
François Bayrou, primer ministro de Francia, le ha conseguido robar unos meses a la muerte. La muerte de su ejecutivo, evitando sufrir el mismo destino que su antecesor Michel Barnier, quien perdió el ultimátum a los presupuestos.
Bayrou ha usado la misma carta, una aprobación mediante el artículo 49, párrafo tercero, de la Constitución Francesa (49.3), que permite al gobierno adoptar una ley de presupuestos o reformas de la seguridad social sin la necesidad del voto del legislativo. Y ha funcionado. A quien debe agradecer Bayrou este bote salvavidas es al Partido Socialista (PS) y a Reagrupamiento Nacional (RN). Cada uno con sus razones.
El PS hace equilibrios con Bayrou
Los socialistas deciden no pulsar de nuevo el botón nuclear y apartan la vista de lo que ellos declaraban hace un mes como “concesiones remarcables”. En enero, la no revisión de la reforma de las pensiones o la adopción de los presupuestos mediante el 49.3 podían ser catalizadores de una moción de censura por parte de los socialistas –y resto de grupos de izquierda–, pero semanas de negociaciones después, donde François Hollande ha jugado un papel clave, la estabilidad es ahora la prioridad. Ni pensiones ni 49.3.
Y es que Olvier Faure, secretario general del PS, navega en aguas turbulentas con presiones de todos los lados posibles. Su partido hace poco que vuelve a sacar cabeza en las encuestas, especialmente desde la victoria –en la izquierda– de las elecciones europeas, pero con un cabeza de lista que es en verdad un outsider que no tiene ni el carnet del partido: Raphaël Glucksmann. Pero las cosas iban bien.
Faure, del ala izquierda, timoneaba el partido hacia la recuperación del casi hundimiento de 2017 después de la época de François Hollande. En su posición, aliarse dentro la coalición de izquierdas del Nuevo Frente Popular (NFP) era la estrategia para evitar que RN se llevara no solo las europeas, sino las legislativas al tiempo que ganaba legitimidad entre los votantes de izquierda. Si bien el PS siempre ha mantenido tensiones con la Francia Insumisa (LFI), la oportunidad merecía hacer oídos sordos y darse la mano con un nuevo proyecto de izquierdas.
El resto de relato ya lo conocemos: Lucie Castets, candidata propuesta por el NFP no es nombrada primera ministra y Macron selecciona a Barnier, quien dura apenas tres meses en el cargo. Ahora, con Bayrou tendiendo la mano al PS, el espectro del pasado vuelve a cobrar fuerza.
Cuando el NFP se materializaba en poco más de una semana en junio de 2024, una figura histórica del PS salía de su retiro. Pero no para amenizar su jubilación política, sino para contrarrestar un miedo de algunos cuadros y la vieja guardia: que el partido vire demasiado hacia la izquierda. El expresidente François Hollande se presentaba candidato a la Asamblea Nacional, atrayendo el foco mediático como única voz autorizada para hacer contrapeso al secretario general.
Nadie en el partido osaría negar a su exlíder y antiguo Gran Patrón de la Legión de Honor presentarse como diputado; y Olivier Faure lo sabe. En este escenario, la próxima primavera Faure podrá su cargo a disposición de los militantes. Un congreso general que deberá decidir quién será el futuro secretario general y qué rumbo tomará el partido. Y viendo que su puesto puede estar en juego, Faure está jugando a dos bandas.
Puede forzar la posición de izquierda y arriesgarse a perder su cargo o puede quedarse con esta posición de “centrismo de Estado” y perder votantes. Sin embargo, los próximos comicios no serán hasta 2026, y al tratarse de elecciones locales, el peso de la política nacional quedará en un segundo plano frente a la influencia de los candidatos en sus territorios.
Hollande no va a volverse a presentar, pues su quinquenato no dejó buen sabor de boca a nadie, pero fuguras como Glucksmann o el alcalde de Saint-Denis, Karim Bouamrane, pueden ser quienes representen ese sector de derecha del partido.
Por ahora, el PS dejará que se aprueben los presupuestos y se encargará que esta vez haya disciplina de voto (negativa) en la moción de censura presentada por LFI. Asimismo, también parece que quiere presentar una moción de censura –que salvo rara excepción no pasará– para mostrar su descontento con ciertas palabras o movimientos del gobierno, aunque parece más una coartada para salvar su imagen ante los militantes.
Tensiones dentro el Nuevo Frente Popular
A la izquierda, Jean-Luc Mélenchon escribe en su blog que el NFP se reduce a un partido. Evidentemente, el suyo: La Francia Insumisa. Pero si bien ecologistas y comunistas van a votar con LFI la moción en contra del gobierno de François Bayrou, mediáticamente, la lucha por el espacio de la izquierda continúa siendo entre el PS y LFI.
La semana pasada, Louis Boyard, una de las figuras más importantes de los insumisos, perdió en segunda vuelta en las elecciones locales de Villeneuve Saint Georges. Una población sumida a nuevos comicios por la dimisión en bloque del grupo municipal después que su alcalde realizara un saludo nazi en pleno consejo.
No obstante, esta derrota puede atribuirse a la desunión de grupos de izquierda, donde el PS rechazó la fusión debido a la presencia de un candidato, Mohammed Ben Yakhlef, por apoyar a Hamas, según dicen, con el siguiente tweet: "Vergüenza para Francia, la cual osa de calificar la resistencia palestina de terrorista. La resistencia responde al terrorismo de Estado del Estado sionista. Francia es cómplice del genocidio de los palestinos".
Aunque solo sea una derrota en una villa de 36.000 habitantes, esta experiencia ha sido el traslado a un pueblo las intenciones y discrepancias que se viven nacionalmente. Una división del NFP a cualquier nivel y a cualquier precio, pero que sigue manteniéndose con vida, aunque no se sabe por cuanto tiempo.
RN y su giro a la “estabilidad”
Cuando se trata de ser más simpáticos con el macronismo, Jordan Bardella es la figura que trae las nuevas del partido. RN tampoco votará la moción de censura contra François Bayrou para evitar “una inestabilidad que puede instalarse en el tiempo” sin recordar que ellos formaron parte de los actores que echaron a Barnier hace dos meses.
Si en su momento Marine Le Pen sacaba pecho de la censura de Barnier y quería mostrar cómo ellos también podían poner al gobierno entre las cuerdas, parece que han vuelto las paces entre Le Pen y Emmanuel Macron.
Por ahora, el macronismo no ha hecho grandes concesiones a RN, pero no sería sorprendente que en los próximos meses del gobierno de François Bayrou emergieran proyectos de ley alineados con la línea dura del ministro del Interior, Bruno Retailleau, y, en consecuencia, con las posturas de Reagrupamiento Nacional.
No debemos olvidar que, a partir de junio, Macron puede volver a disolver la Asamblea Nacional, volviendo a mezclar así las cartas del juego, pero sin saber exactamente quién será el principal perdedor. Y hasta que eso pase, François Bayrou queda al frente de la dirección política nacional. Unos meses más de vida, salvo que algo descarrile antes.
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