La guerra invisible en el Bajo Cauca

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Co-Fundador de Descifrando la Guerra. Sindicalista, defensor de los derechos humanos. Interesado en Conflictos armados y geopolitica internacional. Especialmente Oriente Medio, América Latina y Espacio Post-Soviético.

Los focos mediáticos fijados en Venezuela pasan por alto una violenta guerra que se desarrolla a tan solo 260 kilómetros de allí. La brutalidad de este conflicto es de tal magnitud que impresiona que sea totalmente invisibilizada en Europa. En el Bajo Cauca región del departamento colombiano de Antioquia varios grupos paramilitares se enfrentan a muerte por el control de la zona. Los continuos asesinatos selectivos, combates, amenazas y extorsiones están generando un éxodo hacia la capital departamental: Medellín. Las agencias humanitarias están al límite pero el gobierno parece mas preocupado por lo que se cuece dentro de las fronteras venezolanas que en su propio territorio. Si la situación ya es de por sí complicada, hay que añadir que el ELN y las disidencias de las FARC también tienen los ojos puestos en la región.


Juan José Ocampos, es un joven de 17 años, se encuentra desaparecido desde el pasado viernes 12 de abril cuando viajaba en motocicleta desde Medellín hasta Caucasia. En la región la gente masculla lo mismo, «¿Cómo viajaba solo en moto por esa vía en medio de la noche?» , como si la culpa fuese del joven por dar papaya. Una mujer de mediana edad manifiesta lapidariamente «Sería un milagro muy grande que aparezca con vida» . Esta desaparición no es una excepción, en los últimos meses ya son mas de diez las personas en paradero desconocido, la mayoría viajaban en motocicleta después del anochecer. En el mejor de los casos los cuerpos terminan manifestándose sobre el río Cauca o alguno de sus afluentes como los de Juan Gabriel y Angélica que dejan a dos niñas huérfanas, en el peor, los cuerpos jamás han aparecido sumiendo en la desesperación a sus familiares durante años.

En un punto intermedio a ambas opciones, los cadáveres son hallados pero de tal forma que se complica su identificación. En el Bajo Cauca hay una concentración importante de los 26.000 NN -siglas con las que se marca a los cadáveres desconocidos- que existen en Colombia. Estos se encuentran repartidos en mas de 20 cementerios entre los que abundan las lápidas con las siglas PNI -Persona No Identificada-, cuando los cuerpos son numerosos son enterrados en fosas comunes. Como si de una plaga bíblica se tratase la mayoría son jóvenes de entre 14 y 18 años.

Lápidas NN // Foto: Museodememoria

Salvo las autoridades que mantienen que la tesis oficial de los asesinatos es el hurto de motocicletas, en la región todos lo tienen claro, «hay una guerra entre paracos» -como se conoce a los grupos paramilitares-, «quien transita por la noche puede caer en un retén y ser desaparecido. Primero lo torturán y luego lo asesinán bajo el argumento de que pueda ser un infiltrado recopilando información del grupo rival. Después tirán el cuerpo al río o en cualquier lugar» afirma Inocencio, un pescador de 27 años de edad que sentencia «últimamente es mas fácil pescar bultos que peces».

El punto negro que se presenta en el tramo de Puerto Valdivia hasta Caucasia no es el único en la zona comprendida entre la carretera Medellín – Montería. Las carreteras a El Bagre y a Planeta Rica que conectan con Caucasia sufren el mismo problema. No es una casualidad, la ciudad es la ‘capital’ de la región del Bajo Cauca y por tanto el epicentro del problema que la golpea. Jairo es transportista, traslada pasajeros desde la capital departamental Medellín hasta Ayapel, «Esa ciudad de Caucasia está bien berraca, no hay ley. Intento estar el menor tiempo posible porque casi todos los días matan o desaparecen gente», secando el sudor de su frente añade «Es tierra caliente y no solo por el clima».

En esta ruta existe un tramo que comprende las veredas de ‘El Doce’, ‘Piamonte’ y ‘La Caucana’, en el que casi a diario desaparecen personas lo que ha llevado a muchos a bautizarlo como El triángulo de las Bermudas, en honor al enigmático triángulo del Caribe. Jairo lo tiene claro «No se como vamos a vivir, pero tenemos que dejar de trabajar aquí. Esta mañana me he cruzado con 6 cuerpos sin vida a lo largo del trayecto». Cuando le pregunto sobre la presencia militar es tajante «El ejército está por esa vía pero nunca miran nada, salvo cuando les molestan a ellos».

Límites del Bajo Cauca y del Triángulo de las Bermudas.

En el Bajo Cauca, la guerra nunca llegó a su fin. La desmovilización de los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia en 2006 durante el mandato de Álvaro Uribe no sirvió para apaciguar la región que se sumió en una guerra por el control territorial entre las facciones que continuaron la lucha armada. Tampoco se han registrado resultados positivos con la firma e implementación de la paz entre el Gobierno Colombiano y las FARC. Todo indica que el espacio dejado por la guerrilla ha inflamado una batalla sin límites entre varios grupos paramilitares, la guerrilla del ELN y las disidencias de las FARC.

La zona es hoy en día una de las mas violentas del país por su situación estratégica ya que conecta el centro del territorio nacional y la costa caribe por vía terrestre y fluvial. Sin embargo la mayor de sus desgracias es paradójicamente una de sus mayores virtudes, su riqueza. Sus tierras fértiles han pasado de utilizarse para la ganadería a convertirse en plantaciones de coca. Por si fuera poco su subsuelo posee una de las mayores reservas de oro del continente lo que ha fomenta un conflicto permanente entre los mineros legales y los ‘ilegales’. Todo esto no ha pasado inadvertido para los cárteles mexicanos que están penetrando en la zona en alianza con diferentes actores locales.

EL CONFLICTO

El conflicto como tal ha empezado lejos del Bajo Cauca, las operaciones de algunas unidades especiales del Ejército Colombiano contra las Autodefensas Gaitanistas de Colombia en el Chocó y el Urabá -Regiones entre el Pacífico y Caribe colombiano- han debilitado seriamente al mayor grupo paramilitar del país, este éxito se ha logrado al desarticular su cabeza de mando neutralizando a los principales comandantes, entre los que se encuentran Giovanny, Gavilán, El Indio, Samuel y Nicolás.

El líder de dicha organización, Dairo Úsuga David alias Otoniel, ha tenido que sustituir a sus hombres de confianza por otros menos experimentados lo que sobre el terreno ha repercutido en mas detenciones y una caída de las finanzas del grupo. El debilitamiento de la economía finalmente ha pesado para que Otoniel haya dado pasos concretos en una salida negociada que evite su extradición a Estados Unidos.

Estos síntomas de debilidad son la señal que necesitaban algunos para comenzar una guerra por el control de la organización. Aunque el proceso de descomposición es lento, han surgido algunas disidencias en el seno del grupo a lo largo del país. Es posible que la mas importante sea el Frente Virgilio Peralta Arenas que aglutina miembros de los extintos Los Rastrojos, Los Paisas y Las Águilas Negras. El grupo conocido vulgarmente como Los Caparrapos se ha decidido a expulsar a las AGC del Bajo Cauca, el sur de Córdoba y el Nudo de Paramillo.

Pintada de Los Caparrapos en San Juan de Ure.

En Septiembre de 2018 aparecieron panfletos sobre algunos núcleos urbanos del Bajo Cauca, en los que se declaraba objetivo militar a los miembros de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Estos pasquines estaban firmados por una de sus disidencias, el bloque Héroes del Central Bolívar Bajo Cauca, poco después sus militantes formalizaban su fusión con Los Caparrapos.

El Bloque Central Bolívar fue una estructura paramilitar que operaba dentro de las Autodefensas Unidas de Colombia, pero que se escindió de ellas en 2002 y continuó sus operaciones bajo las órdenes de alias Macaco. Estaba estructurado en once frentes repartidos en ocho departamentos y finalmente sus 7,603 combatientes se desmovilizaron en 2006 junto a las AUC. Las fuentes consultadas sobre el terreno afirman que quienes avalan estos panfletos son mandos medios del BCB que han vuelto a las armas.

Pasquín de los Héroes del Central Bolivar Bajo Cauca // Fuente: Análisis Urbano

La batalla actual se manifiesta en las zonas rurales y urbanas de los municipios de Cáceres, Caucasia, El Bagre, Nechí, Tarazá y Zaragoza todos ellos en el Bajo Cauca, pero también en localidades vecinas como Ituango, Segovia, Remedios, Valdivia, Yarumal y Dadeiba en el norte antioqueño, y en San José de Ure, Ayapel, Montelíbano, Puerto Libertador y Tierralta en el sur del departamento de Córdoba. Aunque todo indica que los municipios mas castigados están siendo Cáceres, El Bagre y Tarazá.

En todas estas zonas, Los Caparrapos disputan el control de las plantaciones de coca, las rutas de narcotráfico y la extracción de minerales a sus antiguos socios las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Bajo el mando de alias Caín sus combatientes se enfrentan a los diferentes frentes de las AGC, por ejemplo en el municipio de Cáceres practicamente expulsaron al Frente Julio César Vargas en una batalla de mas de un año que ya ha generado el desplazamiento de mas de 1.600 familias según la OCHA, convirtiendo algunas veredas de esta localidad en pueblos fantasma. En la ciudad de Caucasia, sin embargo se enfrentan al Frente Francisco Morelos Peñate, donde las autoridades han establecido en varias ocasiones toque de queda para frenar los numerosos asesinatos selectivos. Mientras en Tarazá, en límites con los municipios de San José de Uré en Córdoba e Ituango en Antioquia hacen lo propio contra el Frente Rubén Darío Ávila.

En el municipio de El Bagre se establece uno de los puntos mas calientes de este enfrentamiento. Una vez que alias Negro Cristian, el jefe de finanzas del Frente Francisco Morelos Peñate de las AGC desertó hacia los Caparrapos con parte del dinero recaudado por la organización. Lo que ha desatado una ola de homicidios que culminó con el lanzamiento de una granada sobre una discoteca que dejó al menos 1 muerto y 25 heridos.

Panfleto de Los Caparrapos reconociendo autoría de atentado y advirtiendo de futura ‘Limpieza Social’.

Los diferentes barrios de la localidad se han transformado en un campo de batalla en el que el Negro Cristian y alias Braques comandante de las AGC en dicha localidad mantienen una macabra partida de ajedrez en la que los peones son los combatientes de ambos grupos, pero en otras ocasiones son civiles sobre los que recae cualquier tipo de sospecha de colaboración o de haber denunciado algún crimen.

«Acabaron con este hermoso pueblo, aquí matan gente cada día», afirma Elvira una vendedora informal de empanadas, «vivir aquí se ha convertido en un infierno, matan porque te confunden con algún delincuente, o porque tienes un amigo o un familiar en uno de esos grupos, o porque alguna vieja celosa decide denunciarte ante una de estas bandas como colaborador del grupo rival, y si no es por eso es por una bala perdida», Stiven que la acompaña añade en voz baja «no podemos hacer nada, si denuncias ante la policía, al día siguiente te pelan por ‘sapo’, y eso pasa porque cada grupo tiene sus infiltrados dentro del cuerpo. El que puede se marcha de aquí y el que no ni de vainas».

Los Caparrapos han debutado con fuerza en este despreciable juego de tronos. Entre bastidores se dice que están subordinados a un importante capo de Medellín del grupo sicarial y paramilitar de La Oficina de Envigado. En su fulgurante ascenso tienen también mucho que ver los mexicanos del Cartel de Jalisco – Nueva Generación quienes han entrado en el territorio, tras comprar franquicias delincuenciales para apropiarse de la producción de coca. En el otro bando, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, son surtidas de armas y dólares por el Cartel de Sinaloa. Ambos codician controlar la producción de cocaína colombiana y se nota su mano en los métodos. Por ejemplo en pleno centro de la localidad, sicarios dejaron una cabeza cortada en medio de la incredulidad de los transeúntes que hacían las compras matinales. En otros municipios, cadáveres han aparecido colgando en lugares públicos con el objetivo de amedrentar no solo al grupo rival, si no de advertir a la población de quien ejerce el control social.

Algunos lugareños afirman que los grupos armados han establecido casas de pique en la región. En ellas se descuartiza a las víctimas para desaparecer de manera mas efectiva los cuerpos.

Motoristas dejaron una cabeza en la calle en pleno día.

Mientras ambos grupos paramilitares ejercen una lucha sin cuartel, otros están reconstruyendo sus estructuras con mas discrección. En la zona del Bajo Cauca, llegaron a tener presencia los Frentes 36, 18 y 5 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. A pesar de que todos formaron parte del proceso de paz, la falta de cumplimientos de los acuerdos por parte del gobierno y la débil presencia del estado permitieron a los grupos paramilitares ingresar en los viejos feudos de la guerrilla. Este hecho ha sido fundamental a la hora de su regreso a las armas. Lo que empezó con 17 guerrilleros descontentos de Briceño comandados por alias ‘Cabuyo‘ se ha transformado lentamente en un bloque sólido de cerca de 300 combatientes de los frentes anteriormente mencionados y que estaría tratando de conectar con las disidencias del bloque oriental dirigidas por Gentil Duarte quien desea refundar a las FARC.

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La presencia por ahora del Comando Especial Anti-paramilitarismo Frente 36 -como se hacen llamar- se ciñe al Nudo de Paramillo y a localidades colindantes como Briceño, sin embargo el objetivo es alcanzar Tarazá y por tanto la ribera del rio Cauca, lo que claramente exacerbaría las tensiones con las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y Los Caparrapos. Para dicha misión cuentan con la ayuda de otro grupo de disidentes el conocido como Nuevo frente 18-Román Ruiz-Cacique Coyará radicados en el sur de Córdoba.

Quizás quienes han tenido un crecimiento mayor hasta ahora son los combatientes de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional que contaría con cerca de 500 hombres del Bloque Darío Ramírez Castro presente en el Bajo Cauca y el sur de Córdoba. Su llegada a la región data de 1960 y aunque fueron prácticamente derrotados en los años 70, regresaron en los 80 para quedarse. Con el proceso de paz de las FARC, un núcleo numeroso de combatientes que no deseaba dejar de empuñar las armas culminó su transferencia a los Elenos. Parte de los territorios que dominaban los Farianos pasaron a ser controlados por los rojinegros.

Combatientes del ELN en el Bajo Cauca.

El proceso de paz cancelado por el gobierno con el ELN en enero de 2018 provocó la radicalización de la guerrilla. En la región precisamente dispararon sus acciones luego de la muerte de su comandante en el Bajo Cauca, los efectos saltan a la vista ya que en tan solo quince días han caído ocho soldados en dichos enfrentamientos. En las últimas semanas algunos pasquines narraban una alianza de Los Caparrapos, el ELN y las disidencias de las FARC. Sin embargo el Ejército de Liberación Nacional publicó su propio comunicado negando cualquier alianza con esos grupos armados.

BAJO CAUCA Y ANTECEDENTES

Si existió alguna vez el anhelado El Dorado, no cabe duda que los conquistadores españoles lo habrían encontrado en el Bajo Cauca. Sin ir mas lejos el conquistador extremeño Gaspar de Rodas fue el fundador de los primeros asentamientos en la región en los actuales municipios de Cáceres y Zaragoza, dedicados desde su fundación a la producción de oro.

En los años setenta y ochenta las guerrillas del ELN, FARC y EPL se asentaron en la región. Por aquel entonces la actividad económica principal era la extracción de minerales, de manera que las guerrillas comunistas encuentran en las malas condiciones laborales de los trabajadores de las compañías extractoras de oro, y en el abandono estatal una oportunidad para articular su discurso contra la oligarquía. Además las enormes desigualdades se convirtieron en una fuente inagotable de nuevos combatientes.

En el periodo comprendido entre los años 1985 – 1995, la aceptación de las FARC en la zona era muy grande, por lo que la Unión Patriótica llegó a lograr un respaldo electoral importante, era un partido político nacido en las conversaciones de paz de las FARC con el gobierno de Belisario Betancourt, conformado por organizaciones campesinas y de izquierda que se unieron a un grupo importante de guerrilleros que dejaban las armas para tratar de tomar el poder en las urnas. Ya en esa década ingresa el primer grupo de paramilitares, el conocido como Muerte a Revolucionarios del Nordeste, en el inicio de los 90, hacen lo propio las Autodefensas del Nordeste Antioqueño y finalmente penetran las Autodefensas Unidas de Cordoba y Urabá dirigidas por Los Castaño. El objetivo principal pasaba por controlar las extensas plantaciones de coca, el secundario acabar con las guerrillas de izquierda y la oposición progresista. De esta manera las autodefensas en el Bajo Cauca participaron en el capítulo tristemente conocido como Baile Rojo, en el que asesinaron a cerca de 3.000 miembros de la Unión Patriótica hasta su exterminio.

Cuco Vanoy con sus ‘autodefensas’.

En 1997 se conformaban los paramilitares de las AUC. Uno de los primeros objetivos de los hermanos Castaño fue el Bajo Cauca, de manera que sus combatientes penetraron en los principales núcleos urbanos infundiendo el pánico mediante masacres como las de El Bagre, Segovia, Cáceres y Valdivia. Con aquel avance quedó dibujado el panorama actual, los paramilitares pasaron a controlar las cabeceras municipales y las guerrillas las zonas rurales, frondosas y montañosas. El avance del paramilitarismo en la región provocó una reestructuración de las autodefensas en la zona, así que con la llegada del nuevo milenio las zonas de Tarazá, Cáceres e Ituango serán controladas por el Bloque Mineros de Cuco Vanoy. Mientras que El Bagre, Zaragoza y Nechí sería territorio del Bloque Central Bolivar al mando de alias Macaco. Por otra parte en el sur de Bolivar dominarán ‘Los Traquetos‘ de Don Berna un exsocio y luego enemigo de Pablo Escobar. De dicha división nacen las hostilidades actuales.

Con la desmovilización paramilitar en 2006, comienzan a surgir varios grupos armados de los restos de las AUC. Los mas sólidos pasarán a ser Las Águilas Negras, Los Rastrojos, Los Paisas, Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Todos ellos dirigidos por mandos medios de las Autodefensas Unidas de Colombia.

Alias Macaco con Don Berna.

El Bajo Cauca además de ser una región con grandes plantaciones de coca, es un gran corredor que une el Magdalena Medio y el Catatumbo -uno un importante centro minero y el otro de cultivos de coca respectivamente-, con el Urabá en el Caribe, donde se establecen los puertos por los que sale la cocaina hacia Estados Unidos y Europa. Por si fuera poco es una zona de tránsito desde Medellín hacia la costa, y un importante nudo fluvial, donde convergen los ríos Nechí, Cauca y Magdalena, los tres navegables.

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La batalla no tardó en llegar y en 2011, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia lideradas por Don Mario hermano del líder paramilitar El Alemán, absorben a las Águilas Negras. Mediante una confrontación armada como la actual derrotan a ‘Los Rastrojos, exmiembros del Bloque Mineros, grupo que a su vez se había fusionado con ‘Los Paisas‘ también formados por exmilitantes del Bloque Mineros. Los Rastrojos se dividieron, algunos se fueron a otros feudos y los demás -embrión de los futuros Caparrapos- se unieron a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, sellando así una frágil paz.

Desde esa época la región vivió en relativa calma. Todo lo controlaban las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Ellos asesinaban a gente de la que sospechaban estar sindicada a la guerrilla o a quienes no pagaban las vacunas, pero los índices de violencia eran relativamente bajos comparado con los momentos en los que hay confrontación entre grupos armados como en la actualidad.

FLUJO DE DESPLAZADOS

La crisis humanitaria generada por el conflicto en el Bajo Cauca está pasando desapercibida en los medios internacionales. Solamente en el primer trimestre del 2019 llegaron a Medellín procedentes de esta región 1.815 personas, 63 de ellas durante la Semana Santa, a esta cifra hay que sumarle 1.700 mas procedentes de otras regiones. Estos números incluyen solamente a personas registradas en la Unidad de Desplazados de Medellín, por lo que quedan fuera los desplazados a otras localidades y los que por miedo o falta de recursos no solicitan formalmente su petición de ayuda.

Desplazados en la Unidad de Víctimas.

«Nosotros huimos de Puerto López a El Bagre en 2017, ahora en 2019 estamos en Medellín a causa de esa guerra, a donde tendremos que huir en el futuro aun no lo sabemos» comenta una madre de familia con gesto de desesperación.

Las agencias humanitarias están desbordadas en la capital antioqueña, según el Registro Único de Víctimas de la Unidad para la Atención y Reparación a Víctimas, 12.000 personas llegaron a Medellín en 2018, de ellas el 50% proceden de Tarazá y Cáceres. Los recursos proporcionados por el gobierno departamental y por la alcaldía son limitados y en cualquier momento la red de ayuda puede colapsar. «Escapamos a Medellín sin nada, nos dieron algo de plata, 190.000 pesos para 2 meses. No alcanza ni para arrendar una habitación» afirma otra mujer de mediana edad, «¿Qué vamos a hacer cuando se acabe la ayuda? El Señor Duque envía alimentos y medicinas para Venezuela mientras nosotros no tenemos nada, que deje de chimbiar, ¿Es el Presidente de Colombia o el de Venezuela?»

La otrora renaciente Medellín presenta en algunas de sus comunas y espacios públicos síntomas de la decadencia generada por este conflicto interminable. La ciudad ya no tiene sitio para mas vendedores informales, los desplazados vagan por la ciudad en busca de una oportunidad o algo de caridad. Algunos han perdido la fe y se dedican a consumir drogas. Otros probablemente vean como única salida a su situación en la propia guerra. Un estudio realizado en 2014 indicaba que en la ciudad hay mas de 247 combos armados, la cifra probablemente haya aumentado en estos 5 años.

Mientras en el Bajo Cauca queda menos gente, en la vereda de Puerto Bélgica en Cáceres apenas queda nadie, la guerra entre los Caparrapos y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia ha tenido efectos devastadores. En La Caucana vereda del municipio de Tarazá, esta Semana Santa se han dado enfrentamientos armados que provocaron un desplazamiento masivo. «allí los que se quedaron es porque les cogieron a plomo» afirma uno de los desplazados.

«Me duele ver en la televisión a todas horas hablando de Venezuela, y de lo nuestro nada, ¿Por qué no van a Tarazá y graban» explica indignado Marco, que se dedicaba a la minería y ahora vaga por Medellín en busca de ayuda.

CRISIS ECONÓMICA

La crisis económica se ceba con la región, el conflicto armado tiene la mayor parte de la culpa. «He tenido que cerrar el negocio y venirme a Medellín, al principio pagaba vacuna a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, pero después también a Los Caparrapos». En esta región pocos son los que pagan los impuestos al estado colombiano, la mayoría lo hacen a un grupo armado a cambio de protección. En realidad es una extorsión, si no se paga hay dos alternativas, o marchar a otro lugar, o morir asesinado. En ocasiones el pago se realiza a dos grupos armados diferentes, a estos grupos no les importa a quien pagues. Lo importante es que les pagues.

Prácticamente todos están vacunados, comerciantes de almacenes de ropa, tiendas de ultramarinos, incluso los vendedores informales de las calles. Hace tres años una vendedora de empanadas me comentaba en El Bagre que tenía que pagar 10.000 pesos diarios. «si la semana es especial me suben la tarifa a 15.000».

El motor de la región es la minería, la empresa MINEROS S.A. es la encargada de la extracción legal del oro. Sin embargo las regalías que entrega se pierden entre los laberintos de la corrupción política. El empleo que genera la multinacional es pequeño en relación a la población.

Mineros del rio Cauca en Cáceres // Foto Hernán Vanegas

Desde hace tiempo la minería legal compite con la ilegal y en quince años se ha convertido en el auténtico motor del empleo. Decenas de predios son explotados sin permisos del estado por mineros artesanales. Este tipo de minería alimenta a buena parte de la población y a su vez a los grupos armados que vacunan a estos mineros artesanales. «El gobierno nos acusa de pertenecer a los grupos armados, pero nosotros solo pagamos la vacuna como otros negocios, a nosotros no nos protege el ejército como a Mineros S.A. Si nos queman las retroescavadoras y la maquinaria nos llevan a la ruina, ¿De qué vamos a vivir? Así no acaban con esos grupos si no que condenan a muerte a miles de familias» explica Everton, minero brasileño que llegó a la región hace 10 años llamado por la ‘fiebre del oro‘.

Otro colectivo en horas bajas es el de los pescadores, «hace años vivíamos bien, había mucho pescado, ahora es imposible vivir de esto, la minería está acabando con nuestros acuíferos, los peces están envenenados con mercurio», clarifica Manu un veterano pescador «da igual si es minería formal o informal, ambas destruyen el medio ambiente y nuestros ríos». Por si fuera poco el fracaso de Hidroituango, una de las mayores represas del país está destruyendo el río Cauca, las fallas en su diseño y ejecución han afectado a la estabilidad de la estructura, el agua se fuga por todas partes y cada vez que se cierran por completo las compuertas el río se seca, muriendo todo el ecosistema. Algunas declaraciones de técnicos han sido preocupantes, si la represa se rompe se produciría no solo una catástrofe medioambiental sino una tragedia que podría afectar a mas de 300.000 personas.

En tiempos de crisis el negocio para sobrevivir en la región han sido los cultivos ilícitos. La producción de coca es parte de la economía del Bajo Cauca, sin embargo tras el pico de la confrontación armada en febrero, el ejército colombiano ha decidido erradicar los cultivos de coca para dañar la capacidad económica de los grupos armados. Las autoridades trabajan en la extracción de 13.000 hectáreas de matas de coca. Un funcionario local me dice en privado «La estrategia del gobierno es la equivocada, la violencia se alimenta de la pobreza. Si eliminas la minería ilegal y los cultivos de coca pero no aportas otras alternativas económicas asfixias a las familias y la economía local, toda esa gente solo encontrará como alternativa pedir ayuda a los grupos armados».

OPERACIÓN MILITAR

En el Bajo Cauca operan habitualmente 2.500 soldados pero ante la imposibilidad de mantener el orden, el gobierno ha impulsado el envío de otros 2.500 adicionales de las fuerzas especiales. Estos nuevos soldados llegan procedentes del sur de Colombia tras una campaña exitosa contra las disidencias de las FARC en la frontera con Ecuador. Con la operación de la Fuerza de Tarea Aquiles se pretende dar un golpe certero a los grupos armados en Antioquia.

En los últimos días el ejército ha arrestado a cerca de 200 paramilitares, no obstante estos grupos armados reponen rápidamente sus frentes. Un polícía que prefiere mantener su identidad en el anonimato explica a Descifrando la Guerra «Se han detenido a 200 delincuentes, pero desde Medellín ya han enviado a 250 como reemplazo», «Medellín y el Urabá son la retaguardia, cuando el ejército se marche en dos o tres meses volverán a reconstruir sus estructuras con gente de esas zonas».

Unidades del Gaula en las carreteras del Bajo Cauca // Imagen: Miregion360

Las detenciones de las últimas semanas no han logrado frenar la ola de asesinatos. El llamado Triangulo de las Bermudas sigue escupiendo cuerpos al río y cada día mas gente abandona la región. Mientras tanto la actual batalla recuerda a episodios del pasado, si el gobierno continúa con la estrategia del pasado obtendrá resultados como los del presente. Si no se lucha efectivamente contra la corrupción, si no se genera empleos estables y si no se ofrece un porvenir a los ciudadanos en el Bajo Cauca la región entrará en un bucle infinito en el que no bastará con enviar al ejército para apagar el fuego cada cierto tiempo.

Este artículo es un homenaje a todos esos desplazados que abandonan sus hogares y pertenencias forzados por la violencia de los grupos armados de este conflicto silenciado.

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