
El pasado lunes 29 de julio, Reino Unido fue escenario de unos de los peores ataques contra niños que se han registrado en el país en décadas. Tres niñas de 6, 7 y 9 años perdieron la vida, víctimas del apuñalamiento que dejó heridos a otros ocho menores y a dos adultos. La agresión se produjo durante las vacaciones de verano en la localidad de Southport, en un evento organizado en una escuela de baile.
Un día después del suceso, una oleada de violencia, protagonizada por militantes de extrema derecha, se desató cerca de una mezquita en la pequeña localidad al noreste de Inglaterra, donde 39 policías resultaron heridos. Varios bulos compartidos en redes sociales especulaban que el criminal era un solicitante de asilo recién llegado al país de fe musulmana. Ante la magnitud de los disturbios del martes en Southport y la difusión de noticias falsas, el subjefe de la policía, Alex Goss, aclaró que se había divulgado un nombre falso y que el acusado había nacido en Cardiff, Gales. Igualmente, señaló que gran parte de los involucrados en los desórdenes no eran locales, sino que se habían desplazado con el objetivo de causar altercados.
Ante las especulaciones, el juez del Tribunal de la Corona de Liverpool tomó la decisión de levantar las restricciones de información, que dictan mantener en el anonimato los nombres de los sospechosos menores, tres días más tarde del ataque y una semana antes de que este cumpliera la mayoría de edad. El perpetrador del apuñalamiento en masa ha sido identificado como Axel Muganwa Rudakubana, un adolescente de 17 años de ascendencia ruandesa y de familia católica. La policía declaró que se desconocen los motivos detrás de esta agresión, pero que no se trataría como un acto terrorista.
Los altercados, organizados en gran medida por activistas de extrema derecha, se han extendido durante los cinco días consecutivos a otras ciudades como Londres, Hartlepool, Manchester, Leeds, Blackpool y Aldershot. Tan solo el miércoles se detuvieron a más de 100 personas en las inmediaciones de Downing Street.
Durante estas revueltas, los manifestantes han prendido fuego a dos coches de policía en Hartlepool y Southport, han volcado vehículos e iniciado fuegos en Sunderland –donde tres agentes tuvieron que ser trasladados al hospital–, han lanzado proyectiles contra los agentes en numerosas protestas, han agredido a las fuerzas policiales que protegieron mezquitas y han asaltado hoteles que albergan a inmigrantes irregulares en Aldershotny y Rotherham.
En Belfast, la capital de Irlanda del Norte, varios negocios de dueños musulmanes fueron atacados con ladrillos e incendiados. Tanto republicanos como lealistas salieron a las calles para protestar contra la inmigración, con banderas de la Unión y tricolores. Mientras tanto, al otro lado de la calle, grupos antifascistas ondeaban banderas de su movimiento político, palestinas y del orgullo.
A raíz de la violencia callejera, han ido surgiendo movimientos antirracistas por parte de organizaciones como Stand Up to Racism que buscan hacer frente a las movilizaciones de extrema derecha. Algunos líderes religiosos también han organizado reuniones para responder a los disturbios y la comunidad local está sumándose en algunas ciudades, como Middlesbrough, de forma espontánea para defender mezquitas u oponerse a los grupos hostiles que han destruido cristales, coches, domicilios y que han interrumpido el tráfico increpando a los conductores con preguntas como “¿eres blanco?" o "¿eres inglés?”, entre otras.
En Bristol, dos grandes grupos chocaron este domingo: el mayor coreaba “los fascistas no son bienvenidos” y el de menor dimensión “queremos nuestro país de vuelta” e “Inglaterra hasta que muera”. Los enfrentamientos verbales desembocaron en un tumulto de botellazos y puñetazos, una situación que se ha repetido en otros puntos del país.
En este contexto, el jueves 1 de agosto, el primer ministro laborista Keir Starmer anunció que creará una "estructura nacional" que unirá la inteligencia británica y la actuación de las fuerzas de seguridad del país para detener las hostilidades; acabar con los desórdenes violentos, independientemente de su motivación; coordinar a los agentes antidisturbios; e identificar y recopilar información sobre los "alborotadores extremistas".
Asimismo, otra de sus medidas de emergencia para acabar con las revueltas será mantener abiertos los tribunales las 24 horas del día para agilizar la imposición de penas. Además, recalcó: "Seamos muy claros. No son protestas. No son legítimas. Es crimen y son altercados violentos, un asalto al Estado de derecho y a la ejecución de la justicia".
En sus declaraciones dirigió un mensaje a las empresas que gestionan las redes sociales: "Los disturbios, claramente fomentados en Internet, también son un delito, están ocurriendo en sus instalaciones, y la ley debe respetarse en todas las partes". Subrayó la responsabilidad de estas plataformas en destinar esfuerzos para combatir la desinformación y los bulos, y abrió un debate sobre la posibilidad de imponer sanciones en caso de inacción.
Starmer también recalcó que tomaría todas las medidas necesarias para mantener a salvo a la comunidad musulmana. De hecho, el domingo 4 de agosto, la ministra del Interior, Yvette Cooper, aprobó un paquete de 29,4 millones de libras para proporcionar una mayor protección a las mezquitas y a la comunidad.
Por su parte, el diputado de Sunderland Central, Lewis Atkinson, señaló la conexión entre los altercados y grupos en línea de extrema derecha. Según el parlamentario, estos son organizados y promovidos por perfiles como el del activista que actúa bajo el pseudónimo de Tommy Robinson, fundador de la English Defence League (Liga de Defensa Inglesa).
El ex ministro principal de Escocia, Humza Yousaf, también se ha pronunciado, instando a Downing Street a tomar medidas más contundentes para enfrentarse a los “matones y nazis” y reclamando que envíe al Ejército británico para acabar con el “pogromo contra los musulmanes y la gente de color” ante el desbordamiento policial. El actual dirigente escocés, John Swinney, se ha limitado a condenar la violencia, el racismo y el auge de la extrema derecha.
Desde que estallaron las tensiones, se han contabilizado más de 25 manifestaciones en contra del multiculturalismo, de la inmigración y de la comunidad islámica en diferentes puntos del Reino Unido para el fin de semana. En contraposición, el sábado hasta cinco denominadas contraprotestas antirracistas se han desplegado a lo largo del país.
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