito impactante de Polonia es su sistema educativo. En 2019 Polonia se situó entre los diez primeros países del informe PISA en lectura, matemáticas y ciencia, todo ello gracias a la reforma educativa emprendida en 1999. Esta reforma no solo mejoró la formación de los profesores, sino que implementó un currículo escolar más riguroso a la par que daba más autonomía a las escuelas, se aumentó la escolarización de los 15 a los 16 años y se construyeron cerca de 4.000 escuelas. A día de hoy únicamente un 5,2% de los jóvenes abandona la educación antes de los 24 años (frente al 10,7% de la UE) y el porcentaje de titulados universitarios alcanza el 44% frente al 39% UE.

Respecto al sistema sanitario polaco, Eurostat no proporciona muchos datos, pero podemos saber que contaba en 2018 con 653 camas por cada 100.000 habitantes, frente a las por ejemplo 801 de Alemania (datos de 2017 para este país), las 591 de Francia o las exiguas 298 y 313 de España e Italia respectivamente.

Elaboración propia. Datos Eurostat

Podemos destacar que el sistema sanitario polaco en este aspecto es eminentemente público en comparación el resto de grandes países europeos. Respecto al gasto sanitario público, puesto en relación con el gasto público total, Polonia destinó en 2018 el 10,94% de su presupuesto a sanidad, por debajo de otros países (Alemania 19,88%, Francia 15,47%, Italia 13,42%, España 15,28%) y a pesar del peso del sistema sanitario público en el conjunto sanitario del país.

Soberanía energética y alimenticia

Hablar de energía en Polonia es hablar de carbón. Este país es actualmente uno de los diez mayores productores mundiales de este material y se le calculan reservas para autoabastecerse durante al menos ciento cincuenta años. Dicho material genera en Polonia 130.000 empleos directos y sigue siendo un combustible fundamental tanto para la calefacción como para la producción eléctrica.

El mix eléctrico polaco está formado en un 71% de energía proveniente del carbón, (el total de energías fósiles alcanza el 79% frente al 49% de la UE). Por su lado, las energías renovables aportan un 19%, en línea con la media europea. Las grandes desaparecidas son la energía nuclear, de la que Polonia carece y la hidroeléctrica, que apenas suministra el 2% de la energía al país; la orografía polaca, prácticamente carente de cordilleras, no favorece la construcción de saltos de agua. Pero no todo es electricidad. El resto de la energía consumida por Polonia viene de dos fuentes, petróleo, del que importa prácticamente todo lo que consume y el gas natural del que importa casi tres cuartas partes. Así pues si a nivel eléctrico, gracias al carbón, Polonia es un país autosuficiente no lo es así en el consumo energético no eléctrico.

Las obligaciones de la UE y el cuerdo de París sobre descarbonización de la energía suponen pues un gran reto para Polonia pero también una interesante oportunidad. Si Polonia consigue avanzar en la electrificación del transporte y la calefacción, podría ver reducida su dependencia energética de Rusia, su principal suministrador de gas y petróleo.

Es innegable que el uso intensivo del carbón complica mucho el cambio en el mix eléctrico, no solo en cuanto a trasformación tecnológica sino también en cuento a empleo y reconversión económica del sector minero. De ahí que sea uno de los países que más ha querido retrasar los objetivos de descarbonización en la UE y que más ha luchado por un fondo de transición justa.

El plan polaco de transición energética prevé reducir el peso del carbón en su mercado eléctrico a una horquilla de 37-56% en 2030 y del 11-28% en 2040. Para ello, si bien va a realizar una importante inversión en eólica marina así como impulsar el autoconsumo solar, parece que el país ha puesto su atención en la energía nuclear como vía de reducir de forma rápida y efectiva su dependencia del carbón. Así pues Polonia apuesta por la construcción de al menos seis reactores en las próximas décadas. Con este movimiento Polonia no solo avanza hacía la descabonización con una fuente de energía constante, frente a la intermitencia renovable, sino también para reducir su dependencia energética de Rusia. Queda pendiente para que esta independencia energética respecto al vecino ruso se consolide, saber qué país será el suministrador del uranio para las nuevas centrales.

Hablar de soberanía alimentaria para cada uno de los miembros de la UE resulta complicado dado que la política agraria es de carácter comunitario. No obstante podemos hacer una primera aproximación. La agricultura polaca resalta por su poca productividad. De la época soviética se heredó una estructura de pequeñas explotaciones de propiedad privada pero de escasas dimensiones. En 2015 se consideraba que en Polonia había unos 2.000.000 millones de explotaciones con una dimensión media de 9 ha. Esta pequeña dimensión de las explotaciones dificulta la modernización y la orientación a una agricultura industrial. Para hacernos una idea, si bien el sector agrícola emplea a más del 10% de la población solo representa un 2,1 % del PIB. Las principales cosechas son la avena, la cebada y el centeno. El país es además uno de los mayores productores del mundo de patata, manzana, leche y cerdo. Mientras sus importaciones de alimentos supusieron el 3,1% del total de importaciones europeas sus exportaciones supusieron el 4,1%.

Política internacional y de defensa

El inicio de los años 90 marca el nacimiento de la nueva Polonia, una Polonia “independiente” del imperio soviético y que desea mantener esa independencia a toda costa. En ese mundo de bloques que se diluye, Polonia desea ir del oeste al este, huir del recién exorcizado fantasma soviético y de Rusia, hacia un occidente liderado por EEUU y que en el viejo continente se encarnaba en la pertenencia a la OTAN y la UE. Las razones de esta marcha hacia occidente en pos de protección e independencia, recorrida por muchos de los países del pacto de Varsovia, son varias. Por un lado el intento de mantener una importante área de influencia por parte de Rusia, con mecanismos como la Comunidad de Estados Independientes. Por otro amenazas más latentes como el hecho de mantener frontera con el enclave ruso, fuertemente militarizado, de Kaliningrado.

Pero también razones históricas; desde el nacimiento de Polonia en el S X, su existencia ha estado ligada al permanente conflicto con los poderes rusos y alemanes. A principios de la década de los 90 y a día de hoy para Polonia sigue siendo capital la relación con estos dos poderosos vecinos.

Así pues la política exterior Polaca ha estado marcada por las relaciones con tres países; Alemania, Rusia y EEUU, así como por dos objetivos primero, y luego dos hechos consumados; su integración en la UE y el ingreso en la OTAN.

Alemania y la UE

Desde el primer momento del surgimiento de la III República, Polonia se ha esforzado en buscar no solo la seguridad colectiva frente a Rusia sino también la integración en la sociedad internacional y el desarrollo económico. Un buen ejemplo de ello es la creación del Grupo de Visegrado en 1991. Esta alianza creada entre Polonia, la entonces República Checoslovaca y Hungría pretendía aunar esfuerzos para lograr el ingreso en la UE y la OTAN y ayudar a mantener la independencia y soberanía de estos tres países. El ingreso en la UE era visto como una tabla de salvación por los países de Europa del Este; con su economía devastada tras la desintegración del espacio soviético la Unión era vista como una fuente de ayudas y desarrollo económico.

Desde el punto de vista de la UE era importante lograr la consolidación democrática y el desarrollo económico de los países orientales para estabilizar la región y evitar posibles amenazas (delincuencia trasfronteriza, tráficos de drogas o armas, migraciones gran escala etc.). Esta respuesta se comenzó a materializar con el tratado de Maastricht y la creación de la Política de Exterior y de Seguridad Común. En este mismo contexto no podemos olvidar que la caída de la URSS supone un cambio fundamental en el seno de la propia UE con la unificación alemana, creando un “gigante” europeo de ochenta millones de personas. Esta nueva Alemania no solo percibe la amenaza de una posible desestabilización en los países de su frontera oriental sino que también ve en la inclusión y el acercamiento al grupo de Visegrado una forma de balancear el poder europeo a su favor frente a Francia o Reino Unido. Esta situación parecía favorecer un idilio polaco-teutón que se inició con el reconocimiento por parte de Alemania de sus fronteras con Polonia (línea Óder-Neisse) y el posterior apoyo de Alemania a la ampliación hacia el este y la inclusión de Polonia en el primer grupo de países. Polonia, por su parte, comenzó desde un primer momento a dar todos los pasos necesarios para su integración, empezando por una serie de reformas legislativas que acercaban su normativa a la comunitaria. Finalmente Polonia entró a la UE en la ampliación de 2004. Y podemos decir que la entrada fue por todo lo alto. Polonia, con 38 millones de habitantes se situó con 27 votos en el Consejo de la Unión Europea, lo mismos que España (39,4 millones de hab.) y solo dos menos que Alemania (82 millones), Francia, Reino Unido (59 millones cada uno o Italia (57 millones).

Elaboración propia. Datos Eurostat

Desde entonces el grupo de Visegrado, con Polonia a la cabeza, se ha convertido en un fuerte contrapeso dentro de la UE. Lejos de ser Polonia una comparsa alemana es un país con una voz fuerte y decidida a defender sus propios intereses. Frente a intentos de una mayor integración europea, quizá como fruto de su desaparición en 1795 y su sumisión a la Alemania nazi y a la Unión Soviética, el gobierno polaco y los del resto del grupo de Visegrado (integrados en parte por partidos de la denominada derecha populista), defienden posiciones más próximas a la defensa de la soberanía estatal y de sus valores e identidad nacional. Si bien ni Polonia ni el grupo de Visegrado en su conjunto tiene la fuerza necesaria para dirigir la política europea, si se han convertido en un contrapeso importante a la visión de los países de Europa occidental y al eje franco alemán. A día de hoy el sistema de votación del Consejo se realiza en función de dos parámetros, el porcentaje de estados a favor de una medida, que debe ser del 55% y que esos estados representen al menos un 66% de la población europea. Dándole la vuelta al sistema vemos que la fuerza de bloqueo se encuentra en superar un 45% de los estados y al menos el 34% de la población. El grupo de Visegrado ya supone el 18,5% de los estados y el 14,28 % de la población (UE post Brexit). No pueden bloquear ellos solos una decisión, pero recabando el apoyo de Italia o España y el de un par de países medianamente poblados como Grecia y Países Bajos alcanzarían esa minoría de bloqueo frente al eje franco alemán.

Estados Unidos y la OTAN vs Rusia

Estados Unidos impulsó desde un primer momento la transición política de Polonia frente al domino imperial de la URSS, no solo apoyando los movimientos de oposición al sistema comunista sino con acciones de más calado como el levantamiento de sanciones y el restablecimiento de relaciones comerciales en 1987. Pero aun tras la caída de la URSS y del Pacto de Varsovia, Rusia pretendía seguir manteniendo un espacio de influencia sobre el resto de exrepublicas soviéticas, influencia que era percibida como una amenaza a su soberanía por parte de Polonia.

De hecho Rusia mantendría tropas en territorio polaco hasta 1993. Por otro lado, como demostró la guerra de Chechenia, Rusia podía seguir siendo una amenaza muy real, lo que espoleó el interés de Polonia y otros países en unirse a la OTAN. Tan solo un año después de la retirada de las tropas rusas de su territorio Polonia comenzaba su andadura para ingresar en la OTAN mediante los llamados programas de “asociación para la paz”.

A pesar de lograr su ingreso en la OTAN en 1999 Polonia seguía y sigue percibiendo a Rusia como una amenaza. Hechos como la guerra de Chechenia, la intervención en Osetia del Sur en contra de la integridad territorial georgiana en 2008, o la anexión de Crimea en 2014 a costa de Ucrania demuestran que Rusia está dispuesta a usar su fuerza militar para mantener y ampliar su área de influencia. A ello hemos de sumarle el refuerzo de las capacidades militares rusas en Kaliningrado como por ejemplo con el emplazamiento de misiles iskander y, en general, el rearme y modernización de las fuerzas armadas rusas.

Por todo ello Polonia se ha esforzado en mostrarse como el principal aliado en Europa oriental de los intereses estadounidenses. Un ejemplo de ello es el apoyo dado por Polonia a la instalación de misiles estadounidenses en su territorio como parte del escudo de defensa antimisiles del país americano (y que da cobertura a sus aliados europeos). Pero el interés es mutuo. La OTAN con su principal socio a la cabeza consideran a Rusia una amenaza para determinados estados, en especial las repúblicas bálticas (un ejemplo de este temor occidental son las misiones de policía aérea como respuesta ante las continuas violaciones del espacio aéreo por parte de Rusia). En caso de una invasión por parte de Rusia, el territorio polaco es fundamental para que las repúblicas bálticas no queden aisladas entre Rusia, Bielorrusia y Kaliningrado. Ya el documento de la OTAN “Arming for Deterrence How Poland and NATO Should Counter a Resurgent Russia” estudiaba la estrategia militar que debería llevar a cabo Polonia en el caso de que esta circunstancia se produjese.

Por otro lado, tal y como señalábamos más arriba, frente a los intentos de integración europea por parte de Alemania y Francia, Polonia se ha mostrado más reacia, quizá por miedo a ceder una soberanía durante tanto tiempo pérdida. Lo cierto es que si las relaciones polaco-germanas fueron fundamentales para el primer país ahora mismo no pasan por su mejor momento. A esto hay que sumarle el tímido apoyo polaco a determinadas políticas de seguridad europea como la PESCO, por temor a debilitar su industria armamentística frente a la alemana o la francesa, y por una mayor confianza en EEUU que la UE como aliado en caso de conflicto bélico, lo que hace que algunos hayan denominado a Polonia como el caballo de Troya estadounidense en Europa.

Política de defensa

Con el ingreso de Polonia en la OTAN la republica del Vístula tuvo que iniciar un importante esfuerzo de modernización de sus fuerzas armadas, compuestas de material soviético, para paulatinamente adaptarse a los parámetros occidentales. Parte de ese esfuerzo se ha ido reflejando en la adquisición de material occidental o de fabricación local (Leopard 2, PT-91 “Twardy”, KTO Rosomak, F16, C-295, submarinos tipo 207 o fragatas clase Oliver Hazard Perry).

Pero la modernización de las fuerzas armadas incluso se ha incremetado en los últimos años, posiblemente por temor a la amenaza rusa. Así, en febrero de 2019 Polonia dio a conocer un plan para invertir en su defensa nacional cuarenta y tres mil millones de euros hasta 2026, lo que se tradujo en un presupuesto extraordinario de seiscientos setenta millones para el presupuesto de defensa de 2020, superando el 2% del PIB exigido por la OTAN. Parece ser que el programa estrella de modernización de las fuerzas armadas polacas es la renovación de su fuerza aérea, para la cual Polonia deseaba adquirir al menos 48 aviones de combate. A pesar de los esfuerzos europeos por intentar que Polonia adquiriese aviones europeos (Eurofighter, Rafale o Gripen) el elegido ha resultado el estadounidense F-35 del cual finalmente se adquirirán 32 aparatos por importe, 6.500 millones de dólares, siendo el mayor contrato militar de la historia polaca. Decisión que es sin duda un guiño a EEUU, máxime teniendo en cuenta que la compra podría incumplir parte de los compromisos polaco en la PESCO en cuanto a priorización de proyectos y cooperación militar europea. También está prevista la realización de importantes esfuerzos en la renovación de la flota submarina, pretendiendo adquirir hasta tres buques armados con misiles balísticos. Resulta también importante el esfuerzo realizado en su ejército de tierra (frente a una potencia militar terrestre como es Rusia) reflejada en la modernización de los carros de combate, no solo con la actualización de su actual flota de Leopard (de origen alemán), sino también con la posible incorporación de Polonia al programa franco-alemán MGCS para el desarrollo de nuevos carros de combate o un desarrollo local con apoyo surcoreano (Hyundai) que podría traducirse en la incorporación de hasta 800 unidades. Resulta interesante ver que Polonia invierte justo en aquellas capacidades de las que mejor dotada está Rusia, fuerza terrestre, aérea y submarina.

Pero el último gran movimiento en materia de defensa por parte de Polonia ha sido conseguir que EEUU aumente su presencia en su territorio. Así el número de soldados americanos en Polonia podría llegar hasta los 5.500. El acuerdo firmado contempla un puesto de mando para el cuartel general del V Cuerpo del Ejército, instalaciones para fuerzas aéreas, incluyendo aviones no tripulados y otras infraestructuras de defensa. Incluso la embajadora estadounidense en Polonia, Georgette Mosbacher, llegó a especular con el traslado de bombas nucleares estadounidenses de Alemania a Polonia.

Conclusión

Parece pues que Polonia ha aprovechado estos casi treinta años desde la caída de la URSS. Con un casi imparable crecimiento económico ha sido capaz de mejorar las condiciones de vida de población. Ha logrado su integración en la UE, convirtiéndose en un país con importante peso específico en la misma, y se ha convertido en un aliado y miembro fundamental de la OTAN. Su economía, sus condiciones de vida, la eficacia de su modelo educativo y sanitario y así como una política exterior y defensa decidida hacen de Polonia un país con una presencia e importancia en el panorama europeo imposible soslayar.

Raúl Serrano Vindel

Bibliografía

Datos

  • Eurostat
  • Datosmacro.expansion.com
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Raul Serrano Vindel

Politólogo. Ha trabajado desarrollado su carrera como consultor y técnico de proyectos en varias ONG
Politólogo. Ha trabajado desarrollado su carrera como consultor y técnico de proyectos en varias ONG

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