LA GUERRA DE LOS BALCANES (IV): BOSNIA, SE ABREN LAS PUERTAS DEL INFIERNO

0
2507
19 de septiembre de 1995, civiles serbios asesinados por las fuerzas croatas en Bosanska - Dubica.

 

Tras la agridulce ofensiva serbia en 1992, exitosa en lograr importantes ganancias territoriales pero desastrosa en su intento de tomar Sarajevo, musulmanes y croatas tenían la oportunidad de reaccionar para evitar una partición de Bosnia muy favorable a los serbios. Todo ello en un contexto internacional cada vez más intervencionista, con un nuevo presidente norteamericano en busca de los laureles de la reelección y una opinión pública espoleada por el seguimiento mediático de los crímenes serbios, reales y supuestos.

Contraofensiva musulmana… contra los croatas

Los croatas veían con creciente recelo el avance serbio sobre posiciones que consideraban suyas, a la vez que se sentían tentados a tomar lo que les parecían débiles posiciones musulmanes. Finalmente, el ejército croata entró en Bosnia, avanzando desde el Sur sobre poblaciones musulmanes y arrebatando a los serbios la ciudad de Mostar. En estas operaciones volvieron a salir a relucir, de nuevo, campos de prisiones en condiciones infrahumanas. El gobierno bosnio, viendo que se cernía sobre sus terrenos una amenazante pinza serbocroata, decidió reaccionar lanzando una ofensiva general contra las posiciones croatas a lo largo de 1993.

Julio 1993, arde la aldea de Ljuta, al Suroeste de Sarajevo.

A la vez que los musulmanes atacaban a su adversario más débil, cohesionaban su territorio capturando zonas estratégicas que ampliaban su estrecha franja de territorio hacinada de refugiados. El éxito fue rotundo: el avance croata fue detenido y se necesitó inyectar tropas desde Croacia para no ser prácticamente expulsados de Bosnia. Quedó patente la eficacia de las tropas musulmanas, en lo cual contribuyeron notablemente los muyahidines extranjeros, quienes no llegaron en grandes números, pero cuya amplia experiencia (Afganistán) les grajeó una fama de eficaces e implacables, aparte de tener un impacto muy positivo en la moral.

Desfile de muyahidines en Bosnia

Esta conflagración entre musulmanes y croatas no solo fue el conflicto más serio y cruel hasta entonces, sino que rompía por completo la visión internacional de los serbios como agresores, ya que siquiera participaban. La diplomacia internacional se vio de nuevo incapaz de implementar siquiera un alto el fuego, esta vez entre elementos no serbios, en teoría ambos favorables a Occidente.

La patente solvencia militar musulmana en estos choques despertó los viejos temores de serbios y croatas a ser arrollados, forzándoles a colaborar de nuevo. Pero el desgobierno endémico y los enclaves aislados hacían imposible que el gobierno bosnio capitalizara la nueva situación de fuerza.

Junio 1993, cientos de refugiados y soldados croatas huyen hacia las líneas serbias ante la ofensiva musulmana.

En cuanto a este desgobierno, alcanzó cotas inéditas, carcomiendo todos los frentes y retaguardias con extorsiones y asesinatos. Se llegaron incluso a comprar posiciones a las milicias adversarias que las defendían, degenerando prácticamente todas en unidades locales mafiosas al mando de señores de la guerra. Esto era especialmente grave en la zona musulmana, sirvan como ejemplos estos dos jefes que incluso llegaron a cambiar de bando junto a sus hombres: Jusuf Juka Prazina, quien pasó del lado musulmán al croata huyendo de Sarajevo con sus compinches; Fikret Abdic, quien llegó a proclamar la autonomía de su territorio (Bihac, “la república pollera”) y defenderlo de las tropas musulmanas gubernamentales con ayuda serbia.

Abril 1993, una mujer musulmana trata de moverse por una Sarajevo plagada de francotiradores.

Respecto a los enclaves aislados, en la zona oriental los musulmanes tenían tres islotes atestados de refugiados y rodeados por los serbios: Srebrenica, Zepa y Gorazde. El propio jefe de la misión de la ONU fue cercado por los civiles al intentar salir de Srebrenica, viéndose forzado a proclamar el área como “zona segura” (Resolución 819). Esto implicaba que la ONU apoyaba directamente a uno de los bandos,  contraviniendo la política oficial de la organización. La reacción del general serbio al mando, Mladic, fue poner una simple condición: la desmilitarización. El resultado fue una enorme prisión atestada de refugiados y rodeada por los serbios, mientras que los musulmanes no cumplieron el desarme.

1993, soldados británicos apostados bajo la bandera de la ONU en Gornji Vakuf.

Un presidente norteamericano en busca de laureles

Mientras todo esto ocurría, los serbios no estaban de brazos cruzados. Rechazar el Plan Vance-Owen contra la mismísima Serbia había consolidado a la República Srpska como un indomable reducto nacionalista. Ante esta evidencia, además del descalabro croata a manos de los musulmanes y el creciente interés de la comunidad internacional, Milosevic decidió adoptar un perfil bajo, lo cual suponía limitar su apoyo a los serbobosnios y tratar de evitar daños mayores.

Los líderes de la República Sprskca, Karadzic y Mladic, quienes no se dejaron doblegar ni por Milósevic ni por las presiones internacionales.

En el plano internacional, en mayo de 1993 la ONU puso en marcha el Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia, esperando ingenuamente que sirviera como disuasión. Por su parte, EEUU cada vez se interesaba más por el conflicto, facilitando el movimiento de armas y suministros a los bandos musulmán y croata, a la vez que la opinión pública se mantenía en vilo con los bombardeos serbios a la asediada Sarajevo.

Finalmente, en febrero de 1994, la OTAN se decidió a intervenir directamente con un ultimátum sobre Sarajevo. Ahora bien, fueron incapaces de lanzar sus bombardeos al llegar Karadzic a un compromiso con Rusia, retirando el armamento pesado a cambio de que acudieran tropas rusas. Por primera vez en 18 meses, los ciudadanos de Sarejevo podían pasear sin miedo a los proyectiles. La tranquilidad no duraría mucho.

Los serbobosnios estaban decididos a recuperar la iniciativa, lanzando una ofensiva al mes siguiente (marzo-abril 1994) sobre el enclave bosnio de Gorazde, otra “zona segura” de la ONU. La OTAN respondió al reto, lanzando sus primeros bombardeos selectivos, pero la respuesta de los atacantes fue tomar como rehenes al exiguo contingente de la ONU y la ofensiva continuo. Los serbios habían desafiado la ONU y la OTAN con éxito, se había roto el gran tabú.

La operación de la OTAN en Gorazde fue un completo desastre, pero la nueva posición norteamericana tuvo dos consecuencias fundamentales a largo plazo:

  • Forzó un acuerdo entre croatas y bosnios, amenazando a Croacia con sanciones y prometiéndoles territorios serbobosnios. Esto dejaba a los serbios solos y alejaba al temido fantasma de una lucha de civilizaciones (occidente cristiano vs Islam).
  • Se pusieron en marcha extensos circuitos de contrabando para armar a los musulmanes, llegando suministros de todo el mundo islámico, especialmente desde Irán.
La nueva posición de EEUU forzó a los croatas aliarse con los musulmanes, aislando a los serbios y complementando por tierra la campaña aérea de la OTAN.

Sin embargo, toda la operación de rearme era insuficiente, las milicias musulmanas eran capaces de defenderse, pero no de llevar a cabo una ofensiva contra las preparadas fuerzas serbias. Los bombardeos aéreos “selectivos” no resultaban tan efectivos como se esperaba sin una competente fuerza terrestre, aparte de lo incómodo que era cada derribo y “daño colateral”. La administración Clinton estaba desesperada por obtener un triunfo que sirviese como carta de presentación para la reelección de 1996, a la vez que la sombra rusa se difuminaba aun más tras la lamentable derrota frente a los chechenos en Grozny (Nochevieja 1995).

La masacre de Srebrenica, los bombardeos de la OTAN y la ofensiva croata

Desafiantes ante sus adversarios y temerosos de perder sus territorios, los serbobosnios del general Mladic consideraron que era el momento de acabar con Srebrenica y Zepa, enclaves musulmanes orientales aislados, débiles y atestados de refugiados. Dichos reductos distraían a muchas tropas serbias y no habían respetado el desarme prometido a la ONU.

14 de julio 1995, miles de civiles buscan protección en las bases de la ONU en Srebrenica ante la ofensiva serbia.

En la toma de Srebrenica (julio 1995), la resistencia fue escasa, salvo ataques aéreos puntuales e inútiles de la OTAN, incluso los cascos azules de la ONU (holandeses) evitaron defender la “zona segura” que pomposamente habían anunciado dos años antes. Esto no evitó que se diera uno de los episodios más terribles del conflicto: los victoriosos serbios desplazaron a 25000 mujeres, niños y ancianos hacia el territorio musulmán y ejecutaron a todos los hombres en edad militar, unos 8000. Los testimonios escalofriantes llegaron a todos los rincones del mundo, sobrecogiendo a una opinión pública ya sensibilizada con la situación en Sarajevo. Por otro lado, la toma del otro enclave musulmán, Zepa, no conllevó ninguna matanza, fue un simple desplazamiento forzoso.

Una joven pasa delante del memorial a los 8300 hombres musulmanes asesinados en Srebrenica.

Ante el clamor por una intervención, especialmente desde la Francia de Chirac, y la incapacidad musulmana, se acudió al otro actor: el profesional Ejército Croata, reorganizado y rearmado desde la OTAN y con una extensa retaguardia, toda Croacia. Antes de poder intervenir en Bosnia, los croatas eliminaron a su propia minoría serbia (agosto 1995), cometiendo una extensa e impune limpieza étnica, con apoyo de tropas musulmanas desde Bosnia. Solo la República Srpska realizó un limitado contraataque para cubrir la huida de cientos de miles de refugiados serbios.

La brutalidad serbia en Srebrenica sirvió para que dicha limpieza étnica fuera pasada por alto por la opinión pública, mientras que ambos crímenes de guerra facilitaban los planes de paz fraguados por la diplomacia internacional. A nadie se le escapaba que los enclaves musulmanes en medio de territorio serbio y la Krajina serbia en plena Croacia habían sido obstáculos insalvables.

El nuevo objetivo era alcanzar un triple empate, una correlación de debilidades que obligara a las partes a negociar dentro de un marco de estado bosnio. Con este fin, la OTAN decidió lanzar una contundente campaña bombardeos aéreos a finales de agosto, ya no era una simple demostración puntual, sino una operación militar en toda regla.

La causus belli fue, tras la masacre de Srebrenica y los agravios acumulados, un mortífero bombardeo de artillería serbio que acabó con la vida de 37 civiles en la castigada Sarajevo fue el pretexto final. Los bombardeos aéreos de la OTAN tuvieron un duro efecto sobre los serbobosnios, tanto física como moralmente. Sin embargo, por sí solos, tampoco doblegaban la voluntad de resistencia serbia, además de provocar importantes “daños colaterales”.

Bombardeos de la OTAN sobre las colinas desde las cuales los serbios asediaban Sarajevo (30 de agosto de 1995)

Un desolado Milósevic necesitó de la intercesión del mismísimo patriarca ortodoxo para que los serbobosnios le dieran capacidad de negociar la paz por ellos, la diplomacia americana empezaba a dar resultados gracias a la presión de los bombardeos de la OTAN. La condición para detenerlos era la retirada del armamento pesado serbio de los alrededores de Sarajevo, algo a lo que, tras numerosas negociaciones y presiones, accedieron los serbobosnios, preocupados en todo momentopor las posibles ataques musulmanes sobre su población. La ruptura entre Serbia-Montenegro y los serbobosnios era cada vez más patente en todas estas negociaciones.

Septiembre 1995, un F-14 norteamericano despega del portaaviones Theodore Roosevelt para bombardear posiciones serbobosnias.

La necesidad de la OTAN de tropas terrestres para revertir el hecho de que los serbios controlasen más de la mitad de Bosnia era cada vez más evidente. En esta sentido, el punto de inflexión fue una nueva ofensiva croata-musulmana, que rápidamente arrolló las líneas de la República Sprska, provocando una nueva oleada de refugiados serbios. Los serbios habían sido doblegados en el campo de batalla. Tal fue el descalabro, que temiendo que la coalición croata-musulmana buscase una victoria absoluta, los americanos trataron de limitar sus ofensivas, llegando incluso a forzar la retirada de buena parte del contingente regular croata. Por su parte, los serbios trataron de reorganizarse en medio del desastre, siendo clave la llegada de los Tigres de Arkan para defender el expuesto corredor de Posavina, a la altura de Banja Luka.

19 de septiembre de 1995, civiles serbios asesinados por las fuerzas croatas en Bosanska – Dubica.

Negociaciones y acuerdo de paz

Con los serbios derrotados, los musulmanes incapaces de avanzar sin el apoyo croata y los croatas comiendo de la mano de Occidente, se había logrado un precario equilibrio, era la hora de negociar según los planes de la OTAN. Primero se firmó un alto el fuego el 5 de octubre, donde se convenció a los triunfantes musulmanes y croatas de que no prosiguieran sus ofensivas a cambio de medidas como levantar el sitio a Sarajevo, llegando suministros (luz, gas, agua…). En segundo lugar, se trasladó el escenario de las negociaciones a una base aérea en Ohio, para evitar las presiones nacionalistas locales sobre los líderes y recalcar el papel de EEUU, donde Bill Clinton rozaba el anhelado acuerdo de paz para apuntalar su reelección.

Los líderes musulmán (Izetbegovic), croata (Tudjman) y serbio (Milósevic)

Las negociaciones comenzaron el 31 de octubre y se alargaron durante todo el mes. Su espíritu base era mantener una Bosnia-Herzegovina federada con las fronteras de la antigua república yugoslava. Cada uno de los tres grupos tenía sus propias inquietudes: los musulmanes estaban atemorizados por que la importante presencia serbo-croata dinamitara la integridad territorial de Bosnia; los serbobosnios, representados por Milósevic, querían tener sus territorios cohesionados; los croatas enviaron a un exultante Tudjman, encantado de haberse librado de su minoría serbia y de tener un pie en Bosnia.

Tras semanas de arduos debates y naufragios, se alcanzó el 21 de noviembre el Acuerdo Dayton-Paris, según el cual:

  • Surgía un gobierno federal con dos entidades: el 51% del territorio quedaría en manos de la federación bosnio-croata, mientras que el 49% restante estaría en manos de la serbia República Srpska.
  • Los serbios renunciaban totalmente a Sarajevo, quedándose con capital en Banja Luka. Este movimiento restaba legitimidad a los serbobosnios y daba fortaleza al gobierno bosnio-croata.
  • Se abriría una protegida carretera que conectaría el último enclave musulmán al Este de Bosnia, Gorazde, con los demás territorios de la federación bosnio-croata.
Territorios intercambiados según el los Acuerdos Dayton – Paris que terminaron con la guerra el 21 de noviembre de 1995. Los colores eran los frentes y la línea blanca la frontera definitiva.
  • Tanto croatas como serbios podían mantener “relaciones especiales” con sus respectivos estados.
  • La convocación urgente de elecciones, lo cual favorecía a los partidos nacionalistas que habían llevado a cabo la guerra.
  • La inmunidad de los crímenes de guerra cometidos, una parte del acuerdo que será rápidamente laminado, especialmente para los serbobosnios, que terminarían siendo juzgados por el Tribunal Penal Internacional durante 24 largos años. Durante este 2017 han tenido lugar algunos de los fallos más importantes del tribunal, entre ellos la condena a cadena perpetua del general Ratko Mladic por la masacre de Srebrenica.
El líder serbobosnio, Radovan Karadzic se enfrenta a cargos por crímenes de guerra al Tribunal Penal Internacional.
El croata Slobodan Praljak se suicida en medio de una sesión del Tribunal Penal Internacional en 2017.

Con todo esto sobre la mesa, el 14 de diciembre de 1995 se firmó pomposamente la paz en una engalanada ciudad de Paris, donde un confiado y exultante Milósevic estuvo rodeado de las grandes potencias mundiales. La flamante diplomacia internacional había sido puesta en jaque desde una minúscula región del tamaño de Extremadura, una vieja provincia del Imperio Austrohúngaro había empantanado durante dos años al vencedor de la Guerra Fría que proclamaba entre alharacas el Fin de la Historia.

Milósevic, Tudjman e Izbetbegovik firman los Acuerdos de Dayton-Paris el 14 de diciembre de 1995 en Paris ante los mandatarios internacionales, entre ellos el presidente español, Felipe González.

Conclusión

Para solventar la enrevesada crisis, se fraguó una Yugoslavia en versión reducida donde la complejidad étnica se traducía en una inestable federación, separada por un nacionalismo desatado y montañas de cadáveres que continúan latentes hasta nuestros días. La solución contradecía la política seguida hasta el momento en Eslovenia y Croacia en pos de obtener un estado-nación cohesionado. Para llegar a esta situación de empate a tres se había arrasado por completo el país, desplazado enormes poblaciones que hacía siglos habitaban en sus valles y asesinado a aproximadamente 100000 personas, entre civiles (especialmente musulmanes) y militares.

La guerra había sido extremadamente dura, con la política internacional orbitando durante años alrededor de esta pequeña y complicada república yugoslava. Para EEUU, supuso dar una imagen de eficacia frente a la desordenada diplomacia europea y de la ONU, lo cual, junto a la Guerra del Golfo, consolidó su imagen triunfante de la posguerra fría, olvidando la crisis latinoamericanas y africanas. Para Bill Clinton, supuso dar un carpetazo aceptable a una enrevesada crisis que la había puesto contra las cuerdas a las puertas de su reelección. Para los muyahidines, muchos se quedaron en los numerosos centros wahabitas que abrió Arabia Saudí en Bosnia, otros regresaron a sus países y cientos partieron hacia Afganistán a continuar con la lucha armada.

Los Acuerdos de Dayton-Paris fueron claves para la reelección de Bill Clinton en 1996.

Tras el cierre en falso de Bosnia, parecía que las guerras en los Balcanes habían llegado a su fin, sin embargo todavía quedaban dos asuntos pendientes que enturbiarían la región: las minorías albanesas y los regímenes “neocomunistas” supervivientes (Bulgaria y Serbia), a quienes Occidente no estaba dispuesto a tolerar.

9 de enero de 2017, la República Sprska celebra su día de la independencia con la presencia del primer ministro de Serbia y del patriarca de la iglesia ortodoxa serbia.

BIBLIOGRAFÍA

  • Veiga, Francisco. La fábrica de las fronteras, Guerras de Secesión Yugoslavas 1991 – 2001. Alianza Editorial, Madrid, 2011.

 

  • Documental de los años 90 de la BBC: The Death of Yugoslavia 1990’s. https://www.youtube.com/watch?v=RCNRdhMw49g

Historiador, profesor, filólogo, voluntario e interesado en geoestrategia, mundo actual (especialmente Oriente Medio y América Latina) y política nacional.

The following two tabs change content below.

Tomás Purroy

Historiador, profesor, filólogo, voluntario e interesado en geoestrategia, mundo actual (especialmente Oriente Medio y América Latina) y política nacional.