
En la Plaza de la Bastilla, en pleno corazón de París, la capital de Francia, la policía empieza a rodearnos. Lo que durante horas se había desarrollado casi como una fiesta acaba entre nubes de gases lacrimógenos y varias detenciones.
La convocatoria llamaba literalmente a “tomar la Bastilla”, en un claro guiño a la memoria revolucionaria del pueblo francés. Sin embargo, esta vez los sans-culottes han dejado paso a una nueva juventud. Los gorros frigios habían sido substituidos por pantalones de tiro bajo, keffiehs palestinos o directamente disfraces de Spiderman o Michael Jackson –no bromeo, es completamente cierto–.
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