Costa de Marfil: alianzas para una reconciliación nacional y ambiciones por la presidencia

El 31 de marzo la Corte Penal Internacional ratificaba la absolución del expresidente de Costa de Marfil, Laurent Kudu Gbagbo. Posteriormente, el 17 de junio, el antiguo mandatario regresaba al país que dirigió desde 2000 al 2011.Al aterrizar en el aeropuerto de Costa de Marfil, el expresidente fue recibido por una multitud de sus seguidores. Al mismo tiempo las redes sociales se llenaban de mensajes que le pedían a Gbagbo considerar su candidatura para las elecciones de 2025. El regreso del antiguo mandatario ha sacado a la luz viejas tensiones que los actuales políticos marfileños tendrán que solventar.

Expresidente Lurent Gbagbo ( Vía Bloomberg)

Gbagbo fue detenido y trasladado a La Haya en 2011 tras haber sido acusado de crímenes de lesa humanidad por su papel en la violencia post electoral que tuvo lugar tras los comicios presidenciales de 2010. En estas elecciones el longevo presidente fue derrotado por el actual presidente del país, Alassane Ouattara, y este se negó a aceptar la derrota. Esto desembocó en una espiral de violencia entre partidarios de ambos candidatos y que se saldó con 3000 muertos.  Este episodio supuso un punto de inflexión tan grande que se comparó con el estancamiento político tras la muerte del fundador de Costa de Marfil.

Outtara fue reelegido como presidente en las elecciones presidenciales de 2020, a pesar de que había agotado todos los mandatos que podía presentarse. En consecuencia, hubo importantes episodios de violencia postelectoral en la que murieron 87 y la detención de líderes opositores hasta que fueron liberados en diciembre de 2020. Con el objetivo de calmar la tensión política el presidente prometió que se permitiría el regreso de Gbagbo.

Protestas durante el año 2010 en Costa de Marfil ( vía: Ghanaweb)

Al mismo tiempo volvieron al país algunas figuras políticas importantes del círculo del antiguo presidente marfileño. No obstante, faltan algunas personalidades importantes de los Gobiernos del expresidente como el primer ministro Guillaume Soro que fue condenado a cadena perpetua por “intentar perjudicar a la seguridad del Estado”. Con este retorno se ha podido ver un cambio en el discurso ya que los políticos afines a Gbagbo han adoptado un tono bastante más conciliador evitando pronunciar cualquier declaración que se pueda interpretar como vengativa.
Sin embargo, no toda la sociedad se encuentra conforme con este regreso ya que las asociaciones de víctimas de la crisis postelectoral de 2010-2011 piden el encarcelamiento del expresidente, ya que todavía no ha habido un proceso judicial por aquellos episodios de violencia, y no se descarta que realicen protestas.

El Gobierno de Outtara ha declarado que su predecesor tendrá la consideración de ex jefe de Estado y recibirá los beneficios propios de ese título y que no había tenido desde que se encontraba procesado por la Corte Penal Internacional. Al mismo tiempo que esto el ex presidente y tres de sus ex ministros han sido declarados culpables por rebeldía y condenados a veinte años de prisión en Costa de Marfil por ordenar a las Fuerzas de Seguridad irrumpir y saquear la sucursal del Banco Central de los Estados de África Occidental. El actual presidente no le ha concedido el indulto por lo que Gbagbo podría enfrentarse a la cárcel, lo que le otorga al Gobierno una capacidad de presión.
Sin embargo, presionar a Gbagbo con la entrada en la cárcel puede ser un arma de doble filo para el Gobierno ya que el expresidente goza de una gran popularidad a pesar de todos los años que han pasado. Este aprecio de la población se puede explicar por diferentes causas que se complementan. Laurent Kudu Gbagbo fue un importante opositor al gobierno de partido único establecido por Félix Houphouët-Boigny tras la independencia del país y sigue estando muy vinculado al Estado democrático que defendía. Durante sus años de gobierno mostró preocupación por las clases bajas y las zonas menos desarrolladas del país. El tercer motivo reside en la estrategia de comunicación política que ha llevado a cabo expresidente ya que logro avivar los sentimientos nacionalistas, en un país con una considerable cantidad de población inmigrante, que le fue muy eficaz a nivel electoral.

El partido del expresidente, el Frente Popular Marfileño (FPI), ha conocido días mejores. Actualmente se encuentra dividido entre la rama de los que apoyan a Pascal Affi N’Guessan que no ha logrado la popularidad de Gbagbo, habiendo cosechado solo el 9,29% de los votos en las elecciones de 2015), la otra vertiente del partido consiste en los leales a Gbagbo con la consigna que tanto se repitió en la política marfileña “Gbagbo o nada”. Estos se mantuvieron al margen de la política hasta las elecciones de marzo de 2021 pero solamente obtuvieron 17 escaños de los 255 que tiene la Asamblea Nacional.
Por este motivo, el primer reto del expresidente será reunificar a su partido y volver a atraer a la base militantes y votantes. Sin embargo, como ya hemos comentado el partido se encuentra dividido en dos vertientes y el retorno de Gbagbo no parece haber sido bien recibida por el líder de la otra vertiente, Pascal Affi N’Guessan, pero se ha abstenido de hacer declaraciones sobre el futuro del partido.
Cómo se desarrollen las dinámicas y los acontecimientos dentro del partido afectará a toda la política marfileña ya que de acuerdo con el analista Sylvain N´Guessan los partidos son “herramientas construidas exclusivamente para una persona, cuya retirada crearía un alto riesgo de implosión “.
Laurent Gabgabo es consciente de los problemas a los que se enfrenta y empezó a buscar aliado incluso antes de pisar suelo marfileño. A finales de junio de 2019, cuando aún se encontraba en Bruselas bajo libertad condicional, se reunió con su predecesor en la presidencia y antiguo rival Henri Konan Bédié. El antiguo presidente se asoció con Ouattara en las elecciones de 2010, para luego que su formación, el Partido Democrático de Costa de Marfil, se uniese a la oposición en 2018 y este año ha vuelto a formar alianza con el Frente Popular de Costa de Marfil. Ambos presidentes han dominado la escena política del país y continúan teniendo un gran peso político y de movilización social por lo que se convirtieron en aliados para los futuros comicios y negociaciones.

Actualmente el equilibrio de poderes se inclina a favor del Gobierno ya que controla al poder legislativo, ejecutivo y judicial. Sin embargo, la presencia de Gbagbo podría suponer una complicación para la implementación de sus políticas.
El ejecutivo ha insistido que la vuelta del expresidente forma parte de los esfuerzos de reconciliación nacional que se llevan intentando desde el año 2001 y que no deja de acumular iniciativas fracasadas. Se espera que Gbagbo junto con otras figuras importantes de la política marfileña, como Bédié y Ouattara, unan su influencia para llamar a al consenso.
Al mismo tiempo no hay que olvidarse que son rivales políticos que se alían para un único objetivo común y esto se pudo ver en las elecciones presidenciales de 2020 en las que la oposición, encabezada por Henri Konan Bédié y Pascal Affi N’Guessan, llamaron al boicot de las elecciones por no existir “garantías democráticas”. El presidente Outtara ganó con el 94% de los votos y estos resultados no fueron reconocidos por la oposición que llagó a anunciar la creación de un Gobierno Nacional de Transición. Al mismo tiempo el expresidente Gbagbo condenó el tercer mandato de Outtara ya que declaró que los textos constitucionales debían seguirse y respetarse.

Protestas por el tercer mandato de Outtara ( Via: Voice of America)

El proceso de reconciliación interesa todas las partes ya sea por la estabilidad del país o las propias ambiciones políticas. Se han creado comisiones para investigar lo ocurrido durante las elecciones de 2010 y tratar de llegar a un acuerdo como la “iniciativas de verdad y reconciliación” promovida por el Gobierno. Sin embargo, todavía no se han rendido cuentas por la violencia post electoral, que apunta a los partidarios de Gbagbo mientras que otros han evadido el proceso. Los veredictos referentes a ese periodo son escasos y la mayoría no son por la violencia postelectoral si no por otro tipo de delitos. El hecho de no incluir a las víctimas de la violencia postelectoral y que se esté convirtiendo en un asunto de las élites políticas puede hacer que no se llegue a una verdadera reconciliación o que esta tenga muy poca duración.

Al mismo tiempo que se da este proceso existen factores que pueden ser determinantes para el futuro del país. Uno de ellos es la situación social y económica del país ya que Costa de Marfil tiene una gran cantidad de población joven ya que la edad media de la población se sitúa en los 20,3 años. Sin embargo, el país está muy empobrecido ya que en Índice de Desarrollo humano ocupa el puesto 162 de 189. La renta per cápita se sitúa en los 2.271 dólares y el 24,4% de la población vive bajo el umbral de la pobreza (menos de 1,90 dólares/día). La esperanza de vida es de 59,2 años para los hombres y 63,6 para las mujeres. La tasa de natalidad es muy elevada y cada mujer tiene de media 4,7 hijos por lo que se espera un aumento de la población en los próximos años que el crecimiento económico del 2,5% no va a poder cubrir.
La población joven ha sido la protagonista de las protestas de los últimos años en el continente africano y la juventud marfileña no se encuentra nada satisfecha con la situación política, económica y social. Los candidatos no representan a la población ni logran captar sus demandas ya que los políticos más probables para las elecciones de 2025, el actual presidente Alassane Ouattara tiene 79 años y Laurent Gbagbo 76. La desilusión por los candidatos se traduce en las urnas ya que desde 2010 la participación de este segmento poblacional se mantiene baja desde 2010 que esto no se debe interpretar como desafección política ya que participan en el debate político en redes sociales.
A pesar de los retos a los que se enfrenta el proceso de reconciliación nacional del país africano, este ya se encuentra en marcha. El 10 de julio, Gbagbo se reunió con otro expresidente y exrival, Henri Konan Bédié, durante esa reunión se hizo especial énfasis en ‘la urgencia de trabajar por el retorno de una paz definitiva y duradera en Costa de Marfil’. Uno de los pasos clave hasta la fecha tendrá lugar el 27 de julio ya que el presidente Alassane Ouattara recibirá a Laurent Gabbo en el palacio presidencial, el primer encuentro desde el año 2010. La noticia ha sido acogida con entusiasmo y cautela por instituciones y la población ya que eran los rivales enfrentados en 2010 pero son conscientes de que es un paso importante pero no suficiente.

Costa de Marfil se encuentra en un proceso de cerrar heridas que llevan abiertas más de una década. El camino a seguir para la reconciliación nacional está lleno de desafíos y dificultades tanto para las élites como para la población.

Estudiante de Ciencia política en la USAL. Considero imprescindible conocer la realidad africana para comprender la realidad global. Especializada en Geopolítica, Relaciones y Terrorismo.

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