Portada | Oriente Medio y Norte de África | Al-Anfal, el genocidio kurdo en Irak

Al-Anfal, el genocidio kurdo en Irak

El genocidio contra los kurdos de Irak, articulado a través de la campaña de al-Anfal, provocó decenas de miles de muertes.
El genocidio contra los kurdos de Irak, articulado a través de la campaña de al-Anfal, provocó decenas de miles de muertes. Fuente: KURDISTAN - bajo CC BY-SA 2.0

La campaña de al-Anfal comenzó oficialmente en febrero de 1988, cuando el gobierno de Saddam Hussein lanzó una gran ofensiva contra las zonas kurdas del norte de Irak. Lo que hasta entonces había sido una combinación de represión, desplazamientos forzosos y ataques puntuales –también con armas químicas– se transformó en una operación sistemática contra la población rural kurda.

A lo largo de varios meses, el ejército iraquí destruyó aldeas, deportó a decenas de miles de civiles y ejecutó de forma masiva a hombres y adolescentes acusados de colaborar con la insurgencia kurda.

Anfal 1

La madrugada del 23 de febrero de 1988, la artillería iraquí bombardeó el valle Jafati, donde se hallaban los cuarteles generales de la Unión Patriótica del Kurdistán (PUK).

Si bien varios pueblos de la zona habían sufrido ya ataques con armas químicas, se habían sobrepuesto siempre con relativa rapidez. El nuevo bombardeo, sin embargo, era distinto: era el comienzo de Anfal 1, la primera fase de la gran operación de Ali Hassan al-Majid, el responsable de la campaña y primo de Saddam.

El bombardeo fue seguido por una gran ofensiva terrestre que duró tres semanas y contó con apoyo aéreo constate y la participación de unidades de élite. Duró hasta que el ejército pudo romper del todo el frente de la PUK en la zona y arrasar los ya vacíos pueblos que los guerrilleros dejaban atrás.

La ofensiva se produjo por tres frentes, ya que Irak aún permitía la salida de los civiles –acosados por la aviación a través de pasos de montaña cubiertos de nieve– de la zona atacada, en este caso hacia Irán.

Halabja

La PUK, tratando de divertir el ataque contra su base, organizó una ofensiva contra la ciudad de Halabja con apoyo iraní. Halabja era una posición estratégica, étnicamente kurda y habitada por ente 40.000 y 60.000 personas.

El 13 de marzo la ciudad cayó sin que el ejército iraquí reforzara su defensa. El 16 se produjo el previsto bombardeo iraquí, con una virulencia inusual. La población, apiñada en deficientes refugios antiaéreos, fue atacada con lo que parece ser napalm o fósforo. Después, también con gas. Se emplearon varios gases, como el nervioso, y las descripciones de la madrugada de aquel día son de pesadilla.

Los que pudieron huyeron, bajo la lluvia, a través de las montañas hasta Irán. Halabja y sus pueblos aledaños fueron arrasados cuatro meses después, cuando Bagdad se aseguró el control de la ciudad. Al menos 3.200 personas, principalmente kurdos, fallecieron aquel 16 de marzo.

Para ampliar: La gestación de al-Anfal: los orígenes del genocidio kurdo en Irak

El ataque a Halabja, técnicamente hablando, no fue parte de Anfal, aunque lo fuera de facto. Los civiles, especialmente mujeres, niños y ancianos no fueron recluidos en campos, y los hombres que huían no fueron fusilados.

Las órdenes que detallaban estos procedimientos no se ultimaron hasta el 15 de marzo y, además, Halabja era una ciudad: al-Anfal se había pensado para lidiar con la población rural kurda.

Tras la caída de localidad, la PUK no resistió mucho. El golpe moral y la superioridad iraquí sobrepasó a la guerrilla, que perdió el control del valle Jafati poco después.

Anfal 2

Durante la primera fase se produjeron pequeños ataques a lo largo de casi todo el Kurdistán Iraquí. Uno de los objetivos más afectado fue Qara Dagh, una formación montañosa al sur de Suleimaniyah, donde Bagdad temía que hubiera presencia no sólo de Peshmerga –guerrilla kurda, literalmente "los que se enfrentan a la muerte"– sino también de Pasdaran, la Guardia Revolucionaria del gobierno de la República Islámica de Irán.

El 22 de marzo, los ataques con armas químicas contra los pueblos de la zona aumentaron hasta alcanzar una intensidad premonitoria. El 23 empezó el asalto de infantería contra los pueblos, ya prácticamente abandonados.

La actitud del ejército fue al principio contradictoria y se permitió a los primeros refugiados que huían hacia el norte continuar hasta Suleimaniyah, aunque luego se registraría la ciudad en su busca.

En un momento dado, la actitud cambió y el ejército empezó a arrestar a la gente que huía. Algunos, amparados secretamente por jash –paramilitares principalmente kurdos al servicio de Bagdad–, pudieron correr a las montañas. Muchos de los hombres desaparecieron tras varias semanas en cárceles de Suleimaniyah. Las mujeres y los niños, en general, pudieron continuar su camino.

Sin embargo, los que huyeron por el sur desaparecieron casi todos, sin distinción de edad o género. Cientos de hombres, mujeres, niños y niñas fueron hostigados y desaparecidos por el ejército en los llanos de Germian, donde ya se alumbraba la tercera fase de Anfal.

Anfal 3

Hacia la extensa región de Germian habían huido cientos de civiles de Qara Dagh y allí se reunían también peshmerga de la PUK que se retiraban de las zonas afectadas por Anfal 1 y 2. Si en el defendible valle de Jafati se habían hallado los cuarteles generales de la PUK, en los abiertos llanos de Germian se encontraba su corazón político.

El asalto masivo de la infantería iraquí empezó el 7 de abril y encontró una débil resistencia a la que venció sin dificultad. Las defensas de una PUK desmoralizada y sin plazas fuertes se hundieron rápido, y el ejército “no dejó el área hasta que toda criatura viviente fue capturada”. Ahora sí, la campaña ya se había convertido claramente en una operación de exterminio.

Las armas químicas, por otro lado, fueron empleadas solo de manera puntual en esta fase para acabar con un episodio de resistencia a ultranza protagonizado por los peshmerga en la aldea de Tazashar.

Distintos grupos de civiles consiguieron huir, generalmente por el chivatazo de algún jash, por ayuda de congéneres que les hospedaban o por suerte. El papel de los jash fue de nuevo contradictorio.

Para ampliar: La guerra entre Irán e Irak: el camino hacia el alto el fuego

No sólo trabajaron a lo largo de toda la campaña para Bagdad cazando incluso a sus parientes en algunos casos, sino que extendieron rumores de amnistías generales a sabiendas de que eran falsas haciendo que los civiles se entregasen, facilitando el asesinato de numerosos refugiados.

Fueron los más beneficiados por los saqueos, pues a cambio de los “saboteadores” a los que entregaban podían quedarse la “propiedad” de éstos, incluyendo a las mujeres como parte del botín. Por otro lado, sin embargo, numerosos testigos confirman que algún jash les ayudó a escapar, les escondió o les avisó del peligro inminente.

Algunos confirman haber sido rescatados por los mismos jash que les capturaron, lo que confirma que en muchos casos los paramilitares se habían creído las mentiras que difundían. El momento crítico solía ser su paso por algún centro de detención, al ver el estado de los prisioneros y cómo se separaba a los hombres de las mujeres y los niños. Este papel errático de los paramilitares kurdos al servicio de Bagdad fue una constante a lo largo de todo al-Anfal.

Los civiles capturados eran reunidos en condiciones terribles en determinados puntos de la región, generalmente en pueblos cercanos a las carreteras. Desde allí eran transportados en camiones a distintas bases militares.

En la población de Chamchamal, una revuelta por parte de los habitantes, animados por los jash, consiguió liberar a varias decenas de prisioneros, que sin embargo fueron posteriormente cazados por los Amn –la policía secreta iraquí– y ejecutados.

En general, a lo largo de toda la campaña, los hombres y niños capturados de edades entre 14 y 50 años pasaban algunos días en una base militar y luego eran llevados a lugares desconocidos y fusilados. Las mujeres y los niños pequeños sufrieron toda clase de destinos: a veces eran abandonados lejos de sus casas y sin recursos.

Otras veces fueron reasentados en zonas controladas por el gobierno en estado deplorable, sin poder cubrir sus necesidades básicas y, anecdóticamente, en poblaciones grandes controladas por el ejército. Miles de mujeres desaparecieron de las celdas en las que las internaron –principalmente en la base de Dibs– y no se sabe qué fue de ellas. Los recién nacidos no solían sobrevivir a las condiciones de escasez en las que se encontraban sus madres.

Fechas y zonas afectadas por la campaña de al-Anfal contra la población kurda de Irak.
Fechas y zonas afectadas por la campaña de al-Anfal contra la población kurda de Irak. Fuente: Fanack - bajo CC BY 4.0

La mayoría de los ancianos y algunas mujeres y niños fueron llevados a una fortaleza en el desierto, cerca de la frontera saudí. Las epidemias provocadas por el agua contaminada, la pobre alimentación y la imposibilidad de acceder a medicinas acabaron matando a cientos de ellos. Como en todos los crímenes de masa, existió un componente de género muy marcado en la violencia ejercida por el gobierno, y la violencia sexual persiguió a las mujeres durante todo al-Anfal.

Por otro lado, al-Anfal también se demostró como una campaña tremendamente dependiente de la compleja burocracia militar iraquí. Irak, que ya era conocido por guardar ingentes cantidades de informes –se lo conocía como “la Prusia de Oriente Medio”– ha dejado documentos que registran cada paso que daba cada unidad del ejército, lo cual ha permitido a los investigadores estudiar con detenimiento todas las operaciones.

Para la población, esto significó que, si bien en las “áreas prohibidas” existía una total suspensión de los Derechos Fundamentales, en las grandes ciudades podían encontrar refugio al menos de manera parcial. Éstas no estaban directamente amenazadas, pues al-Anfal buscaba exterminar a la población kurda rural, no la urbana, aunque la policía secreta peinó distintas urbes en busca de refugiados que hubieran huido de las “áreas prohibidas” atacadas.

Dentro de la región de Germian, la zona sur fue claramente la más afectada. En el norte muchos civiles consiguieron alcanzar Kirkuk o alguna otra ciudad y fundirse con la población civil, y las mujeres y los niños desaparecidos no alcanzan, ni mucho menos, las cifras de las víctimas del sur de la región. Human Rights Watch (HRW) calcula que solo en esta área se produjeron al menos 10.000 muertes entre los civiles durante o a causa de Anfal 3.

Anfal 4

La retirada de la PUK fue relativamente ordenada, a pesar de las graves pérdidas sufridas y del caos generado por la operación militar iraquí. Una de las columnas de la guerrilla se retiró hacia el norte, escoltando a grupos de civiles, hasta el Bajo Zab, y una de las ciudades por las que pasaron –tenía en torno a 500 casas– fue Goktapa.

El 3 de mayo, desde allí no se pudo observar el bombardeo con armas químicas que se produjo en el vecino pueblo de Askar, con el que daba inicio Anfal 4. Bien entrado ya el mes de Ramadán, la campaña de exterminio de Bagdad se desplazaba hacia el norte.

El viento, la tarde de aquel día, empujó al gas que, desde Askar, alcanzó a la propia Goktapa. HRW calcula que el ataque produjo 154 muertes, aunque los lugareños elevan la cifra hasta 300.

Pocos días después, el pueblo fue arrasado por las tropas de tierra. Se mantuvieron los procedimientos inaugurados con Anfal 3 y el escenario de operaciones acabó abarcando el Bajo Zab, en cuyas aguas se bañaba Goktapa y toda la zona kurda al oeste del lago Dukan y al sur de la ciudad de Erbil.

Sin embargo, la zona más afectada fue sin duda la ribera del río. Por otro lado, la operación encontró más resistencia que en Anfal 3, y algunos puestos de peshmerga aguantaron durante meses antes de caer en manos gubernamentales.

Anfal 5, 6 y 7

En el valle de Balisan, al norte del lago Dukan, se encontraban unos importantes cuarteles de la PUK, hacia donde muchos peshmerga se habían ido retirando. Allí, el alto mando de la guerrilla, que sabía que al-Anfal se estaba acercando, acumuló suministros y preparó la defensa.

Por otro lado, buena parte de la población había dejado Balisan y los valles cercanos ya desde los ataques con armas químicas la primavera anterior, así que los pershmerga no tenían que responsabilizarse de la población civil.

Sin embargo, Anfal 5 comenzó con un bombardeo con armas químicas contra un pueblo sin peshmerga, uno de los pocos que confiaba en evitar la ira del gobierno por su escaso valor estratégico. Así, la operación comenzó el 15 de mayo, mientras los aldeanos se afanaban en preparar la fiesta de la ruptura del ayuno, el fin del Ramadán.

Tras una semana de calma, Balisan y los valles de los alrededores volvieron a ser bombardeados, pero esta vez de manera ininterrumpida y, de nuevo, con un uso extensivo de armas químicas. Hacia el 23 de mayo, las tropas de tierra entraban en el valle. Los civiles, sin embargo, habían abandonado casi todos los pueblos y muchos de ellos encontraron un refugio en las montañas o un camino abierto hasta Irán.

Para ampliar: La guerra entre Irán e Irak: los orígenes del conflicto que desangró Oriente Medio

El avance de las tropas de tierra fue frenado por la PUK. Reorganizada, la guerrilla se mantuvo meses peleando y bloqueando al ejército que trataba de penetrar en los valles. El terreno montañoso permitió a los peshmerga sobrellevar la muy superior potencia de fuego enemiga y Anfal 5 concluyó estancada, ahora sí, porque las fuerzas kurdas resistían.

La obstinada defensa del PUK acabó disuadiendo al gobierno de la implementación de Anfal 6, ya hacia el 7 de junio. Además, en ese momento se produjo un frágil alto el fuego por la visita de Jalal Talabani –líder de la PUK– a Estados Unidos, en lo que aparentó ser el fin de las operaciones militares en el Kurdistán.

A finales de junio, Saddam Hussein en persona trató de forzar otra operación en la zona, pero de nuevo la resistencia de la PUK obligó a los altos mandos de iraquíes a paralizarla.

Sin embargo, la situación cambió de forma repentina. Irán, inmerso en una guerra abierta con Irak e ignorando el acuerdo firmado con la PUK dos años antes –según el cual ninguna de las dos partes negociaría con Bagdad sin la otra–, se mostró dispuesto ante las Naciones Unidas a alcanzar un armisticio con Saddam Hussein.

El alto mando de la PUK reconoció que la situación era insostenible y ordenó la evacuación de los últimos civiles, cuya retirada fue cubierta por los peshmerga. Aun así, muchos se entregaron al ejército confiando en las amnistías anunciadas por los jash desde altavoces, amnistías que nunca se materializaron. La PUK se retiraba y sus territorios pasaban a manos del gobierno.

Anfal Final

El 8 de agosto, Irán aceptó un alto el fuego en los términos exigidos por Irak. Bagdad podía, por fin, usar a las tropas implicadas en el frente iraní, especialmente en el sur, para acabar con las unidades de peshmerga que seguían resistiendo a Anfal 4 y para dirigirse contra el Partido Democrático del Kurdistán (KDP) –la otra gran guerrilla– y contra los civiles kurdos de la provincia de Duhok. La composición marcadamente tribal del KDP y su base social hizo que al-Anfal aquí fuera distinto. 

Jash de distintos pueblos fueron capaces de convencer a los altos mandos de que uno u otro pueblo carecían de simpatías peshmerga, y estos, en general y comparativamente, fueron respetados.

Según HRW, el KDP contaba con entre 2.600 y 6.000 combatientes en aquel momento. Ante ellos, Ali Hassan desplegó a 200.000 soldados, sin contar a los jash, la fuerza aérea y el Batallón de Armas Químicas.

Además, se establecieron protocolos para evitar que la operación transcendiera ante la opinión pública internacional debido a la cercanía de la frontera turca. También se programó la destrucción de entre 300 y 400 pueblos en Badinan, que iba a ser el principal teatro de operaciones. A medida que acababa el mes, los bombardeos preparatorios sobre la zona objetivo se intensificaron.

Para ampliar: La ONU contra Irak: historia del desmantelamiento de un país

El área, bloqueada económicamente por Bagdad, también era objeto de incursiones aéreas de Turquía, que buscaba destruir células del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que operaba principalmente dentro de sus fronteras pero que tenía bases en Irak. A pesar de las anteriores operaciones llevadas a cabo por el ejército iraquí a lo largo del año, tanto los civiles como el KDP estaban desprevenidos.

El 25 de agosto, al-Anfal llegó a Badinan con un bombardeo extensivo con armas químicas que afectó a 49 pueblos. El 27, la infantería no sólo asaltó las poblaciones, sino que trató de cerrar la frontera con Turquía, capturando a los que se acercaban.

El ataque aéreo masivo ya había hundido la moral de los peshmerga, que en muchos casos abandonaron sus puestos para tratar de llevar a sus familias a Turquía. El propio alto mando del KDP emitió un comunicado ordenando la retirada.

La resistencia sólo se organizó, con extremada dificultad y poca eficacia, para tratar de ganar tiempo y cubrir la huida de los civiles. A pesar de los intentos de los militares por cortar el camino a la población aterrorizada, decenas de miles llegaron a Turquía.

Algunos aguantaron hasta la amnistía del 6 de septiembre en las montañas y muchos otros desaparecieron. Según distintas fuentes, entre 60.000 y 80.000 personas lograron cruzar hasta el país vecino, donde el gobierno, hostil a los kurdos en general, les permitió quedarse, pero les negó la condición de refugiados.

La matanza industrial de civiles kurdos en esta última fase de al-Anfal fue más eficiente. HRW consiguió contactar con tres hombres supervivientes de Anfal 3, pero de entre los capturados en Badinan no parece haber sobrevivido ningún varón. Además, en esta última fase, se registraron distintos fusilamientos de civiles varones de entre 14 y 50 años in situ, sin el previo arresto e interrogatorio que acostumbraban las anteriores Anfal.

Mural en Akre en recuerdo de los kurdos que abandonaron Irak como consecuencia de la campaña de al-Anfal.
Mural en Akre en recuerdo de los kurdos que abandonaron Irak como consecuencia de la campaña de al-Anfal. Fuente: Levi Clancy - bajo CC BY-SA 4.0

Se calcula que el ejército capturó a 13.395 “saboteadores”, la mayoría de los cuales fueron llevados al fuerte de Duhok, donde se separó a los individuos por sexo y se les hacinó, entre palizas y torturas, durante días.

También se les separó por religión, apartando a los yazidíes y a los cristianos asirios de los musulmanes. Los varones de entre 14 y 50 años fueron fusilados, mientras que el resto de los internos languideció en distintos centros de detención en condiciones extremas, con contadas excepciones.

El día 6 de septiembre se publicó una especie de amnistía general que molestó profundamente a al-Majdi. Se permitió a todos los kurdos que volvieran de Turquía o Irán reasentarse en lugares predefinidos por el gobierno, aunque solo si lo hacían dentro del plazo de un mes. De hecho, los retornados estuvieron sometidos a numerosas coacciones, y muchos se negaron a volver.

Más tarde, tras el levantamiento kurdo de 1991, otra oleada de civiles se reunió con los refugiados de al-Anfal fuera de las fronteras iraquíes. Además, la amnistía contaba también con un perverso giro argumental: solo los kurdos musulmanes podrían regresar.

Asirios, yazidíes y otros miembros de otras minorías fueron desaparecidos según volvieron a poner pie en su país. La amnistía pretendía dar el colofón a al-Anfal, habiendo consumado ya el exterminio de la población rural kurda y derrotada la guerrilla.

El resultado de al-Anfal

Los investigadores no han alcanzado un consenso sobre el número de víctimas de al-Anfal. Las estimaciones oscilan entre las 70.000 y las más de 180.000 personas que calcula el gobierno kurdo de Erbil, pasando por las 100.000 reconocidas por Ali Hassan al-Majid.

Halabja, con su memorial, es posiblemente el símbolo más reconocido de lo que sufrieron los kurdos durante la campaña de al-Anfal. Sin embargo, los recuerdos siguen presentes en toda aquella tierra en la que, pese a todo, muchos continúan viviendo: el fuerte de Duhok, la base militar de Topzawa o las numerosas ruinas repartidas por las llanuras de Germian.

En 2006 Saddam Hussein fue ahorcado por sus crímenes contra la población árabe chií de Irak, antes de ser juzgado por los que cometió contra la kurda. Poco después, Ali Hassan al-Majid fue condenado a muerte por la campaña al-Anfal. Su ejecución fue postergada porque Jalal Talabani, que en ese momento presidía Irak, se negó a firmar la sentencia de muerte debido a su rechazo de la pena capital.

Aunque al-Majid, al que los kurdos llaman “Alí el Químico”, fuera finalmente ejecutado, las heridas siguen abiertas. Las patologías derivadas de los ataques con armas químicas, las mutilaciones y el dolor por los familiares y amigos perdidos permanecen presentes en muchos de los supervivientes de aquellos acontecimientos.

Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€

Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.