Wahabismo, Yihad y Petro-Islam

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Mujer siendo azotada en público por violar las leyes de la Sharia

El islam se ha convertido en una discusión diaria en Europa. Organizaciones de todos los colores se han afanado en tratar la cuestión migratoria, la crisis de los refugiados y los enfrentamientos políticos, económicos y militares en Oriente Próximo, y en sacar rédito político de estos temas expandiendo visiones simplistas sobre la religión o la forma de vida de los habitantes de Oriente Próximo y África. Más conservadores o menos, más liberales en lo económico o más intervencionistas, la política obliga a tomar posición lo más rápido posible, y satisfacer al posible electorado con algo sencillo y fácil de tragar. Así, el inmigrante es un enemigo violento por su ideología islámica, o una persona que ha sufrido toda su vida y a la que se está discriminando por xenofobia. Sea cual fuere la posición tomada, el objetivo es jugar con la ignorancia que se espera del público, entregando a la gente mensajes vacíos que llaman a la expulsión o a una coexistencia idílica.

Vista de la Mezquita de Madrid de la M-30 / Fuente: Madridphotobloggers

A medida que los sistemas de ideas que hay a un lado del Mediterráneo cruzan este mar, se hace más necesario conocerlos, porque más participan en nuestra vida diaria. Aunque, como veremos, no empezaron a llegar a Europa con la inmigración, pues ideas como el Wahabismo llevan luchando por expandirse por Europa desde hace décadas.

¿Qué es el Wahabismo?

Aunque todos podemos dar una definición de ‘islam’, menos gente puede dar una definición de Sunismo o de Chiísmo. Menos aún de Wahabismo, que aunque es un movimiento que tiene cerca de 250 años y es pieza fundamental del islam contemporáneo, es desconocido para todo el mundo excepto para aquellos cuyos intereses pasen directamente por el conocimiento del islam.

El Wahabismo es una rama del islam, a veces enmarcada dentro del sunismo, a veces aparcada como una corriente aparte, que comienza su existencia a partir de Al-Wahhab, un clérigo árabe que a mediados del siglo XVIII se asoció con la casa real de Arabia Saudí, los Saud, en su conquista de Arabia. Esta asociación resultó ser muy útil para los Saud, pues les permitió lanzarse a la unificación de las tribus y emiratos locales gracias a declarar a sus enemigos ‘apóstatas’ o ‘falsos musulmanes’. Los descendientes de Al-Wahhab y de la casa de Saud mantuvieron su asociación, alcanzando con el tiempo la preeminencia en la región y terminando por conquistar todos los territorios de su actual reino con el beneplácito británico. Solo los protectorados británicos de la zona (Bahrein, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Kuwait tras una guerra con Arabia Saudí) sobrevivirán al expansionismo Saudí, con la excepción de Yemen, que pactó tras una guerra el reconocimiento de las conquistas de Arabia Saudí en la zona.

La dinastia de los Saud, uno de los mayores exponentes del Wahabismo

¿Qué quiere el Wahabismo?

Esta rama del islam se basa en una interpretación rigorista de los postulados islámicos, en busca de una vuelta a los ‘principios’ del islam. Para los Wahabitas, sus ideas hacen del islam un islam original y puro, viendo ellos su corriente de esta religión como un ‘Islam’ con mayúscula. Así, rechazan la idolatría en cualquiera de sus formas, aceptando solo la adoración de Dios. Ni ángeles, ni evocaciones, ni objetos ni siquiera el Profeta, solo Dios. Es por eso que, cada cierto tiempo, aparecen noticias sobre la destrucción de patrimonio histórico en Arabia Saudí o por parte de wahabitas en todo el globo: cualquier cosa, aunque sean tumbas de hombres importantes en la historia del islam, debe ser destruida si puede distraer la adoración a Dios. Es por eso que, en una ciudad como La Meca, que recibe una cantidad ingente de peregrinos año tras año, el Wahabismo justifica la destrucción de cada vez más patrimonio, que se aprovecha para albergar hoteles o restaurantes.

Tradicionalmente, la proclamación de Dios como único y a Mahoma como su profeta, la llamada Profesión de fe o Shahada, ya es suficiente como para ser musulmán, siendo no realizar los pilares del islam motivo para ser considerado un mal musulmán o un pecador, pero no un apóstata o un idólatra. Pero para el Wahabismo, es necesario el rechazo explícito de la idolatría para ser un verdadero musulmán. Para Al-Wahhab es tan importante esta cuestión que solo ella es justificación de la guerra, una idea que fue muy útil para los Saud en su camino al poder: o uno se convierte al wahabismo, o puede ser atacado. En este sentido, elementos propios de otras religiones como adoración de imágenes, tumbas o santos, característicos de la religión cristiana, o la costumbre chií de colocar mezquitas sobre tumbas era para Al-Wahhab una razón para rechazar ambas confesiones con dureza, llevándole incluso a rechazar que los chiítas o sunitas que realicen tales actos sean musulmanes. Es posible notar que el fundador del Wahhabismo hacía referencia a un relato de la vida del Profeta Mahoma, en el cual declaraba que no temía a la conquista eventual de los musulmanes por los no creyentes, sino a la vuelta de la idolatría y la aparición de falsos profetas entre los musulmanes por acción de líderes equivocados. Pero previó el mantenimiento de un grupo de creyentes fieles al verdadero islam. Al-Wahhab, sin duda, se identificó con ese grupo de verdaderos creyentes.

Mujer siendo azotada en público por violar las leyes de la Sharia

Y no nos podemos olvidar de la aplicación rígida de la ley islámica o Sharia, fundamental para un movimiento como el Wahabita que es indefectiblemente radical. La visión del Profeta, sus dichos y hechos, y la llamada del Corán a considerar a Mahoma como ejemplo, llevó a Arabia Saudí a crear una policía moral que vigilase que hombres y mujeres vestían y actúaban de acuerdo a la sharia y la moral impuesta por el Estado, obligando a no fumar, a los hombres a llevar barba y a las mujeres a ir tapadas. Ambos sexos deben portar atuendos que sean recatados, las mujeres no pueden conducir y deben ir siempre acompañadas de un familiar.

¿Hasta dónde se ha expandido el wahabismo?

El Wahabismo se expandió, originalmente, dependiendo de la estabilidad del gobierno de los Saud en Arabia, que alcanzó a formar el Estado que hoy gobierna en la mayoría de la Península Arábiga a principios del siglo XX. Pasando por diferentes etapas, los descendientes de Al-Wahhab se mantuvieron como cabezas de los asuntos religiosos del gobierno de los Saud mientras estos últimos se ocupaban del gobierno y lo político. El Wahabismo es dominante en su cuna, el centro de Arabia Saudí, en la zona de la capital, mientras que en el resto del reino domina, o bien el chiísmo, 25% de la población, o el sunismo de la escuela jurídica hanbali, 52% de la población, siendo el resto, el 23% de los saudíes, wahabis. Siendo pues que en este país la tercera confesión en cuanto a población es la oficial y la respaldada por el Estado, que procura que sus actos oficiales se adecúen a esta rama del islam.

Expansión Saudí / Fuente: Desvelando Oriente

Mientras tanto, el otro país internacionalmente reconocido cuya ideología oficial es wahabista es Qatar, donde el 46% de su población se identifica con esta rama del islam, recibiendo la mezquita estatal de Qatar el nombre de Al-Wahhab en su honor.

¿Qué otro ‘país’ tiene como ideología oficial el wahabismo? El Daesh o Estado Islámico. Hasta cierto punto, el Estado Islámico abraza por completo el wahabismo, en lo teológico y en lo práctico, con un rechazo violento al resto de confesiones, que son falsas, además de una aplicación inapelable de la Ley Islámica o Sharia. Pero se divorcia de Arabia Saudí desde el momento en el que se reconoce a sí mismo verdadero corazón del Islam, rechazando la acción e interpretación del islam que surge desde la casa de Saud y su reino. Solo el verdadero califa, Abu Bakr Al-Baghdadi, puede dirigir el islam mundial por encima del reino de los Saud, pues estos son solo unos monarcas, Al-Baghdadi incluso reclama poder trazar su árbol genealógico hasta el Profeta, para justificarse como líder de los creyentes.

¿Es el wahabismo la ideología original y oficial de Arabia Saudí?

No es extraño que haya Wahabitas que rechacen a Arabia Saudí o a los descendientes de Al-Wahhab en cuanto a fuente del válida de interpretación del islam. En el siglo XX surgió en Arabia como elemento radicalizado de esta corriente los Ikhwan o ‘hermandad’, una milicia moralista que en un principio se originó dentro de los planes de los Saud, para expandir su conquista en base la yihad militar por la Península Arábiga, pero más tarde, imbuidos por el fanatismo religioso, se dedicaron a aplicar por su cuenta los principios Wahabistas de forma directa y a establecerse como grupo de presión sobre el Estado. Mientras, el rey y los suyos buscaron una aplicación más flexible y políticamente pragmática del islam, creando tensiones con sus propios productos. Temas como pedir la emigración desde la tierra de los apóstatas y los idólatras a la tierra del islam para evitar su aceptación de las formas de los no creyentes, que encontramos hoy día en el ISIS, se volvieron cuestiones de debate en el reino.

Fuerzas Ikhwan, Ejército de Ibn Saud marchando en Thaj en Este de Arabia – Marzo 1911

Cuando el reino se volvió un sujeto reconocido internacionalmente, los saqueos más allá de sus fronteras o la expansión sin límite en tierras de infieles se volvieron problemática de derecho internacional, y por lo tanto un problema tanto para el pragmatismo de los Saud, que buscaba alzarse como cabeza a seguir del Wahabismo para delimitarlo a sus necesidades como para los fanáticos que veían en el reconocimiento de las fronteras internacionales (y en el no poder enriquecerse con el saqueo) un problema. El debate religioso sirvió de cubierta para la disminución del poder de los miembros de los Ikhwan, que eran apartados a medida que no eran necesarios para el reino o incluso suponían un problema. La presión de estos grupos llevó a la aceptación de un régimen más estricto sobre los chiítas locales y extranjeros, además de obligarles a atender a clases llevadas por wahabitas, pero cerró a los Ikhwan la posibilidad de declarar una yihad, algo reservado solo para el monarca. El rechazo de algunos de estos grupos a tal cuestión les llevó a lanzarse al saqueo en Kuwait e Iraq, necesario para evitar su emprobrecimiento por la falta de botín. Tras varias discusiones y pactos, se inició el enfrentamiento armado entre los Ikhwan y los Saud, que se solucionó a través de la falta de cohesión de los Ikhwan y los exitosos pactos tribales de los Saud, que llevaron a la victoria del reino. Los Ikhwan que no se rebelaron fueron incluidos en la Guardia Nacional Saudí, aceptando finalmente la pérdida del fanatismo original de los Saud, permitiendo que pactasen y conversasen con otros Estados. Al año siguiente de la victoria real, se estableció formalmente el reino de Arabia Saudí, y como anécdota, se incorporó el uso del telégrafo sin cables, antes tabú para los fanáticos, y aun así, cuando llegó a Riyadh, estudiantes religiosos fueron mandados a las estaciones de telégrafos en búsqueda de señales de demonios.

La exportación del Wahhabismo

Arabia Saudí dependió de un aparato de gobierno basado en el monarca, estableciendo consejos y gobiernos regionales según era necesario circunstancialmente, no apareciendo el estado moderno saudí hasta que no se descubrió que la región era rica en petróleo. Hasta entonces, la mayor parte de los ingresos se obtenían de impuestos a peregrinos, que servían además para mantener a las tribus contentas en el frágil equilibrio de un reino determinado por intereses tribales. En 1933, Arabia Saudí, en medio de Gran Depresión, pactó la cesión de los depósitos a la empresa estadounidense Standard Oil, dando firmeza a la economía saudí y acercando el país a los intereses estadounidenses. Por supuesto, esto supuso un problema para las cabezas religiosas del país, en tanto que abría los puertos y los yacimientos de Arabia Saudí a los extranjeros. Pero el flujo de dinero forzaba la apertura a cada vez más trabajadores estadounidenses, que ampliaron sus áreas de inversión.

Pozo rudimentario de la Standar Oil en Arabia, Año 1933

Arabia Saudí se convirtió en una pieza clave para el mantenimiento del tejido productivo de Estados Unidos, convirtiéndose en su proveedor predilecto de petróleo, que a cambio recibía un fuerte impulso modernizador y una cantidad ingente de ingresos. Con motivo de su crecimiento económico y en el contexto de Guerra Fría, Arabia Saudí y sus ideas fervientemente anticomunistas y, si es necesario, contra todo aquel que no sea wahabista en el sentido exigido por los Saud, se convirtieron en una pieza importante del tablero internacional, al que rápidamente se incorporó. Arabia Saudí se convirtió en un lugar seguro no solo para los wahabistas, sino para todos aquellos musulmanes reformistas, revivalistas o islamistas que buscaban mostrar oposición en sus propios países contra movimientos no ya comunistas, sino laicistas o que potencialmente podían modernizar el país en un sentido contrario a los intereses saudíes.

Es el caso de organizaciones como los Hermanos Musulmanes, que durante los 50 y 60 encontraron asilo y dónde reforzarse para volver enriquecidos y entrenados a sus países de origen en Arabia Saudí. Esta organización fue una fuerza de oposición al secularismo de Nasser en Egipto y al de los Bashar en Siria, enemigos de Arabia Saudí en la región. Hoy en día se oponen con firmeza a Arabia Saudí por su posición de servidumbre respecto a Estados Unidos y su tibieza con los aliados estadounidenses.

Pero hoy, y desde el siglo pasado, Arabia Saudí dedica su dinero a financiar la construcción de mezquitas y madrazas (escuelas coránicas, con sus respectivos libros de texto saudíes) por todo el mundo, expandiendo el mensaje wahabista gracias al papel de patronazgo que desempeña Arabia Saudí al financiar la formación en clave de su propia rama del islam entre el clero islámico que, posteriormente, predicará en los centros de oración de todo el globo. Un ‘cable’ de wikileaks referido a Pakistán revela:

Fuentes gubernamentales y no gubernamentales muestran que el apoyo financiero estimado en 100 millones de dólares anuales estaba alcanzando a clérigos Deobandi y Alh-e-Hadith en la región a partir de organizaciones de ‘misioneros’ y ‘caridad cristiana’ de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos con el apoyo directo de estos gobiernos.

Los movimientos citados son propios de la zona, siendo Alh-e-Hadith una rama islamista y cercana al Wahabismo que rechaza directamente a los chiítas, siendo la organización de rama Deobandi más conocida internacionalmente los Talibanes afganos. Las diferencias en cuanto a rama del islam parecen no ser un problema para la expansión de la esperanza wahabista de la toma mundial de un islam más, en los términos de esta misma rama, ‘puro’.

¿Cómo van a competir otras ramas del islam con la financiación masiva que ofrece el petróleo saudí a la caridad, mezquitas, clero y educación islámica por todo el mundo? El mismo cable de wikileaks confirmaba que las madrazas en Pakistán instruían a los niños desde pequeños, apenas única formación a la que pueden acceder, en los principios wahabistas de rechazo frontal al resto de confesiones y lealtad única al islam. Si una pareja tiene muchos hijos y muchos problemas económicos, está abriendo la puerta al rechazo de un mundo que no está ofreciendo lo que necesitan para vivir. Si tal rechazo se riega con una ideología centrada en el dogmatismo y la fe ciega, ¿es posible que Pakistán, un lugar en el que hace no mucho fue capturado Osama Bin Laden cerca de la capital y que sufre continuamente atentados terroristas, sea un ejemplo de lo que puede pasar cuando se unen los posibles factores que den lugar a la temida ‘radicalización’?

Musulmanes indios protestan contra le genocidio Chiita en Pakistán

Mirando hacia occidente, la financiación en Europa de centros religiosos islámicos es real: en España no es un secreto que la famosa ‘Mezquita de la M-30’ de Madrid fue financiada directamente por el rey saudí con 2000 millones de pesetas, 12 millones de euros, siendo inaugurada con la presencia del rey emérito de España, Juan Carlos I. Tampoco es un secreto que con la llegada masiva de refugiados a Alemania en 2015, Arabia Saudí mostró su caridad ofreciendo la construcción de 200 mezquitas para estos inmigrantes. Para 2017 se estiman que 110 mezquitas en Reino Unido siguen el wahabismo, no sabiéndose con certeza cuántas son financiadas a través de organizaciones pantalla con dinero cedido por ricos individuos o por el propio Estado saudí. Tampoco parece conocerse cuántas de las 2300 mezquitas que hay en Francia obtienen sus clérigos o directamente su financiación de Arabia Saudí, no manteniéndose ningún dato, ni control, en este sentido. Cualquiera que quiera enterarse, descubrirá que la mayor parte de la financiación y formación se hace a través de ONGs con origen y financiación saudí, por parte del reino y de individuos saudíes, qataríes y emiratíes. Algunas de estas ONGs son la Liga Mundial Islámica, Organización de Socorro Islámico Internacional, la Asamblea Mundial de la Juventud Musulmana… Y no es una locura que parte de este dinero, en teoría dedicado a caridad, haya acabado en manos de grupos armados terroristas.

La financiación directa de grupos armados por Arabia Saudí

Una acusación recurrente, más allá de la exportación del wahabismo en forma de ideología, es la financiación directa por parte de grupos armados por parte de Arabia Saudí y otros países de la región, como Qatar o los Emiratos Árabes Unidos. Las organizaciones no gubernamentales citadas anteriormente asistieron a los muyaidines afganos que acabaron desembocando tanto en los talibanes como en la organización liderada por el saudí Osama Bin Laden: Al Qaeda. Pakistán también formó parte de esta operación contextualizada en la Guerra Fría como base logística para lanzar ataques a los soviéticos y al gobierno laicista de Afganistán. Es necesario repetir la influencia de las redes de educación y caridad lanzadas desde los países suníes del Golfo Pérsico en la formación de una juventud cada vez más islamista. Pero estas financiaciones que van desde Afganistán a Pakistán no se ralentizaron con el fin de la guerra contra la URSS en Afganistán, sino que han continuado o incluso han aumentado su profundidad desde 2005, según otro cable de Wikileaks. Una situación parecida se ha repetido en Indonesia y Filipinas, países fuertemente azotados por insurgencia islamista cuyas organizaciones ligadas a Al-Qaeda, sin embargo, cuentan con el apoyo de organizaciones teóricamente caritativas financiadas por ricos empresarios saudíes, kuwaitíes, qataríes y emiratíes. Estos países aportaron gran cantidad de mano de obra a estos países, cuyos trabajadores volvieron influidos por el wahabismo a sus hogares, algunos de ellos participando en la Guerra de Afganistán como muyaidines.

Jaysh al-Islam financiada por Arabia Saudita utilizando a alawitas enjaulados como escudo humano en Douma (Siria)

En Siria, organizaciones abiertamente salafistas (es decir, que buscan también esa purificación contra las influencias extrañas, dentro del wahabismo o no, considerando el término wahabismo despectivo) integradas en el Ejército Libre Sirio también han recibido asistencia directa desde las monarquías del golfo. Los militantes radicalizados encontraron en el inicio de la guerra en Siria una fuente tanto de financiación como un camino para poner en práctica su guerra santa contra el gobierno sirio, los chiíes, los cristianos y otras minorías, identificando este enfrentamiento como inevitable y provocado por los infieles. El interés de derrocar el gobierno sirio, tradicional enemigo de estas monarquías islamistas, se ha mezclado con la yihad que exigen algunas ramas radicales del islam como el ya citado wahabismo. Las virtuales facciones moderadas o laicistas de los rebeldes sirios se veían desde el principio de la guerra abocadas a la mínima expresión gracias a la mayor capacidad logística, propagandística y militar de las unidades abiertamente islamistas o incluso yihadistas. En 2013 ya existía el miedo entre los analistas internacionales a que una financiación masiva crease una especie de yihad descontrolada a imagen de Al-Qaeda. Tal miedo se cumplió al año siguiente con la aparición del Estado Islámico, que se convirtió por derecho propio en una fuente de acción política y teológica que abiertamente defendía la realización de atentados por todo el mundo para exaltar el celo yihadista y mostrar su poder.

En general en todo el mundo islámico se mantiene la misma tónica. Las monarquías del Golfo Pérsico, el Estado o individuos enriquecidos han mantenido un flujo de dinero a organizaciones y grupos según se han visto más o menos dentro de los intereses de estos países. Pero mientras que países como Marruecos pueden presentar oposición desde el Estado a la proliferación de una interpretación radicalizada del islam, aquellos países que han sido destrozados por la guerra y la desestabilidad como Libia, Somalia o Palestina se muestran incapaces de evitar que armas y dinero crucen sus fronteras. Así, desaparecido un Estado que sirva de dique para el crecimiento de grupos paramilitares o terroristas, estos campan a sus anchas, dañando más aún la estabillidad nacional y regional.

al-Shabaab desfilando en Mogadisio (Somalia)

Tampoco es posible olvidar que hay divisiones internas dentro de las organizaciones islamistas radicales de los diferentes países, divididas según los intereses de las distintas tribus o facciones internas que varían tanto en su procedencia social (urbanas frente a rurales) como en su interpretación del islam. Y también en los propios orígenes de la financiación. No podemos olvidar que desde hace meses Qatar y Arabia Saudí, principales fuentes de financiación del terrorismo y el wahabismo internacionales, están enfrentados en tanto a la autodesignación saudita de faro del islam y sobre todo de la región. Esto lleva a problemas cuando Qatar protege a una organización islamista enemistada internacionalmente con Arabia Saudí, los Hermanos Musulmanes, o cuando pacta amistosamente con Irán para explotar tranquilamente el gas de la zona. Es en esos momentos cuando unas organizaciones son terroristas para unos y no para otros, y cuando el idealismo yihadista se relaja para mantener el statu quo o incluso disminuir la influencia del enemigo tradicional. En esos momentos, no importa tanto si el vecino es chií y por tanto un apóstata como el mantener la independencia para enriquecerse sin problemas.

Fuentes:

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Raúl G. Román

Estudiante de Historia dedicado a la historia contemporánea. Interesado en las relaciones internacionales y la dimensión ideológica que respalda las mismas.

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