Venezuela: Revolución, reacción y abismo

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¿Cómo es posible que en los últimos 5 años Venezuela haya pasado de ejemplo a maldición para la izquierda española y de problema a comodín para la derecha neoliberal y conservadora? ¿Qué nuevos horizontes se vislumbran entre la agitación en las calles y la anunciada Asamblea Nacional Constituyente?

Entre 1989 y 1992 el socialismo cayó en Europa, China abrazó un nuevo modelo y, salvo pequeñas resistencias como la cubana, las alternativas al sistema neoliberal, a la globalización y a la OTAN se diluyeron. Tal era el ambiente triunfal del mundo unipolar norteamericano, que en aquellos años triunfó la idea de que estaban viviendo el “fin de la Historia”.

Sin embargo, dicha narrativa fue contestada desde el mismísimo patio trasero de EEUU, desde América Latina. Venezuela vivía inmersa en una crisis sin precedentes, tras el boom petrolero de los 70, llegó la resaca de los 80 de la mano de duros ajustes neoliberales dirigidos desde el FMI.

Todo esto, unido a la endémica abismal desigualdad con trasfondo étnico, estalló en 1989 con el Caracazo, cuando la protesta degeneró en saqueos masivos y la reacción militar terminó con entre 300 y 2000 muertos.

Ejército Venezolano y Policia Metropolitana asesinaron a cerca de 2000 personas en el Caracazo en el año 1999, antes de la llegada del Chavismo.

Ante esta situación, un grupo de militares patriotas decidió que había llegado su momento en febrero de 1992, aunque fracasaron en derribar el gobierno lograron un éxito moral y, de entre ellos, surgió el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías, cuyo discurso de rendición impactó profundamente.Tras una temporada en la cárcel, Chávez salió con una fuerza arrolladora y, no solo arrasó en las elecciones de 1998, sino que venció dos referéndums consecutivos que le permitieron crear una nueva Constitución. El Chávez de esta época era un militar de orden, hasta tal punto que inicialmente obtuvo el apoyo mayoritario de las clases medias. Pero el sistema anterior no acogió al outsider con benevolencia, fue atacado con la mayor de las durezas por una oposición decadente apuntalada por potencias extranjeras, destacando España y EEUU. El culmen de este proceso fueron el golpe de estado de 2002 y el paro petrolero indefinido de 2002-2003. Nunca pudieron imaginar los estrategas de la oposición que no solo fracasarían, sino que darían al chavismo un mito imborrable que, unido a las exitosas políticas sociales financiadas con la bonanza petrolera, le asegurarían una serie de victorias electorales sin parangón. Además de todo ello, el chavismo abrazó el socialismo sin tapujos y con un nuevo cariz, un Socialismo del Siglo XXI con un potente sustrato local (Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Ezequiel Zamora, Peronismo…). La corriente se extendió por la infinidad de movimientos de emancipación de la región (Brasil, Argentina, Ecuador, Nicaragua, El Salvador…), incluso rebasando el continente americano, dado el desierto que estaba cruzando la izquierda mundial. Numerosos politólogos y activistas españoles patrullaron y alabaron el Socialismo del Siglo XXI, aunque hoy en día muchos realicen piruetas circenses para evitar el tema.

Chávez en una de sus movilizaciones multitudinarias

Sin embargo, desde 2012, los nubarrones negros se han ido acumulado en la Venezuela chavista, hasta llegar hoy a un punto crítico. Las causas son múltiples e interrelacionadas:

  • La muerte de Chávez en 2012: el magnetismo de Chávez era colosal y su liderazgo fortísimo, su pérdida dejó un hueco imposible de reponer en el chavismo, aparte de abrir la puerta a divisiones y deserciones.
  • La corrupción: el país está carcomido de arriba abajo por ella, algo que se agrava con la crisis actual y que alcanza todos los niveles.
  • La dependencia del petróleo: Venezuela es un país petrolero, buena parte del presupuesto estatal proviene del mismo y, al dispararse su precio hasta 2014, el gobierno tuvo unos ingresos extraordinarios. Esto supuso, paradójicamente, que se prefiriera importar a producir y, cuando cayó el precio del petróleo, todo se vino abajo como un castillo de naipes.
  • La inflación: siempre desbocada, en 2015 alcanzó el 180% y en 2016 el 550%, siendo las previsiones para 2017 aun más terribles. Esto supone que los ahorros y salarios venezolanos son pulverizados constantemente, perdiendo su capacidad de compra. Esto ha provocado un lucrativo mercado negro y que cada vez más personas dependan del subsidio estatal de los alimentos, lo cual ha degenerado en los bachaqueros, personas que adquieren gratis alimentos, gasolina… en Venezuela y los venden en Colombia.
  • La inseguridad: es un fenómeno regional, pero que en el país caribeño aumenta sin cesar desde los años 90, afectando a la vida cotidiana de todo el país, con unos niveles de homicidios que superan a muchas guerras (más de 28000 solo en 2016).
  • El Contexto Internacional: No solo en Venezuela, en todo el continente latinoamericano la izquierda está siendo asediada. Han perdido por medios no democráticos Paraguay y Brasil, y en las urnas bajo fuerte polémica Argentina. Aparte de ello, la constante presión desde los países y partidos socialdemócratas, conservadores y neoliberales ha aumentado exponencialmente ante el desastre, en especial en el caso español tras la irrupción de Podemos.
  • Emigración: al igual que la inseguridad, también es un fenómeno regional, pero en los últimos años se ha disparado en el país, en especial entre los jóvenes de clase media y alta que pueden permitirse viajar a Europa y EEUU, aunque el fenómeno empieza a extenderse.

Ante este panorama desolador, la oposición ha sido capaz de reunir un considerable apoyo social rebasando su tradicional base de clase media-alta y unificándose en la Mesa de Unidad Democrática, algo impensable años atrás y muy impulsada por el éxito entre las generaciones jóvenes. Todo ello ha hecho que la MUD fuera capaz de batir al chavismo en las elecciones legislativas de 2015, un hito que no lograban desde que existía la Revolución Bolivariana. En este momento tan dulce, la oposición piensa certeramente que puede hacer caer al chavismo en las siguientes elecciones presidenciales y las piden ya, cuando deberían ser en 2018. Por su parte, el gobierno no está dispuesto a ello, consciente de la caída libre de su apoyo popular en este momento.

Evolución electoral en Venezuela

Esta situación, unida a la creciente polarización y el choque institucional entre la Asamblea Nacional (legislativo) opositora y el gobierno chavista, ha terminado estallando en las calles de nuevo, como ya lo hizo en 2014. El balance provisional a día de hoy es de 36 muertos y unos 1000 heridos entre opositores, chavistas y fuerzas de seguridad. Ninguno de los dos bandos está realmente dispuesto a sentarse con el otro en un diálogo que suponga ceder algo, y esto imposibilita la salida propuesta por el Papa Francisco y el ex-presidente Zapatero, entre otros.

El gobierno no ha dudado y, ante la crisis y la insurrección opositora, ha decidido huir hacia adelante convocando una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución, avanzar en la revolución y consolidar lo logrado ante posibles cambios de gobierno futuros. La jugada es muy arriesgada, ya que lo común es que dichas reformas profundas del Estado las lleven a cabo gobiernos en su cénit, cuando cuentan con un apoyo popular arrollador, pero en este caso el chavismo está en horas bajas, temeroso de perder todo su poder en otras elecciones. Por ello mismo, la oposición acusa al gobierno de realizar una maniobra que quiebra por completo la democracia y se ha lanzado a la calle con más contundencia si cabe.

Protestas opositoras desbordando a la Guardia Nacional Bolivariana.

Todo ello supone que se abre un nuevo escenario de creciente autoritarismo gubernamental e insurrección en las calles, lo cual puede desembocar en una guerra civil, en la cual el chavismo, sin una intervención extranjera, tiene todas las cartas, ya que dos de sus grandes puntales son las fuerzas armadas y la milicia nacional-bolivariana. Otra posibilidad es que volvieran la cordura, el diálogo y el respeto a las instituciones democráticas, teniendo lugar elecciones presidenciales entre finales del 2017 y 2018, en este caso, sería complicado el encaje entre la burocracia cívico-militar chavista y un hipotético gobierno opositor. Lamentablemente, en la actual situación de polarización, un gobierno de unidad nacional siquiera se plantea.

Así pues, las perspectivas de futuro, dadas las actuales circunstancias de un país atrapado entre la insurrección violenta – represión y una Asamblea Constituyente, son especialmente oscuras, con una crisis económica, social, institucional y política en un país polarizado que avanza irremediablemente hacia un choque de trenes de catastróficas consecuencias.

Fuentes

Fukuyama, Francis, El fin de la Historia y el último hombre, Editorial Planeta, Barcelona, 1992.

Detalles sobre el Caracazo de 1989.

Entrevista a Chávez en la campaña de 1998 por el conocido periodista Jaime Bayly, muestra la moderación del Chávez en esa etapa.

Documental La revolución no será televisada, clarividente sobre el Golpe de

Estado de abril de 2002.

Resultados históricos de elecciones, Consejo Nacional Electoral.

Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Consejo Nacional Electoral.

Marchas opositoras el 8 de mayo y balance global del Ministerio Público.

Programa de la Hojilla en VTV, la cadena pública venezolana, dirigido por Mario Silva, uno de los grandes propagandistas chavistas.

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Pianafierro

Historiador, profesor, filólogo, voluntario e interesado en geoestrategia, mundo actual (especialmente Oriente Medio y América Latina) y política nacional.

3 Comentarios

  1. A la oposición no le interesa una salida electoral. Busca tomar el poder en Venezuela por la vía violenta para entregárselo sin mediadores a las corporaciones mundiales. Por otro lado, a estas le interesa ver acabada la única posibilidad de pensamiento alternativo al capitalismo en América Latina.

    El Gobierno no ha cedido ante ninguna de las exigencia de los dirigentes opositores, difícilmente podría estar “huyendo hacia adelante” con la convocatoria a constituyente. La asamblea nacional constituyente es la vía política para desarmar la guerra que nos están imponiendo.

    No existe un creciente autoritarismo gubernamental. La Guardia Nacional Bolivariana utiliza mecanismos legítimos para contener la violencia y resguardar el orden en el país. Casos aislados que han violentado las normativas, han sido sancionadas al momento. La insurrección en las calles está siendo financiada por ong extranjeras y se ha demostrado que utilizan armas caseras y otros medios de violencia. En sus concentraciones (que se cansan de llamar “manifestaciones pacíficas”), asedian instituciones públicas, urbanismos creados por la misión vivienda, centros de salud infantil, escuelas públicas incendian medios de transportes del estado, utilizan a niños sobornándolos con caramelos, dinero, ropa, etc. Han incluso escalado a crímenes de odio como la quema de un hombre por “parecer chavista” y el linchamiento a un guardia nacional retirado.

    Se escapan cosas del análisis que hacen parecer los hechos en Venezuela como un conflicto o “crisis” interna sin tomar en cuenta los intereses de las élites mundiales en un territorio que no sólo significa recursos naturales y posición estratégica sino amenaza ideológica por ser espacio de debate permanente para la gestación de una cultura de vida.

    • La oposición es plenamente consciente desde 2015 (elecciones legislativas) que puede derrotar definitivamente al gobierno en unas elecciones presidenciales, buscan forzarlas cuanto antes y agravar la crisis para recabar más apoyo popular, a lo cual se suma el no dialogar. El gobierno es plenamente consciente de ello y por eso llamo “huida hacia adelante” la Constituyente, como forma de dar una vuelta de tuerca a la revolución y asegurarla ante futuras elecciones adversas, ya que se la controlará entre el boicot de la oposición y las agrupaciones sectoriales. Ni una sola constitución se puede llevar a cabo en las vísperas de unas elecciones que pueden ser adversos al partido gobernante, eso es huir hacia adelante (que no tiene nada que ver con ceder ante nada, al contrario)

      Sin duda la oposición no duda en provocar el caos y la destrucción en las calles mediante paralizar el país, ataques a instalaciones estratégicas, violencia contra la GNB-PNB…. que has mencionado, pero es también cierto que se han dado extensos excesos en el uso de la violencia (perdigones, gasear aunque no haya incidentes, golpizas…).

      Tienes mucha razón respecto a los intereses internacionales, los cuales trato muy de refilón, simplemente porque buscaba focalizar en la política venezolana en sí, en su polarización. La situación es crítica, y ambos lados comparten una parte de responsabilidad, se han instalado en mundos paralelos condenados a colisionar. Sería interesante que todos abandonaran la retórica incendiaria pre-guerra civil y se sentaran con verdadera voluntad de sacar el país adelante, independientemente de sus intereses, antes de que el país acaba implosionando.