26 años de zapatismo y los nuevos retos ante la llegada de López Obrador.

El pasado enero, se cumplieron 26 años del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en el estado de Chiapas (México). Las celebraciones en recuerdo de este acontecimiento sirvieron como demostración de que la insurgencia indígena en la selva Lacandona sigue muy viva y sus reivindicaciones de entonces, en contra de las desigualdades y en la construcción de un México que tenga en cuenta la diversidad de pueblos presentes en su territorio, siguen siendo las mismas.

El 1 de enero de 1994, el mismo día de entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre Estados Unidos, México y Canadá, un grupo de indígenas armados toma varias de las cabeceras municipales del Estado de Chiapas, enfrentándose durante varios días al ejército mexicano. Su resistencia, sorprendió al mundo al enfrentarse a un enemigo mucho mejor armado. Bajo las premisas de trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz, iniciarán desde entonces un largo recorrido de construcción de su autonomía con el objetivo de defender los derechos de los pueblos originarios, construir un nuevo modelo de nación basado en la democracia real, la libertad y la justicia y tejer una red de resistencias en todo el mundo en contra del neoliberalismo.

En 1996, se firman los denominados Acuerdos de San Andrés entre el gobierno mexicano y el EZLN. Estos, serán un punto de inflexión en las relaciones entre ambos. En él, se reconocían los derechos políticos, sociales, económicos y culturales de los pueblos originarios y se les otorgaba el poder de decisión sobre los recursos naturales en las tierras que ocupan, recursos que habían sido vendidos anteriormente a las mineras y grandes multinacionales en el TLCAN. Con el tiempo, se vio la nula intención gubernamental de implementar estos acuerdos, creando una profunda desconfianza entre el zapatismo hacia la posibilidad de llegar a ningún tipo de acuerdo con el sistema que ellos reconocen como opresor e iniciando desde entonces su propio sistema de autogobierno, que aún perdura en parte de las regiones de Los Altos y de la selva Lacandona.

En este contexto, se crean en 2003 los denominados “Caracoles” y sus respectivas Juntas de Buen Gobierno, que nacen como una forma más madura de los anteriormente denominados como “Aguascalientes”. Estos son considerados como las regiones administrativas en las que se divide el territorio zapatista. Nacen con la función de ser un nexo de unión entre las comunidades autónomas y la sociedad civil nacional e internacional que desde el principio apoyó el movimiento.


Entrada al Caracol zapatista de Morelia. Foto Nacho Ibáñez

En las Juntas de Buen Gobierno, se encontrarán los representantes de los diversos autodenominados Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas para la gestión interna de cada una de las comunidades y para la coordinación entre ellas. Esta acción, también trajo consigo la definitiva separación entre el órgano civil y el militar, ya que en opinión del EZLN, la gestión civil no puede estar nunca supeditada al poder de las armas, que desde entonces, los zapatistas sólo utilizaran para defenderse.

En la actualidad, aproximadamente un 27% de los habitantes de Chiapas forma parte de los 14 pueblos originarios de origen maya que según los datos oficiales viven en el Estado. Algunos de los más numerosos son los pueblos totzil, tzezal, tojolabal, chol, lacandon… En el total de México, se calcula que la población indígena ha pasado de un 30% a menos de un 8% del total de la población en menos de un siglo, y de estos, más del 70% vive bajo el umbral de la pobreza. Esta situación, deja bien claro que, 26 años después del levantamiento que logró colocar la problemática indígena en el centro del debate social en México y en el mundo, sigue sin resolverse y sin estar en la agenda de los sucesivos presidentes que han gobernado México desde entonces.

AMLO, la izquierda mexicana llega al poder

El 1 de julio de 2018, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) gana las elecciones federales y el político Andrés Manuel López Obrador (también conocido como AMLO) consigue la presidencia. Se trata de un hecho histórico en México, que por primera vez será gobernado por un presidente abiertamente de izquierdas. AMLO se convierte así en el sucesor en el cargo de Enrique Peña Nieto del Partido Revolucionario Institucional (PRI), partido gobernante en México de forma ininterrumpida desde 1930 hasta principios de siglo y que en las elecciones de 2018, cosechó los peores resultados de su historia.

En estas elecciones, el EZLN dio su apoyo a la candidata del Congreso Nacional Indígena (CNI), María de Jesús Patricio Martínez, más conocida como Marichuy. Mujer indígena de origen nahua, curandera tradicional y defensora de los derechos humanos no llegó a poder concurrir en estas elecciones al no conseguir las más de ochocientas mil firmas que el Instituto Nacional Electoral exige a los candidatos independientes para poder presentarse. Ante esta situación, las bases zapatistas decidieron no participar en el juego electoral. Sin embargo, esta situación creó un claro precedente en la historia de México, al presentarse por primera vez una mujer indígena y “vocera” del CNI como candidata.

El Congreso Nacional Indígena nace en 1996 auspiciado por el EZLN como espacio de encuentro para articular las luchas de todos los pueblos y comunidades indígenas de México. Su formación fue la respuesta zapatista a los desafortunados Acuerdos de San Andrés y su lema fue: “Nunca más un México sin nosotros”. Bajo este paraguas, el EZLN y el CNI deciden la creación de un Concejo Indígena de Gobierno que siga los preceptos de: servir y no servirse,construir y no destruir, obedecer y no mandar, proponer y no imponer, convencer y no vencer, bajar y no subir, representar y no suplantar, dejando claro así que su intención con la designación de Marichuy como candidata presidencial no tiene el objetivo de conseguir el poder sino el de colocar la lucha de los pueblos originarios en el centro del tablero político.

Como ya hemos comentado, Marichuy no consiguió las firmas necesarias para presentarse y AMLO fue el vencedor de las elecciones. Sin embargo, a pesar de ser un gobierno aparentemente más cercano a los postulados zapatistas, estos desconfían de sus intenciones reales y según sus palabras: “Nada más cambiamos de capataz”. Ya como presidente electo, AMLO aseguró que promovería la inclusión de los Acuerdos de San Andrés en la Constitución, lo que se ha dado a entender como un mensaje de diálogo hacia el EZLN. Pero es precisamente a raíz de esos acuerdos que se inicia la desconfianza hacia López Obrador. En 2001, cuando él era jefe de Gobierno del Distrito Federal, su partido, el PRD, hizo campaña en favor de una Ley Indígena muy diferente a lo acordado, lo que los zapatistas consideraron como una traición.


Fotografia de 1994 publicada recientemente por AMLO en el que se le ve posando junto al subcomandante Marcos.

Otro punto importante de desencuentro es la inclusión de Esteban Moctezuma Barragán en el gobierno como Secretario de Educación. Este es señalado por el EZLN como uno de los mayores traidores a su causa. En 1995, el gobierno de Ernesto Zedillo, a través de su Secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, llevó a cabo uno de los últimos intentos de acercamientos con los zapatistas. Este, se reunió en Chiapas con el vocero del EZLN, el subcomandante Marcos (hoy subcomandante Galeano) para conseguir una salida negociada al conflicto. A pesar de de que las conversaciones iban supuestamente por buen camino, el gobierno inició inmediatamente una operación militar a gran escala para capturar al subcomandante, del que hicieron pública su supuesta identidad, y al resto de la Comandancia.

La posición respecto al papel que debe tomar el gobierno frente a los zapatistas es ampliamente debatida dentro de Morena. Para algunos, es imprescindible un acercamiento como base para unos futuros acuerdos que satisfagan las necesidades de los pueblos originarios de México. Para otros, sin embargo, la única solución posible pasa por que el EZLN se incorpore a la vida política y defienda sus reivindicaciones a través del sistema parlamentario participando en las elecciones.

Los zapatistas se oponen a los “megaproyectos” de AMLO

Sin duda, uno de los mayores desencuentros entre el EZLN y AMLO son los conocidos como “megaproyectos” que forman parte del programa económico del gobierno, que afectarán a amplias zonas de la República, así como a la relación de AMLO con grandes empresarios como Ricardo Salinas o Carlos Slim, vinculados a grandes proyectos de extracción minera. Dos de los “megaproyectos” más conflictivos son la construcción del Corredor Transístmico, para unir el Oceáno Atlántico con el Pacífico a través del Istmo de Tehuantepec, y el denominado Tren Maya.

El Tren Maya consiste en la construcción de una vía ferroviaria de 1500 kilómetros en los que circule un tren turístico (también se prevé la circulación de mercancías) que una los principales yacimientos arqueológicos del sur-este mexicano como Tulum, Chichen Itzá o Palenque. Este proyecto afectaría a los Estados de Quintana Roo, Campeche, Yucatán, Tabasco y Chiapas. Su coste se calcula en unos 8 mil millones de dólares y su financiación se llevaría a cabo con inversiones tanto públicas como privadas. Para los expertos, esta puede ser la obra más importante de López Obrador durante su gobierno.

Esta región, mayoritariamente selvática, se enfrenta a unas consecuencias que pueden ser irreversibles sobre su ecosistema. Organizaciones ecologistas denuncian que este proyecto puede llevar al colapso ecológico de una zona ya muy afectada por la industria turística, incidiendo en la vida de su fauna y flora así como en la contaminación de sus ríos y en la deforestación. Pero entre los afectados también encontramos las numerosas comunidades indígenas que viven en las zonas atravesadas por las vías y que dependen de la selva para su subsistencia. Algunos expertos, también señalan las consecuencias arqueológicas, ya que se calcula que aún existen multitud de yacimientos por descubrir que actualmente se encuentran sepultados por la inmensidad de la selva.


Mapa del proyecto conocido como Tren Maya. Fuente: Notimex

La consulta que realizó el gobierno en los Estados afectados y que se saldó con una rotunda aprobación, no convenció a los zapatistas, que la consideraron una farsa en la que no se informó a la población de sus consecuencias. Incluso el Alto Comisionado de las Naciones Unidas la criticó por su imparcialidad al no ser acordada con las comunidades afectadas y no cumplir los estándares internacionales. Ante esta situación, el EZLN ha decidido declarar la guerra a este proyecto.

Durante la celebración del 26 aniversario del alzamiento, el EZLN reiteró su rechazo a estos proyectos que traen consigo la destrucción de la naturaleza y de los pueblos originarios y en los que, según las palabras del subcomandante Moisés, “la bestia capitalista se zampa de un bocado pueblos enteros, montañas y valles, ríos y lagunas, hombres y mujeres”. En ese mismo acontecimiento, señalaron que defenderán sus territorios con todos los medios a su alcance, con la vida si es necesario.

En este contexto, se convocaron en Chiapas las “Jornadas en defensa del territorio y la Madre Tierra”, para trazar la estrategia a seguir en la lucha contra los “megaproyectos” y las políticas extractivistas de los gobiernos de América y del mundo. En ellas, las bases zapatistas se comprometieron a impulsar una lucha sin cuartel contra estos proyectos y a seguir trabajando en su autonomía sin dar un paso atrás. A su vez convocaron a una marcha multitudinaria en Ciudad de México.

Ofensivas gubernamentales contra las bases zapatistas

Desde el levantamiento de 1994, la llamada “guerra sucia” contra las comunidades zapatistas no ha cesado. Los sucesivos gobiernos se han servido de muchas y variadas tácticas para disminuir la creciente autonomía de los pueblos chiapanecos. En muchas de estas comunidades, los gobiernos tanto del PRI como del PAN (liberal-conservador) han destinado grandes cantidades de dinero al soborno de familias enteras con la entrega de tierras, techo o incluso televisores, para que abandonen la organización, condicionando de esta manera la cohesión en el interior de las comunidades.

Una de las tácticas clave que ha utilizado el gobierno en su lucha contra el EZLN ha sido la creación de fuerzas paramilitares. Estos grupos se adentran en las comunidades ofreciendo una guerra de desgaste continua. Su modus operandi suelen ser acciones como la quema de casas o del cultivo para luego replegarse, llegando en muchas ocasiones al asesinato de personas vinculadas con el zapatismo o a verdaderas masacres como la que ocurrió en Acteal en 1997 en la que fueron asesinados 45 lugareños y, que a día de hoy, sigue quedando impune.

Una de las consecuencias más claras de esta “guerra sucia” son la gran cantidad de desplazados por el conflicto. Los pueblos más afectados por las acciones paramilitares se ven obligados a abandonar sus hogares en largas travesías por la selva para ser acogidos en otras comunidades donde las estructuras del zapatismo son más sólidas y con más capacidad para defenderse.

Por otra parte, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), denuncia un espectacular aumento de la actividad militar en la región desde diciembre de 2018. Las patrullas de observación de helicópteros y vehículos armados así como las acciones de espionaje en los Altos de Chiapas son constantes, dejando una sensación de inseguridad y miedo en las comunidades autónomas. En un comunicado, el EZLN asegura que los miembros del Ejército irrumpen en los pueblos amenazándolos con que se acerca la guerra y que unicamente esperan ordenes de arriba para la invasión.

Nueva transformación y avance en los métodos de lucha

A pesar de todo esto, en los 26 años desde el alzamiento, el zapatismo no ha dejado de crecer y aumentar su autonomía. A pesar de años de un aparente repliegue en su lucha, no ha sido más que un tiempo en el que las comunidades se han dedicado al aprendizaje colectivo para seguir creciendo, un periodo de “reflexión y búsqueda”, según sus propias palabras. En este sentido, el pasado verano anunciaron la creación de once nuevos Caracoles que se suman a los cinco ya existentes, así como dieciséis nuevos Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas, pasando a ser así cuarenta y tres.

Esta ampliación es una clara demostración de fuerza. En el comunicado en el que esta fue anunciada destacaban:”Después de años de trabajo silencioso, a pesar del cerco, a pesar de las campañas de mentiras, a pesar de los patrullajes militares, a pesar de la Guardia Nacional, a pesar de las difamaciones, a pesar de las campañas contrainsurgentes disfrazadas de programas sociales, a pesar del olvido y el desprecio, hemos crecido y nos hemos hecho fuertes”. AMLO dio la bienvenida a esta expansión , lo que no sirvió para disminuir la retórica del EZLN hacia su persona.


Bases del EZLN en la celebración del 25º aniversario del alzamiento

Este crecimiento es también visible en la multitud de jornadas, encuentros y congresos que se celebran constantemente en los Caracoles, así como en la considerada “capital” del alzamiento, San Cristóbal de las Casas. Festivales de arte como el “Comparte”, encuentros de científicos o jornadas en defensa de la tierra, llevan hasta Chiapas a millares de personas solidarias con su lucha para compartir y debatir líneas estratégicas y aprender de otras formas de lucha. El “Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que luchan” congregó a más de 3 mil mujeres de 49 países para debatir sobre las problemáticas que les afectan, haciendo hincapié que en México son asesinadas 10 mujeres cada día.

Lo que queda claro del panorama actual, es que la revolución zapatista sigue en pie y en constante alerta, y que nos esperan años en el que el papel de los pueblos originarios volverá a estar en el centro del debate en la República mexicana. El nuevo gobierno no hará cesar la actividad autónoma de sus comunidades, que ya se preparan para una nueva guerra contra las políticas de los “megaproyectos”de Andrés Manuel López Obrador.

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Nacho Ibáñez

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