Operación Limpieza Social: Escuadrones a la sombra 1/4

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Tegucigalpa, Honduras (Reporteros de Investigación).  Esta ciudad cuyo centro tiene restos de arquitectura colonial y una vía llamada Paseo Liquidámbar, se llena de jóvenes cada noche comerciando sexo, mientras otros huelen pega acostados sobre los adoquines grises; mientras tanto el crimen crece silencioso en las sombras del encubrimiento de alto nivel.

Los escuadrones de exterminio operan en una especie de bruma que los vuelve invisibles, como si no existieran, atacan a niños, niñas y jóvenes en situación de riesgo; con extrema violencia, producida por armas de fuego, armas blancas y ahora con estrangulamientos.

El Comisionado General de Policía, Aldo Oliva,  –separado de esta instituciòn- denunció el 4 de diciembre de 2017 que desde Casa Presidencial se han ordenado asesinatos de gente importante en este país “y  tengo los documentos”, sentenció.

Audio editado del Comisionado Oliva, relacionado con las ejecuciones:   

Mural en honor a estudiantes de educación media de Honduras que fallecieron ejecuados. Sus casos están en la impunidad y en silencio.

Esta investigación periodística inició en el mes de septiembre de 2017. Con datos oficiales, monitoreo, investigación documental y análisis de bases de datos,  se descubrieron patrones y algunos rasgos del modo de operar de escuadrones de ejecución en Honduras.

Los crímenes ocurren con publicidad, ya que los cuerpos de las víctimas quedan expuestos a la población. Son las mismas características descritas en la condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado de Honduras; conocida como Cuatro Puntos Cardinales, porque en aquel entonces, la policía ejecutó jóvenes y dispersó sus cuerpos en cuatro puntos de la ciudad.

El toque de actualidad en esta especie de periodismo de espectáculo, basado en la muerte cotidiana, es que la impunidad se sigue consolidando, ahora parece que existe menor sensibilidad por el tema. Y, los escuadrones de ejecución sumaria, extrajudicial o arbitraria tienen su precedente más cercano en la década de los ochenta -En esa década, existió el Batallón 3-16– ahora adquirieron una nueva forma de operar y extendieron sus procedimientos a diferentes sectores sociales.

Cuentan con armas sofisticadas, coches de modelos recientes, capacidad logística para operar sin dejar huellas, ejecutan sus crímenes con tal impunidad que aunque el caso se convierta en un escándalo mediático, algunos de los homicidas siguen libres. Las victimas más visibles solían ser jóvenes de clases bajas, en situación de calle, con antecedentes delictivos, estudiantes o habitantes de territorios estigmatizados.

Alfredo Landaverde antes de ser asesinado dio declaraciones para una televisora. El exdirector policial Ricardo Ramírez Del Cid en la foto inserta.

Con el tiempo, a la lista de blancos, los asesinos han ido sumando políticos, periodistas, abogados, funcionarios, transportistas, policías o militares con información, opositores, entre las víctimas hay además, sicarios que tienen información comprometedora, sospechosos que quedaron libres después de un proceso judicial, testigos y personas incómodas para el sistema. Es como si Honduras estuviera viviendo un ‘dejavu’ de la historia colombiana.

Según Claudia Samayoa «…en Colombia en la década de los 90, la ‘limpieza social’ empezó siendo un fenómeno fundamentalmente urbano y un trabajo de los escuadrones de la muerte que, con el tiempo, se especializaron en tres ramas: los organizados para ‘limpiar’ delincuentes, los que ‘limpian’ jueces, policías, testigos y todos aquellos que se oponen a las actividades del crimen organizado que crean a los escuadrones de la muerte y, por último, un tercer grupo que empezó a matar a jueces y policías que no cumplían con su ‘deber’», cita el Estudio sobre Ejecuciones Extrajudiciales de Jóvenes Estigmatizados en Centroamérica, de la investigadora Claudia Virginia Samayoa junto a un grupo de investigadores de Centro Amèrica.

Un ejemplo de esta especie de evolución de la ‘limpieza’ se puede encontrar en las evidencias recopiladas por el asesinato, mediante asfixia, del periodista Erick Martínez, ejecutado el 6 de mayo de 2012.

Según testimonios obtenidos, el mismo año de su muerte fue acribillado un supuesto implicado en su crimen y, de acuerdo con datos constatados en la Morgue capitalina, el 28 de enero de 2015, falleció el joven Eduardo José López Gutiérrez, de 20 años. Había escapado del centro donde purgaba una pena por la muerte del periodista, fue raptado y asesinado.

Modus operandi

Los agresores pueden ser sicarios o dependiendo del blanco, habrá participación del ejército o de policías identificados. El fenómeno ha venido ocurriendo de manera silenciosa sin que hasta la fecha se hubiese descubierto que existe una especie de modus operandi territorial de los criminales que parecieran operar cerca de instalaciones militares y de postas policiales de la capital hondureña.

Un análisis de las estadísticas de los homicidios cometidos en Tegucigalpa entre 2013 y 2016, muestra que los criminales operan con tal impunidad que acumulan cadáveres por zonas, pero además, dejan las huellas de sus crímenes cerca de las postas policiales y militares, tal como lo muestra este mapa elaborado con base en estadísticas oficiales.

Haga clic para acerca o alejar zonas de homicidios en el Distrito Central:

Usted puede explorar las zonas donde ocurrieron los homicidios y descargar los datos que sirvieron para el análisis. Homicidios en el DC Masacres

Los homicidas son encubiertos

Aurora Pineda, madre de Carlos David Pineda cuya ejecución -sufrida junto a Héctor Vargas Castellanos– desnudó corrupción en la Policía Nacional, lleva seis años esperando la captura del oficial Carlos Gáleas, protegido para evitar su detención, dice Pineda. Para ella, la acumulación de cuerpos en ciertos puntos de la capital indica que son los mismos asesinos quienes hacen eso, ellos tienen su lugar donde van a ejecutar y van a botar los cadáveres.

Según Pineda, cuando ocurrió la muerte de su hijo y del hijo de la ex rectora de la UNAH, Julieta Castellanos, había bandas criminales de policías en las postas de la colonia Kennedy, Belén, La Granja.

En la posta de La Granja todos conocían lo que estaban haciendo, ellos cuentan que miraban los compañeros llegar manchados de sangre, que las patrullas llegaban manchadas de sangre «y uno de ellos declaró en el juicio de los que mataron a mi hijo que ellos llegaron con las patrullas llenas de sangre y no era la primera vez, era costumbre, incluso dicen que llegaban a bañarse, lavarse las manos llenas de sangre», cuenta Pineda. A la abogada Mirna Chávez que llevaba los casos de los policías prófugos por la ejecución de su hijo y de Vargas Castellanos, la asesinaron, recordó.

Con el análisis periodístico, se detectó una especie de módulos de homicidios a lo largo del anillo periférico de Tegucigalpa y en los bulevares de la ciudad. La acumulación de cadáveres en un solo punto o en puntos muy cercanos, se puede visualizar en el mapa.

Pero el principal hallazgo con las cifras y las ubicaciones de las muertes muestran una especie de órbita de homicidios cerca de instalaciones de los cuerpos de seguridad estatal, según una base de datos del Sistema de Estadísticas Policiales (SEPOL), obtenida por medio del ejercicio del Derecho de Acceso a la Información Pública.

Captura
Fuente: Secretarìa de Seguridad.

 

Puede descargar datos aquí datos de las Masacres
Artículo original en Reporteros de Investigacion
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