El asesinato de Olof Palme: Caso (oficialmente) cerrado

Escrito por Guillermo di Marco

El pasado 10 de junio la Fiscalía sueca anunció el cierre de las investigaciones por el asesinato de Olof Palme dado el fallecimiento de su presunto asesino hace 20 años.

La justicia del país nórdico concluye así 34 años de investigación, tras realizar más de 10.000 interrogatorios y dar distintos bandazos que han puesto en el punto de mira las actuaciones judiciales y policiales, especialmente durante los primeros años del proceso.

Olof Palme, primer ministro de Suecia en 1969-1976 y 1982-1986, se granjeó numerosos enemigos en la política internacional, ámbito en el que volcó gran cantidad de esfuerzo y capital político. Palme se politizó en los EEUU, donde estudió derecho, y se vio muy influido por las luchas anti-imperialistas y de liberación en las antiguas colonias europeas, así como por el movimiento antibelicista. Numerosas declaraciones y campañas que él mismo protagonizó levantaron rencor y admiración por partes iguales en todo el planeta. La influencia mundial que llegó a tener Palme en plena recesión de la socialdemocracia mundial, ya al final de su mandato, es observable en el peso internacional que adquirió Suecia en la época de sus legislaturas.

La Suecia que gobernó Palme era próspera, estaba altamente industrializada y llevaba décadas gobernada por un Partido Socialdemócrata Sueco (SAP) fuertemente apuntalado en la sociedad, popular y eficaz. Así, con una economía en la que el estado tenía un peso enorme -llegó a controlar más del 50% del PIB- y una enorme tasa de afiliación sindical, Suecia llegó a entrar en el G-10 y se acercó a uno de los grandes objetivos del partido en el Gobierno: el pleno empleo. Palme enfrentó la crisis de los 70, provocada por el corte en el suministro de petróleo por distintos países árabes tras la Guerra del Yom Kippur, ampliando y fortaleciendo el estado de bienestar, en fuerte contradicción con las nuevas tendencias emanadas desde Chicago.

Asesinato e Investigación

Olof Palme fue asesinado el 28 de febrero de 1986 cuando salía del cine junto a su esposa Lisbeth. Y eso es básicamente todo lo que se sabe con certeza sobre su muerte. También se sabe que la policía tardó horas en acordonar la zona y que un segundo casquillo apareció dos días después en la escena del crimen y que fue hallado por un civil, no por la policía. Jamás se encontró el arma del crimen -los dos casquillos podrían ser de distintas armas- y se tardó un tiempo nada desdeñable -al menos hasta la segunda mitad de los 90´- en considerar con un mínimo de seriedad los testimonios que aseguraban haber visto a hombres con walkie talkies por los alrededores de la escena del crimen. Distintas líneas de investigación -llegaron a ser 22.000, según el investigador jefe, Hans Melander- se abrieron de inmediato.

La primera que fue seriamente considerada es la que pone en el punto de mira a exiliados kurdos en Suecia, principalmente grupos mafiosos o seguidores del PKK, la guerrilla que a día de hoy sigue combatiendo al Estado turco en distintos países de Oriente Medio. Suecia era el único país, junto con Turquía, que consideraba al PKK un grupo terrorista. Aunque la hipótesis tuvo importancia al principio de las investigaciones, no tardó en perder relevancia. De hecho, Holmer, investigador principal en aquel momento, tuvo que dimitir por mantenerse en la línea kurda a pesar de la falta de evidencia. Una vez perdido su puesto, siguió investigando como ciudadano privado hasta que fue involucrado en un caso de contrabando de material de espionaje con el que pretendía espiar a miembros del PKK.

Christer Pettersson fue el segundo gran acusado, un ultraderechista con problemas mentales que fue señalado en una rueda de reconocimiento por Lisbeth Palme. Fue condenado a cadena perpetua en 1989, pero recurrió y fue liberado tras probar que Lisbeth dijo, en la rueda de reconocimiento, que no identificaba al asesino entre los ocho individuos que se le habían presentado, “pero ya saben cuál es el alcohólico”.

Christer Pettersson, Vía SvD

Los servicios secretos sudafricanos también fueron objeto de sospechas. Palme había financiado al ANC de Mandela y había denunciado con dureza el racismo institucional del régimen del Apartheid. En 1996 un antiguo miembro de los servicios secretos de este país llegó a decir que el asesinato de Palme había sido planeado en una campaña de eliminación de opositores. Esta es la línea que siguió Stieg Larsson, autor de Millenium, y la combinó con otra que incluía a la extrema derecha sueca, a quien había investigado ya antes de la muerte del primer ministro. Las fuerzas de seguridad suecas llegaron a hacer una expedición en Johannesburgo, de la que volvieron con las manos vacías.

Hacia 2011 apareció otra línea más, después de que un sicario al servicio de los servicios secretos yugoslavos acusara a un excompañero suyo, Ivo D. Now, de haber cometido el asesinato para endosárselo a separatistas croatas, habiendo introducido la pistola de contrabando desde EEUU. Fue la policía alemana la que envió los informes a la Comisión Especial Palme, unos informes a los que se tardó ocho meses en responder desde Estocolmo, mandando una orden de arresto a la policía bávara a través de la Interpol. Para entonces el sospechoso se había mudado ya de Hamburgo a Zagreb.

La incompetencia policial y el morbo que levantó el caso Palme llevaron a cientos de periodistas, investigadores privados y aficionados a buscar pistas por su cuenta. Si bien esto alimentó el amarillismo mediático y las teorías de la conspiración más disparatadas, también supuso el descubrimiento de indicios que los investigadores oficiales no habían sabido ver. Hace unos tres años la investigación volvió a cobrar vida porque aparecieron nuevos objetos que pueden relacionarse con el crimen, entre ellos, un walkie talkie.

El lugar donde fue asesinato el primer ministro sueco Olof Palme en 1986 Vía ABC

Por su parte, la revista Filter publicó en 2018 que el asesino pudo ser un tal Stig Engström, un derechista con pasado en el ejército y acceso a armas como la que se usó para cometer el magnicidio. EL “Hombre de Skandia”, como se le conoce, salió del edifico donde trabajaba para la empresa homónima dos minutos antes de la muerte de Palme. En un primer momento, este nuevo sospechoso había sido considerado por la policía como un testigo, pues él mismo había contactado a las fuerzas de seguridad para “evitar ser confundido con el asesino”, al que “había perseguido”. Engström se suicidó en el año 2000, y ahora mismo es el sospechoso principal del caso. El pasado 10 de junio la Fiscalía sueca cerró el caso alegando que la muerte de Engström impedía continuar las investigaciones.

Existen al menos otras dos líneas de investigación que no han tenido peso en el proceso oficial pero que han recibido cierta atención popular y mediática. La primera involucraría a grupos neonazis dentro de la policía sueca. Esta teoría ganó peso tras la sorprendente incompetencia que demostraron las fuerzas de seguridad tras los primeros años de las investigaciones. De hecho, el cuerpo de policía que dirigía el investigador Holmer tenía fama de ser ultraderechista y violento. Por otro lado, dos empresas armamentísticas, Bofors y A&I Services, una sueca y otra sudafricana, podrían haber tenido un móvil razonable: la intención de Palme de frustrar un acuerdo entre la primera y el gobierno de la India debido a la sospecha de que Bofors estaba apoyándose en A&I Services para introducir armas en Irán, lo cual no sólo era ilegal, sino que además comprometía el papel de Palme como mediador designado por la ONU para el conflicto entre Irán e Irak. Según esta teoría, Palme habría recibido la información la misma mañana de su asesinato de mano del embajador de Irak, le habría comunicado su enfado a los órganos directivos de Bofors y se disponía a dejar de patrocinar el acuerdo entre la empresa y el gobierno de Rajiv Gandhi. Los defensores de esta teoría argumentan que Palme podría haber conocido a su asesino, con quien habría tenido una breve conversación antes de ser tiroteado.

Un pasado incierto.

Marten Palme, hijo de Olof, ha declarado sentirse satisfecho con el cierre de la investigación. Sin embargo, existen tantas dudas, no solo sobre el asesinato, si no también sobre la manera en que se ha llevado a cabo la investigación, que parece difícil que la sociedad sueca -o el mundo, debido al perfil internacional de Palme- acepte dócilmente la que parece la solución más fácil para las autoridades. Es cierto, sin embargo, que una conclusión más convincente del proceso no habría restado simbolismo al asesinato: con Palme murió también la vieja socialdemocracia sueca, y marcó el punto y final de la era de Keynes y Bernstein en los gobiernos de la Europa Occidental. La muerte violenta y misteriosa de Olof Palme es tan alegórica que su figura mantiene un peso enorme en el ideario político de la izquierda occidental.

Bibliografía

https://www.dailymail.co.uk/news/article-1348261/Olof-Palme-murder-Yugoslavian-hitman-Scottish-jail-gives-new-evidence.html

https://www.msn.com/es-es/noticias/internacional/%C2%BFqui%C3%A9n-mat%C3%B3-a-olof-palme-un-ultra-llamado-stig-engstr%C3%B6m-la-repuesta-34-a%C3%B1os-despu%C3%A9s/ar-BB15hswd

https://www.theguardian.com/world/2020/jun/10/olof-palme-murder-swedish-prosecutors-reveal-conclusions

https://www.theguardian.com/news/2019/may/16/olof-palme-sweden-prime-minister-unsolved-murder-new-evidence http://latrivial.org/olof-palme-y-la-muerte-de-la-socialdemocracia-sueca/

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