La insurgencia comunista en Filipinas

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La "Camarada Kathryn", miembro del Comando Melito Glor de la guerrilla comunista NPA, saluda durante una ceremonia en las montañas de la región de Luzon (foto de Manila Today).

Escrito por Àngel Marrades

El Partido Comunista de Filipinas (CPP) cumple este año el 50 aniversario de su fundación. En 1966 José María Sisón, su fundador y líder histórico, lanzará el Primer Gran Movimiento de Rectificación y se desligará del entonces Partido Komunista ng Pilipinas-1930 (PKP) formando el 26 de diciembre de 1968 esta nueva organización bajo los principios y pensamientos del Marxismo-Leninismo-Maoísmo (MLM) dando comienzo a una Guerra Popular Prolongada.

Desde entonces llevan en armas luchando contra el Estado filipino por llevar a cabo la revolución tanto en el campo como en la ciudad. Hoy día el conflicto continúa en medio de protestas contra el gobierno, un aumento constante del apoyo al Partido, la brutal guerra contra la droga por parte del Presidente Duterte y una mayor intervención estadounidense en el país.

El Complot

Lista de las 18 universidades declaradas como centros de reclutamiento del NPA por el gobierno.

El 21 de septiembre, coincidiendo con el 46 aniversario de la declaración de la Ley Marcial por parte de la dictadura de Marcos, el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Carlito Gálvez y el General de Brigada Antonio Parlade anunciaban en una entrevista que habían abortado un plan para asesinar al Presidente Duterte. La operación, llamada “Octubre Rojo” en referencia a la Revolución Bolchevique, estaría supuestamente organizada por el Partido Comunista de Filipinas (CPP) junto a otros grupos políticos de la oposición como el Partido Liberal o el grupo Magdalo, formado por exmilitares disidentes. En realidad, casi cualquier organización que hubiera hecho declaraciones contra el presidente se encontraba en la lista de sospechosos.

El Partido Comunista declaró que el presidente Duterte no sería derrotado por ningún complot sino por el pueblo en armas. El resto de grupos políticos también se desvinculó de cualquier posible trama, pidiendo explicaciones. Esto lleva al ejército y el gobierno a corregir sus declaraciones iniciales, desvinculando al Partido Liberal. A día de hoy, se niegan a mostrar los documentos clave y las pruebas aportadas distan de ser concluyentes.  Han llegado a admitir que la lista de 18 universidades que dieron como centros de reclutamiento del Nuevo Ejército del Pueblo (brazo armado del Partido Comunista) no había sido verificada completamente. Dicha lista ha sido utilizada para acusar a profesores de adoctrinamiento comunista y atacar a organizaciones estudiantiles.

La última estrategia ha sido la de vincular al Nuevo Ejército del Pueblo (NPA) con la masacre de 9 campesinos y miembros de la Federación Nacional de Trabajadores de la Caña de Azúcar (NFSW) en Sagay como parte del operativo de “Octubre Rojo”. La intención según las Fuerzas Armadas sería culpar al Estado. En palabras del propio Galvez el NFSW recluta trabajadores para matarlos, conseguir réditos y dejar en mal lugar al gobierno. Así, la policía detuvo a 2 importantes miembros de la organización, a Rene Manlangit y a Rogelio Arquillo. El NPA en un comunicado condenó la masacre, señalando que: “el NPA es principalmente un ejército campesino que libra una revolución agraria para abordar el problema fundamental de la carencia de tierras y otras formas de explotación feudal y semifeudal que prevalecen en el vasto campo filipino”. Tras una investigación el NPA concluyó por su parte que los culpables de la masacre fueron Vito Lotrago, Eduardo Linugon y Rexi Robles, mercenarios a sueldo de terratenientes y políticos locales de la familia Maraños. Finalmente han sido imputados, cosa que no ha impedido que también fuera asesinado el abogado de los familiares de las víctimas.

Parece claro que el gobierno y los militares han utilizado esta supuesta trama para varios propósitos políticos concretos. En primer lugar, para desacreditar y sabotear los actos de protesta que se desarrollaban ese mismo día en Filipinas en el aniversario de la imposición de la Ley Marcial; muchos acusan a Duterte de planear hacer lo mismo e imponer un gobierno autoritario. Por otra parte, el Partido Comunista ya ha sufrido la utilización de la Ley Marcial por parte de Duterte durante la Batalla de Marawi: se extendió hasta finales de 2018 y a toda la isla de Mindanao, utilizándose para combatir al Nuevo Ejército del Pueblo (NPA).

El presidente filipino, Rodrigo Duterte, durante una ceremonia en Manila, Filipinas. 19 de abril de 2018. Dondi Tawatao / Reuters.

En segundo lugar, para justificar la declaración de nuevo de la ley marcial a nivel nacional junto a una nueva oleada de operaciones contra movimientos y organizaciones anti-Duterte, tanto estudiantiles como campesinas u obreras, así como los movimientos pro-democracia. Un ejemplo es el senador Antonio Trillanes del grupo Magdalo a quien Duterte revocó el perdón presidencial de Benigno Aquino III y trata de arrestar (su caso continua en los tribunales).

En tercer lugar, el mismo día en que denunció la operación Octubre Rojo, el general Gálvez abogaba en directo por la creación de grupos de trabajo interinstitucionales de contrainsurgencia; Duterte anunciaba el 2 de diciembre la creación de una “Fuerza Nacional” para combatir a la insurgencia comunista. En otras palabras, escuadrones de la muerte homólogos al Grupo Colina de Perú o a las Autodefensas Unidas de Colombia, con los que Duterte ya tiene experiencia tras su guerra contra la droga en Davao.

Por último, Duterte ha declarado al CPP organización terrorista, abriendo la puerta a que Estados Unidos pueda combatir abiertamente al Partido Comunista y su Nuevo Ejército del Pueblo (NPA). Todo esto en el marco de la “Operación Águila del Pacífico, impulsada por Trump; una operación que combina la War on Terror de Bush (“Operación Libertad Duradera”) con la War on Drugs que ya se vio con el “Plan Colombia”. Como ya auguró Duterte: “Está bien, concedido, admitiré que soy un fascista. Ya te categorizaré como terrorista “.

Frente Democrático Nacional de Filipinas

Cartel propagandístico del NDFP por su 50 aniversario que reza: “Te quiero a ti para la Democracia Nacional” (artista Dead Balagtas).

El Partido Comunista de Filipinas se ha estado preparando para esta nueva ofensiva y tiene una larga experiencia en distintos escenarios políticos y militares, mostrándose como una formación que ha sabido adaptarse a la situación pese a los obstáculos.

En la actualidad cuentan con una serie de organizaciones políticas que forman una red al servicio del Partido. El Frente Democrático Nacional de Filipinas (NDFP) es el principal órgano que las aglutina: sirve de plataforma para distintos partidos, grupos políticos y movimientos como frente popular contra el Estado. La estrategia del CPP consiste en llevar adelante una revolución democrática con una perspectiva socialista, de forma que mantienen una fuerte presencia en los movimientos pro-democracia, paralelamente a la Guerra Popular Prolongada. Podemos de esta forma dividir la estrategia del CPP en dos líneas (lucha democrática y guerrilla revolucionaria), aunque siempre teniendo en cuenta lo ligadas que están la una a la otra.

La estrategia del Frente Único busca controlar el debate político y su deriva; esto lo hace desde organizaciones estudiantiles, de trabajadores, campesinas, cristianas o de mujeres, todo ello con el objetivo último de hacer la revolución, pero participando de los problemas diarios de estos sectores. De esta manera se ponen al frente de los movimientos antifascistas, antifeudales y antimperialistas.

Un ejemplo de esto es su posicionamiento en las protestas contra el gobierno de Duterte, que recuerda cada vez más al periodo dictatorial de Ferdinand Marcos. Lo que quieren evitar ante todo es repetir la derrota de 1986, cuando la candidata liberal, Corazón Aquino, liquidó al dictador con el apoyo de Estados Unidos (que antes apoyaba a Marcos) y se puso al frente de los movimientos pro-democracia, para acto seguido lanzar una campaña que diezmaría a la insurgencia comunista. Tras estos hechos surgió en el seno del Partido un debate interno que derivó en profundas luchas y purgas, manteniendo al CPP en el limbo hasta 1992. En su texto “Reafirmar nuestros principios básicos y rectificar errores”, el principal ideólogo del Segundo Gran Movimiento de Rectificación, José María Sisón, abre un nuevo ciclo en el Partido. La nueva estrategia señala las contradicciones de Duterte y pone al Partido al frente de la oposición democrática, evitando los errores del pasado.

Con estos frentes populares también se presentan a las elecciones, donde aprovechan los privilegios parlamentarios para hacer arengas públicas que no pueden ser silenciadas y además son publicitadas por los medios. En ningún momento hacen un uso electoralista de su representación, pues el Partido Comunista ve en las elecciones una herramienta del “Estado reaccionario”. La actividad parlamentaria es meramente un instrumento de carácter propagandístico, para oponerse a las medidas gubernamentales y presentar propuestas alternativas como salario mínimo, reforma agraria o educación pública y gratuita, que el gobierno rechaza.

Los manifestantes queman las efigies del presidente Rodrigo Duterte y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, durante una manifestación cerca del Palacio Presidencial para conmemorar el 154 aniversario del nacimiento del héroe revolucionario del país, Andrés Bonifacio, el 30 de noviembre de 2017, en Manila, Filipinas. (AP / Bullit Marquez).

Por otro lado, el Partido mantiene una gran popularidad por su larga lucha: los comunistas defendieron al país contra la invasión japonesa, lucharon contra el imperialismo estadounidense y siempre han mantenido una lucha por la independencia del país de fuerzas extranjeras. El trabajo que hace actualmente a nivel social es bien visto por la mayoría de los sectores progresistas, e incluso por parte de los liberales. La batalla por la vanguardia política y el movimiento democrático en Filipinas se considera esencial por parte del CPP a la hora de conquistar a los sectores intelectuales y nacionalistas.

También participa en las conversaciones de paz y públicamente se decanta por buscar un acuerdo. Con la llegada de Duterte en un principio se esperaba un avance en este campo pues él mismo se definió alguna vez como “socialista” y “anti-imperialista” (fue alumno de José María Sisón); liberó a presos comunistas e inició las conversaciones con un alto el fuego. Sin embargo, con la imposición de la ley marcial en Mindanao y la utilización de esta por parte de los militares para atacar a la guerrilla comunista, las conversaciones de paz se interrumpieron. Finalmente Duterte, en noviembre de 2017, firmó la Proclamación 360, poniendo fin a las negociaciones.

Es importante entender cómo el Partido Comunista de Filipinas ha llevado a cabo estas conversaciones de paz. A diferencia de procesos como los de Colombia, el CPP nunca ha permitido la participación de organismos externos como la ONU ni el desarme de sus combatientes. Es consciente de la deriva que han tomado esos acuerdos de paz, donde el gobierno y organizaciones de extrema derecha han continuado diezmando a las organizaciones de izquierdas y asesinando a líderes sociales y campesinos impunemente. Por esto no va a hacer concesiones que le dejen en una situación vulnerable que le obligue a la capitulación.

A la vez que muestra la imposibilidad de negociar con el gobierno, acusando además a Duterte de dirigir un gobierno autoritario heredero del de Ferdinand Marcos, a quien dio en 2016 un funeral de estado en el Cementerio Nacional de los Héroes, el CPP lleva a cabo su estrategia militar: la Guerra Popular Prolongada.

Porque al final, las Conversaciones de Paz son, son una herramienta más al servicio de la Guerra Popular Prolongada (GPP). Se busca dejar  al gobierno entre dos posturas antagónicas: la de unas fuerzas populares que demandan paz y la de las Fuerzas Armadas (muy vinculadas a Estados Unidos) que desean continuar con la guerra. “La Guerra Popular lleva a la Paz Popular” se convierte, así, en el mensaje del Partido Comunista. De esta forma los diálogos de paz son un altavoz reivindicativo para que terminen los asesinatos, el feudalismo terrateniente y el expolio de las multinacionales. También sirven para conseguir que el Estado libere prisioneros políticos como condición para sentarse a negociar. De esta manera el CPP mina la popularidad de Duterte, lo presenta como realmente contrario a la paz y muestra a las masas las contradicciones del Estado. Para el Partido, la GPP es el único camino hacia una paz duradera y la verdadera independencia.

La Guerra Popular Prolongada

Guerrilleros del Nuevo Ejército del Pueblo se mantienen en formación durante una ceremonia de entrega de soldados del gobierno capturados por la guerrilla, en la ciudad de Matanao, Davao del Sur, Mindanao. Foto de AFP/ Manman Dejeto.

En Filipinas, es tan necesario como posible librar una guerra popular prolongada. Es solo a través de un largo período de tiempo que podemos desarrollar nuestras fuerzas paso a paso al derrotar a las fuerzas enemigas pieza por pieza. No estamos en posición de poner nuestras pequeñas y débiles fuerzas en enfrentamientos estratégicamente decisivos con fuerzas enemigas militarmente superiores. En primer lugar, acabamos de comenzar desde cero. Tampoco podríamos haber pospuesto el inicio de nuestra guerra popular. Cuanto más tiempo tengamos para desarrollar nuestra fuerza armadas, desde prácticamente nada, mejor para nosotros en el futuro. Es nuestra firme política luchar solo aquellas batallas que somos capaces de ganar. Sin embargo, cercaremos a una fuerza enemiga que no podemos derrotar esperando la oportunidad para atacar a una parte de la fuerza enemiga que si podemos derrotar.

Sobre las características específicas de nuestra guerra popular, 1 de diciembre de 1974, Amado Guerrero (nombre de guerra de José María Sisón).

El Partido Comunista de Filipinas aplica una firme línea estratégica que consiste en desarrollar la teoría de la revolución de las dos etapas de Lenin y la Guerra Popular Prolongada (GPP) de Mao, en la cual el ejército popular compuesto principalmente por la masa rural debe avanzar desde el campo hasta rodear las ciudades durante un periodo prolongado de tiempo hasta que las condiciones estén listas para tomar las urbes en la ofensiva estratégica. El Nuevo Ejército del Pueblo está compuesto es su mayoría por las amplias masas campesinas, que son más del 50% de población. El desarrollo de la Guerra Popular Prolongada incluye las etapas estratégicas de defensiva, equilibrio y ofensiva. El objetivo del NPA en última instancia, es reducir al enemigo de una posición de superioridad militar y ofensiva estratégica a una posición de inferioridad militar y defensiva estratégica, culminando con una derrota total del estado.

A falta de alcanzar la etapa de la ofensiva estratégica el CPP libra una lucha armada principalmente en el campo, donde toma la iniciativa para lanzar ofensivas tácticas mientras acumula fuerzas. El Nuevo Ejército del Pueblo se estructura por frentes guerrilleros y campamentos base, para mantener estas infraestructuras necesitan de unas masas logísticas y de apoyo popular que les permita sostener el ejército popular para poder llevar a cabo una guerra extensa en territorio y tiempo. Las unidades militares no son voluminosas, pues serían fácilmente descubiertas y aisladas. Pero tampoco deben ser excesivamente pequeñas, pues sin ningún centro de gravedad que las apoye son vulnerables al Ejército Filipino. Las unidades por tanto mantienen una guerra de movimientos para la cual necesita el apoyo de las masas campesinas.

El ejército del pueblo chino utilizó la guerra móvil regular y estableció amplias áreas de base durante la defensiva estratégica. Como los vietnamitas, nosotros lo hemos hecho con guerra de guerrillas y con bases y zonas de guerrilla.

Alrededor de 200 combatientes del 1er Batallón Pulang Bagani del NPA desfilan durante la ceremonia del 48 aniversario del Partido Comunista de Filipinas en Paquibato, Davao, 26 de diciembre de 2016. (Foto de Manila Today).

Reafirmar nuestros principios básicos y rectificar errores, julio de 1992, 10º Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Filipinas.

Sin duda otra de las características esenciales de Filipinas es su geografía archipelágica, lo cual supone un problema y les ha hecho desarrollar la política de “liderazgo centralizado y operaciones descentralizadas”. Esta particularidad geográfica también la usan a su favor para dividir las fuerzas del enemigo de la misma forma que lo hacen con la división campo-ciudad.

En su actual desarrollo la guerra popular el NPA entiende que todavía se encuentra en la etapa defensiva estratégica y está luchando para avanzar de la fase media a la fase avanzada de esta etapa. Está sentando las bases para el equilibrio estratégico. Debido al desarrollo desigual del conflicto armado y las capacidades ofensivas del Ejército Filipino, si el NPA avanza en la dirección planeada habrá equilibrio localizados en diferentes frentes guerrilleros antes de que el Partido pueda proclamar que el equilibrio se ha hecho prevalente a escala nacional.

En cuanto a la estrategia respecto a las urbes la teoría del NPA es que los frentes guerrilleros deben influir en las ciudades, de esta forma a medida que avanza la guerra popular el NPA puede controlar las áreas menos urbanizadas antes de adentrarse a las más. Ello junto al apoyo de los movimientos democráticos del Frente Democrático Nacional para Filipinas (NDFP), que comenzarían previamente a realizar acciones de guerra urbana, facilitarían una toma más rápida de las ciudades.

En términos cuantitativos el Nuevo Ejército del Pueblo cuenta con más de 5.600 fuerzas según han declarado. Estas están repartidas entre más de 120 frentes guerrilleros alrededor del país según declaró Malem Mabini, portavoz del NPA en la Región Norcentral de Mindanao. Como dije estos frentes de guerrilla necesitan del apoyo de las masas así que explicaré cómo se estructuran y con qué fines.

Para construir sus campamentos base el NPA se asocia con campesinos locales para enfrentar a los grandes terratenientes y corporaciones creando “Órganos de Poder Político”, que conectados con organizaciones populares de las ciudades proveen de educación, sanidad o alimentación, dando los servicios que el gobierno no. Las bases cuentan con campesinos locales que aportan alimentos mientras el Nuevo Ejército del Pueblo se encarga de dar los servicios públicos, proteger el territorio, formar a las milicias populares y recolectar el impuesto revolucionario a las empresas locales. Excepto a las multinacionales que destruyen el medioambiente, a quienes no dejan opción y expulsan.

Organización de los campamentos base del NPA y Órganos de Poder Político [documental “Inside the New People’s Army (Part 1)” de redfish].

Si bien como digo el Nuevo Ejército del Pueblo cuenta con alrededor de 6.000 combatientes, hay que tener claro que estos son unidades militares, entrenadas y preparadas durante años. Las milicias populares por otra parte son muchas más y están asociadas al Partido Comunista, pero no se cuentan como combatientes del partido. En cuanto a miembros afiliados al Partido cuentan con unos 70.000.

Un archipiélago entre dos potencias

De fondo, en el escenario internacional, podemos ver como las disputas del Mar del Sur de China entre China y Estados Unidos están conduciendo la dirección de las políticas del estado filipino.

Rivalidad China-Estados Unidos en el Mar del Sur de China y bases militares (del senador estadounidense Dan Sullivan).

China está aumentando su zona de influencia, y a medida que vaya desplazando a Estados Unidos de las distintas cadenas de islas se encontrará con cada vez más resistencias. Aquí Filipinas, y el Mar del Sur de China previamente, pueden ser importantes zonas de choque en la competición entre una potencia en alza que busca expandir su influencia y una en retroceso que intenta retenerla.

Durante los últimos años China ha militarizado las islas Spratly del Mar del Sur de China y reclamado aguas que Filipinas dice que le pertenecen. Duterte ha intentado mantener una posición de fuerza, llegando a decir que el mismo visitaría las islas artificiales para mostrarle a China su firme posición. Pero ante la situación Duterte se ve obligado a intentar mantener un equilibrio constante entre las dos potencias, como dijo: “Es lo mismo, no podemos luchar contra Estados Unidos, al igual que no podemos hacerlo con China. Simplemente me quedaré callado”. Sin embargo, su discurso antes de llegar a la presidencia siempre fue el de intentar conseguir una política soberana para Filipinas e incluso con una retórica bastante contraria a Estados Unidos, cuya imagen es nefasta entre el pueblo. A pesar de que en sus primeros días diera pasos para acercarse a China y Rusia, en cuanto las cosas se complicaron en casa y el ejército presiono Duterte volvió a aproximarse a los estadounidenses. La cooperación se ha intensificado desde la batalla de Marawi, donde el apoyo fue fundamental para eliminar a Estado Islámico.

Los números de la Operación Águila del Pacífico de Estados Unidos en Filipinas (infográfico de “CPP Information Bureau”).

Desde entonces las relaciones entre Estados Unidos y el gobierno de Duterte se han visto impulsadas notablemente. El Secretario de Defensa estadounidens, James Mattis ha visitado el país y acordado el despliegue de la nueva misión “Operación Águila del Pacífico”. El portaaviones USS Ronald Reagan atracó el pasado julio por primera vez en Manila y en junio el Secretario de Estado Mike Pompeo se reunió con el Ministro de Exteriores filipino recuperando las relaciones bilaterales. Aunque Trump no va a participar en la próxima cumbre de la ASEAN el vicepresidente Mike Pence sí que acudirá y se reunirá con Duterte. Estos acontecimientos le vienen al dedo a Estados Unidos ante su ofensiva comercial contra China y el aumento de las tensiones en el Mar del Sur de China, donde los incidentes entre las flotas de ambos países cada vez acercan más la posibilidad de una catástrofe. Como ha señalado el propio Duterte: “Seguiré a Estados Unidos, ya que dicen que soy un chico estadounidense”.

Conclusiones

La situación de Filipinas tiene un largo recorrido, y necesitará aún de muchos años para resolverse. Con el 50 aniversario del Partido Comunista este conflicto gana peso en un escenario en el que las contradicciones internas en Filipinas van a aumentar, pues incluso con la elección de Duterte este ha sido incapaz de tomar una política soberana para el país. Si el Estado filipino no consigue crear un discurso que sea capaz de adaptarse solo le quedará la opción militar. Pues los comunistas seguirán consiguiendo agencialidad política mientras tiran de nacionalismo en un escenario de confrontación China-Estados Unidos. Incapaces de derrotar en el campo dialéctico y con una maniobrabilidad prácticamente nula, pues los lazos entre fuerzas armadas filipinas y estadounidenses son muy fuertes, deberán decantarse por la opción militar. Ante una organización que parece no tener líderes imprescindibles, pues ya se encargan de jubilar a los mayores de 70 en un intento de acelerar el cambio generacional que saben imprescindible, la única vía es una victoria decisiva en el campo de batalla; cosa harto difícil por las condiciones geográficas del país. Incluso en este caso Filipinas se vería avocada a una subordinación a Estados Unidos, al largo plazo podría cambiar a China.

La única política independiente para el Estado Filipino realmente pasaría por profundizar en las relaciones con los miembros de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), creando espacio libre de ambas potencias en el indo-pacífico. Pero la disparidad de gobiernos: un sultanato absolutista, dos monarquías constitucionales, una monarquía federal, dos estados socialistas con economía de mercado y cuatro repúblicas, dos presidenciales y dos parlamentarias; junto y las complicadas relaciones internas lo hacen prácticamente imposible.

Sobre la insurgencia comunista, aunque podamos decir que tiene las cosas relativamente fáciles para crecer los próximos años la victoria será algo difícil de alcanzar. El primer problema es la intervención estadounidense en el país que a nivel militar puede hacerles estancarse. Otros problemas que pueden surgir es un aumento de la represión contra grupos políticos afines o el establecimiento de un estado autoritario que persiga más abiertamente al Partido Comunista. Sin duda estos hechos tendrían sus beneficios políticos, reforzándose su discurso al igual que las simpatías hacia el Partido. Pero luchar en un marco político más estrecho en términos generales no mejorará su situación.

Estudiante de tercer año de Ciencias Políticas en la Universidad de Salamanca. Historiografia, geopolítica y elecciones.

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Àngel Marrades

Estudiante de tercer año de Ciencias Políticas en la Universidad de Salamanca. Historiografia, geopolítica y elecciones.

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