Fuegos internos en el norte de Yemen

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Anteriormente tratamos la posible independencia de Yemen del Sur. En esta ocasión introduciremos las debilidades y fortalezas de la alianza política de Yemen del Norte, analizando las amenazas y oportunidades de su aparato militar.

Desde el punto de vista de la propaganda, los huzíes han sabido presentarse como las víctimas de una guerra silenciada. Y no les ha hecho falta mucho; ni siquiera parece que lo hayan intentado. El hecho de ser objetivo indiscriminado de los ataques aéreos de la Coalición Árabe dirigida por Arabia Saudí ya les ha bastado para ser presentados en la prensa como los «rebeldes yemeníes». Son la cara famosa de un conflicto olvidado.

Desde sus orígenes, los huzíes son una tribu del norte de Yemen. En muchos análisis se ha hablado de tribalismo como un elemento negativo, y debemos despojarnos de este prejuicio ya que la categoría tribal es indispensable para comprender Yemen. El tribalismo tiene tantos elementos positivos como negativos.

El movimiento político que surge de esta tribu –y que integra a personas de distintas tribus y religiones- sería Ansarallah, literalmente los Defensores de Dios.

«Dios es lo más grande, Muerte a América, Muerte a Israel, maldición a los judíos y victoria al Islam».
La bandera de este grupo explica sus intenciones políticas: «Dios es lo más grande, Muerte a América, Muerte a Israel, maldición a los judíos y victoria al Islam».

En septiembre de 2014, la situación no podía ser más caótica. El presidente yemení Abdrabbuh Mansour Hadi, surgido tras lo que se ha llamado «la primavera árabe», había deteriorado la vida política de tal manera que contra todo pronóstico Ansarallah lanzó una operación relámpago sobre la capital de Yemen, controlándola militarmente en apenas 72 horas. En este golpe de Estado llegó incluso a capturarse al Presidente yemení Hadi, que fue puesto bajo arresto domiciliario y posteriormente desterrado a Adén. La captura de Saná permitió a Ansarallah capturar sin dificultad toda la costa oeste del país. El último gran obstáculo para hacerse con todo el territorio de Yemen era Adén, la antigua capital y principal bastión de Yemen del Sur. Es entonces cuando Hadi se exilia a Arabia Saudí y logra crear la Coalición Árabe. Ansarallah sufriría en Adén la mayor de sus derrotas hasta la actualidad.

Evidentemente capturar una capital como Saná, con sus aparatos institucionales, televisiones, Fuerzas Armadas, Parlamento, etc. no puede hacerse sin el apoyo de una parte del Ejército que no era leal a Hadi pero tampoco a Ansarallah. Hablamos del comienzo de la alianza entre Ansarallah y el expresidente yemení Saleh.

Ali Abdullah Saleh fue Presidente de Yemen del Norte desde 1978 hasta la reunificación de 1990. Su mandato continuaría como Presidente de Yemen desde 1990 hasta 2011.

Su posición como líder al frente del Congreso General del Pueblo (GPC por sus siglas en inglés) ha sido muy fuerte, pese a que económicamente el país ha estado muy empobrecido, Saleh supo ganarse las simpatías y mantener unificado el aparato militar de un país tribalizado, donde  la inmensa mayoría de la población maneja armamento ligero por su propia cuenta. No hablamos de una cuestión menor.

Para ubicar ideológicamente estos movimientos, podríamos decir que los principales rasgos definitorios de la ideología de los huzies sería el antiamericanismo y antiwahabismo mezclado con antisionismo y antisemitismo, mientras que la característica esencial de Saleh y su partido sería un panarabismo de corte liberal con matices caciquistas en múltiples tribus.

Cartel de Ansarrallah
Cartel de Ansarallah (2017): “Creemos que el principio de la Wilayah es crucial para la victoria”. La Wilayah es el derecho de los descendientes del Profeta a gobernar el mundo musulmán.

Hadi fracasó de forma abrumadora a la hora de mantener esta cohesión social. Entre 2012 y 2014, en los únicos años de su mandato, comenzaron a hacerse notar una serie de problemas que siempre existieron pero que Saleh y el GPC supieron ocultar o mantener a raya. Los más destacados eran la corrupción y la amplia pobreza, generando una inestabilidad social que supieron aprovechar a su favor los huzíes para su insurrección armada.

En la actualidad, y desde agosto de 2016, Saleh Ali al-Sammad es el actual Presidente del Consejo Supremo Político formado por Saleh –y su partido GPC-, Ansarallah y aliados.

Saleh Ali al-Sammad
Saleh Ali al-Sammad, Presidente del gobierno con sede en Saná y actual Presidente del Consejo Supremo Político, un “gobierno de salvación” formada por Ansarallah, el GPC –liderado por Saleh- y sus aliados

Por lo tanto, Sammad es el actual Presidente y el máximo poder político de las regiones controladas por esta alianza, tanto dentro como fuera de Yemen.

Es una figura bisagra que proviene del movimiento de los huzíes pero sirvió hace años como asesor político en el GPC, lo que hace que ni uno ni otro sospechen de una posible traición.

Saleh, a pesar de la gran influencia que tiene sobre el país y sobre el aparato militar, abandonó el poder en 2012 y no tiene intenciones –ni posibilidades- de volver a gobernar, aunque sí es evidente que ha recuperado gran parte de la influencia y la popularidad perdidas en la «primavera árabe».

Como es fácil de imaginar, la mayor fortaleza de este gobierno es consolidar la unidad frente a la Coalición Árabe liderada por Arabia Saudí y apoyada por Estados Unidos que ataca Yemen desde el 26 de marzo de 2015 de acuerdo a la Resolución 2216 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Sin embargo, y contra toda lógica, este gobierno sufrió durante el verano de 2017 una serie tensiones que pusieron en riesgo su existencia.

La hipotética descomposición de este autodenominado gobierno de salvación favorecería a Arabia Saudí, que no solo se ha demostrado incompetente para derrotar por tierra, mar y aire a estos organismos sino que ha visto como Ansarallah penetraba en territorio saudí e incluso lanzaba misiles contra bases militares de la capital saudí.

En vísperas del 35 aniversario de la creación del GPC, que sería una demostración de fuerza por parte de Saleh, el líder de los huzíes, Abdul-Malik al-Houthi, acusó a Saleh de negociar con Arabia Saudí en secreto “apuñalándole por la espalda”, además se quejaba de que los huzíes eran los únicos que hacían sacrificios en las batallas.

Saleh respondió a este discurso exigiendo duras condiciones a los huzíes para retomar las negociaciones políticas, a lo que hay que añadir los graves problemas políticos que azota la región como la epidemia del cólera o la falta de pago desde hace un año al funcionariado yemení.

Aparentemente estos problemas fueron resueltos días antes del aniversario del GPC, y Saleh pudo demostrar una vez más su popularidad en este devastado país, pero la situación refleja también la fragilidad de esta cadena que se sustenta en el eslabón del rechazo a la agresión saudí.

Manifestación en Saná (Yemen)
Manifestación con motivo del 35 aniversario de Saleh al mando del GPC. 24 de agosto de 2017, Saná (Yemen).

El gobierno de Sammad es consciente de esta fragilísima situación política y su respuesta ante una posible ruptura por componentes externos ha sido la represión y la constante censura del periodismo.

Detener cualquier periodista que trate de dividir la alianza interna del GPC y Ansarallah contra la Coalición Saudí ha sido una práctica habitual. Ha sido también la gota que ha colmado el vaso en un mar de desinformación mediática.

Los altos niveles de represión del gobierno de Sammad han afectado no solo a periodistas independientes sino a periodistas alineados tanto con Saleh como con los huzíes. El excesivo grado de represión es una crítica habitual en los simpatizantes de Sammad.

Sin embargo, una práctica que ha sido más o menos común se ha convertido actualmente en una debilidad que amenaza al gobierno de Sammad.

El 14 de agosto los huzíes detuvieron a un grupo de 12 periodistas que a día de hoy, finales de septiembre de 2017, siguen detenidos. Toda la atención se ha centrado en uno de esos detenidos, Hisham al-Omeisy, un director de documentales y activista de lo que se conoce como «primavera árabe». En apenas una semana logró aparecer en Washington Post, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, o incluso en las Naciones Unidas. Bajo el hashtag #FreeHisham muchas personas anónimas demandan su liberación. Es el único detenido, tanto independiente como simpatizante de la alianza gubernamental, por el que se ha llevado a cabo una campaña exigiendo su liberación.

Hisham al-Omeisy, activista de la primavera árabe detenido el 14 de agosto junto a un grupo de periodistas
El «activista de la primavera árabe» Hisham al-Omeisy, detenido el 14 de agosto junto a un grupo de periodistas, supuestamente, por denunciar la corrupción del gobierno de Sammad

Resultó cuanto menos curioso que la campaña por la liberación de Hisham coincidiera con la campaña por la pequeña Buthina; la única superviviente de un bombardeo saudí sobre un complejo residencial en la capital de Yemen que arrebató la vida de su padre, madre y cinco hermanas.

La pequeña Buthina
Este gesto de la pequeña Buthina ha sido repetido en redes por cientos de personas anónimas como un gesto de apoyo y un símbolo de que los bombardeos de Arabia Saudí en Yemen deben terminar

Este gesto de la pequeña Buthina ha sido repetido en redes por cientos de personas anónimas como un gesto de apoyo y un símbolo de que los bombardeos de Arabia Saudí en Yemen deben terminar.

A pesar de gozar de amplios apoyos en redes sociales bajo el hashtag #I_Speak_for_Buthina, la pequeña Buthina no llegó a ser objeto de campañas de Amnistia Internacional ni tampoco apareció en la ONU. Únicamente la CNN hizo un artículo sobre su situación.

Tanto el expresidente Saleh como el actual presidente Sammad visitaron a la pequeña Buthina en el hospital.

Lo que podemos abstraer de ambas campañas mediáticas, es que el gobierno de Sammad goza de un claro desprestigio, que no tiene legitimidad externa ni apoyos internacionales, ni siquiera para denunciar los bombardeos indiscriminados de Arabia Saudí sobre su territorio, siendo posible que esta búsqueda de la legitimidad sea uno de los mayores retos que afrontará de cara al futuro en el plano político.

Mientras que en el plano militar, y para concluir, mantiene sus posiciones militares bien fortalecidas en los puntos estratégicos esenciales por lo que Arabia Saudí seguirá sin alcanzar su ansiada victoria. No solo eso, si no que además, el líder de los huzíes asegura que el alcance de sus misiles no se limita a la capital saudí como ya ha demostrado, si no que también pueden lanzarlos contra cualquier parte del territorio de los Emiratos Árabes Unidos.

 

 


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Alvaro A.

Analista amateur. Cultura, propaganda de guerra, comunicación social y análisis visual. Interesado en geopolítica y relaciones internacionales.

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