Tras las huellas de los gigantes: Afganistán

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Si realizamos una breve búsqueda en Google con la palabra Afganistán, entre las primeras imágenes encontramos una, en la cual aparece una bomba sin detonar y una columna de niños avanzando en las cercanías. La mayoría de las siguientes son fácilmente relacionables: grupos armados locales, soldados extranjeros o mapas que nos ayuden a ubicarnos tras la última catástrofe mencionada en el telediario de turno.

16 años de guerra continuada de Estados Unidos, sumado a los combates internos del país que podemos trazar hasta la intervención de la Unión Soviética que comenzaba hace ya 38 años y duraría diez. Y si nos remontamos más allá, encontraremos más conflictos, pues no por nada se conoce a Afganistán como “la tumba de los imperios”.

Pero ¿por qué este país que se alza a los pies del Hindukush se encuentra permanentemente consumido por la guerra? Podríamos remontarnos a diversas épocas y pocas serían aquellas en las que no encontraríamos al menos uno o dos imperios tratando de controlar la región, pero el tiempo es limitado, así que saltemos a siglos cercanos. Hablemos del siglo XIX, hablemos de El Gran Juego.

El origen de este término en el contexto que nos ocupa, generalmente es atribuido al Capitán Arthur Conolly (1807 – 1842), agente del servicio secreto británico que lo utilizo para describir la rivalidad entre el Imperio ruso y el Imperio Británico en su pugna por el poder en Asia Central y el Cáucaso a lo largo del siglo XIX.

¿Por qué era tan importante esta región montañosa? Para unos era la puerta al Índico y sus riquezas, para otros era la muralla que defendía las Indias orientales.

Se suele considerar que el gran juego comienza cuando el 12 de enero de 1830, Lord William Bentick , gobernador-general de la India recibe la orden de establecer una nueva ruta comercial al emirato de Bukhara, ubicado en los actuales Uzbekistan y Kazajstan. Para hacer esta ruta posible era necesario controlar la cordillera montañosa del Hindukush y establecer al Emirato de Afghanistan que lo controlaba como un protectorado del imperio británico. El Imperio ruso por supuesto era de otra opinión, considerando que el Hindukush sería una mejor zona neutral que la región norteña. Esto llevó a numerosos conflictos tales como la anexión rusa de los territorios de Bukhara, Khiva y Kokand o las guerras anglo-afganas.

Pero finalmente tanto un imperio como el otro fueron expulsados del Hindukush, y tras la última guerra anglo-afgana de 1919, Afganistán se mantendría mayormente aislado hasta el golpe de estado de Daud Khan y la posterior Revolución de Saur.

La Revolución de Saur (segundo mes del calendario persa)

Fue una revolución encabezada por el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA). El ala moderada del partido había apoyado a Mohammed Daud Khan en su golpe de estado de 1973, pero poco después este se volvió en su contra, encarcelando y posteriormente asesinando a varios líderes políticos. Esto prendería la mecha de la revolución de Saur.

El 17 de abril, tras la muerte de Mir Akbar Kaibar en una cárcel de Kabul, miles de personas se manifestaron en las calles, siendo duramente reprimidas y acabando estas acciones con más de doscientos muertos.

Las fuerzas armadas afganas fueron abastecidas por la Unión Soviética durante décadas (Afganistán fue el país que más ayuda recibió de la URSS (per capita)) y esto había generado una gran simpatía por el movimiento comunista entre sus filas.

Esto ayudaría a explicar la escasa resistencia (solo la guardia presidencial) que se encontrarían las tropas pro-PDPA al sublevarse el 27 de abril en el asalto al palacio donde se refugiaba Daud, quien moriría en el mismo. El 30 de abril nacería la República Democrática de Afganistán.

La recién proclamada república fue reconocida internacionalmente tanto por los miembros del bloque comunista como los del bloque occidental, pero la inclinación de la misma quedaría definitivamente determinada cuando en diciembre de 1978, la Unión Soviética y Afganistán firmaron un tratado de amistad y cooperación que, a efectos prácticos, dejaba a Afganistán totalmente en la esfera de influencia soviética.

 

La guerra fría llega a Afganistán

Antes de la revolución de Saur, hubo otra revolución radicalmente diferente pero fallida. En 1975 el grupo islamista Jamiat-e Islami se levantó contra el gobierno de Daud, pero la insurgencia fue rápidamente aplastada y sus miembros tuvieron que buscar refugio en el vecino Pakistán.

El gobierno pakistaní tenía malas relaciones con el afgano y estas empeoraron más si cabe una vez producida la revolución de Saur, por lo que la agencia de inteligencia pakistaní (ISI) facilitó el refugio y el entrenamiento de los grupos armados opuestos a Kabul.

Las medidas tomadas por el nuevo gobierno revolucionario, le dieron nuevos aires a la insurgencia conservadora e islamista que acabaría estallando en abierta rebelión a mediados 1978 extendiéndose por todo el territorio dando así comienzo a la guerra civil afgana. Caben destacar dos acontecimientos clave durante las primeras fases de la rebelión:

  • La revuelta de Herat en marzo de 1979, donde rebeldes liderados por Ismail Khan provocarían la muerte de entre 3000 y 5000 civiles, entre los cuales se encontraban un centenar de ciudadanos soviéticos.
  • La muerte del embajador de Estados Unidos para Afganistán, Adolph Dubs en un tiroteo entre fuerzas afganas y un grupo armado, cuya identidad no está claramente esclarecida, que previamente lo había secuestrado.

La situación se agravaría aún más con el golpe de estado llevado a cabo por el viceprimer ministro Hafizullah Amin contra el presidente Nur Muhammad Taraki. Tras este golpe y durante los tres meses siguientes, Amin multiplico la represión y se alejó de la URSS relanzando sus relaciones con Pakistán, Irán, la RPC (República Popular China) y los Estados Unidos. Para diciembre de 1979, el gobierno había perdido la práctica totalidad del apoyo popular y el cambio a un régimen islamista era inminente.

Pese a que este cambio acabaría llegando, Amin nunca lo vería, ya que fue asesinado la noche del 27 de diciembre de 1979 por un comando Spetsnaz soviético en la conocida como “Operación Tormenta-533”.

Esto llevaría al poder a Babrak Karmal, quien tras el golpe de Amin había sido degradado de viceprimer ministro a embajador para Checoslovaquia. Karmal anunciaría inmediatamente una solicitud de ayuda a la Unión Soviética, llevando a la entrada masiva de tropas soviéticas en el país, para una intervención que duraría casi una década y desangraría al gigante euroasiático.

Estados Unidos tuvo un papel en todo esto, viendo en la situación afgana una oportunidad para debilitar a la Unión Soviética, para lo cual comenzó a formar insurgentes y transmitir emisiones de propaganda desde la vecina Pakistán en la conocida como “Operación Ciclón”. Pese a que a menudo se ha dicho que la “Operación Ciclón” se lanzó como respuesta a la intervención soviética esto es falso como sería confirmado en una entrevista en 1998 por quien por aquel entonces era Consejero de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Zbigniew Brzezinski.

Con al menos un millón de muertos entre civiles y militares (de la Unión Soviética, Afganistán, Pakistán e Irán) la Unión Soviética se retiraría completamente del país el 15 de febrero de 1989 llevando a su vez a la cancelación inmediata de la “Operación Ciclón”, cerrando otro capítulo de intervención extranjera en el país.

La década de los 90

El gobierno del PDPA duraría tres años más hasta la traición de Abdul Rashid Dostum, general de las fuerzas armadas afganas al aliarse con la organización insurgente Shura-e Nazar lo que llevaría a la capitulación del gobierno a principios de 1992 y al conocido como acuerdo de Peshawar.

El acuerdo de Peshawar establecía el Estado Islámico de Afganistán y creaba un gobierno interino formado por la mayoría de las facciones muyahidín que supuestamente llevaría a cabo unas elecciones democráticas. Entre la oposición al acuerdo encontramos a grupos apoyados por Pakistán (Hezb-e Islami), Irán (Hazara Hez-i Wahdat) y Arabia Saudí (Ittihad-i Islami).

Los combates se reanudaron de manera prácticamente inmediata, principalmente centrados en torno a Kabul, por lo que el gobierno del Estado Islámico de Afganistán nunca pudo llegar a articularse como era debido provocando que el caos existente en el país persistiese e incluso empeorase.

El caos fue norma sin que ninguna fuerza consiguiera imponerse plenamente hasta 1994, donde dos sucesos marcaron el subsiguiente desarrollo de Afganistán: la aparición del movimiento talibán dirigido por el Mullah Omar a principios de año, que tras tomar Kandahar y varias provincias cercanas se convertiría en la facción predominante en el sur del país y la derrota por parte del Secretario de Defensa Ahmad Shan Massoud de todos los grupos armados apoyados por potencias extranjeras en torno a Kabul.

Estas circunstancias que articularon el poder en Afganistán en torno a dos grandes facciones llevaron a Massoud a intentar llevar a cabo unas negociaciones de paz que trajeran consigo unas elecciones democráticas y la pacificación del país, pero los talibanes se negaron a participar en las mismas y a principios de 1995 se reanudaron los combates, sufriendo los talibanes varias derrotas a manos de Massoud.

Esto cambiaría al comenzar a recibir apoyo militar por parte de Pakistán y apoyo económico por parte de Arabia Saudí, dándole la vuelta a la balanza hasta el punto de que Massoud ordenó la retirada hacia las provincias del norte, abandonando Kabul que sería capturada por los talibanes 27 de septiembre de 1996 dando así comienzo al Emirato Islámico de Afganistán.

Las fuerzas que se oponían a los talibanes, principalmente las lideredas por Ahmad Sha Massoud y Abdul Rashid Dostum, se aliarían formando el Frente Islámico Unificado por la Salvación de Afganistán, también conocido en occidente como la Alianza del Norte.

Durante el gobierno talibán, Afganistán aplicaría una dura versión de la sharía combinada con tradiciones tribales locales dando cobijo a organizaciones islamistas de proyección internacional tales como AlQaeda. Esta organización asesinaría con un coche bomba a Massoud en Kulob, Tayikistan tan solo dos días antes de los infames ataques del 11 de septiembre de 2001.

Operación “Enduring Freedom” y la guerra sin fin

Tras los ataques del 11 de septiembre, el presidente estadounidense George W. Bush declararía la “Guerra contra el terror”, iniciando el 7 de octubre de ese mismo año la Operación “Enduring Freedom” con el objetivo de acabar con el gobierno talibán y destruir así el refugio seguro que era el país para la organización culpable de los ataques.

El 13 de noviembre, las fuerzas de la coalición internacional liderada por Estados Unidos y las propias de la Alianza del Norte entrarían en Kabul ganando rápidamente terreno hasta expulsar a los talibanes de todas las ciudades bajo su control para el 26 de noviembre. Esto no provocaría el fin de los combates, ya que los talibanes y otros grupos (como AlQaeda) se centrarían en el ámbito rural y continuarían una lucha de insurgencia que dura hasta el día de hoy.

Actualidad

El mundo y su equilibrio de poderes han cambiado considerablemente desde el inicio de la intervención estadounidense en Afganistán. Nuevos actores (tanto locales como regionales o globales) han aparecido, como el Estado Islámico y otros han resurgido como Rusia o China. Y todos ellos han acudido a Afganistán.

La organización islamista, Estado Islámico proclamaba la creación de una rama local en el país en enero de 2015, y desde entonces ha realizado numerosos ataques en el país provocando reacciones por parte de Estados Unidos, entre otras el uso de ataques con drones para eliminar a sus lideres locales. Su presencia también alarma a otras potencias tales como China, Rusia o Pakistán.

La República Popular China cortó relaciones con Afganistán tras la revolución de Saur y no las retomó hasta 2001 con la caída de Kabul en manos del gobierno apoyado por Estados Unidos. En la actualidad el gigante asiático tiene grandes intereses económicos en el país, principalmente mineros, lo cual ha provocado una seria desconfianza con la coalición estadounidense, al acusar esta al gobierno chino de estar apoyando a los talibanes a cambio de que les permitan operar con tranquilidad sus instalaciones mineras.  También se acusa a China de estar realizando patrullas militares a lo largo del Corredor de Wakhan.

La Federación Rusa, por su parte, nunca ha alejado mucho la mirada de Afganistán, puesto que es la puerta de entrada a Asia Central, región considerada habitualmente como el “patio trasero” de Rusia y la inestabilidad en el país podría llevar al crecimiento de grandes redes terroristas que podrían poner en peligro sus intereses nacionales en la región. Para tratar de evitar esto Rusia está tomando numerosas medidas, desde ejercicios antiterroristas conjuntos, el establecimiento de una nueva base militar en Tayikistán, fomentando la inversión económica en Afganistán o suministrando armamento para sus fuerzas de seguridad. Al igual que China, Rusia es acusada de estar armando a los talibanes, siendo uno de los últimos miembros de la administración estadounidense en hacerlo públicamente el actual secretario de estado, Rex Tillerson.

Y a la hora de hablar de la actualidad, no podemos olvidarnos de la nueva administración de los Estados Unidos de América. El pasado 21 de agosto, el presidente Donald Trump dio un discurso presentando la nueva hoja de ruta para Afganistán y el Sur de Asia, cuyos efectos son más que visibles dos meses más tarde: incremento del despliegue militar, mayor libertad para el uso de todo tipo de armamento convencional sobre el terreno o la reanudación incentivada por Pakistán de las conversaciones de paz multilaterales en Omán tras el endurecimiento del discurso por parte de Estados Unidos sobre las acciones de este país.

¿Qué esperar del futuro? ¿Volverá a ondear la bandera talibán sobre Kabul? ¿Cuál es el objetivo concreto de cada potencia mundial en el tablero afgano? Existen teorías. ¿Veremos una intervención directa de Rusia, China o incluso la India? El futuro sin duda es incierto e interconectado con los muchos otros lugares donde chocan los intereses de los actores globales.

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Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Salamanca. La geopolítica es mi mayor pasión, en particular vivo fascinado por el Este de Europa y Oriente Medio.

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