
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha sido nombrado por Donald Trump como administrador interino de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Este organismo federal se encuentra sometido a un campaña de desprestigio por parte del nuevo gabinete republicano y sus aliados, tanto internos como externos, que podría, según algunos reportes, llevar a su desaparición en el futuro próximo y a la absorción de sus funciones por el Departamento de Estado.
Este último anuncio de la administración Trump sobre la USAID llega tan solo dos semanas después de que, mediante una orden ejecutiva, la Casa Blanca congelara durante 90 días casi toda la ayuda al extranjero. Desde entonces, se han producido múltiples despidos de trabajadores de la entidad, su página web ha dejado de estar operativa y en el portal del Departamento de Estado ha aparecido una nueva sección que proporciona información sobre el trabajo de la agencia.
La historia de la USAID
La USAID es el organismo del gobierno estadounidense encargado de administrar la ayuda exterior civil. Desde su creación, ha desempeñado un papel notable en la implementación de la política exterior de Estados Unidos, canalizando recursos a “países en conflicto” y otros “países estratégicamente relevantes” que enfrentan retos sociales de diversa índole.
La fundación de USAID se remonta al 3 de noviembre de 1961, cuando el presidente John F. Kennedy firmó una orden ejecutiva para fusionar varias agencias y programas de asistencia ya existentes bajo un solo organismo. Esta decisión se sustentó en la convicción de que, en el marco de la Guerra Fría, la ayuda exterior debía estar más coordinada, ser más efectiva y mantenerse coherente con los objetivos diplomáticos del país.
Los dos grandes pilares mediante los que se justificaba esta decisión política serían, por un lado, la necesidad de contrarrestar la influencia soviética en distintas zonas del mundo y, por otro, la creencia de que, al impulsar el crecimiento en países en desarrollo, se forjarían o reforzarían alianzas estratégicas, difundiendo al mismo tiempo la visión liberal-democrática norteamericana.
Las funciones principales de la USAID han sido el diseño, financiación y supervisión de programas de cooperación al desarrollo, así como la promoción de la democracia liberal y una agenda de derechos humanos acorde a la visión estadounidense. La entidad apoya un gran número de proyectos subvencionando, proporcionando asistencia técnica y transfiriendo conocimientos a instituciones locales repartidas por todo el globo.
El alcance de la USAID se ha visto reflejado en los efectos de la congelación de sus actividades, puesto que esta medida ha tenido eco en prácticamente todas las regiones del globo, abarcando desde desde Europa y Oriente Medio hasta Oceanía.
Críticas y controversias
Más allá de las funciones principales y oficiales, encontramos que la USAID ha estado en el centro de múltiples controversias. Se han denunciado numerosos casos de ineficiencia, corrupción y falta de transparencia que ponen en duda la efectividad de sus intervenciones. Estas críticas se encuentran en el centro de la campaña de desprestigio de la nueva administración de Estados Unidos, que acusa a la USAID de “insubordinación” y de “haberse desviado de su misión original”.
Sin embargo, las principales críticas a la agencia a lo largo de su historia han girado en torno a la idea de que la USAID es, antes que un programa de ayuda al desarrollo, un instrumento de la política exterior estadounidense que prioriza los intereses estratégicos nacionales sobre las necesidades reales de las poblaciones beneficiarias de sus programas. Una muestra de ello lo tendríamos en los diversos informes que señalan cómo los programas de la USAID han estado detrás de cambios en la política interna de distintos países para alinearla con los intereses de Washington.
La USAID, sin embargo, no ha sido acusada tan solo de ser una influencia pasiva sino de, en múltiples ocasiones, apoyar directamente iniciativas que buscan desestabilizar gobiernos hostiles a Estados Unidos bajo el pretexto de promover la democracia. Ejemplos notorios incluyen el financiamiento de grupos opositores en Venezuela, donde la USAID ha canalizado recursos a organizaciones que buscan el derrocamiento del gobierno, o su rol en Cuba, donde ha respaldado proyectos encubiertos como ZunZuneo, una red social secreta diseñada para incitar protestas antigubernamentales.
También se han documentado acciones de este estilo en Bolivia, donde se acusó a la agencia de financiar organizaciones que promovían la desestabilización del gobierno de Evo Morales llevando a su expulsión del país en 2013, o en Nicaragua, donde ha sido señalada por financiar a grupos opositores y movimientos que contribuyeron a las protestas de 2018.
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