Entre la pandemia y la propaganda

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La crisis del coronavirus ha supuesto un terremoto político-económico de enorme envergadura. Occidente está sufriendo uno de los mayores desafíos de su historia reciente. Asia y en particular China, se está erigiendo como modelo para combatir la pandemia, aprovechando para ganar terreno en la lucha por la hegemonía mundial. Mientras tanto, y ante la falta de previsión inicial, el COVID19 ha desarbolado a los gobiernos europeos provocando que se hayan tomado medidas casi propias de tiempos de guerra mientras que la Unión Europea se encuentra, como es habitual, paralizada entre las disputas entre sus miembros dejando notables dudas sobre su proyecto europeo ¿es ya demasiado tarde para Europa?

China aprovecha su momento

Parece que ya quedan muy lejos aquellas imágenes en las que podíamos ver como el gobierno chino parecía superado por el coronavirus, muchos hablaban ya de un gigante con pies de barro incapaz de hacer frente a una epidemia. Sin embargo, en poco tiempo Pekín le ha dado la vuelta al relato pasando a la acción, pero ¿cuál ha sido su receta?; cierre de ciudades, aislamiento duro, control de la población y acumulación de recursos en las zonas más afectadas. El sistema chino se ha erigido como un modelo eficaz, o eso al menos nos quiere vender.

Para expandir: “Estrategias contra una pandemia; el COVID19”.

Me explico, el acento se ha puesto en la capacidad  de Pekín para atajar la crisis con soltura, mientras que los gobiernos locales se han mostrado claramente ineficientes. Esto demuestra una cierta fragilidad del sistema chino, que carece de estructuras fuertes a un nivel inferior además de una falta de coordinación entre ambas administraciones. Puede que, al menos, de cara a la opinión pública Pekín se vea reforzado como garante del orden y el buen gobierno. Pero eso no quita que necesite un buen funcionamiento del poder local, que es donde ha surgido principalmente la mala praxis a la hora de enfrentar el virus. La respuesta verdaderamente eficaz ha llegado cuando el Estado ha concentrado todos sus recursos en las zonas afectadas (Hubei).

Con la epidemia aparentemente controlada, China se ha lanzado a una campaña propagandística mundial. Por su parte, Pekín está enviando grandes cantidades de suministros sanitarios y especialistas médicos a países muy golpeados por la epidemia como Italia, y por otro, sus organismos oficiales y extraoficiales están propagando teorías conspiranoicas que relacionan a Estados Unidos con el origen del virus.

Esta estrategia propagandística obedece a dos lógicas; por un lado la interna, la ciudadanía china ha sido tremendamente crítica con la forma en que el gobierno ha actuado durante la crisis del coronavirus. En un primer momento, Pekín ocultó la verdad sobre la gravedad de la situación (llegando incluso a encarcelar a científicos que estaban estudiando el virus parece ser), para después actuar tarde y mal cuando la epidemia se empezaba a descontrolar. Por tanto, tenemos que entender esta campaña china como una manera de congraciarse nuevamente con su población. Por el otro lado tenemos la lógica externa, basada principalmente en un deseo por aumentar su influencia en el mundo, aprovechando la posición debilitada de los Estados Unidos y de la Unión Europea, incapaces de dar de momento una respuesta contundente a la pandemia.

Imágenes de los suministros sanitarios y equipo de expertos médicos enviado por China a Italia. Vía Embajada de China en Italia

La estrategia china está mostrando ser muy eficaz, máxime cuando la comparamos con la posición de Estados Unidos o la muestra de insolidaridad inicial de los países del norte europeos. No es extraño por tanto, que en países como Serbia surjan voces cada vez más euroescépticas pidiendo un acercamiento más estrecho a Pekín.

El coronavirus en Estados Unidos ¿un desastre anunciado?

Pero el gobierno chino no es el único notablemente juzgado por sus ciudadanos a la hora de gestionar la pandemia. Al otro lado del Atlántico, la administración de Donald Trump ha cometido varios errores a la hora de controlar esta crisis

El principal error de Washington a la hora de encara la crisis ha sido claramente la total falta de una estrategia para combatir el virus. En el espacio de unas pocas semanas Trump ha pasado de calificar como “bulo” o “farsa” al coronavirus a declarar el estado de emergencia y el cierre de fronteras con Europa.

Tenemos que entender esta primera reacción de la Casa Blanca dentro del contexto electoral estadounidense; la principal baza con la que cuenta Trump para conseguir la reelección es el buen funcionamiento de la economía estadounidense, una recesión, como la que probablemente provoque esta pandemia, pondría en graves dificultades a su candidatura.

Sin embargo ante el agravamiento de la crisis, Washington se ha visto obligado a invocar la “Ley de Producción de Defensa”, lo que le permitiría al Presidente controlar la economía civil. Ofreciendo un paquete de medidas sociales para intentar paliar la situación económica del país. Para intentar contrarrestar el desplome de la bolsa (con caídas diarias porcentuales más fulgurantes que en tiempos de la Gran Depresión) la Reserva Federal ha puesto en marcha una inyección de liquidez importante en el sector financiero, sumado a una bajada de los tipos de interés a cero.

Donald Trump es bien consciente de que la situación en Estados Unidos se puede volver muy tensa si el Gobierno no consigue aguantar el shock económico. Recordemos que se trata de un país con grandes cotas de desigualdad económica, con una sociedad muy individualizada y con un sistema sanitario claramente deficiente. Una expansión del virus y una recesión económica que dañe el tejido social podría allanar el camino a una futura victoria electoral de Joe Biden (Bernie Sanders está prácticamente fuera de la carrera a estas alturas). No es extraño, por tanto que el gobierno aplique unas medidas tan intervencionistas y de calado social, rompiendo los paradigmas de las décadas anteriores.

Donald Trump declaró el estado de emergencia el pasado 13 de marzo. Vía Saul Loeb / AFP)

El relato exterior es otra de las batallas en la que Estados Unidos está viéndose superado, enfrente tiene a China, su gran rival que parece que ha conseguido capear el temporal de la crisis.  Washington está intentando contrarrestar a Pekín destacando el origen del coronavirus, se puede escuchar en cada declaración institucional, la consigna es clara, hablar de “China virus” o incluso “Kung flu (gripe en inglés)”. No parece que esta estrategia vaya a dar demasiado resultado, ya que parte de la opinión pública del país (y del exterior) tachan esta descripción de racista y xenófoba.

Foto del discurso de Donald Trump del 19 de marzo donde se muestra cómo se tachó la palabra “corona” y se sustituyó por “chino” al describir al covid19. Vía Washington Post

La actitud estadounidense hacia Europa de momento solo ha beneficiado a China. Recordemos que Donald Trump ha llegado a culpar a sus aliados de extender la pandemia, no ha enviado ningún tipo de ayuda, e incluso Alemania ha acusado a Washington de sobornar a científicos alemanes para adquirir la vacuna en exclusiva. Es un claro contraste con la posición china, y eso daña considerablemente la influencia exterior de Estados Unidos.

Aún así los lazos que unen a Europa y Estados Unidos son muy fuertes, por lo que Washington no debería temer una irrupción china. Donde sí China puede hacer daño es en África, donde ya ha anunciado su intención de enviar ayuda a varios países en los cuales se están empezando a notar los efectos del coronavirus. Otra región que podría estar en pugna entre los dos gigantes es América Latina, donde el brote aún está en sus primeras etapas.

La Unión Europea ante la encrucijada

Se puede decir sin rubor alguno que los primeros compases de la gestión del coronavirus por parte de la Unión Europea han sido un completo desastre. Por una parte tenemos la gestión deficiente de Italia, Francia y España que minusvaloraron la gravedad de la situación, para después tomar medidas de contención tibias y tardías, perdiéndose un tiempo precioso para controlar la epidemia. Por otro lado, está el nulo liderazgo y la falta de coordinación de Bruselas en la crisis, cada país ha actuado individualmente sin tener en cuenta a los demás, todo lo contrario de lo que se esperaría de un “proyecto común europeo”.

Lo que es más grave sin embargo es la actitud inicial de Alemania y Francia al negar  asistencia a Italia, con una prohibición expresa de exportar material sanitario. En un primer momento los países del norte como Alemania, Países Bajos o Dinamarca se han encerrado en sí mismo dejando a su suerte a los más afectados por la crisis. Posteriormente Italia y Francia intentaron proponer un proyecto de impulso económico dentro del marco de la Unión Europea, con poca recepción.

Examinando a un plano más a nivel nacional, se ha demostrado que los estados y ciudadanos europeos no están preparados para enfrentarse a una crisis como la actual. Esto se expresa en los mecanismos inexistentes de prevención, lo que se torna aún más grave cuando se ha observado el caso chino apenas semanas antes. Pero no solo eso, sino la poca disposición de los gobiernos a aplicar medidas rápidas de contención, esto puede deberse a varios factores; la falta de experiencia a la hora de enfrentarse a epidemias (al contrario que los países asiáticos),  el temor a medidas drásticas que dañen la economía y las libertades individuales.

Como se ha comentado antes, a nivel europeo no está habiendo una gran coordinación para hacer frente a la pandemia, se torna necesario organizar los esfuerzos y asegurar el abastecimiento de los suministros médicos a las zonas más infectadas. La UE debe liderar, activando un ambicioso paquete de inversiones y de expansión fiscal.  El Deutsche Bank ya pronostica “la madre de las recesiones”, asegurando que los descensos trimestrales que se esperan en el PIB superarán sustancialmente todo lo registrado anteriormente, retornado a valores vistos en la Segunda Guerra Mundial”.

Predicciones de recesión económica publicadas por el Deutsche Bank

Todos los indicadores apuntan a un futuro desplome de la economía, algo que ya sufrió China en febrero, pero que en Europa puede ser aún peor. Ante esta perspectiva los países azotados por la epidemia están poniendo en marcha paquetes económicos otrora nunca vistos, con  inversiones estatales que alcanzan grandes sumas del PIB. La consigna parece clara en los países europeos, estamos en una guerra en la que el estado tiene que surgir como garante de los ciudadanos.

Actualmente parece que las instituciones europeas han entendido a lo que nos enfrentamos y ya están poniendo en marcha varias iniciativas para paliar la crisis. El Banco Central Europeo ha iniciado un programa de compra de bonos privados y públicos por valor de 750.000 millones de euros. Alemania finalmente ha enviado un millón de mascarillas a Italia bajo el marco del Mecanismo de Protección Civil de la UE. La Comisión Europea ha puesto en marcha la reserva estratégica de equipamiento médico para los países de la Unión Europea con un paquete de 50 millones de euros para procurar respiradores y equipamiento de protección.

“Prometemos que haremos todo lo posible para apoyar a los europeos y a las empresas en esta crisis… Hoy activamos la cláusula para relajar las reglas presupuestarias, permitiendo a los gobiernos estimular la economía.

Primeras medidas importantes pero insuficientes si la Unión Europea no quiere salir devastada de la crisis del coronavirus. Hace falta un plan más ambicioso económicamente. Los países europeos deberían grabarse a fuego las declaraciones del presidente de la Organización Mundial para la Salud, Tedros Adhanom; “esta epidemia puede ser frenada, pero solo con un acercamiento colectivo, coordinado y comprehensivo que articule la completa maquinaria de los gobiernos”.

Dependiendo de cómo la Unión Europea salga de la crisis podríamos vislumbrar el ocaso del proyecto europeo o por el contrario un reforzamiento de este. Importante la coordinación, efectividad y la rapidez de la respuesta, las grandes potencias como China y Estados Unidos aprovecharán cualquier debilidad para hacerse con los restos de Europa, y eso solo puede perjudicarnos como sociedad.

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Pablo del Amo

Graduado en Historia y en el máster en Cooperación Internacional por la UCM. Interesado en geopolítica y en relaciones internacionales. Intentando comprender como funciona el mundo. https://twitter.com/PablodelAmo77?s=09

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