Al-Anfal: el genocidio kurdo de Saddam Hussein

Imagen de una superviviente de Al-Anfal. Creative Commons.

Introducción y Contexto

En 1991, tras el progresivo pero rápido colapso militar iraquí en la Guerra del Golfo, las fuerzas aliadas pudieron acceder a distintos tipos de documentos de la administración del Baaz -el partido gobernante iraquí- que permitieron a los kurdos, alzados en armas contra Bagdad, probar determinados alegatos que en Occidente, quizá interesadamente, llevaban tres años siendo considerados como poco más que propaganda partisana.

Tras el hallazgo tanto el KDP -Partido Democrático del Kurdistán, por sus siglas en inglés- como el PUK -Unión Patriótica del Kurdistán-, que controlaban de facto el Kurdistán Iraquí, podían probar que a lo largo de 1988 se había llevado a cabo una enorme campaña genocida en su territorio, un ataque coordinado contra la población civil kurda que había causado decenas de miles de desaparecidos, centenares de miles de desplazados y un número indeterminado de heridos y enfermos por orden del gobierno de Saddam Hussein.

La campaña recibió el nombre en clave Al-Anfal, el nombre de una sura coránica en la cual Mahoma tiene una revelación poco antes de la primera batalla del recién nacido Islam, la batalla de Badr. El término se traduce como saqueo o despojos de la guerra contra el infiel y fue empleado por el ejército baazista para darle un cariz religioso a la campaña, a pesar de que los kurdos eran en su mayoría musulmanes suníes, como la élite que gobernaba en Bagdad, y de que Iraq era oficialmente un Estado aconfesional.

Los orígenes del Estado iraquí se hallan en la partición de Oriente Medio tras la desintegración del Imperio Otomano. Gran Bretaña reclamó para sí el control de tres de los antiguos vilayatos mesopotámicos del Imperio, Basora, Bagdad y Mosul, que a través de Jordania y Palestina podían conectar al Golfo Pérsico y la India con Egipto y el Mediterráneo. Tras el golpe que instauró la república en el 1958 los conflictos étnicos se reavivaron y con ella la brutal represión llevada a cabo por el estado central contra distintas disidencias, reales o potenciales, personificadas en la población kurda y árabe chií, al norte y al sur del estado, respectivamente. En el norte la guerrilla encabezada por el KDP y después también por el PUK -aunque integrada también por otros partidos de distintas características, desde comunistas a nacionalistas y liberales- plantaron cara al gobierno nacionalista de Bagdad a través de una cruenta guerra de guerrillas amparada por los Montes Zagros, cuyos valles eran bien conocidos por los guerrilleros y les permitían burlar constantemente a las tropas del gobierno.

En 1979 Saddam Hussein se hizo con el poder en Iraq y al año siguiente atacó al vecino Irán, al que creía débil y fragmentado por la reciente revolución que había llevado a los ayatollahs al poder. La guerra, que ocupó y desgastó al ejército iraquí, permitió a las guerrillas hacer distintos avances en su lucha contra Bagdad, coordinando incluso algunas operaciones con Teherán. Para el gobierno de Saddam la situación se volvió intolerable en 1987, cuando a principios de marzo una ofensiva conjunta de Irán y las dos grandes guerrillas kurdas consiguió penetrar ocho millas dentro de territorio iraquí, amenazando, a ojos del gobierno baazista, los campos petroleros de Kirkuk. El 18 de marzo las altas instancias del ejército y el partido Baaz, presididas por Saddam, nombraron a un primo de éste, Ali Hassan al-Majid, Secretario General de la Oficina del Norte con la misión de acabar, con plenos poderes, con el problema kurdo.

Guerrilleros kurdos en 1988. Creative Commons.

El preludio

Las órdenes de Ali Hassan eran claras, y están confirmadas por distintos documentos y testigos. Habría que destruir todos los pueblos kurdos y ni una casa debía quedar en pie. Se hizo un plan, con su respectivo calendario, y se preparó un marco legal en el que encuadrar la acción. En abril de 1987 una gran ofensiva del PUK entorno a su cuartel general, cerca del lago Dukan, dio pie a las primeras campañas de al-Majid. El primer objetivo fueron dos pueblos cercanos a la zona previamente atacada por Irán y las guerrillas. Ambas poblaciones estaban en territorio del PUK y desde hacía 5 años el gobierno negaba la entrada a su territorio de ninguna mercancía. El bombardeo se llevó a cabo desde aviones a última hora de la tarde, cuando los hombres habían vuelto de sus cultivos o de pastorear. Distintos testigos de este y posteriores ataques con armas químicas dirán que al principio el gas huele a “rosas y flores” o a “manzana y ajo”, otros a insecticida. Coinciden sin embargo que acto seguido impide respirar, la cara a algunos se les vuelve negra, otros vomitan, oros quedan temporalmente ciegos y sufren parálisis localizadas. A lo largo de la campaña genocida se usaron distintos agentes químicos, todos con resultados letales. Aquel 16 de abril fue la primera vez que un gobierno gaseaba masivamente a su propia población civil. Al día siguiente los jahsh, paramilitares, principalmente kurdos al servicio del gobierno, entraron en el valle y saquearon las casas de sus antiguos habitantes, que ya habían huido hacia las montañas o hacia algún otro pueblo. Dos días después del ataque un equipo de ingenieros llegó a la zona con dinamita y bulldozers y arrasaron las viviendas.

Los que huyeron al hospital más cercano fueron trasladados al Hospital de la República, en Erbil. Allí, un comandante del Amn -Directorio General de Seguridad, la policía secreta- se llevó a los pacientes -los médicos que cuestionaron las órdenes fueron encañonados-, y los encerró en un cuartel en la misma localidad. Algunos consiguieron huir en el proceso. A todos los hombres, exceptuando a los ancianos, se los habían llevado en autobuses y los habían fusilado tres días después. Los demás languidecían en sus celdas sin acceso a comida, mantas o atención médica. Después, fueron transportados a un lugar llamado Alana, no muy lejos de Erbil, donde los dejaron a su suerte. Se sabe poco del destino de los supervivientes. Algunos fueron hospedados por antiguos vecinos o por extraños, otros alcanzaron complejos gubernamentales. Cuando el Mullah de uno de los pueblos afectados fue a pedir mejores condiciones para los allí internados a los oficiales baazistas responsables del centro, fue despachado con un escueto: “vosotros no sois seres humanos”.

Human Rights Watch (HRW) calcula que el resultado del ataque del 16 de abril a Balisan y Sheikh Wasan fueron entre 225 y 400 muertos. Este episodio no solo fue el primero en el que se usó armas químicas contra civiles en Iraq, sino que marcó el modus operandi del gobierno de Bagdad durante Anfal, aunque con matices. Si bien la población rural kurda estaba acostumbrada a los bombardeos de la aviación baazista -muchos pueblos incluso habían construido refugios antiaéreos- este nuevo arma los cogió por sorpresa y les llenó de terror.

HRW calcula que a lo largo de 1987 el gobierno destruyó 703 aldeas y pueblos kurdos, principalmente a lo largo de carreteras importantes y en zonas bajo control estatal. La diferencia principal con la campaña al Anfal consiste en que por el momento se ofreció a los residentes de los lugares que se quería arrasar algún tipo de alternativa: deportación, migración forzosa, algunos consiguieron incluso alguna pequeña compensación. En mayo y junio Ali Hassan al-Majdi empezó a publicar órdenes y decretos que allanarían el camino a las masacres que estaban por venir. El método más expeditivo fue el censo del 17 de octubre, por el cual todos los que no se mudaran a zonas gubernamentales -grandes ciudades, generalmente en el llano- y permanecieran en las “áreas prohibidas” perderían la nacionalidad iraquí, así como todos aquellos que no se identificaran para el mismo. Había que elegir entre “las filas del gobierno” y los “saboteadores”. Entre “ser kurdo o ser árabe”. Según los documentos consultados por HRW, el censo de 1977 contó 1877 pueblos en torno a Suleimaniyah, el de 1987 tan sólo 186. Los demás, oficialmente, habían dejado de existir, y su gente carecía de derechos en Irak. Además, se intensificó el bloqueo económico sobre la zona, comprometiendo la capacidad de la población rural de satisfacer sus necesidades básicas. La necesidad de mantener tropas en el frente iraní retrasó sin duda los planes de al-Majid, pero tras la ofensiva de invierno iraquí y tras las muestras de agotamiento ofrecidas por Teherán, Bagdad ganó cierta capacidad operativa.

Anfal 1

La madrugada del 23 de febrero de 1988 la artillería iraquí bombardeó el valle Jafati, donde se hallaban los cuarteles generales del PUK. Si bien varios pueblos de la zona habían sufrido ya ataques con armas químicas, se habían sobrepuesto siempre con relativa rapidez. el nuevo bombardeo, sin embargo, era distinto: era el comienzo de Anfal 1, la primera fase de la gran operación de al-Majid. El bombardeo fue seguido por una gran ofensiva terrestre que duró tres semanas y contó con apoyo aéreo constate y la participación de unidades de élite. Duró hasta que el ejército pudo romper del todo el frente del PUK en la zona y arrasar los ya vacíos pueblos que los guerrilleros dejaban atrás. La ofensiva se produjo por tres frentes, ya que Irak aún permitía la salida de los civiles -acosados por la aviación a través de pasos de montaña cubiertos de nieve- de la zona atacada, en este caso hacia Irán.

Halabja

El PUK, tratando de divertir el ataque contra su base, organizó una ofensiva contra la ciudad de Halabja con apoyo iraní. Halabja era una posición estratégica, étnicamente kurda y habitada por ente 40.000 y 60.000 personas. El 13 de marzo la ciudad cayó sin que el ejército iraquí reforzara su defensa. El 16 se produjo el previsto bombardeo iraquí, con una virulencia inusual. La población, apiñada en deficientes refugios antiaéreos, fue atacada con lo que parece ser napalm o fósforo. Después también con gas. Entre las armas se encontraban varios gases, como el nervioso, y las descripciones de la madrugada de aquel día son de auténtica pesadilla. Los que pudieron huyeron, bajo la lluvia, a través de las montañas hasta Irán. Halabja y sus pueblos aledaños fueron arrasados cuatro meses después, cuando Bagdad se aseguró el control de la ciudad. Al menos 3.200 personas, principalmente kurdos, fallecieron aquel 16 de marzo.

El ataque a Halabja, técnicamente hablando, no fue parte de Anfal, aunque de facto sí lo fuera. Los civiles, especialmente mujeres, niños y ancianos no fueron recluidos en campos, y los hombres que huían no fueron todos fusilados. Las órdenes que detallaban estos procedimientos se ultimaron hasta el 15 de marzo y además Halabja era una ciudad. Anfal se pensó para lidiar con la población rural kurda.

Tras la caída de localidad, el PUK no resistió mucho. El golpe moral y la superioridad iraquí sobrepasó a la guerrilla, que perdió el control del valle Jafati poco después.

Anfal 2

Durante la primera fase se produjeron pequeños ataques a lo largo de casi todo el Kurdistán Iraquí. Uno de los objetivos más afectado fue Qara Dagh, una formación montañosa al sur de Suleimaniyah, donde Bagdad temía que hubiera presencia no sólo de Peshmerga (guerrilla kurda, literalmente los que se enfrentan a la muerte) sino también de Pasdaran, la Guardia Revolucionaria del gobierno de los ayatollahs. El 22 de marzo los ataques con armas químicas se intensificaron fuertemente contra los pueblos de la zona con una intensidad premonitoria. El 23 empezó el asalto de infantería contra los pueblos, ya prácticamente abandonados. La actitud del ejército fue al principio contradictoria, y se permitió a los primeros refugiados continuar hasta Suleimaniyah, aunque luego se registraría la ciudad en su busca. En un momento dado, la actitud cambió y se empezó a arrestar a la gente que huía. Algunos, amparados secretamente por jash, pudieron correr a las montañas. Muchos de los hombres desaparecieron tras varias semanas en cárceles de Suleimaniyah. Las mujeres y los niños, en general, pudieron continuar su camino.

Sin embargo, los que huyeron por el sur, desaparecieron casi todos, sin distinción de edad o género. Cientos de hombres, mujeres, niños y niñas que, arrestados por el ejército desaparecieron en los llanos de Germian, donde ya se alumbraba la tercera fase de Anfal.

Anfal 3

Hacia la extensa región de Germian habían huido cientos de civiles de Qara Dagh y allí se reunían también peshmerga del PUK que se retiraban de las zonas afectadas por Anfal 1 y 2. Si en el defendible valle de Jafati se habían hallado los cuarteles generales del PUK, en los abiertos llanos de Germian se encontraba su corazón político. El asalto masivo de la infantería iraquí empezó el 7 de abril y encontró una débil resistencia a la que venció sin dificultad. Las defensas de un PUK desmoralizado y sin plazas fuertes se hundieron rápido, y el ejército “no dejó el área hasta que toda criatura viviente fue capturada”. Ahora sí, la campaña ya se había convertido claramente en una operación de exterminio. Las armas químicas, por otro lado, se usaron solo anecdóticamente en esta fase para acabar con un episodio de resistencia a ultranza protagonizado por los peshmerga en la aldea de Tazashar.

Distintos grupos de civiles consiguieron huir, generalmente por un chivatazo de algún jash, por ayuda de congéneres que les hospedaban o por suerte. El papel de los jash fue de nuevo contradictorio. No sólo trabajaron a lo largo de toda la campaña para Bagdad cazando incluso a sus parientes en algunos casos, sino que extendieron rumores de amnistías generales para que los civiles se entregasen a sabiendas de que eran falsas, mentiras que facilitaron el asesinato de numerosos refugiados. Fueron los más beneficiados por los saqueos, pues a cambio de los “saboteadores” a los que entregaban podían quedarse la “propiedad” de éstos, incluyendo a las mujeres. Por otro lado, sin embargo, numerosos testigos confirman que algún jash les ayudó a escapar, les escondió o les avisó del peligro inminente. Algunos confirman haber sido rescatados por los mismos jash que les capturaron, lo que confirma que en muchos casos los paramilitares se habían creído las mentiras que difundían. El momento crítico solía ser su paso por algún centro de detención, al ver el estado de los prisioneros y cómo se separaba a los hombres de las mujeres y los niños. Este papel errático de los paramilitares kurdos al servicio del gobierno fue una constante a lo largo de todo Anfal.

Los civiles capturados fueron reunidos en condiciones terribles en determinados puntos de la región, generalmente en pueblos cercanos a las carreteras. Allí, tras pasar días y noches al raso, fueron transportados en camiones a distintas bases militares. En la población de Chamchamal un conato de revuelta por parte de los habitantes, animados por los jash, consiguió liberar a varias decenas de prisioneros, que sin embargo fueron posteriormente cazados por los Amn y ejecutados públicamente.

En general, a lo largo de toda la campaña, los hombres y niños capturados de entre catorce y cincuenta años pasaban algunos días en una base militar y luego eran llevados a lugares desconocidos y fusilados. Las mujeres y los niños pequeños sufrieron toda clase de destinos: a veces eran abandonados lejos de sus casas y sin recursos. Otras veces fueron reasentados en zonas controladas por el gobierno en estado deplorable, sin poder cubrir sus necesidades básicas, y anecdóticamente en poblaciones grandes controladas por el ejército. Miles de mujeres desaparecieron de las celdas en las que las internaron -principalmente en la base de Dibs- y no se sabe qué fue de ellas, y los recién nacidos no solían sobrevivir a las condiciones de escasez en las que se encontraban sus madres. La mayoría de los ancianos y algunas mujeres y niños fueron llevados a una fortaleza en el desierto, cerca de la frontera saudí. Las epidemias provocadas por el agua contaminada, el maltrato, la escasa y pobre alimentación y la imposibilidad de acceder a medicinas acabaron matando a cientos de ellos. Como en todos los crímenes de masa existió un componente de género muy marcado en la violencia ejercida por el gobierno, y la violencia sexual persiguió a las mujeres durante todo Anfal.

Por otro lado, al Anfal también se demostró como una campaña tremendamente dependiente de la compleja burocracia militar iraquí. Iraq, que ya era conocido por guardar ingentes cantidades de informes -se lo conocía como “la Prusia de Oriente Medio”- ha dejado documentos que registran cada paso que daba cada unidad del ejército, lo cual ha permitido a los investigadores estudiar con detenimiento todas las operaciones. Para la población, esto significó que si bien en las “áreas prohibidas” existía una total suspensión de los Derechos Fundamentales, en las grandes ciudades podían encontrar refugio al menos de manera parcial. Éstas no estaban directamente amenazadas, pues Anfal buscaba exterminar a la población kurda rural, no la urbana, aunque la policía secreta peinó distintas urbes en busca de refugiados que hubieran huido de las “áreas prohibidas” atacadas.

Dentro de la región de Germian, la zona sur fue claramente la más afectada. En el norte muchos civiles consiguieron alcanzar Kirkuk o alguna otra ciudad y fundirse con la población civil, y las mujeres y los niños desaparecidos no alcanzan, ni mucho menos, las cifras de las víctimas del sur de la región. HRW calcula que solo en esta área se produjeron al menos 10.000 muertes entre los civiles durante o a causa de Anfal 3.

Anfal 4

La retirada del PUK fue relativamente ordenada, a pesar de las graves pérdidas sufridas y del caos generado por la operación. Una de las columnas de la guerrilla se retiró hacia el norte, escoltando a grupos de civiles, hasta el Bajo Zab, y una de las ciudades por las que pasaron -tenía en torno a 500 casas- fue Goktapa. El 3 de mayo desde allí no se pudo observar el bombardeo con armas químicas que se produjo en el vecino pueblo de Askar, con el que daba inicio Anfal 4. Bien entrado ya el mes de Ramadán, la campaña de exterminio de Bagdad se desplazaba hacia el norte. El viento, la tarde de aquel día, empujó al gas que, desde Askar, alcanzó a la propia Goktapa. HRW calcula que el ataque produjo 154 muertes, aunque los lugareños elevan la cifra hasta 300. Pocos días después, el pueblo fue arrasado por las tropas de tierra. Se mantuvieron los procedimientos inaugurados con Anfal 3 y el escenario de operaciones acabó abarcando el Bajo Zab, en cuyas aguas se bañaba Goktapa y toda la zona kurda al oeste del lago Dukan y al sur de la ciudad de Erbil. Sin embargo, la zona más afectada fue sin duda la ribera del río. Por otro lado, la operación encontró más resistencia que en Anfal 3, y algunos puestos de peshmerga aguantaron durante meses antes de caer en manos gubernamentales.

Kurdos huyendo del ejército iraquí. Creative Commons.

Anfal 5, 6 y 7

En el valle de Balisan, al norte del lago Dukan, se encontraban unos importantes cuarteles del PUK, hacia donde muchos peshmerga se habían ido retirando. Allí, el alto mando de la guerrilla, que sabía que Anfal se estaba acercando, acumuló suministros y preparó la defensa. Por otro lado, buena parte de la población había dejado Balisan y los valles cercanos ya desde los ataques con armas químicas la primavera anterior, así que los pershmerga no tenían que responsabilizarse de la población civil. Sin embargo, Anfal 5 comenzó con un bombardeo con armas químicas contra un pueblo sin peshmerga, uno de los pocos que confiaba en evitar la ira del gobierno por su escaso valor estratégico. Así, la operación comenzó el 15 de mayo, mientras los aldeanos se afanaban en preparar la fiesta de la ruptura del ayuno, el fin del Ramadán.

Tras una semana de calma, Balisan y los valles de los alrededores volvieron a ser bombardeados, pero esta vez de manera ininterrumpida y, de nuevo, con un uso extensivo de armas químicas. Hacia el 23 de mayo, las tropas de tierra entraban en el valle. Los civiles, sin embargo, habían abandonado casi todos los pueblos y al amparo de las montañas buena parte de ellos encontraron un refugio o un camino abierto hasta Irán.

El avance de las tropas de tierra fue frenado por el PUK. Reorganizada, la guerrilla se mantuvo meses peleando y bloqueando al ejército que trataba de penetrar en los valles. El terreno montañoso permitió a los peshmerga sobrellevar la muy superior potencia de fuego enemiga y Anfal 5 concluyó estancada, ahora sí, porque las fuerzas kurdas resistían.

La obstinada defensa del PUK acabó disuadiendo al gobierno la implementación de Anfal 6, ya hacia el 7 de junio. Además, en ese momento se produjo un frágil alto el fuego por la visita de Jalal Talabani a los EEUU, en lo que parecía ser pero no fue un alto el fuego, que de hecho levanta preguntas acerca de cuánto se sabía Washington del genocidio kurdo. A finales de junio Saddam Hussein en persona trató de forzar otra operación en la zona, pero de nuevo la resistencia del PUK obligó a los altos mandos de iraquíes a paralizarla.

Sin embargo, la situación cambió de pronto. Irán, ignorando el acuerdo firmado con el PUK dos años antes según el cual ninguno de los dos negociaría con Bagdad sin la otra parte se mostró dispuesto ante la ONU a llegar a un armisticio con Irak. El alto mando del PUK reconoció que la situación era insostenible y ordenó la evacuación de los últimos civiles, cuya retirada fue cubierta por los peshmerga. Aun así, muchos se entregaron al ejército confiando en amnistías anunciadas por los jash desde altavoces, amnistías que nunca se materializaron. El PUK se retiraba y sus territorios pasaban a manos del gobierno.

Grupo de refugiados kurdos. Creative Commons.

Anfal Final

El día 8 de agosto Irán aceptó un alto el fuego en los términos exigidos por Iraq. Bagdad podía, por fin, usar a las tropas implicadas en el frente, especialmente en el sur, para acabar con las unidades de peshmerga que seguían resistiendo a Anfal 4 y para dirigirse contra el KDP, la otra gran guerrilla, y contra los civiles kurdos de la provincia de Duhok. La composición marcadamente tribal del KDP y su base social hizo que Anfal aquí fuera distinto. Jash de distintos pueblos fueron capaces de convencer a los altos mandos de que uno u otro pueblo carecían de simpatías peshmerga, y estos, en general y comparativamente, fueron respetados. Según HRW el KDP contaba con entre 2.600 y 6.000 combatientes en aquel momento. Ante ellos, Ali Hassan desplegó a 200.000, sin contar a los jash, la fuerza aérea y el Batallón de Armas Químicas. Además, se establecieron protocolos para evitar que la operación transcendiera ante la opinión pública internacional debido a la cercanía de la frontera turca. También se programó la destrucción de entre 300 y 400 pueblos en Badinan, que iba a ser el principal teatro de operaciones. A medida que acababa el mes, los bombardeos preparatorios sobre la zona objetivo se intensificaron. El área, bloqueada económicamente por Bagdad, también era objeto de raids aéreos de Turquía, que buscaba destruir células del PKK -el Partido de los Trabajadores del Kurdistán-, que operaba principalmente dentro de sus fronteras pero que tenía bases en Irak. A pesar de las anteriores operaciones llevadas a cabo por el ejército iraquí a lo largo del año, tanto los civiles como el KDP estaban desprevenidos. El 25 de agosto Anfal llegó a Badinan con un bombardeo extensivo con armas químicas que afectó a 49 pueblos. El 27 la infantería no sólo asaltó los pueblos, sino que trató de cerrar la frontera con Turquía, capturando a los que se acercaban y desapareciéndoles. El ataque aéreo masivo ya había hundido la moral de los peshmerga, que en muchos casos abandonaron sus puestos para tratar de llevar a sus familias a Turquía. El propio alto mando del KDP emitió un comunicado ordenando la retirada. La resistencia sólo se organizó, con extremada dificultad y poca eficacia, para tratar de ganar tiempo y cubrir la huida de los civiles. A pesar de los intentos de los militares por cortar el camino a la población aterrorizada, decenas de miles llegaron a Turquía. Algunos aguantaron hasta la amnistía del 6 de septiembre en las montañas, y muchos otros fueron desaparecidos. Según distintas fuentes, entre 60.000 y 80.000 personas lograron cruzar hasta Turquía, donde el gobierno, hostil a sus propios kurdos y más a los de los demás, les permitió quedarse pero les negó la condición de refugiados.

La matanza industrial de civiles kurdos en esta última fase de Anfal fue más eficiente. HRW consiguió contactar con tres varones supervivientes de Anfal 3, pero de entre los capturados en Badinan no parece que haya sobrevivido ningún varón. Además, en esta última fase se registraron distintos fusilamientos de civiles varones de entre catorce y cincuenta años in situ, sin el previo arresto e interrogatorio que acostumbraban las anteriores Anfal. Por otro lado, que los varones capturados serían todos asesinados era ya conocido en las filas del ejército y de los jash, y aunque se siguieron produciendo anécdotas de apoyo de los paramilitares o incluso de oficiales árabes a los civiles que huían, las deportaciones y asesinatos se llevaron a cabo de forma implacable.

Se calcula que el ejército capturó a 13.395 “saboteadores”, la mayoría de los cuales fue llevado al fuerte de Dohuk, donde se separó a los individuos por género y se los hacinó, entre palizas y torturas, durante días. También se les separó por religión, apartando a los yazidíes y a los cristianos asirios de los musulmanes. A los varones mayores de 14 y menores de 50 se los fusiló, y el resto de los internos languideció en distintos centros de detención en condiciones terribles, con algunas excepciones.

Amnistía

El día 6 de septiembre se publicó una especie de amnistía general, que molestó profundamente a al-Majdi. Se permitió a todos los kurdos que volvieran de Turquía o Irán reasentarse en lugares predefinidos por el gobierno, aunque solo si lo hacían dentro del plazo de un mes. De hecho, los retornados estuvieron sometidos a numerosas coacciones, y muchos se negaron a volver. Más tarde, tras el levantamiento kurdo de 1991 otra oleada de civiles se reunió con los refugiados de Anfal fuera de las fronteras iraquíes. Además, la amnistía contaba también con un perverso giro argumental: solo los kurdos musulmanes podrían regresar. Asirios, yazidíes y otros miembros de otras minorías fueron desaparecidos según volvieron a poner pie en su país. La amnistía pretendía dar el colofón a Anfal, habiendo consumado ya el exterminio de la población rural kurda y estando derrotada la guerrilla.

Conclusiones

Los investigadores no han alcanzado un acuerdo sobre el número de víctimas de al Anfal. Se barajan cifras de 70.000, pasando por los 100.000 que reconoció al Majdi hasta los más de 180.000 que estima el gobierno kurdo de Erbil, del KDP.

Halabja, con su memorial, es posiblemente, el símbolo más reconocido de lo que tuvieron que sufrir los kurdos durante la campaña al Anfal. Sin embargo, de recuerdos está plagada esa tierra que finalmente sigue siendo suya. El fuerte de Dohuk, la terrible base militar de Topzawa, las numerosas ruinas en el campo de Germian, etc.

Memorial de Halabja. Creative Commons.

En 2006 Saddam Hussein fue ahorcado por sus crímenes contra la población árabe chií de Iraq, antes de ser juzgado por los que cometió contra la kurda. Poco después, Ali Hassan al-Majid fue condenado a muerte por la campaña al Anfal. Su ejecución fue postergada porque Jalal Talabani, líder del PUK, que le había combatido a la cabeza de su movimiento guerrillero y que en ese momento presidía Irak, se negó a firmar la sentencia de muerte debido a su rechazo de la pena capital. Aunque al-Majid, al que los kurdos llaman “Alí el Químico” haya sido finalmente ejecutado, las heridas siguen abiertas. Las patologías derivadas de los ataques con armas químicas, las mutilaciones, el dolor por los familiares y amigos perdidos permanecen presentes en muchos de los supervivientes de aquellos acontecimientos.

Año tras año, la paz nunca acaba de llegar al Kurdistán. La brutalidad del ISIS y de los ataques de Turquía y sus mercenarios islamistas ha recordado a muchos kurdos lo aislados que siguen estando. Y a pesar de todo, en sus montañas, los kurdos siguen sobreviviendo.

Bibliografía:

Fattah Aziz, K. et al. Documentation of Kurdish Genocide and Common Diseases Occurred among Victims after Genocide: Retrospective Study. 4th Int. Conf. of Hawler Medical University.

Hiltermann, J., R. The 1988 Anfal Campaign in Iraqi Kurdistan. Online Encyclopedia of Mass Violence. Sciences Po, ISSN 1961-9898: http://www.massviolence.org/PdfVersion?id_article=98

Informe general de Human Rights Watch: https://www.hrw.org/reports/1993/iraqanfal/

Informe sobre la destrucción de Koreme, por Human Rights Watch y Phisics for Human Rights.

Klamberg, M. The Concept of Genocide and the Anfal Campaign. http://ssrn.com/abstract=1748427

Meseguer, D., Zurutuza, K. Respirando Fuego. Ediciones Península, Barcelona, 2019.

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