«Lo siento, no podrá venir, no hay gasolina…»

"Drapeau" francés oneando ante la tensión de las líneas policiales
«Drapeau» francés ondeando ante la tensión de las líneas policiales. Fuente: Esteve Alonso 

Ni caro ni barato. Los paneles que marcan el precio del combustible de hasta un tercio de las gasolineras –en su momento más crítico– de la multinacional francesa Total Energies se han quedado fuera de juego. Estos episodios son los que los ciudadanos de la «République» llevan viviendo las últimas semanas a causa del paro en la producción en las refinerías de Total Energies y Esso-ExxonMobil. 

Sin producción, sin combustible

Un problema que hasta hace poco se estudiaba como episodio histórico como pudo ser la crisis del petróleo de 1973, ha llegado al país galo, pero por razones alejadas de la crisis histórica mencionada. 

A tenor de las circunstancias actuales, la guerra en Ucrania no es directamente responsable de una falta de crudo en este caso. Es la huelga de producción en las refinerías de la petrolera lo que está marcando la falta del carburante, el cual se distribuye bajo mínimos provocando así el cierre masivo de puestos de repostaje a lo largo del país. 

Seis de las siete refinerías de todo el estado, controladas por Total Energies y Esso-ExxonMobil, han llegado a quedar paralizadas desde hace semanas por la huelga. Los trabajadores de estas empresas reclaman un aumento adquisitivo que esté acorde al incremento de las ganancias, el doble respecto al año anterior, que Total Energies ha registrado en lo que llevamos de 2022. 

Pero esta escasez era propia de Total, ya que desde el 1 de septiembre la empresa ofreció un descuento de 20 céntimos por litro al carburante, añadido a los 30 céntimos que el estado ya sufragaba durante el mismo período. Eso hizo que los consumidores fueran en masa a las estaciones de la empresa, acrecentando así este problema de abastecimiento. Así que desde el inicio de la huelga la escasez de «essence» se ha ido propagando por el país generando una situación inédita para muchos franceses. 

Para remediar el efecto del parón productivo en el país, la ministra de la transición Energética, Pannier-Runacher, informó el miércoles 12 vía Twitter que procederían el mismo día a «requerir» de trabajadores de la refinería de Port-Jérome –Normandía–. La ministra repetiría la acción el lunes 17 esta vez en la refinería de Feyzin –Lyon– apoyándose bajo la defensa de que esta acción «es el interés de los franceses». Ante esto, el sindicato CGT anunció recursos a estas decisiones calificándolas de «connerie» –imbecilidad– en palabras del líder del sindicato Phillipe Martínez.

Esta decisión se relaciona con la noticia que publica el diario 20 minutes y que recoge las declaraciones de Clément Mortier del sindicato Force Ouvrière: «Acabamos de saber por tres empleados que la policía les visitó en sus domicilios para firmar un papel de requisa y pedirles que acudieran a trabajar desde las 14:00 horas hasta las 6:00 horas de mañana con el fin de garantizar las operaciones de envío de combustible».

La cifra de la discórdia

5.944.129 € es el sueldo del que más se ha hablado durante la ola de protestas que estas semanas se están viviendo en Francia. Esta cantidad corresponde al salario que percibe anualmente Patrick Pouyanné, director ejecutivo de Total Energies.

Trabajadores franceses en huelga en la entrada de una refinería
Trabajadores franceses en huelga en la entrada de una refinería. Fuente: Loïc Venance / AFP vía Getty Images

Él mismo destacó en Twitter esta cifra mostrando un gráfico en el que se veía la variación percibida en los últimos años, mostrando que percibió menos que algunos ejercicios anteriores a la crisis de la COVID-19, defendiéndose así de las críticas de haberse aumentado el sueldo un 52% respecto el año pasado. 

Aun así, los sindicatos remarcan que el aumento de beneficios que la empresa ha obtenido en los últimos meses gracias a los altos precios del carburante no está viéndose reflejado en los salarios de los trabajadores. Por ello, los trabajadores reivindican un incremento del 10% para el próximo año, propuesta que la empresa por ahora no está dispuesta a aprobar. 

La expansión de la huelga 

Debido a la persistencia de la empresa de ceder y la actuación de requerimientos del gobierno, los sindicatos y otras organizaciones políticas han elevado el conflicto al plano nacional. Aunque la reivindicación no se queda solo en el apoyo a los asalariados de las refinerías. Ante el encarecimiento del precio de la vida por una inflación actualmente situada en el 6%, si bien la más baja de Europa, el consumidor francófono lo está viendo en lo más cotidiano como es la inflación de productos alimenticios del 9.9% interanual el pasado mes de septiembre. 

También con una latente reforma de las pensiones que el presidente galo Emmanuel Macron quiere llevar adelante que podría comportar el retraso paulatino de la edad de jubilación hasta los 65 años –actualmente está en los 62– o la eliminación de los regímenes especiales de los que disfrutan los trabajadores de la RATP o, de la SNCF incorporados antes de 2009, por ejemplo. 

Por eso, la «Marcha contra la vida cara y la inacción climática» y «Por los salarios y el derecho a la huelga» han sido las dos manifestaciones relevantes vividas el 16 y 18 de octubre respectivamente. Concretamente, la jornada del martes 18 fue de huelga general, con afectación en sectores como pueden ser los centros educativos o el gremio del transporte público, en especial la SNCF, con cancelaciones de varios servicios en todo el país. 

Si bien en general las protestas se han desarrollado de forma pacífica y hasta han contado con la presencia de miembros de la Asamblea Nacional, se han producido choques entre fuerzas del orden y manifestantes que nos retraen a las imágenes típicas de manifestaciones como las de los chalecos amarillos. En todo caso, las previsiones de los precios de la energía no son optimistas y esto puede llevar a más gente a salir a las calles.

¿Y después?

Aunque a día de hoy la huelga en las refinerías solo siga activa en dos de las siete –apoyadas principalmente por la CGT– y la crisis de abastecimiento de carburante se esté diluyendo, el panorama político-social francés no da tregua alguna. Las previsiones de la empresa pública de energía, EDF, en palabras de Phillipe Page, secretario del comité social, son que «Francia no podrá evitar cortes masivos de energía en caso de un invierno normalmente frío o muy frío».

Manifestante con la cara tapada frente a la línea policial
Manifestante con la cara tapada frente a la línea policial. Fuente: Esteve Alonso 

Igualmente, el precio del kilovatio-hora ha subido de tal forma que en poblaciones de la capital como Neully-Sur-Marne, de 40.000 habitantes, el alcalde Zartoshte Bakhtiari ha denunciado públicamente una carta que la empresa energética NDLR envió amenazando con cortar el suministro de la red pública local. Bakhtiari indica que la factura puede subir de 2 millones hasta 15 millones este año. Por ese motivo, ha pedido ayuda al presidente Emmanuel Macron para ayudar a crear un diálogo ante tal situación. 

En un contexto parecido se encuentran algunas universidades como la de París Nanterre, en la que la previsión del coste de la electricidad es diez veces mayor que el precio registrado en 2021. Asumir la factura puede implicar dejar de invertir en otros proyectos como la adaptación de las facultades. Más allá ha ido la universidad de Estrasburgo que, para controlar estas subidas, este próximo enero dará siete días más de vacaciones a los estudiantes y en febrero impartirá una semana a distancia con el objetivo de reducir costes. 

Conforme el clima vaya enfriándose con la llegada del invierno, la temperatura social podría ir caldeándose mientras los problemas solo crecen en todo el país, pudiendo repetirse las imágenes de choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad que con la crisis sanitaria se quedaron temporalmente a un lado. El tiempo, tanto atmosférico como físico, lo dirá todo.

Agradecimientos a Youssef Ben-Said.


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