JM Martín Medem: “En la izquierda latinoamericana se ha cumplido la peor tradición del caudillismo”

Entrevista realizada por Néstor Prieto

José Manuel Martín Medem ha trabajado durante tres décadas para Radio Televisión Española (RTVE), casa donde ocupó distintas responsabilidades hasta llegar a ser miembro del Consejo de Administración. Miembro de la Junta Directiva del Sindicato de Periodistas de Madrid, destacó en el gremio como corresponsal de la cadena pública para América Latina, donde permaneció una década (1996-2005); primero en México, luego en Colombia y finalmente en Cuba. Ha escrito varios libros sobre la realidad del continente y recientemente ha asumido la dirección de Mundo Obrero, periódico del Partido Comunista de España. Su heterodoxa, en ocasiones, visión sobre la izquierda latinoamericana, así como su análisis pausado y riguroso le caracterizan.

 

América Latina vive un momento tremendamente convulso con la desaparición progresiva de los gobiernos del denominado socialismo del s. XXI. Aunque con la victoria de López Obrador en México o de Alberto Fernández en Argentina esta tendencia parece frenarse, ¿qué es realmente el socialismo del s. XXI?

Tras las dos décadas perdidas de neoliberalismo en América Latina, llega ese decenio progresista denominado socialismo del s. XXI, que tiene dos caras, una positiva y otra no tanto. La positiva es que ha planteado por primera vez una crítica al socialismo real que encabezó la URSS, tomando ciertas distancias con sus componentes menos democráticos, más autoritarios, más personalistas etc. La cara negativa es que, bajo mi punto de vista, se asumió con mucha rapidez la denominación de socialismo cuando, en realidad, en ninguno de los gobiernos de la década progresista se desarrolló una experiencia que pudiera llevar ese nombre. Lo que vino a partir del triunfo de Chávez en 1998 fue una cadena de triunfos en Brasil, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina, e incluso movimientos interesantes en Honduras o Paraguay.

Pero toda esa corriente lo que estaba haciendo era desarrollarse en función de la acumulación de fuerzas de lo que fueron los movimientos populares, sociales contra el neoliberalismo. Movimientos que en muy pocos países coincidieron con los partidos históricos. En la inmensa mayoría de los casos ni los partidos históricos ni los partidos comunistas tuvieron auténtico protagonismo. En realidad, eran movimientos populares que paradójicamente estaban apoyados sobre las tres patas de la revolución cubana: defensa de la soberanía nacional, de la justicia social en el sentido de poder elegir un modelo económico de reparto y no de dependencias, y la integración regional latinoamericana. Esos tres ingredientes persiguen una democratización del Estado, recuperación de los servicios públicos, soberanía económica y regional… Que Chávez lo denominase “socialismo del s. XXI” podía ser eficaz terminológicamente, pero realmente son elementos de carácter nacionalista; no es realmente socialismo, sino la apuesta por un proceso de democratización.

Martín Medem durante sus años como corresponsal en latinoamércia
Martín Medem durante sus años como corresponsal en latinoamércia

Como señalas, el socialismo del s. XXI tiene un desarrollo, en la mayoría de los casos, ajeno a las fuerzas políticas existentes hasta el momento. ¿Son movimientos muy plurales y con características propias en cada país?

Sobre esa base de reivindicación nacionalista se comienza a desarrollar país por país esta experiencia, mayoritariamente dirigida por nuevos movimientos populares y no por partidos. En Venezuela el chavismo es un nuevo movimiento que luego se hace partido, exactamente igual que en Ecuador y en Bolivia; algo que incluso podemos aplicar en el caso de México con López Obrador. Mientras que, solamente la mitad de esas experiencias, se canaliza a través de los movimientos tradicionales: el peronismo en Argentina, el PT y su larguísima trayectoria en Brasil, o los partidos del Frente Amplio en Uruguay. Encontramos aquí choques organizativos entre los nuevos movimientos y los partidos políticos de izquierda tradicional con su estructura. Además, dentro de cada país debemos destacar la compleja convivencia otros agentes sociales: sindicales, indígenas, minorías de color etc., que en ocasiones no tienen un papel de colaboración o pertenencia, sino de confrontación con el socialismo del s. XXI.

Dentro encontramos importantísimas contradicciones. No habido un cambio estructural en materia económica, no se ha industrializado, y eso ha hecho de ellos países dependientes de sus exportaciones. La economía de extractivismo, basada en la explotación de recursos naturales sin diversificar la economía, se ha mantenido en la mayoría de estos países, lo que ha generado choques y desgastes muy diversos. Por ejemplo, la extracción de esas materias permite financiar políticas públicas, pero genera el rechazo de la comunidad indígena. Además, hay otra contradicción social importante que se ve bien en Ecuador, Bolivia, Brasil o Venezuela; esa política extractivista que ha financiado las políticas sociales ha ido creando una especie de nueva clase media baja que ha cedido a otras pretensiones, y en un momento dado se ha vuelto contra los gobiernos que han creado las condiciones para que pudieran existir.

Marcha indígena protesta contra las políticas de Correa en Ecuador.

En línea con lo que señalas, revisando los últimos años, vemos que han existido dificultades con distintos agentes de la sociedad en lo externo, sino también en el plano interno para generar relevos. En ocasiones los liderazgos de estos gobiernos eran tremendamente carismáticos y personalistas. Esto ha generado dificultades para sostenerse en el poder tras la salida del gran líder. ¿Crees que es un problema real?

Los líderes han jugado un papel muy importante, pero también hemos visto como en la izquierda latinoamericana se ha cumplido la peor tradición del caudillismo. Un liderazgo como el de Hugo Chávez, Correa, el de Kirchner en Argentina, o Lula en Brasil ayuda al triunfo sin duda. Pero si conseguimos que los movimientos confluyan con los partidos, consigan un triunfo electoral y se establezcan como gobierno, al llegar ahí se puede consolidar una dirección colectiva, un movimiento bien organizado, pero eso no se produjo. Se quedaron en germen, sin resolver esos problemas movimiento-partido-estado. La cuestión del liderazgo está sin resolver en la inmensa mayoría de los países, donde los liderazgos carismáticos han sido fundamentales. Hay casos donde el partido es el líder o donde sin él cuesta concebir el partido. Quizá solo veamos una excepción, el Frente Amplio en Uruguay, que consigue crecer y llegar a la alcaldía de Montevideo y luego a la mayoría parlamentaria y presidencial gracias al buen funcionamiento como dirección colectiva y la participación de muchos grupos en un proyecto común; y por el contrario tuvo problemas con algunos liderazgos que no eran especialmente carismáticos. Aunque Mujica funcionó muy bien, no tanto Tabaré; y eso lo suplió el trabajo colectivo del Frente Amplio por su estructura y su dirección colectiva.

De izquierda a derecha: Huga Chávez, Evo Morales, Lula da Silva y Rafael Correa durante la “década progresista” latinoamericana

¿Teniendo en cuenta lo anterior y al igual que hablas de las dos décadas perdidas del neoliberalismo podríamos hablar ahora de la década perdida por el socialismo del s. XXI?

Creo no se acertó al levantar de manera tan apresurada la bandera de la lucha por el socialismo porque realmente no fue un proyecto que estuviera en manos de esos gobiernos progresistas el poder desarrollarlo. A veces se nos llena la boca de la palabra revolución, ahora hablamos de la revolución venezolana, de revolución bolivariana, de la revolución ecuatoriana, etc. pero a mí me parece una palabra excesivamente importante como para utilizarla con tanta ligereza. Hubiera sido más interesante establecerse en el proyecto histórico emancipador contra la injerencia de Europa y de EEUU, procesos de liberación nacional, de democratización. Y tras ello, romper la dependencia al recuperar la soberanía nacional, la democracia interna, la justicia social etc. y entonces poder iniciar procesos que permitieran más adelante hablar de un proyecto socialista. Si ahora mismo nos planteásemos poner ejemplos de proyectos progresistas que tuvieran un mínimo aroma de socialismo del s. XXI tendríamos dificultades para encontrarlo.

Pasaste varios años como corresponsal en Colombia, tras lo que escribiste el libro “Colombia feroz: del terrorismo de Estado a la negociación con las FARC” ¿Cómo analizas la realidad política del país?

Colombia es un caso terrible, la imagen oficial que ha transcendido ha sido la de una democracia no solo formal sino casi ejemplar, y sin embargo es el país donde la derecha ha gobernado con mayor crueldad y violencia. Es muy curioso, el discurso oficial ha acusado históricamente a la izquierda de, como ellos dicen, “combinar todas las formas de lucha”; con lo que han tratado de identificar a los partidos parlamentarios y movimientos sociales con la guerrilla, buscando crear la idea de una insurgencia narcoterrorista. Pero lo cierto es, que quien de verdad ha empleado todas las formas de lucha ha sido la oligarquía colombiana, que ha utilizado la violencia para controlar el aparato del estado y dirigir la política económica hacia sus intereses. Se utilizan las fuerzas armadas y la policía contra los insurgentes como un método de control social y de lucha contra los sindicatos, redes derechos humanos, indígenas, campesinos etc. El paramilitarismo no solo es tolerado, sino que es fomentado por el gobierno y forma casi parte de la estructura del Estado. Además, la alianza contra EE. UU. bajo el supuesto de “lucha contra el narcotráfico” se ha empleado como excusa para perseguir aún más a ciertas capas sociales.

En las últimas elecciones presidenciales por primera vez el candidato de la izquierda, Gustavo Petro, se presentó la contienda sin tener encima el san Benito de las guerrilleras debido al proceso de paz. El resultado fue realmente bueno, un 40% disputando por primera vez de tú a tú el poder. Pese al innegable apoyo que aún mantiene la derecha existe una división al interior de oligarquía colombiana. Una división entre Uribe, representante de los sectores vinculados con la economía tradicional de la ganadería, de lo que fue el café; y los intereses de Santos, centrados en los nuevos sectores económicos, más dinámicos y vinculados a la economía internacional. Son grupos con intereses enfrentados, Uribe y su sector tenía en el discurso contrainsurgente su gran bandera para recolectar votos; mientras que Santos tenía en la negociación del acuerdo de paz la apuesta para modernizar el país, atraer inversiones y modernizar las estructuras en el conjunto del país. En que coinciden los dos, es en que ninguno de verdad tenía el interés de hacer un plan de paz bueno.

Fuiste durante años corresponsal en Cuba y pese a ser militante comunista tienes una opinión muy interesante, podríamos decir heterodoxa, que puede chocar a mucha gente. Calificas a Fidel como un caudillo ¿a qué se debe?

Yo quiero mucho a Cuba, pero debo reconocer que no soy fidelista. Me parece que el balance de su historia, cuando se pueda hacer en profundidad al tener acceso a más documentación, será un gran claroscuro. Fidel hizo de una isla una nación. Es él quien hace la revolución, derrota a Batista, pone en marcha el proceso revolucionario y quien rompe y resiste a EEUU. Todo ello se proyecta en la escena internacional haciendo a Cuba una protagonista de la política internacional. Además, Fidel expande la solidaridad internacional impulsando procesos de liberación nacional en África, Asia y América. Todo ello hace de él una referencia para todos los pueblos de América Latina que admiran a ese David que se enfrenta y resiste al Goliat de EEUU. No obstante, no podemos quedarnos solo en eso. La figura de Fidel comienza con tremendo fracaso en el intento de asalto al Moncada, por lo que es encarcelado, saliendo solo gracias a que Batista le amnistió al subestimarlo. Tras esto marcha a México, donde preparaba una vuelta a Cuba que habría fracasado también de no ser por la ayuda de Fernando Gutiérrez Barrios, Capitán General de la Policía Política del PRI y una oscura figura con la que mantuvo una gran amistad que no se ha analizado en profundidad.

Una vez que aterrizamos en la revolución hay ya una vieja disputa que está sin resolver entre lo que fue la guerrilla de Sierra Maestra y el llano que combatía las ciudades y apoyaba a los insurgentes. El proceso de unificación de todos los grupos para hacer un único Partido Comunista tiene también su contradicción, pues existía un enfrentamiento entre Fidel y la guerrilla y los partidos Socialista Popular y el Partido Comunista, quienes habían calificado de aventurerismo el asalto al Moncada e incluso la guerrilla en Sierra Maestra. En esta primera fase de la revolución es donde se enaltece la figura de Fidel. Si tú hablas con dirigentes del momento te dicen que se dio demasiado poder a Fidel y luego no hubo quien lo controlase. Por no olvidar el fracaso de la “Zafra de los 10 millones”, que pone patas arriba toda la economía cubana y no consigue su objetivo; o el fracaso histórico cubano de no ser capaces de producir alimentos en la isla, lo que ha hecho que Cuba siga importando 2.000 millones de dólares anuales en comida.

Fidel y Raúl Castro durante el III Congreso del Partido Comunista de Cuba

¿En qué deriva esa concentración de poder que sigue al triunfo revolucionario?

Hay dos momentos históricos en los que se puede asegurar que la mayoría del pueblo cubano estuvo en contra de decisiones que se tomaron única y exclusivamente por su poder personal. El primero fue en 1968 con la invasión Checoslovaquia, cuando el pueblo cubano esperaba que Fidel hablase sobre la intervención soviética contra la primavera de Praga y lo que hizo fue apoyar esta intervención con el argumento de que el imperialismo estaba recuperando Checoslovaquia. Un argumento terrible, porque si la URSS puede invadir Praga para recuperar Checoslovaquia los gringos puedes desembarcar en la Habana para recuperar Cuba. Los análisis históricos dicen que en aquel momento necesitaba la colaboración económica de la URSS y no tenía mas remedio que tragar.

El segundo caso fueron los fusilamientos del narcotráfico, un episodio terriblemente oscuro por el que se juzgó a un grupo de ofíciales que habrían puesto la isla a disposición del cartel de Medellín para transportar cocaína hacia EEUU. En el juicio se probaron esos hechos y se condenó entre otros al “Héroe de la Revolución” Arnaldo Ochoa, que fue fusilado. Siendo eso cierto surgen dudas muy importantes y cabe entonces hacerse varias preguntas sobre las que yo no tengo respuesta en ninguna de las direcciones. ¿Se puede hacer contrabando de cocaína en Cuba sin que se entere Fidel y su aparato de control? ¿Puede Fidel no enterarse? Pero por el otro lado, ¿puede Fidel ser tan comemierdas como para hacer contrabando de cocaína a través de la isla sabiendo que al cuarto de hora se van a enterar los gringos que les están vigilando permanentemente? ¿Puede darle a EEUU la gran excusa para intervenir?

Todo aquello no era comprendido por la inmensa mayoría de la población ni de las fuerzas armadas, y solo gracias a la presión y al uso de todos los mecanismos de comunicación posibles se pudo terminar imponiendo el resultado final. Fusilamiento por traición a la revolución y depuración. Se habrían muchas elucubraciones sobre otras motivaciones que pudiesen existir. Además, aquello ocurría en 1989, con el posible desmoronamiento de la URSS. Tengo un libro que se titula, “El mayor secreto de Fidel, los fusilamientos del narcotráfico” donde planteo este tema en profundidad.

El general Arnaldo Ochoa y Fidel Castro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras los gobiernos de Fidel y Raúl ha llegado el turno de Díaz-Canel, que ha asumido la responsabilidad en un momento tremendamente complejo y bajo el paraguas de la Constitución aprobada en 2019. ¿Cuáles son los retos de Cuba y hacia dónde camina el nuevo ejecutivo?

En los debates sobre reforma constitucional en el parlamento se acuñó una expresión que se utiliza ahora en el proceso de reforma económica. “Queremos un socialismo próspero, sostenible y democrático” Esa es la definición que hace el partido y que tiene varias concepciones. Por un lado, los diputados más jóvenes intervinieron para recordar que el socialismo tenía que ser “próspero, sostenible y democrático”, y por otro, hubo dirigentes históricos que salieron a decir que hablar de socialismo “democrático” era una redundante. Tuvo que ser el propio Raúl Castro el que interviniera para decir “no señores esto es próspero sostenible y democrático”.

Hay que preguntarse si necesariamente el precio de aguantar el bloqueo externo era mediante un bloqueo interno. Eso también está pendiente de discutir y el problema de este tema es que desde la izquierda nunca se ha abordado. No se ha planteado, que como expone el sociólogo cubano Luis Suárez, en lugar de una solidaridad incondicional haga falta una solidaridad crítica y revisar todos estos aspectos desde una visión crítica.

Entender la historia del continente latinoamericano nos obliga a entender la historia de EEUU ¿qué papel juega el vecino del norte en la actualidad?

Desde que en 1947 se crea la CIA y en el 48 la OEA, la política de EEUU hacia América Latina ha sido siempre la misma en sus objetivos fundamentales y diferente en las políticas aplicadas. Es decir, evidentemente hay diferencias en las formas entre lo que hace Kennedy, Bush u Obama; pero si hacemos el recorrido por la historia nos con injerencias y golpes de estado duros o blandos estemos con administraciones demócratas o republicanas. EEUU necesita de América latina su potencial geopolítico y sus recursos naturales, y para conseguirlo ha empleado todo tipo de técnicas: intervención política, económica, diplomática y militar; apropiación de recursos naturales; financiación de la contrainsurgencia; invasiones…Y de entre ese amplio abanico aplica según el escenario geopolítico.

Durante la Guerra Fría fue el comunismo, y cuando esto acaba se recurre a los tópicos de terrorismo y el narcotráfico; lo vemos muy claro en el caso de Venezuela. Hay que buscar una vieja palabra que ahora hay gente a la que no le gusta utilizar pero que sigue siendo aplicable, el imperialismo. La política de un imperio que quiere doblegar a los que no se someten a sus intereses y lo hacen de una manera o de otra, por las buenas, por las regulares, por las malas, o por las pésimas. Esta es y ha sido la situación de América Latina.

Para ampliar: Venezuela y la retórica del narcoestado, análisis

A esta coyuntura tenemos que sumar la nueva gran disputa geopolítica, China contra EEUU. El gigante asiático está penetrando de manera sostenida y planificada en África y en menor medida en América Latina ¿puede ser este un escenario de disputa entre las dos grandes superpotencias?

Sí, evidentemente esta es la gran cuestión. China está ganando terreno con técnicas más flexibles que EEUU y sin forzar grandes enfrentamientos, al menos bélicos. No obstante, creo que sería una ingenuidad simplificar que la “ayuda” china a determinados países de América Latina que resisten frente a EEUU es un enfrentamiento imperialista. China antepone primero sus intereses nacionales y en la medida en la que estos sean compatibles realiza alianzas comerciales.

 

 

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Nestor Prieto

Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Intentando ofrecer una visión crítica de la geopolítica. Militante. He cubierto y vivido sobre el terreno los procesos migratorios en Grecia, Italia y Melilla. Ahora escribo sobre América Latina.
Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Intentando ofrecer una visión crítica de la geopolítica. Militante. He cubierto y vivido sobre el terreno los procesos migratorios en Grecia, Italia y Melilla. Ahora escribo sobre América Latina.

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