La Guerra de los Balcanes (III): Bosnia, una independencia sobre el papel

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Capítulos anteriores:

Las Guerras de los Balcanes (I): Introducción y Guerra de los Diez Días

Las Guerras de los Balcanes (II): Un referéndum que no todos aceptaron

 

Bosnia fue el conflicto más destructivo de cuantos sacudieron la antigua Yugoslavia. Un conflicto cuyos crímenes se arrastran hasta nuestros días con los tediosos procesos del Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia. Convertir una región plurinacional y diversa en un estado nación cohesionado resultó imposible, siendo esta guerra un drama entre intentos departición y de crear un estado. Los Balcanes como avispero y fábrica de fronteras en su versión más cruda.

Surge el nacionalismo en la República yugoslava ideal

La diversa República de Bosnia – Herzegovina era considerada hasta principios de los 90 un ejemplo de idílica convivencia interétnica para el resto de Yugoslavia. Sin embargo, el mito se derrumbó estrepitosamente en las primeras elecciones multipartidistas (noviembre de 1990), cuando las fuerzas nacionalistas musulmanas, serbias y croatas arrollaron a las opciones federalistas y socialistas, tal y como ocurría en Eslovenia y Croacia.

La fuerte natalidad musulmana, junto a su rechazo a los matrimonios mixtos, siempre había levantado desconfianzas entre las otras etnias, que se veían en una menguante minoría en una región donde históricamente habían sido mayoría. Estos temores se vieron confirmados en las elecciones, ya que, por su peso demográfico, los musulmanes resultaron vencedores, ascendiendo a la presidencia el veterano islamista Alija Izetbegovic.

El islamista Alija Izetbegovic alcanzó la presidencia en las primeras elecciones multipartidistas (noviembre 1990)

Los electores se decantaron por las opciones identitarias no solamente por su carga nacionalista, fue fundamental el voto de castigo contra la oficialista Liga de Comunistas de Bosnia, manchada tras décadas en el poder por corrupción, gerontocracia y el mero desgaste que provoca el gobierno. Ahora bien, los partidos emergentes añadieron varios ingredientes letales al tradicional cóctel de corrupciones y caciquismo: etnicismo y un desgobierno general, fruto de su inexperiencia y debilidad.

Por su parte, la diplomacia occidental actuó de manera errática, en un principio abogó por no abrir la cuestión bosnia, pero  progresivamente se sintió mas implicada en el conflicto a medida que este se recrudecía. En este cambio de opinión confluyeron varios intereses: consolidar el Nuevo Orden Mundial tras el derrumbe de la URSS, ayudar a los ‘demócratas’ musulmanes y croatas frente a los ‘neocomunistas serbios’, evitar un choque de civilizaciones y las dinámicas electorales norteamericanas.

Las diferentes repúblicas yugoslavas, nótese el abrazo mortal que ejercían Serbia y Croacia sobre Bosnia.

Una tormentosa independencia a tres bandas

Conforme se fue vinculándo e identificándo Yugoslavia con Serbia, se quebró el sentimiento federal y el gobierno de Alija Izetbegovic, al igual que croatas y eslovenos, abogó por crear un nuevo estado. El 1 de marzo de 1992, el gobierno bosnio convocó un referéndum de independencia respaldado por musulmanes y croatas. Con el resultado favorable en la mano, Izetbegovic proclamó la independencia el 3 de marzo, siendo reconocido el nuevo estado el 6 de abril por la UE y EEUU. Pero los serbios rechazaron tanto el referéndum como la nueva situación, reclamaban su derecho como minoría a decidir unirse a Serbia, su estado-nación.

Mapa político detallado de Bosnia

En este punto, se evidenció que una cosa era proclamar la independencia y otra muy distinta que fuera realidad, aun con un reconocimiento amplio de la comunidad internacional. La nueva nación era extremadamente débil e incapaz de ejercer ni el monopolio de la violencia, ni el control sobre el territorio. Era una auténtica olla a presión sumida en el desorden y con unas divisiones étnicas azuzadas por la voracidad de sus vecinos. El secreto pacto serbocroata para sustraer sus respectivas áreas en Bosnia gozaba de buena salud, pero la reciente Croacia de Tudjman ni quería ni podía contrariar a sus aliados occidentales, por lo cual incialmente se mantuvo neutral.

Un preocupado presidente Izetbegovic durante los duros debates parlamentarios con el serbio Karadzic, en los cuales el fantasma de la guerra fue una constante.

Los serbios rápidamente conformaron una entidad aparte, la República Sprska, mientras que los croatas comenzaron a perfilar al Sur una república similar que cristalizaría posteriormente. No tenían ningún problema con el reconocimiento internacional de Bosnia, ya que dicho estado de facto no existía.

Estalla la guerra, la ofensiva serbia se estrella en Sarajevo

Con la neutralidad croata garantizada, la diplomacia occidental confusa y el Ejército Federal con las manos libres tras los desastres en Eslovenia y Croacia, Serbia consideró que era el momento de tomar la iniciativa. Con este fin, desplazó a la zona a los soldados serbobosnios, conformando una motivada y preparada fuerza de 80000 soldados al mando del general Ratko Mladic. De esta forma, al proclamarse la independencia, esta fuerza financiada y controlada indirectamente desde Serbia sería la espina dorsal de la República Sprska, dirigida por el improvisado Partido Democrático Serbio del psiquiatra Radovan Karadzic. El objetivo serbio era ambicioso: lograr una amplia franja protectora que uniera los territorios serbios (Serbia, Krajina y República Sprska) y arrinconar a los musulmanes en una atestada área central, a la vez que Sarajevo era dividida salomónicamente.

Los marciales líderes de la República Sprska, Radovan Karadzic y el general Mladic

La ofensiva comenzó a principios de abril, cuando grupos paramilitares serbios tomaron al asalto la estratégica localidad de Bijeljina, con numerosos abusos y asesinatos a varios sospechosos activistas musulmanes. También cayeron rápidamente las áreas orientales adyacentes a la frontera serbia, produciéndose una limpieza étnica con puntuales asesinatos que generó un éxodo de refugiados hacia los últimos enclaves bosnios.

Marzo 1992, paramilitares serbios maltratan a civiles en Bijeljina.

Mientras esto ocurría en el Noreste, la ciudad de Sarajevo estaba al borde del colapso, con los barrios serbios y musulmanes en manos de sus respectivas milicias. La amenaza de guerra y partición fueron la chispa que provocó el incendió, cuando manifestantes que habían tomado el parlamento avanzaban sobre las oficinas del serbio Karadzic, francotiradores abatieron a seis de ellos. La policía del gobierno musulmán tomó rápidamente el control de la ciudad, mientras que los serbios huyeron rápidamente a las colinas adyacentes, donde permanecerían hostigando a la capital.

Comienza el cruento sitio de Sarajevo, abril 1992

Tras sus éxitos en el Este y el Norte, la ofensiva serbia terminó encallada en un desastroso asalto blindado sobre Sarajevo los días 2-3 de mayo. El apoyo aéreo resultó insuficiente y los cuarteles generales del ejército terminaron rodeados en medio de una ciudad hostil. En un curioso incidente durante el asalto, el propio presidente Izetbegozic fue hecho prisionero al aterrizar en el aeropuerto de la ciudad y no llegar su escolta la ONU. Finalmente, tras dramáticas negociaciones y numerosos problemas con las incontrolables milicias musulmanas, el presidente fue intercambiado por las tropas asediadas en la ciudad.

Tropas de la ONU en el aeropuerto de Sarajevo, donde por culpa de su negligencia, el presidente bosnio cayó temporalmente en manos serbias.

Ante la imposibilidad de tomar Sarajevo, los serbios decidieron iniciar el largo y cruento asedio, tomando posiciones en las colinas adyacentes. Por su parte, la defensa de la ciudad quedó en manos de las redes mafiosas locales, que levantaban por doquier sus milicias. La situación fue agravándose paulatinamente, a la vez que generaba un importante rédito internacional al bando musulmán.

Bosnia había sobrevivido al embate como proto-estado, pero estaba hundida en el caos más absoluto, había perdido buena parte de su territorio y eran las milicias quienes tenían el control sobre el terreno. Por supuesto, los asesinatos de prisioneros y sospechosos fueron de nuevo moneda corriente en ambos bandos.

La opinión pública occidental y la diplomacia internacional (Resolución 757), espoleadas por la situación en Sarajevo y las terribles condiciones en unos campos de detención donde llegó la prensa, tomaron partido, considerando a los serbios los agresores. La larga sombra de la Segunda Guerra Mundial se extendía por el conflicto, todos los bandos recurrían a símiles con el nazismo para referirse a sus adversarios y, en diversos sectores occidentales enardecidos con la fácil victoria en Iraq, cuajaba lentamente la idea de intervenir para evitar un “nuevo genocidio” en Europa.

Agosto 1992, periodistas y miembros de Cruz Roja visitan un campo de prisioneros serbio en Tjernopolje, lo cual causo un auténtico terremoto internacional. Ambos bandos tenían campos de prisioneros.

Constatar esta adversa realidad internacional fue un duro golpe para la diplomacia serbia, convencida de ir a negociar la paz desde una posición favorable tras la ofensiva. Sin embargo, Occidente tampoco abogaba todavía por la intervención, temeroso de despertar a la moribunda Rusia atacando a su hermano eslavo, además, el presidente Bush ya tenía suficientes laureles con la Guerra del Golfo. El propio representante de la UE recalcó a los bosnios que ni soñasen con una intervención.

La apuesta diplomática occidental era el Plan Vance-Owen, una solución que proponía dividir Bosnia en diez cantones étnicos, algo que favorecía a los croatas, pero perjudicaba a serbios y musulmanes. A pesar de ello, el gobierno serbio de Milosevic aceptó, ya que cerraba el conflicto y la comunidad internacional le otorgaba suculentas ventajas, por ejemplo evitar las duras sanciones con las que se amenazaba a Serbia y Montenegro. Sin embargo, los serbobosnios, inmunes a las presiones internacionales y de su propia madre patria, se negaron en redondo a ceder los territorios que proponía el plan. Dirigidos por sus líderes Karazick y Mladic, en una tormentosa asamblea local, Milósevic fue humillado delante de la comunidad internacional. A partir de este momento, las relaciones entre Milósevic y los serbobosnios fue de desconfianza y rechazo mutuo.

Francotiradores bosnios en Sarajevo.

El plan que sí se llevó a cabo fue la masiva llegada de ayuda humanitaria, de la cual vivía buena parte de la población. Ahora bien, dado que los combatientes vivían a lomos de la población civil, estos se veían igualmente beneficiados.

En enero de 1993, se instaló en la Casa Blanca, Bill Clinton, quien consideraba que en el nuevo mundo unipolar, EEUU no podía mantenerse al margen de tamaño conflicto europeo, a pesar de su desastre somalí. Su afán intervencionista se vio reforzado por el golpe de estado de Yelstín, que supuso el fin del miedo a la reacción rusa, a la vez que se temía la imagen de ataque al Islam que empezaba a destilar la situación, tal y como probaba el creciente flujo de muyahidines. Las piezas empezaban a colocarse en posición para formar un tortuoso camino que llevaría al contraataque musulmán, la irrupción de los croatas y la final intervención de la OTAN.

En enero de 1993 Bill Clinton llega a la Casa Blanca, dando un enfoque mucho más intervencionista a la política norteamericana en Bosnia

BIBLIOGRAFÍA

  • Veiga, Francisco. La fábrica de las fronteras, Guerras de Secesión Yugoslavas 1991 – 2001. Alianza Editorial, Madrid, 2011.
  • Documental de los años 90 de la BBC: The Death of Yugoslavia 1990’s. https://www.youtube.com/watch?v=RCNRdhMw49g

Historiador, profesor, filólogo, voluntario e interesado en geoestrategia, mundo actual (especialmente Oriente Medio y América Latina) y política nacional.

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Tomás Purroy

Historiador, profesor, filólogo, voluntario e interesado en geoestrategia, mundo actual (especialmente Oriente Medio y América Latina) y política nacional.

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