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París 2024: esplendor olímpico y la sombra del descontento

Los anillos olímpicos frente a la Torre Eiffel por motivo de los Juegos Olímpicos París 2024.
Los anillos olímpicos frente a la Torre Eiffel por motivo de los Juegos Olímpicos París 2024.

Hace siete años, Hamburgo, Roma, Budapest y Boston, inicialmente candidatas para albergar los Juegos Olímpicos de 2024, desistieron de sus postulaciones. Solo París y Los Ángeles se mantuvieron. Entonces, el Comité Olímpico Internacional (COI), ante la posibilidad de que en futuras convocatorias se presenten pocas ciudades o ninguna, decidió asignar dos ediciones de manera simultánea: la de este año a la capital francesa y la de 2028 a urbe estadounidense.

En las últimas décadas, los sobrecostes de construir todas las instalaciones necesarias –en aumento con la introducción de nuevas disciplinas olímpicas–, comparado con el retorno económico real, han desanimado a muchas ciudades a ser sede de los Juegos Olímpicos debido a la preocupación existente de generar un agujero en sus presupuestos.

Y aunque Anne Hidalgo, la alcaldesa de París, y Emmanuel Macron, el presidente galo, están orgullosos de París 2024, sus opositores políticos y una parte relevante de la ciudadanía no comparten la misma visión. Para algunos, los juegos representan un infierno, y no solo económico.

El desalojo y la limpieza “social” de los juegos

Los Juegos Olímpicos muchas veces vienen acompañados de la construcción de nuevas infraestructuras que, generalmente, se levantan en barrios populares. Como en Barcelona 92, la apertura de la ciudad al mar –dividida por una línea de tren y varias zonas de “barracas” en la montaña olímpica de Montjuïc– provocó un desplazamiento social. Sin duda, una de las caras más ocultas de este inmenso evento deportivo. París iba a ser distinto, pero desde hace semanas que se ven a menos sintecho en la capital francesa.

La villa ha organizado los Juegos Olímpicos con un presupuesto más humilde, utilizando infraestructura ya existente y construyendo otras temporales en sitios emblemáticos. En este contexto, la “reutilización” se presenta como un elemento clave. Poca infraestructura permanente se ha planificado en comparación con otras ciudades, pero París 2024 también ha querido hacer un evento memorable. Durante la ceremonia de apertura de la XXXIII edición de los Juegos Olímpicos, 180 barcos han circulado por el río Sena –no sin polémica–, desde el Puente de Austerlitz hasta el Trocadéro.

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Estas zonas, sin embargo, acostumbraban a dar cobijo a los más desfavorecidos. En todo el trayecto del Sena y sus canales, se agrupaban varios pequeños campamentos de sintecho, especialmente bajo los puentes. Y para París 2024, aunque la ministra de Deportes, Amélie Oudéa-Castéra, dijera que “[los desalojos] no tienen ninguna relación con los Juegos Olímpicos y Paralímpicos”, el aumento de desalojos, en especial cerca de zonas afectadas, sugieren todo lo contrario.

Uno de los modos para “invitar” a los sintecho parisinos a irse de la villa era “ofreciéndoles” subir a un bus, sin saber su destino más allá de que se alejaban de la urbe. En referencia a ello, en una entrevista al Le Nouvel Obs, Mauel Domergue, director de estudio de la fundación Abbé Pierre por los sin hogar, relataba que “cuando un campamento es desmantelado por la policía, se hace montar a las personas en buses que los llevan a sitios de los que ellos no conocen ni el nombre. Cuando 200 policías te rodean, haces lo que te dicen. Eso no es verdaderamente lo que llamamos una decisión informada y clara”.

Estos campamentos se ubicaban en varios puntos de los quais del Sena –andenes o paseos al lado del río–. Especialmente bajo los puentes, se encontraban colonias de personas sin hogar que malvivían en tiendas de campaña o a la intemperie.

Para poder asegurar las plazas de cara la ceremonia de los Juegos Olímpicos, que se desarrolló en el propio río, la policía tuvo que desmantelar dichos campamentos, llevándose todo el material que los residentes informales habían dejado. En muchos lugares, han colocado bloques de hormigón o rocas para evitar que vuelvan. Esta medida tampoco es exclusiva de las zonas afectadas por la ceremonia de apertura. En el canal de Saint Martin, que conecta con el Sena, varios campamentos han sido desalojados para, presuntamente, evitar dar una mala imagen durante el evento.

Según la entidad Le reverse de la Medaille, solo el 35.3% de los desalojos contaban con una alternativa de alojamiento, aunque generalmente temporal. Además, estos han sido practicados con poco tiempo de antelación, dejando a los afectados sin alternativas. Un total de 12.500 personas han sido expulsadas durante el año previo de los juegos, 3.400 de ellas menores.

Otros de los grandes afectados por estos Juegos Olímpicos han sido los estudiantes. Con el objetivo de alojar a los agentes de policía y bomberos desplegados para reforzar la seguridad, el Estado ha echado mano de residencias estudiantiles. El CROUS –organismo público que gestiona las residencias, restauración y ayudas a los estudiantes universitarios– ha relocalizado a los estudiantes que siguen residiendo durante el verano, incluso en periodos de exámenes, de sus apartamentos a residencias de otros campus no pertenecientes a sus centros de estudio. Una vez la polémica salió a la luz, el CROUS decidió compensar dicho desalojo con 100 euros y dos entradas de los juegos para los afectados.

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Irónicamente, hace unas semanas, diversos policías se quejaron en redes sociales de que algunas de estas residencias se encontraban en estados deplorables o infectados de insectos. Menos de 24 horas después, la prefectura de policía envió a equipos de desinfección y ofreció otros emplazamientos para albergarse en los suburbios a aquellos que lo prefieran.

Varios colectivos estudiantiles se han quejado de como dicha insalubridad era un problema ya existente, pero que ha sido ignorado hasta que los policías se han quejado. Todo ello, después de haber expulsado a los estudiantes, que ven como sus departamentos vuelven a quedar vacíos. Uno de los sindicatos más importantes, la Nueva Unión Estudiantil, resume el problema con la siguiente pregunta: “¿2,000 estudiantes se han mudado para nada?

Bañarse en el Sena, otra vez

En 1995, después de ganar las elecciones presidenciales, Jaques Chirac prometía que haría el Sena “bañable” en tres años y que se bañaría para demostrarlo. Al final de su mandato, el río seguía estando cerrado al público.

Desde 1923, el Sena fue clausurado a los ciudadanos por razones de salud pública. Actualmente, en París, alrededor de 23.000 residencias desechan sus aguas usadas al circuito de aguas pluviales de la urbe y no al alcantarillado. Además, en caso de fuertes lluvias, los dos sistemas, que están conectados, se pueden mezclar para evitar la saturación, lanzando al Sena y al río Marne aguas sucias sin ser depuradas.

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No obstante, en vistas de los Juegos Olímpicos, la alcaldesa de París y el presidente francés sumaron esfuerzos para revertir esta situación y abrir el acceso al río como en otras ciudades europeas. Más aún, usar el Sena para ciertas pruebas de natación en mar abierto durante el evento. Y más de 1.000 millones de euros después, el Sena es bañable. Más o menos.

En las últimas semanas hemos podido ver cómo la ministra de Deportes, seguida de la alcaldesa parisina y el director del comité de organización de los juegos, Tony Estanguet, se bañaron vestidos con neoprenos para “demostrar” que el Sena es bañable. Sin embargo, la realidad es que aún no se puede.

Según una directiva europea aprobada en 2006, para poder ser “bañables”, las aguas deben presentar una calidad suficiente durante “cuatro temporadas balnearias”. Y el Sena aún no ha llegado a dicha cifra. De hecho, los equipos de control de la salubridad del río galo establecen en sus informes que, en la semana anterior al inicio de los Juegos Olímpicos, los estándares de calidad se han cumplido 6 de 7 días en la zona donde se van a llevar a cabo pruebas olímpicas.

Anne Hidalgo, alcaldesa de París, se baña en el río Sena días antes de la celebración de los Juegos Olímpicos.
Anne Hidalgo, alcaldesa de París, se baña en el río Sena días antes de la celebración de los Juegos Olímpicos.

Con la intención de marcar la efeméride, Hidalgo invitó a Macron para bañarse juntos el 23 de junio. Pero, después de la convocatoria de elecciones legislativas, el acto se aplazó y el presidente simplemente desistió. Además, surgió un movimiento en redes con motivo de dicho baño. El hashtag JeChieDansLaSeine –Yo cago en el Sena– se convirtió en una protesta irónica, cuyo objetivo era que ambos dirigentes se bañaran rodeados de las defecaciones de sus ciudadanos. Una página web fue creada para calcular el punto idóneo donde defecar para que llegara a la hora adecuada al lugar adecuado.

Al final, con el aplazamiento, el movimiento contestatario se diluyó, como residuo lanzado al río. Aun así, el día del baño de la alcaldesa, los niveles de E. Coli eran superiores a los máximos permitidos.

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Fuera de la protesta, el prefecto de París, Laurent Nunez, ha anunciado que no hay un “plan B” para las pruebas olímpicas. En condiciones normales, el nivel de sedimentos y microorganismos en el río es estable, pero ante un temporal, este puede subir, haciendo el Sena no higiénico para los atletas. En este caso, sostiene Nunez, la prueba deberá aplazarse.

Más de 1.400 millones de euros después, la promesa de poder refrescarse en el Sena durante el verano no se plasmará, oficialmente, hasta 2025. El baño sigue prohibido bajo multa de 15 euros. Para los atletas –igual que el baño de la ministra o la alcaldesa– un decreto de la prefectura permitirá sobrepasar la prohibición, a la espera que las inspecciones del laboratorio no pidan lo contrario.

Moverse por París sin morir en el intento

Conducir en la capital puede resultar una pesadilla, pero durante los Juegos Olímpicos será prácticamente imposible. Con el objetivo de mitigar el inconveniente, la región ha implementado una serie de medidas para ofrecer un transporte público a la altura de las circunstancias. París cuenta con una de las redes de transporte público más usadas de toda Europa y el mundo. 34,6 millones de desplazamientos se realizan cada día en la vasta red que vertebra la región Île-de-France que contiene toda la metrópoli parisina.

Desde hacía décadas, la ampliación o creación de nuevas líneas ha estado en la agenda de los responsables gubernamentales de la región y del gobierno. La ampliación de la línea E del Red Express Regional (RER) o de la línea 14 del metro hasta el aeropuerto de Orly –que movió 32 millones de pasajeros en 2023– han llegado pocas semanas antes de los Juegos Olímpicos, pero otras extensiones como las del Grand Paris Express –líneas de metro periféricas– siguen en construcción.

Durante las labores de construcción, siete personas han perdido la vida en accidentes de trabajo. Aún así, estos fallecimientos no se consideran relacionadas con los Juegos Olímpicos, a pesar de que las infraestructuras en las que trabajaban debían estar listas para París 2024. Eso es porque la empresa pública Solideo –creada para las instalaciones usadas en el evento deportivo– es la única a la que se podría imputar un deceso relacionado con los juegos y no ha registrado ninguno oficialmente. Los sindicatos destacan que en los sitios de construcción de Solideo había al menos un inspector de media.

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Por otro lado, el consorcio de los transportes de la región, IDF Mobilités, ha pedido a los operadores que aumenten la oferta durante París 2024. Con esto en mente, han abierto varias ofertas de trabajo en todos los tipos de transporte, pero muchas no han sido ocupadas. Por ello, la empresa de ferrocarril ha obligado a sus empleados, en especial los maquinistas, que pidan sus vacaciones antes o después de los Juegos Olímpicos. 

Tal acción origina una ausencia de efectivos que provoca la anulación de varios trenes. Asimismo, en los suburbios, algunos conductores han sido enviados a la capital sin reemplazo para sus puestos habituales, suprimiendo servicios sin previo aviso, como las frecuencias en la línea 9 de la zona Argenteuil-Boucle-de-Seine, al noreste de París.

Por último, para responder a este aumento de servicio y las primas pactadas con los sindicatos, el consorcio de transportes de la región, bajo la dirección de su presidenta Valérie Pécresse, anunció que doblaría los precios de los tickets y abonos. De 2,15 a 4 euros el billete sencillo. El de RER sube a 6 euros para todos los desplazamientos y los abonos de día o semana también duplican su precio. Ahora, el abono de una semana pasa de costar 30 a 70 euros.

En un intento de mitigar el impacto en los franciliens –ciudadanos de la región–, la medida se anunció con más de medio año de antelación para que quienes quisieran pudieran comprar los billetes antes del encarecimiento. Además, el incremento no afecta a los usuarios de los abonos mensuales o anuales.

El cierre de la ciudad

Para la gran apertura de los Juegos Olímpicos, París ha querido ser la excepción. Si estamos acostumbrados a ceremonias que se desarrollan en estadios, esta vez, ha sido un río quien ha acogido a las delegaciones. 180 barcos han navegado la porción central del Sena, desde el puente de Austerlitz hasta Trócadero. Para ello, han dispuesto de tribunas en todos los puentes de la ciudad y se han habilitado accesos en los quais.

Para mantener la seguridad de un acto de tales dimensiones, toda la zona de los alrededores del Sena y otros sitios emblemáticos han sido cerrados. En las áreas grises solo se puede entrar en posesión de un billete para los Juegos Olímpicos o un laissez-passer en forma de código QR para trabajadores o vecinos. En este contexto, tanto locales como turistas han visto cómo numerosos sitios emblemáticos de la ciudad –Trócadero, Concorde, la Torre Eiffel o el Museo de Orsay, entre otros– han estado cerrados en los días previos a la ceremonia. En efecto, el turismo se ha visto afectado.

La ciudad ha sido dividida en zonas grises –donde se realizan las pruebas olímpicas–, rojas –el acceso de vehículos está limitado a tener el pase QR– y azules –donde se desviarán vehículos, salvo que sus conductores tengan razones legítimas–. Por este motivo, se ha generado un fuerte efecto rechazo. Los hoteleros parisinos, por ejemplo, alertan que el número de reservas para esta época del año es muy inferior a la de las anteriores temporadas de verano.

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En vistas de un encarecimiento de precio, una saturación de la urbe y el cierre de varios monumentos, muchos turistas han decidido optar no pisar la capital francesa este año. Hasta la apertura de los Juegos Olímpicos, los hoteleros registran un 10% menos de reservas, lejos del “gran beneficio” económico que, en principio, debe traer un evento que pone a París en el foco del mundo durante semanas. 

Asimismo, fruto de la división y la limitación de paso decretada por las autoridades, los restaurantes ubicados dentro o cerca de las zonas grises y rojas han visto cómo el 80% de su clientela ha desaparecido por la imposibilidad de acceder por las vallas y los requisitos de acceso que rodean la ciudad. Como si fuera un muro, hay ciertas zonas de París que han cerrado de cara la ceremonia para controlar aquellos que poseen entrada, dificultando la vida de aquellos que viven y trabajan en la urbe.

Y para remediar los perjuicios económicos que la organización de los juegos están generando, el gobierno ya anunció en junio que crearía una comisión de indemnización, aunque dichos comerciantes no confían en recuperar el dinero que preven perder. 

Los juegos: un milagro económico para algunos

El COI, en su página web, expone que ser anfitrión de unos Juegos Olímpicos es una gran decisión económica. No obstante, la realidad difiere. Las ganancias de los espónsores y los tickets generados durante el evento no se reparten. Estos ingresos van dirigidos al organismo olímpico, el cual después decide cómo distribuir tal beneficio.

En general, se destinan a la organización de otros Juegos Olímpicos y sus organizaciones regionales y federaciones. Entonces, según el COI, el beneficio para el Estado anfitrión viene a través del impacto en las economías locales, con los servicios requeridos y el crecimiento de la demanda turística. Este retorno a la sociedad francesa se calcula en una horquilla de entre 6.700 y 11.100 millones de euros, pero es una estimación de un periodo de unos diez años, hasta 2034. 

Los anillos olímpicos en Tokio, sede de los anteriores Juegos Olímpicos.
Los anillos olímpicos en Tokio, sede de los anteriores Juegos Olímpicos. Fuente: Dick Thomas Johnson - bajo CC BY 2.0

Recordemos que el gasto previsto de los juegos es de 9.000 millones de euros, aunque poco menos de la mitad viene de manos privadas: el COI y otros espónsores particulares. La inversión del organismo olímpico para París 2024 es de 1.700 millones de euros. Es la cifra destinada a los costes de organización, como ventas, trabajadores, tecnología o servicios propios. Sin embargo, esta partida no cubre todas las inversiones de capital, las cuales realiza el Estado: residencias, estadios o transporte están completamente a cargo del contribuyente.

El COI se justifica sosteniendo que son “inversiones para el futuro del país”. Pero muchas de estas infraestructuras son impuestas por el comité para que puedan realizarse los juegos. El COI exige que el anfitrión se adapte a sus condiciones, lo que puede implicar altos costos o incluso cambios en la legislación interna. Por ejemplo, el regulador olímpico ha conseguido que el gobierno francés, mediante decreto, les permita no dar el descanso semanal mínimo de un día a los trabajadores que se encuentran en la producción audiovisual del evento. Si bien la medida declara que dicho festivo deberá ser recompensado después del período de la excepción, la permisividad muestra el poder de influencia del COI.

Otro de los “legados” que deja la organización de los Juegos Olímpicos es la seguridad. Este primer semestre de 2024, la delincuencia en la capital ha descendido. Con una mayor presencia policial y, ante la cercanía del evento deportivo, cierto es que el deseo del ministro del Interior de que “el trabajo de persecución y limpieza [de la delincuencia] sea una herencia de los juegos” se va a cumplir.

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Durante varias semanas, la capital estará sitiada por controles de seguridad y zonas inaccesibles a los ciudadanos, una privación de los espacios públicos a los propios vecinos. Para Macron e Hidalgo, la realización con éxito de París 2024 es de esas pocas victorias que les quedan. En una entrevista televisada, el presidente anunció que la idea de nombrar un primer ministro no llegará hasta después de los juegos. De este modo, el líder galo daba largas a Lucie Castets, la figura propuesta por el Nuevo Frente Popular (NFP). Macron prefiere que el o la candidata salga “de un frente parlamentario más grande […] que le permita tener estabilidad”. 

Con estas palabras, Macron se posiciona en contra del pacto no escrito de la cohabitación: el partido ganador propone candidato. Se hizo con François Mitterand y con Jacques Chirac. Pero si bien el jefe de Estado puede nombrar a quien quiera –como le garantiza el artículo 8 de la Constitución–, el no ceder a la voluntad de la Asamblea Nacional podría suponerle una moción de censura a su candidato.

Mitterand afirmaba en 1986 que “el presidente de la república nombra a quien quiera, naturalmente acorde a la voluntad popular”. Dentro de su libertad, se apostaba por el respeto de la voluntad de las urnas. Pero también es cierto que esa voluntad popular no es tan clara. Ningún grupo político tiene mayoría absoluta en la Asamblea Nacional y Macron va a usar esta situación para forzar un candidato a su gusto. Más centrista, más “republicano”.

En todo caso, hasta el final de París 2024, el gabinete dimisionario restará para cumplir sus funciones y, de cara septiembre, la pugna por el puesto de primer ministro y los presupuestos abrirán el próximo curso. Hasta el momento, Macron y Francia van a ser el centro mediático del mundo durante unos Juegos Olímpicos que, con el tiempo, se verá si han atendido a las expectativas que los franceses esperan.

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