
Bulgaria presenció el 19 de enero algo que nunca había sucedido antes: un presidente en ejercicio dimitió para saltar a la arena política. Rumen Radev, que ha estado dirigiendo el país desde la oficina presidencial durante casi una década, renunció pasando las riendas a la vicepresidenta Iliana Yotova.
En su discurso de despedida, declaró: “Me gustaría primero pedir perdón. El tiempo ha puesto a prueba vuestra confianza.” A un año de terminar su segundo y último mandato, a Radev todavía le queda vida en la política búlgara, siendo una de las figuras con mejores índices de popularidad.
La presidencia de Rumen Radev ha estado dominada por una larga crisis, con siete elecciones adelantadas a raíz de las masivas protestas anticorrupción organizadas en 2020 contra el gobierno del tres veces primer ministro Boyko Borissov, del partido Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB). Esto ha hecho que su cargo, principalmente simbólico, haya pasado a tener un peso descomunal en las decisiones del país.
En su mandato nombró siete gobiernos provisionales, más que cualquier presidente desde 1990. También vetó la legislación 46 veces, otro récord en la historia moderna de Bulgaria.
Radev construyó su marca política sobre una cosa por encima de todo: luchar contra la corrupción. Y no solo hablaba de ello, sino que perseguía a los grandes nombres. De hecho, no tuvo reparo en romper con sus antiguos socios, del Partido Socialista Búlgaro (BSP), que le llevaron a la presidencia en 2016.
Cuando el BSP formó un gobierno de coalición con el centro-derecha GERB, cuyo líder, Boyko Borissov, había sido señalado por el presidente como el rostro del problema oligárquico de Bulgaria, Radev no ocultó su malestar.
Condenó públicamente al BSP por renunciar a sus principios y sumarse a lo que consideraba una coalición corrupta del establishment. Esto le ha granjeado una importante reputación que ahora piensa capitalizar.
Las próximas elecciones, que deberían celebrarse a finales de marzo o principios de abril, siguen a la mayor ola de protestas en la historia reciente de Bulgaria, que en diciembre derrocó inesperadamente al gobierno de coalición formado por GERB, el nacionalista Existe Tal Pueblo (ITN) y el BSP, con el respaldo de Nuevo Comienzo, la formación del oligarca internacionalmente sancionado Delyan Peevski.
En su discurso, Radev expresó apoyo a las protestas, enmarcando su renuncia como una respuesta a un “modelo de gobierno corrupto” y una oligarquía arraigada que ha contribuido a la desconexión política generalizada. Su entrada generara un cambio en el mapa político del país.
Se espera que con su discurso anticorrupción, nacionalista y crítico con la dirección antirusa de la Unión Europea y la OTAN ocupe el espacio que hasta ahora han dominado los partidos nacionalistas y prorusos, que han crecido enormemente con el ciclo permanente de elecciones. Especialmente afectado podría verse el partido Renacimiento, pudiendo Radev absorber o neutralizar el espacio actualmente ocupa esa formación.
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