Las Guerras de los Balcanes (II): Un referéndum que no todos aceptaron

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Croacia manejaba la misma hoja de ruta que Eslovenia: el mismo día (25 de junio de 1991) proclamó la independencia y también buscaba, como región próspera, unirse a la Unión Europea y despegarse de los “atrasados” Balcanes. Por su parte, la Federación Yugoslava mostró la misma desidia que en el caso esloveno, permitiendo que los independentistas croatas se hicieran con las instituciones en las primeras elecciones multipartidistas (primavera 1990) y realizaran sus preparativos en total libertad. Sin embargo, la ejecución del plan distó mucho de ser tan impecable como en el caso esloveno debido, esencialmente, a la sustancial minoría serbia existente en Croacia, a la improvisación y a la debilidad inicial del gobierno croata.

Croacia era una de las seis repúblicas federales que componían Yugoslavia. Situada entre Eslovenia y Bosnia, con un pequeño corredor con Serbia y otro con Montenegro. Además, compartía una amplia frontera terrestre con Hungría y marítima con Italia.

Todo el conflicto estuvo enmarcado en un contexto tormentoso que, a principios de los 90, por un lado consideraba a los yugoslavos/serbios los herederos del comunismo a batir o, en el mejor de los casos, representantes de lo eslavo y la Iglesia Ortodoxa, entroncando con una rivalidad centenaria. Por otro lado, la visión occidental de Croacia y Eslovenia era de dos minorías nacionales y católicas, mas cercanas a los restos del Imperio Austro-Hungaro que al mundo eslavo, por ello proclamaban buscar la libertad, sometidas por la bota militar de los primeros.

Una nueva República

Al frente de la nueva república croata estaba el veterano Franjo Tudjman con su Unión Democrática Croata, un partido nacionalista y ultraderechista influenciado por los exiliados ustachas de la Segunda Guerra Mundial y su concepción filofascista del país. Fue una reacción pendular extrema, de un sistema socialista al ensalzamiento del fascismo, a cuya llamada acudieron algunos voluntarios como, entre otros, el intrigante boliviano y periodista de la Vanguardia Eduardo Rozsa Flores.

1944, funeral de un líder ustacha croata muerto a manos de los partisanos de Tito.

La reivindicación del pasado ustacha indignó de sobremanera a la minoría serbia, un 12-15% concentrado en Krajina y Eslavonia Oriental que no olvidaba las salvajes masacres que había sufrido a manos ustachas croatas en la Segunda Guerra Mundial, donde 150.000 civiles fueron asesinados. Temiendo que se reprodujeran aquellos hechos, rechazaron categóricamente al nuevo nacionalismo y protoestado croata, organizándose y levantándose en armas en sus respectivas regiones antes de la declaración de independencia propiamente dicha. Así pues, entre verano de 1990 y primavera de 1991, los serbios de la Krajina protagonizaron la ‘revolución de los troncos‘, expulsando a la administración croata de sus feudos con el apoyo de la administración serbia de Milosevic.

El Rechazo Serbocroata desemboca en la guerra

La rebelión serbia bloqueó las principales vías de comunicación entre Zagreb y la costa dálmata, privando a la capital croata de su principal fuente de recursos: el turismo. Ante esta disyuntiva, el gobierno croata decidió intentar someter a los rebeldes por la fuerza atacando Knin, capital de la Krajina. Pero los helicópteros que llevaban a sus fuerzas policiales fueron rápidamente interceptados por cazas yugoslavos, siendo forzados a regresar a Zagreb. Este hecho consolidó los territorios rebeldes serbios, donde las escaramuzas fueron recrudeciéndose, creando agravios y alimentando un lenguaje de odio que rompería todos los puentes posibles. El punto de inflexión fue el desastroso intento croata de tomar el control en Borovo Selo en la Eslavonia el 2 de mayo, donde la fuerza policial croata cayó fatalmente en una emboscada tendida por locales y paramilitares provenientes de Serbia, muriendo 12 policías y desatándose una ola de indignación y furia en toda Croacia.

Conforme crecían las tensiones, los elementos más moderados en ambos bandos iban siendo sustituidos, e incluso asesinados, por elementos más nacionalistas y radicales, con cada vez mayores ambiciones en sus demandas y un lenguaje más incendiario. Un claro ejemplo de ello será la creciente exigencia de Montenegro, república yugoslava fiel a la federación, de diversas reclamaciones territoriales a Croacia, las cuales le llevarían a participar en la guerra en los alrededores de Dubrovnik. Otro fue el auge de numerosas milicias paramilitares al calor de grupos ultranacionalistas en ambos bandos, lo cual conllevó a mucho más que demandas y mera retórica. En este auge el fútbol jugó un papel destacado, algunos grupos paramilitares emergieron directamente de sus directivas y grupos de ultras.

Además de la importante minoría serbia, el proceso independentista croata quedó marcado por otros dos factores: la escasa organización y las ambiciones en Bosnia. Respecto a la organización, el marco legislativo siempre fue precario y, a pesar del contrabando que esquivaba a duras penas a la inteligencia yugoslava, no se logró crear unas fuerzas armadas competentes, lo cual daría la primacía a la policía y los grupos paramilitares. Tudjman se centraba en formar una pomposa guardia personal, el orgullo nacional, la bandera y el himno, mientras Croacia se deslizaba al desgobierno aflorando infinidad de mafiosas redes locales. En cuanto a las ambiciones en Bosnia, este punto hacía que Tudjman considerara de cara al futuro pactar con Milósevic su partición, pero para ello era necesario que este abandonara a la minoría serbo-croata. Las posiciones de ambos líderes no eran irreconciliables y siempre tuvieron una vía directa abierta, pero debían navegar entre sus respectivos nacionalismos. Fue por ambas razones, tanto desorganización como las negociaciones bajo mano, que las tropas serbias que atacaron Eslovenia no encontraron ni un solo obstáculo en su paso por Croacia.

Los presidentes serbio y croata, Slobodan Milosevic y Franjo Tudjman respectivamente

Durante unos meses, Croacia se enfrentó dialécticamente al estado federal, el cual trataba de actuar con cautela ante el desafió croata y sus maniobras secesionistas, especialmente el contrabando de armas. La cautela yugoslava se debía a la imagen internacional, ya que Croacia trataba de proyectarse como un gobierno electo y baluarte de la democracia, la libertad y el catolicismo, considerando cualquier intervención serbia o yugoslava una invasión neocomunista y/o ortodoxa. Uno de los momentos estelares de este ambiente tenso tuvo lugar cuando, mientras las autoridades federales debatían el asunto croata, antes de la llegada del presidente Tudjman, la inteligencia yugoslava emitió por la televisión pública una grabación del ministro de defensa croata convenciendo a oficiales militares para robar armas para Croacia con el objetivo de entrar en ‘guerra con Yugoslavia’.

Ante la amenaza creciente de intervención militar federal, los representantes croatas argüían que esta no era para defender Yugoslavia, sino para engrandecer la futura Serbia. La intervención militar fue finalmente rechazada en el Consejo de Estado, donde votaban las ocho repúblicas, por el sorprendente voto negativo de Montenegro. La respuesta de Milosevic fue salir de la institución para preparar el estado de emergencia y la intervención del ejército. Las autoridades federales y serbias se tomaron muy en serio los avisos de Occidente ante tales movimientos, llegando a pedir protección a una débil URSS, la cual obtuvieron.

El gobierno croata ya no ocultaba sus intenciones, mostraba públicamente a sus débiles fuerzas armadas emergidas del contrabando y el robo al gobierno federal. Finalmente, con la solemne declaración de independencia croata el 25 de junio, y el fracaso tanto en lograr el apoyo occidental como en controlar el territorio serbocroata, comenzó la guerra propiamente dicha. Los serbocroatas fueron rápidamente reforzados por el Ejército Federal, tocado por las deserciones de los no serbios pero deseoso de una operación exitosa tras el desastre en Eslovenia, y fuerzas paramilitares ultranacionalistas. Esto permitió al bando serbio pasar a la ofensiva general, mientras que los croatas asediaban y asaltaban los copiosos cuarteles aislados, reforzando con los arsenales a sus policías y paramilitares de ultraderecha. Milósevic no podía optar por una salida pactada y abandonar a los serbocroatas por la presión popular, además, consideraba que era una ocasión de oro para dar un paso más en la destrucción del Ejército Federal y la construcción de uno nacional serbio.

El razonamiento serbio era que, si Croacia salía de Yugoslavia, la minoría serbia tenía derecho a quedarse en la federación o unirse al futuro estado serbio, consideraban impensable unir su destino a la nación que los había masacrado en el pasado de la mano del nazismo. Para que esto fuera realizable, era necesario pasar a la ofensiva con el objetivo de unir sus enclaves en la Krajina y Eslavonia de forma coherente en la frontera oriental de Croacia, dándoles profundidad. Esto suponía tomar diversos puntos con importante población croata. Además, como hemos mencionado, al igual que en Eslovenia, el Ejército tenía cuarteles asediados por toda Croacia a los que urgía socorrer.

Tanques del Ejército Federal Yugoslavo

A finales de agosto, el Ejército Federal al mando del coronel Ratko Mladic apoyó abiertamente a los serbios de la Krajina. Esto les permitió tomar enclaves croatas como Kijevo, pero la colaboración del ejército regular se enfrió rápidamente, con los ánimos congelados tras el fracaso del golpe soviético en Moscú, que dejaba las manos libres a Occidente para imponer sanciones e, incluso, para intervenir.

Milicias Ultranacionalistas copan el protagonismo

Comenzada la ofensiva serbia, los croatas plantaron cara en la ciudad de Vukovar (Eslavonia) entre agosto y noviembre 1991. Fue la mayor batalla de toda la guerra y supuso no solo una derrota propagandística, sino la evidencia de que Croacia no podría ser doblegada fácilmente, ya que, con el precioso tiempo que ganó en la ciudad, se levantó un ejército croata competente. El cuartel de la ciudad ya estaba cercado por las milicias croatas desde el 25 de julio y, cuando a mediados de septiembre las tropas blindadas federales levantaron el cerco en su ofensiva, fracasaron estrepitosamente al internarse en la ciudad mientras caían en el caos, el desorden y las deserciones masivas.

Tamaño desastre provocó que las milicias nacionalistas serbias cobrarán protagonismo por su reconocida combatividad. Destacaron dos grupos de paramilitares: las Águilas Blancas, herederas de los chetniks y desaliñadas; y los Tigres, unidad de élite liderada por el carismático y archifamoso Arkan, que serán la punta de lanza de cualquier operación serbia a partir de esta fecha. La irrupción de estos grupos favorecía los planes de Milósevic, ya que mostraban la incapacidad del Ejército Federal y, al terminar integrados en el mismo, le daban un carácter nacional serbio evidenciado en el creciente borrado masivo de los símbolos federales. A su vez, en Serbia y Montenegro la guerra extendía la visión de una nueva Croacia heredera del estado genocida fascista de los años 30 y 40, una amenaza existencial no solo para los serbocroatas, sino para todos los serbios. Esta imagen se reforzaba por las declaraciones de los líderes croatas y el cariz de sus paramilitares, muchos de los cuales eran efectivamente herederos de los ustachas e incluso contaban con pequeños grupos de voluntarios fascistas internacionales.

Paramilitares serbios en Eslavonia (Croacia) con Arkan al frente

Intervención de la Comunidad Internacional

La comunidad internacional, ante la nueva crisis, convocó de urgencia una conferencia el 7 de septiembre en La Haya con todos los presidentes de repúblicas yugoslavas. Lord Carrington, el jefe de la diplomacia europea, apostaba ya por una voladura controlada, considerando a cada república yugoslava soberana. Esto suponía respetar sus fronteras con sus minorías, lo cual en este ambiente exaltado era prácticamente imposible. Tras esta idea estaba la intención de no cuestionar las fronteras europeas ante el temor de abrir la caja de Pandora de las reclamaciones territoriales. Con el fin de hacerlo realizable, se puso sobre la mesa el envió de cascos azules a las zonas serbias de Croacia, algo que solo pudo llevarse a cabo meses después, tras numerosas treguas fallidas.

Ahora bien, el Plan Carrington era inaceptable para el gobierno serbio, que estaba dispuesto a dejar fuera de su estado, ya fuera una Yugoslavia reducida o una nueva Serbia, a los serbocroatas, pero jamás a Montenegro, Kosovo y, el gran objetivo, Bosnia. El gran problema era que el resto de repúblicas, incluso la serbia Montenegro (sobornada por Italia con un plan de ayuda de 40 billones de liras y una relación especial con la Comunidad Europea), votaron a favor del plan. Las autoridades serbias lograron salir del atolladero al hacer que Montenegro cambiara su voto mediante duras presiones de los grupos serbios en la república, de forma que el Plan Carrington quedaba enterrado temporalmente.

La ambición Serbia y Montenegrina

La impresión general era que los serbios estaban ganando tiempo mientras seguían avanzado sobre Croacia. El estado mayor serbio tenía encima de la mesa un plan para aplastar completamente Croacia, pero se temían las sanciones e, incluso, una intervención occidental, ya que la crisis de la URSS impedía que diera garantías.

Principales operaciones en la Guerra de Independencia Croata entre 1991 y 1992

Por ello se abogó por objetivos más limitados que consolidasen la posición serbocroata. Con este fin, tropas serbias partieron la costa dálmata de Croacia y atacaron con dureza la ciudad de Dubrovnik el 1 de octubre de 1991, abriendo un tercer frente en el Sur (Norte, Eslavonia con Vukovar; y centro, la Krajina). Dicha ciudad no era un objetivo militar ni tenía sustancial población serbia (7%), pero si era un destacado enclave estratégico, histórico – cultural y turístico. Por ello había varios posibles objetivos: utilizar la ciudad como moneda de cambio, vengarse por el asalto a cuarteles y arrastrar al vecino Montenegro a la guerra, ya que la ciudad era el eje de sus crecientes reclamaciones territoriales. La ciudad fue bombardeada extensivamente con artillería y las milicias montenegrinas cometieron extensivos abusos, convirtiéndose la ciudad en un símbolo y terminando definitivamente con la idea de Yugoslavia y el apoyo al Ejército que quedara entre los croatas. El desastre se completó cuando las desordenadas milicias montenegrinas, apoyadas por el Ejército Federal, fueron incapaces de tomar la pobremente defendida ciudad, añadiendo el plus de ineficacia de rigor. Finalmente, el asedio fue roto por los croatas en mayo de 1992.

Batería de artillería del Ejército Federal Yugoslavo castiga Dubrovnik

En el otro gran frente, en Eslavonia, finalmente el 19 de noviembre las fuerzas serbias lograron doblegar Vukovar tras una intensiva campaña de bombardeos. La victoria no fue en absoluto completa, ya que 1800 defensores rompieron el cerco y la imagen de una ciudad arrasada con 10.000 civiles supervivientes custodiados por tétricos paramilitares ondeando banderas negras con calaveras (chetniks) no fue precisamente conciliadora ni beneficiosa para la propaganda. Y no solo eso, los paramilitares también protagonizaron diversas ejecuciones de prisioneros de guerra ante la mirada, si no colaboración, de los soldados regulares. El gobierno croata ya daba por perdido el enclave hacía meses, de hecho los propios defensores croatas acusaron al gobierno de abandonarlos y utilizarlos con el fin de obtener la simpatía de la comunidad internacional, donde hasta el momento solo contaba con un importante aliado: Alemania.

Vukovar arrasado, noviembre 1991

Europa apoya a Croacia

Terminada la gran batalla de Vukovar, la guerra entraba en una nueva fase: la carta propagandística había funcionado en el exterior y, además, ahora Croacia contaba con una imponente Guardia Nacional Croata integrada por 250.000 hombres, 180 carros de combate y dirigida por asesores occidentales. Por su parte, Milósevic se negaba a realizar más ofensivas frente al renovado ejército croata, prefería negociar desde la posición de ventaja obtenida en Vukovar y abandonar Croacia para centrarse en su verdadero objetivo: mantener Bosnia. Por supuesto, esto suponía abandonar en manos de los cascos azules de la ONU a la minoría serbia, que lógicamente se sintió traicionada.

La batalla de Vukovar entre agosto y  noviembre de 1991 dió un tiempo precioso a las fuerzas croatas para rearmarse

Finalmente, el 2 de enero se firmó un alto el fuego firme y entre febrero y marzo, en función de la Resolución 743 de la ONU, se desplegaron 12.000 cascos azules para proteger las zonas serbocroatas. Como en el caso esloveno, en la independencia de Croacia Alemania jugó un papel fundamental, siendo quien, tras la visión de Vukovar, empujó al resto de la Unión Europea a aceptar la independencia de la república croata sin esperar a que se garantizaran los derechos de las minorías, lo cual llevaría a una nueva tragedia.

A estas alturas, principios de 1992, Croacia había logrado consolidarse como estado, pero tenía dos asignaturas pendientes: recuperar el territorio que controlaba la minoría serbia (1/4 del país) y lidiar por el pedazo croata del pastel bosnio.

Croacia participa en la Guerra de Bosnia como un trilero

El estallido de la guerra en Bosnia provocó la intervención de Croacia para defender a su extensa minoría localizada en el Sur (Herzegovina). Tras rechazar los embates serbios junto a los musulmanes, las fuerzas croatas se volvieron contra sus antiguos aliados, ya que su verdadero objetivo siempre fue la anexión de las zonas croatas de Bosnia a Croacia. Fue una guerra extremadamente cruel que duró desde octubre de 1992 a febrero de 1994. Se detuvo por las presiones norteamericanas, que forzaron a croatas y musulmanes a sentarse y pactar la formación de la Federación Bosnia-Herzegovina para enfrentarse a los serbios.

Con ayuda USA e inmovilismo de los cascos azules, Croacia toma la Krajina

Una vez resuelto el asunto bosnio, quedaba el problema de los serbocroatas y su República Serbia de Krajina en el aire. Los choques eran esporádicos y, tras una breve ofensiva croata sobre un saliente en mayo de 1995, el 4 de agosto las reconstruidas y entrenadas fuerzas croatas, con el apoyo de los bosnios en la retaguardia adversaria y de la inteligencia norteamericana, lanzaron la Operación Tormenta. En una semana tomaron todo el territorio serbocroata, abandonado tanto por Serbia como por las fuerzas de la ONU desplegadas teóricamente para protegerlos. La victoria croata fue absoluta y los serbocroatas iniciaron un éxodo en masa, entre 150-200.000 se desplazaron a Serbia para no regresar jamás a sus hogares. Sin duda fue una de las mayores y más rápidas limpiezas étnicas de todo el conflicto yugoslavo, de nuevo con notables crímenes de guerra de por medio.

Decenas de miles de serbios huyeron de la ofensiva croata sobre la Krajina (agosto 1995) en una de las mayores limpiezas étnicas de las guerras yugoslavas

De esta forma, y tras 5 años de conflicto que dejaron más de 24.000 muertos y 500.000 desplazados, quedaba garantizado un estado croata independiente y cohesionado étnica y religiosamente. El sueño de los ustacha se había cumplido 50 años después de su derrota, aunque a un precio elevado y sin alcanzar el sueño de entrar en la Unión Europea hasta el año 2013. Habían pasado 14 años desde de la muerte de Tudjman, numerosos de los líderes de esa época, principalmente serbios fueron juzgados por los crímenes de guerra que cometieron, otros sin embargo, los croatas en su mayoría continúan en la más absoluta impunidad.

Franjo Tudjman visita Vukovar en 1997

Personajes destacados

Franjo Tudjman pasa revista a las fuerzas armadas

Franjo Tudjman (1922-1999):

Principal artífice de la independencia de Croacia y su primer presidente (1990 – 1999). Participó en la Segunda Guerra Mundial como partisano luchando contra ustachas croatas, tras lo cual inició una rápida y brillante carrera militar en el Ejército Federal Yugoslavo. En los años 60 se retiró de la vida militar y entró en el mundo universitario alejándose cada vez más del oficialismo y acercándose al nacionalismo croata. Se involucró con los crecientes grupos culturales nacionalistas y contactó con la diáspora croata en el extranjero, lo cual hizo que fuera arrestado en diversas ocasiones por las autoridades yugoslavas. En 1989, bajo su liderazgo se fundó la Unión Demócrata Croata, que un año después ganaría las primeras elecciones libres en Croacia. Desde 1990 hasta su muerte en 1999, Trudjman fue el presidente indiscutido de Croacia, con un estilo considerado autocrático por sus detractores, forjado en su papel en la Guerra de Independencia Croata.

Eduardo Rozsa en combate

Eduardo Rozsa Flores (1960 – 2009):

Periodista de La Vanguardia que, tras estar unos meses como corresponsal en Croacia dejó la cámara y tomó las armas. Boliviano, de padre húngaro y madre catalana, fue tan valorado por los croatas por su labor en el frente, que fue ascendido a coronel de su ejército y le concedieron la nacionalidad. También fue conocido por sus supuestos crímenes de guerra y presiones a otros periodistas, entre ellos el asesinato de un periodista suizo y otro británico. Su vida terminó abruptamente cuando la policía boliviana lo abatió junto a varios compañeros mientras preparaban un supuesto atentado contra el presidente Evo Morales.

Peter Alexander Rupert Carrington (1919):

Imagen de archivo de Lord Carrington

Veterano diplomático, político conservador y aristócrata británico, último superviviente de una época. Lo fue prácticamente todo en los gobiernos británicos de Churchill, Eden y Thatcher, además de en la Cámara de los Lores, de la cual hoy en día es el más anciano parlamentario. En los años 80 fue Secretario General de la OTAN y, en los 90, destacó por su papel en la diplomacia que infructuosamente intentó evitar el baño de sangre en Yugoslavia.

BIBLIOGRAFÍA

• Veiga, Francisco. La fábrica de las fronteras, Guerras de Secesión Yugoslavas 1991 – 2001. Alianza Editorial, Madrid, 2011.

• Documental de los años 90 de la BBC: The Death of Yugoslavia 1990’s. https://www.youtube.com/watch?v=RCNRdhMw49g

• Documental montenegrino War for Peace, dirigido por Koca Pavlovic, sobre la participación del Ejército Montenegrino en la guerra Yugoslava, especialmente en la batalla de Dubrovnik. https://www.youtube.com/watch?v=aExEw4Kd8Ac

• Breve resumen de la Operación Tormenta del Ejército Croata contra la Krajina Serbia, producido por el Ministerio de Defensa Croata. https://www.youtube.com/watch?v=geBpHYBWLxk

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Tomás Purroy

Historiador, profesor, filólogo, voluntario e interesado en geoestrategia, mundo actual (especialmente Oriente Medio y América Latina) y política nacional.