Mapuches: A todo o nada

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Un Mapuche pasea orgulloso la bandera que une a los dos pueblos: Tehuelches y Mapuches.

Un pueblo ancestral que no pudo ser doblegado ni por los incas ni por los españoles se enfrenta al estado argentino en pleno siglo XXI. Su razón: la subsistencia de una nación. Por el lado del gobierno los motivos son los de siempre: la riqueza de la tierra y su transferencia a corporaciones y multimillonarios extranjeros. En el medio caen los muertos, el más mediático el de Santiago Maldonado.

INTRODUCCIÓN

Los Mapuches son un pueblo originario del Sur de América Latina, en la región andina que actualmente pertenece a Argentina y Chile. En la Patagonia Argentina, los principales asentamientos o comunidades se encuentran focalizados en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, habiéndolos más dispersos en la región pampeana.

Bandera de los Tehuelche, mapuches argentinos.

La traducción de su nombre –Mapuches– lo dice todo y, hoy por hoy, se constituye en una verdadera declaración de principios. Decir Mapuche no es otra cosa que decir “Gente de la Tierra”. La misma tierra que les pretenden arrebatar los grandes terratenientes argentinos, ingleses e italianos, tal y como señalan no pocas organizaciones vinculadas a la defensa de sus derechos, haciéndose eco de sus ancestrales reclamos.

Para poner blanco sobre negro, dichas tierras las pretenden arrebatar no solo la oligarquía terrateniente local, sino también sus acaudalados socios extranjeros: los Benetton, los Lewis y muchos más, quienes se unen a sus clientes locales con una voracidad imparable. “Nosotros estuvimos antes que ellos, la tierra es de todos”, señala con claridad meridiana un puestero de Nahuel Pan (apócope de tigre), una comunidad Mapuche distante a 15 kilómetros de la ciudad de Esquel.

Comunidad Mapuche de Nahuel Pan, a 15 km de Esquel.

A veces uno se pregunta ¿por qué ha sucedido esto? ¿Por qué ahora y no antes? Y la respuesta es – entre otras tantas, como tantas son las preguntas- que se ha instalado un odio de clase que muy difícilmente puede superarse sin sangre.

Conviene repasar la historia e ir a sus orígenes para comprender el todo. A mediados del siglo XIX Domingo Faustino Sarmiento escribía esto: “Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado.” El Progreso, 27 de septiembre de 1844.

Vista de ‘La Trochita’.

Es así que a partir de 1810 el recién formado gobierno argentino ordena establecer relaciones comerciales con los Mapuches, los cuales no habían podido ser sometidos por el conquistador español ni subyugado anteriormente por el imperio incaico. Ese trato comercial tuvo una duración fugaz, pues al poco tiempo comenzaron los combates.

Entre los años 1823 y 1884 (on el acuerdo comercial ya caído) Argentina lanzó la “Campaña del Desierto”, una operación militar cuyo objetivo era erradicar por un lado a los pueblos originarios del Chaco en el norte argentino y, por el otro, a los de La Pampa al sur del país entendiendo por sur a la región que estaba a continuación del Río Colorado.

En Chile, el siglo XIX fue igualmente nefasto para la comunidad Mapuche situada del otro lado de la Cordillera de los Andes. Al igual que en Argentina, los Mapuches sufrieron importantes bajas y pérdidas territoriales a manos de una campaña de sometimiento y exterminio dirigida por los terratenientes.

En este contexto se crearon reducciones, hacinando a los supervivientes en una porción de territorio equivalente al 1,5 % ancestral, despojando a los mapuches de prácticamente todas sus tierras. En Argentina su destino fue aún peor, siendo confinados a tierras improductivas en un destierro forzado a punta de pistola, sables y bayonetas.

Vivienda Mapuche en la proximidades al Pu Lof de Cushamen en Chubut, Argentina.

Con la llegada de los gobiernos democráticos una suerte de aire fresco se fue instalando en la región. El punto de inflexión fue la aprobación de la Ley 26160 de Comunidades Indígenas, aprobada el 1 de noviembre de 2006 y promulgada el 23 de noviembre del mismo año. Dicha ley, en su artículo primero, establece “Declarase la emergencia en materia de posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas originarias del país, cuya personería jurídica haya sido inscrita en el Registro Nacional de Comunidades Indígenas u organismo provincial competente o aquellas preexistentes, por el término de 4 (CUATRO) años”.

Lo concreto es que esta Ley ya fue prorrogada y ahora debe sufrir una nueva prórroga, porque poco y nada se ha avanzado en el tema y porque éste 23 pierde ipso iure su vigencia. En este contexto, el Senado de la Nación Argentina le dio media sanción a la prórroga, pero aún falta su tratamiento en Diputados; un escenario que se avizora como complicado. Es por esto mismo que muchos diputados del Frente Para la Victoria (hoy Unidad Ciudadana) han presentado un pedido para que su prórroga sea tratada en la sesión ordinaria de noviembre de 2017, la cual al momento de publicación de esta nota se estaría llevando a cabo.

Cabe destacar que a partir de 2015 hubo en Argentina un cambio de signo político, y con ello, un cambio de paradigma. No se ve ya al aborigen como una persona que deba ser respetada con sus costumbres y derechos, sino más bien como a una lacra en el más puro sentido instalado por Sarmiento.

LA SEGUNDA CAMPAÑA DEL DESIERTO

En la actualidad, y más allá de la cuestión legal, el gobierno argentino está empeñado en realizar una “Segunda Campaña del Desierto” bajo el argumento de que los Mapuches son chilenos. Dicho argumento no resiste el menor análisis porque, precisamente, esta etnia es preexistente a los actuales estados nacionales de Argentina y Chile. Se intenta instalar una hipótesis de conflicto con Chile con el objetivo de afincar bases norteamericanas en el sur argentino.

En 1991 el conflicto tomaba forma cuando la corporación italiana Benetton compraba 900.000 hectáreas en la Patagonia, la mayoría de ellas en territorios ancestrales de los Mapuche, donde crían a mas de 100.000 ovejas para producir un porcentaje de la lana de la ropas que fabrican. Poco tiempo después los mapuches comenzaron a instalarse en estas tierras, con el fin de devolvérselas a su pueblo tras el exterminio sufrido unos siglos atrás.

Sin embargo, el inicio de ésta segunda campaña tiene su punto de partida en el calendario gregoriano: 12 de enero de 2017. En esa fecha, el gobierno nacional del presidente Mauricio Macri de la coalición política Cambiemos (Pro +Unión Cívica Radical), junto a su aliado estratégico Sergio Massa, ordenó a la Gendarmería Nacional liberar la ruta 40 y despejar el paso del

Territotio Mapuche despojado

tren conocido como ‘La Trochita’, el cual en su recorrido une las estaciones de Esquel y El Maitén.

La cresta de la ola, en cuanto al conflicto, se registró el 1 de agosto de 2017 con la muerte de Santiago Maldonado. Los hechos se sucedieron en la zona del Pu Lof de Cushamen a unos 90 kilómetros de la ciudad de Esquel, delimitada por la ruta nacional 40 (una ruta emblemática como la 66 de EE.UU) que recorre el país de sur a norte por un lado, y por el río Chubut al otro.

Un Mapuche junto a los turistas que se aprestan a tomar ‘La Trochita’.

Con relación a Esquel diremos que es una pequeña ciudad de no más de 40.000 almas. Se encuentra ubicada en el noroeste de la provincia del Chubut (Argentina). Su posición dominante dentro de la Patagonia andina, sus riquezas y vastas extensiones de tierra, la hacen apetecible para propios y extraños.

Esquel tiene -es justo decirlo- una vasta trayectoria de lucha. Es una de las pocas regiones del país que se opuso con éxito a la mega minería.

Vista nocturna de Esquel desde el cerro La Cruz.
Todos los meses Esquel celebra su triunfo por sobre la Mega Minería.

Habíamos dicho que el punto de inflexión fue sin duda alguna el caso Santiago Maldonado. Santiago era un joven cuyo medio de vida eran los tatuajes, de ideario anarquista, reconocido por amigos como pacifista, cuyo único pecado fue abrazar la causa Mapuche y pedir la liberación de uno de sus líderes: Facundo Jones Wala, detenido en la Unidad 14 del Servicio Penitenciario Nacional, con asiento en la ya mencionada ciudad de Esquel. El joven tatuador, oriundo de la provincia de Buenos Aires (Argentina), en su perfil de facebook se hacía llamar Juan Culfucurá (Kurru Chiued Tatto). Cabe destacar que Culfucurá era un reconocido Cacique mapuche del siglo XIX que luchaba por el derecho de los pueblos originarios.

Maldonado residía temporalmente en la localidad de El Bolsón (provincia de Río Negro). A esta comarca, declarada como el primer municipio no nuclear de la Argentina, llegan cientos de hippies y personas vinculadas a las terapias alternativas que van dejando su impronta en la región. Una vez en ella, el joven no tardó en vincularse -según fuentes consultadas con la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche)- a los reclamos aborígenes por la lucha por la tierra, haciéndolos suyos.

El resultado es por todos conocido: el 1 de agosto de 2017 se produjo su desaparición. El 18 de octubre del mismo año, unos días antes de las elecciones legislativas nacionales de Argentina, su cuerpo apareció a la vera del río Chubut, en un paraje próximo al Pu Lof de Cushamen. La desaparición de Santiago Maldonado, su búsqueda, y la posterior aparición de su cuerpo unos días antes de las elecciones legislativas de Argentina, generaron tensión y enrarecieron el clima político y social de ésta región.

El 1 de noviembre de 2017 se realizaron marchas en todos el país pidiendo por Maldonado.

El país sudamericano mostró, mal que le pese a alguno, un falso nacionalismo y un repugnante desprecio por la vida humana que se instaló en buena parte de la sociedad. La mitad de la población se mofó de su muerte, los memes no tardaron en aparecer, y los políticos oficialistas se reían ante tal desgracia.
Decían que Maldonado estaba vivo, que lo había llevado un camionero en Entre Ríos, que se había cortado las rastas en San Luis, que se encontraba en el RAM (Resistencia Ancestral Mapuche) y muchas otras cosas. Incluso, la diputada nacional Elisa Carrió (despreciada por el ex Presidente de la Nación, Dr. Raúl Alfonsín, ya fallecido) llegó a decir que un 20% de Maldonado estaba en Chile, en una falta de respeto abominable para una persona que se dice creyente y respetuosa de las instituciones.

Al final su cuerpo apareció, y la autopsia ha confirmado que su muerte fue por hipotermia y ahogamiento mientras huía en medio de una operación represiva de la policía. Todavía existen varias incógnitas rodeando esta muerte, por lo que tampoco se puede descartar el asesinato. Mientras el conflicto sigue dilatándose y al mismo tiempo que se producía el velatorio de Maldonado, el 25 de Noviembre otra operación policial terminó con la vida de un mapuche tras recibir el impacto de una bala, en medio de operativos por expulsar a los indígenas de un Parque Natural.  El resto de la historia está por escribirse, porque esto con seguridad recién empieza.

Como colofón, diremos para quienes propician el enfrentamiento con los Mapuches, que el deseo del cacique Antieco (ya fallecido), hombre que fuera recibido por el General Juan Domingo Perón de enarbolar una bandera que conjugue a los dos pueblos –Mapuches y Tehuelches– venía de 1987, hasta que en 1991el 3 de agosto, se reunieron las comunidades aborígenes de Chubut en Trevelin y enarbolaron dicha bandera que fue reconocida por el gobierno del Chubut.

 

 

 

 

 

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