Entrevista a Bucharaya (II)

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Hace décadas, la causa saharaui tuvo un destacado apoyo por parte del movimiento de los Países No Alineados, entre los que se encontraban Cuba, Libia o Argelia. ¿Con qué apoyos internacionales cuenta actualmente la RASD?

Nosotros estamos reconocidos como Estado por la Unión Africana. Es más, somos miembros fundadores de la Unión Africana, sucesora de la Organización de la Unidad Africana. El Estado saharaui está reconocido por 82 países, en su mayoría aplastante en América Latina y en África. Tenemos apoyo de muchísimos países. El escenario y la ecuación política internacional han cambiado mucho. Ya parece que no existen esos dos grandes bloques que hubo durante la Guerra Fría, pero los intereses siguen estando ahí y las fichas se mueven según los intereses. Nosotros hoy en 2018 nos encontramos mucho más potentes y con mucho más equipamiento en todos los campos que 10 años atrás. Tenemos también un mayor reconocimiento a nivel internacional. Tenemos un representante permanente en Naciones Unidas. Tenemos sedes diplomáticas casi en todas las capitales de la UE.

Por otra parte, es verdad que mucha gente, sobre todo analistas occidentales, vinculan a Argelia con el tema del Sáhara Occidental. Nosotros, estamos y estaremos eternamente agradecidos a Argelia. Primero porque cuando Marruecos invadió brutalmente el territorio, Argelia reaccionó contra este drama humano y abrió sus puertas, socorriéndonos y cediéndonos una parte de su territorio para poder garantizar la integridad física de nuestro pueblo. Por otra parte, Argelia, política e internacionalmente es un país que ha apoyado y respaldado a todos los movimientos de liberación nacional y pueblos oprimidos. El caso del Sáhara no es una excepción. Por ello nuestro agradecimiento la pueblo argelino.

La Unión Africana ha sido uno de los campos de batalla diplomática entre Marruecos y el Polisario. Durante décadas Marruecos decidió no formar parte de la OUA ni de su sucesora, la Unión Africana, dado que la RASD estaba reconocida como miembro de pleno derecho. El año pasado finalmente decidió ingresar. ¿Considera esto una victoria del Frente Polisario? ¿Qué balance hace del trabajo de la UA en el conflicto?

Marruecos abandonó la OUA en el año 1984 por haber sido reconocido el Estado Saharaui que tuvo de voto 51+1 y eso le daba derecho a ser miembro permanente de pleno derecho. Abandonó el asiento y lo dejó vacío durante más de 30 años. Después, cuando Marruecos solicitó volver a entrar en la UA, lo hizo como un miembro nuevo que lo pide por primera vez y se le puso como condición el reconocer el mapa geográfico heredado de la colonización y que un país miembro de esta organización no puede invadir a otro país miembro -puntos clave de la carta magna de la Unión Africana-. La incorporación de Marruecos a la UA tendría que haber dado pie, si hubiese sido un país mucho más maduro políticamente, a una negociación que apostase por una solución duradera al conflicto. Marruecos, en cambio, entró e intento reventar estas cumbres con la cuestión saharaui de por medio. Pero la UA ha mantenido una postura firme al respecto. Además, la RASD ha ostentado la vicepresidencia de la UA durante casi 20 años.

Entonces, la cuestión saharaui en África es una realidad irreversible, no hay marcha atrás. Ya somos un factor de equilibrio, paz y estabilidad en la región y no es posible promocionar una opción que no contemple el consentimiento de los saharauis.

Marruecos hoy por hoy no es un país con esa voluntad. No lo es porque tiene el respaldo incondicional de Francia, que es país miembro del CSNU con derecho a veto. Francia no ve con buenos ojos el nacimiento de un Estado saharaui de habla hispanoparlante -en una región llena de países francófonos-. Mientras Francia no aplique los valores que propaga al caso saharaui, vamos a estar siempre caminando más lento de lo que deberíamos.

El objetivo de la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el referéndum en el Sahara Occidental) es celebrar el referéndum en el Sáhara Occidental, como el propio nombre indica. Esta misión no está dando ningún fruto. No es posible estar inyectando más de 36 millones de dólares anuales. Si esto no avanza, EEUU retirará sus fondos. El segundo donante es España, sin embargo, no hay ningún español (ni militar ni civil) en la misión, dado que Marruecos los ha rechazado bajo el pretexto de que todos son pro Polisario.

En la última resolución del CSNU se decidió, gracias al apoyo de EEUU, prorrogar la MINURSO durante 6 meses en vez de durante un año (opción apoyada por Francia). Marruecos hizo todo lo posible para evitarlo pero EEUU se impuso. Francia sostuvo que si EEUU imponía esta resolución, ellos iban a utilizar el derecho a veto. Entonces, por primera vez, China, con quien nosotros no tenemos prácticamente relación, dijo que ellos apoyaban también la resolución. Este hecho es el reflejo de que la comunidad internacional está intentando poner fin al conflicto. Tenemos todos los indicadores positivos que pueden generar una esperanza y una ilusión.

Asimismo, el nuevo enviado del Secretario General de la ONU para el Sáhara Occidental, Horst Köhler -expresidente de Alemania-, está dando pasos positivos. En menos de 6 meses que lleva como enviado, ha desbloqueado el tema de las negociaciones y se ha aprobado por parte del Secretario General y de la Asamblea General una mesa de conversaciones los días 5 y 6 de diciembre entre las partes para luego dar pasos hacia una negociación directa y mucho más seria.

En definitiva, el problema saharaui es un problema político. Esta situación no está sujeta a problemas técnicos. Naciones Unidas ya hizo su labor en identificar al cuerpo electoral que va a votar en el referéndum. Los saharauis identificados y con derecho a ser electores somos 84.251 votantes. No es por tanto un problema técnico o de falta de medios sino que no hay voluntad política ni de Marruecos ni de los países occidentales que tienen sus intereses no solamente en Marruecos sino en el Sáhara. Por lo tanto, los saharauis creemos que la solución de este conflicto está en este triángulo: París, Washington y Madrid. Siendo Madrid la parte más débil.

Cada minuto que pasa le estamos mandando un mensaje subliminal a las generaciones jóvenes que están allí de que la única solución es a través de las armas. Si el conflicto del Sáhara volviese a estallar seguro que los yihadistas de Mali. Entonces, habrá que hacer algo por la paz, haciéndole ver a los jóvenes de que es posible solucionar esto y que hay que creer además que el mundo actualmente apuesta por una globalización y por el diálogo.

Yo tengo mucha esperanza e ilusión de que hemos avanzando positivamente en términos políticos. Creo que todos los indicadores del escenario internacional son favorables a que haya una solución al conflicto.

Antes me planteabas el tema de las intervenciones en Libia, Siria o Iraq, lo hacías en términos positivos, como ejemplo a seguir en el conflicto del Sáhara, o en términos negativos?

Lo planteaba en términos negativos. Cuando los pueblos son los que se levantan por sí solos, las cosas cambian y los intereses también. Cuando esto es orquestado desde fuera, pasa lo que está pasando. Hoy en día, los propios libios, iraquíes, afganos y sirios, se preguntarán si es mejor un malo conocido (dictador) que un bueno por conocer. Miren lo que ha pasado en Libia. Entonces, dejemos a las personas de sus países que se organicen y garanticen la estabilidad de su casa y no empleemos dinero a temas de armamento, invasiones, etc.

Después de la represión de la manifestación que tuvo lugar en Zemla en 1970, el Polisario decidió que la única vía posible era la vía armada. ¿Cuál es la posición del Polisario respecto a la violencia como medio de hacer política?

La primera manifestación pacífica, que reflejó el primer nacionalismo saharaui, fue el 17 de junio de 1970. Esta respondía a una normalidad en la década de los 70, cuando la mayoría de los pueblos africanos estaban descolonizándose e independizándose. Eso generó un interés y preocupación por parte de los jóvenes, que al final organizaron una manifestación pacífica en El Aiún, capital del Sáhara entonces gobernada por la administración española. Esto se hizo para presionar a la administración española y que esta comenzara a sentarse con los representantes de los saharauis para hacer un calendario de cara a la futura descolonización. Este calendario debía contemplar la cesión por parte de la potencia colonizadora de la independencia, como se hizo en otros países vecinos. Desgraciadamente, la reacción del gobierno español fue reprimir a esos manifestantes con una compañía de la Legión Española. Consiguieron llevar preso al líder e ideólogo de este nacionalismo (Basiri) que a las 24 horas desapareció. En los años siguientes, esos jóvenes se exiliaron clandestinamente en Mauritania y llegaron a la conclusión de que no bastaba con una reivindicación pacífica ante una dictadura como la de Franco, sino que era necesario también poder defender esa reivindicación. De ahí nace el Frente Polisario, como un movimiento de liberación nacional en el año 1973. Las acciones que se llevaron a cabo contra España pretendían enviar a los saharauis y a la comunidad internacional el mensaje de que era necesario tener la fuerza para defender lo que estás reivindicando, sino nadie te hace caso.

En cuanto a la acción, los saharauis por nuestra propia idiosincrasia, no somos un pueblo que tiene ese principio de la violencia; no concebimos, por ejemplo, que haya ninguna razón (ni religiosa, ni política ni ideológica) que legitime que una persona lleve acciones violentas contra otra persona que poco tiene que ver con esta situación. De hecho, nosotros nunca hemos usado el terrorismo como medio de lucha, aun estando el ejército de España en el territorio. Marruecos, en cambio, sí que mandó infiltrados al territorio que pusieron bombas en algunos cuarteles y cines, para desacreditar al Polisario. No compartimos bajo ningún concepto este principio de la violencia, lo condenamos y estamos convencidos de que hay otras formas de lucha sin necesidad de recurrir a la violencia. La violencia es el reflejo de que cuando no tienes razón; entonces recurres a imponerla. La guerra bélica, que duró 17 años, con Marruecos y Mauritania fue una guerra limpia por parte del ejército saharaui. Solamente nos limitamos al mapa geográfico con las fronteras heredadas de la colonización española. No hemos trasladado nuestra guerra al territorio de Marruecos o a Mauritania en su momento, si bien teníamos y tenemos capacidad para hacerlo.

Cuando se firma el alto al fuego entre las dos partes en el año 1991, los saharauis teníamos más de 5.000 prisioneros de guerra marroquíes, mientras que Marruecos tenía solo 168 prisioneros saharauis.

En el caso de que las negociaciones no lleguen a buen puerto, ¿El Polisario tiene la capacidad y estaría dispuesto a utilizar la violencia con fines políticos en ese aspecto o es una cosa del pasado?

Nunca se ha utilizado la violencia. En el Sáhara se creó un ejército de voluntarios que sigue existiendo hoy en día. Un ejército que ha demostrado tener capacidad. Porque en una guerra no gana el ejército que mejor está equipado sino el ejército que está ahí voluntariamente, que conoce el territorio y que tiene la movilidad. En términos militares, por ejemplo, Marruecos ha construido un muro a lo largo del territorio saharaui -el más largo después de la Gran Muralla China-. Son casi 2.700 km de longitud, que en la actualidad divide el territorio en dos partes y, por tanto, divide también a las familias. El mantenimiento del muro durante la guerra costaba casi 2 millones de dólares diarios.

Muro del Sáhara Occidental construido por Marruecos.

El ejército de liberación saharaui ha demostrado que, a pesar de eso, el muro no es algo eficaz. Y no lo es por la sencilla razón de que el ejército saharaui utilizó una táctica de desgaste contra el ejército marroquí. Cuando se firma el alto al fuego entre las dos partes en el año 1991, los saharauis teníamos más de 5.000 prisioneros de guerra marroquíes, mientras que Marruecos tenía solo 168 prisioneros saharauis. Esto es el reflejo de que no es una cuestión de medios sino de tener la convicción y que, por tanto, la gente esté dispuesta a morir por su causa. Yo estoy dispuesto a morir por el Sáhara. Un marroquí estoy seguro de que no, dado que no tiene los mismos sentimientos que yo. Yo llevo 40 años sin ver mi casa, mi ciudad, familia directa que se ha quedado bajo dominio marroquí. Entonces, si la diplomacia fracasa, los saharauis no podemos seguir con los brazos cruzados, no podemos vivir en ese desierto de manera eterna. Tendremos que tomar decisiones, una de las cuales podría ser volver a la guerra. Esto significa que habrá muertos saharauis y marroquíes, pero Marruecos firmó el alto al fuego debido a que el ejército saharaui lo tenía contras las cuerdas y Hassan II accedió entonces a firmar el alto al fuego. No sé cuántos marroquíes estarán dispuestos a morir por el Sáhara, si se cuantos saharauis estamos dispuestos a morir por el Sáhara. Si en 43 años no ha cuajado esta opción de la invasión, ya es el sentido común el que dicta que debemos ir hacia algo que cuaje.

El referéndum es una de las vías de solución del conflicto que ya se planteó en el Plan de Arreglo de 1991 y en los Acuerdos de Houston de 1997. ¿Consideran que esta sigue siendo la vía para solucionar el conflicto? En ese caso, ¿Qué personas deberían poder participar en la votación?

Sí. La opción del referéndum no es porque la planteen lo saharauis (que lo hacemos) sino que la plantea el derecho internacional y Naciones Unidas. Es una propuesta de este organismo porque estuvo y está obligado a aplicar la Resolución 1415 sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales. Esta Resolución plantea que hay que culminar la descolonización con un referéndum. Los saharauis hemos abierto nuestros brazos y decidimos apostar por esta resolución. Lo que hay aprobado en el CSNU por mayoría solo es el principio del referéndum y dos opciones dentro de este: la independencia o la integración en Marruecos. No hay más opciones aprobadas. Marruecos todo este tiempo se ha dedicado a aplicar una política de obstaculización de todo avance que se lleva a cabo en el plan de paz y dilatar en el tiempo toda solución al conflicto. El deseo de Marruecos por tanto es que el plan de paz fracase. Como te dije, el problema del referéndum no es el cuerpo electoral que ya está elaborado. Nos llevó casi 7 años elaborarlo.

En conclusión, de los 65.000 colonos marroquíes solo fueron aceptados 5.000, a los que se les encontró algún tipo de vínculo con el territorio o con la gente del territorio.

¿Quién confeccionó dicha lista electoral de la que hablas?

Cuando se plantea el referéndum, se plantea el cuerpo electoral, se toma como base de trabajo el último censo de la administración española, en el que los saharauis censados éramos 74.000 habitantes. El último censo que hizo España fue en 1974. Marruecos se negó a aceptar esta propuesta. Entonces, Naciones Unidas creó una comisión de identificación, formada por expertos internacionales que fueron a ambas partes (los campamentos y los territorios ocupados). Todos tuvimos que pasar por un proceso de verificación para entrar en el censo. Entonces, Marruecos se dio cuenta de que la mayoría de saharauis del censo estaban viviendo en los campamentos de refugiados en Tinduf y no en el territorio ocupado. Por eso mismo, sostuvo que ellos tenían 65.000 saharauis que fueron expulsados en la época colonial por defender que el Sáhara es marroquí y que debían ser incluidos en el censo. Esto le sirvió para bloquear el proceso.

Entonces nosotros (Frente Polisario), tras consultas de Naciones Unidas, decidimos que estábamos dispuestos a que los 65.000 colonos marroquíes (saharauis de ocasión para Marruecos), formaran parte del censo del referéndum. La única condición que pusimos era que pasasen por el mismo proceso que ha pasado todo el mundo. Sin embargo, Hassan II se negó y sostuvo que él quería una solución colectiva no individual. La comisión de expertos le dijo que eso no era posible. Finalmente, el arduo proceso llevó unos años más y cuando todo termina en 1999 finaliza con 84.251 electores. En conclusión, de los 65.000 colonos marroquíes solo fueron aceptados 5.000, a los que se les encontró algún tipo de vínculo con el territorio o con la gente del territorio. El resto fueron rechazados. La comisión internacional cerró entonces el censo y señaló que el proceso de identificación de votantes había concluido.

El Frente Polisario ha confirmado su asistencia a la ronda de conversaciones que tendrá lugar en Ginebra ¿Creen que esta pueda ser la ocasión definitiva? ¿Cómo afrontan las conversaciones?

En última instancia esto es responsabilidad de Naciones Unidas y del enviado especial para el territorio. Nosotros creemos que Marruecos debe ser un poco más serio y creíble. Llevamos ya 11 encuentros informales -entre delegaciones marroquíes, saharauis y Naciones Unidas- y 5 negociaciones directas. La cuestión es que los interlocutores marroquíes no tienen la capacidad de tomar decisiones. Todo lo tienen que remitir al Palacio Real de Marruecos. Tal y como le hemos advertido al nuevo Secretario General de Naciones Unidas y a su enviado, estamos dispuestos a seguir negociando pero creemos que las negociaciones no deben de ser un fin sino un medio para llegar a ese fin. Esperamos que en esta ocasión tanto Naciones Unidas como los países implicados presionen a Marruecos para que empiece a reflejar una mínima credibilidad. Nosotros no estamos dispuestos a que nos sentemos en todas las mesas en todas las capitales del mundo para nada. Nosotros ya hemos dado nuestro compromiso, inclusive hemos dado por escrito a Naciones Unidas cual va a ser nuestra actitud después de la celebración de un referéndum. Si mañana se celebra el referéndum y los saharauis votan a favor de Marruecos, el Frente Polisario dejaría de tener legitimidad, nos disolveríamos como organización y ya, a partir de ahí, serán decisiones individuales. Porque el Polisario como tal no es un garante de la independencia. Nosotros hemos movilizado a los saharauis para llevarlos a una estación donde de modo colectivo podrán expresarse. Ahí termina nuestra función y responsabilidad. A partir de ahí serán los saharauis quienes decidan los que quieren ser. Marruecos, en cambio, nunca ha dado una garantía seria de cuál sería su posición si se lleva a cabo el referéndum.

Inclusive le hemos dicho por escrito a Naciones Unidas que, en caso de que ganemos el referéndum y los saharauis retornemos a nuestra tierra, nos comprometemos a rembolsar, si es necesario, aquellas inversiones que Marruecos dice que ha hecho en el Sáhara. También hemos tratado el tema de los colonos, para que sigan como residentes. Hablamos de grandes convenios comerciales con Marruecos.

Creemos que también aportará más beneficios a Marruecos si reacciona y permite que caminemos y apostemos todos por un Magreb unido y estable. Garantizando la libre circulación a todos los ciudadanos de la zona y el libre comercio.

Por tanto, entiendo que en un futuro referéndum en el que ganase la independencia, ¿No se plantearían unos rembolsos por parte de Marruecos de lo que el Frente Polisario consideraría como expoliado o robado todos estos años?

Hemos hecho todas las concesiones habidas y por haber en aras de la paz. Lo que queremos es que Marruecos no presente dificultades para llegar a esa paz. Y le hemos ofrecido opciones muy apetecibles para cualquier país. Pero, desgraciadamente, Marruecos hace caso omiso a lo que dicen los saharauis y a lo que dice la comunidad internacional. No creo que Marruecos sea un país con tanto peso internacional para actuar así, pero tiene un padrino que lo sostiene: Francia. Pero incluso en Francia existen ahora voces que le dicen a Marruecos que no pueden seguir así. Lo que pasa es que tanto Francia como EEUU ven a Marruecos como una prolongación de sus territorios.

Si quieres ver la primera parte de la entrevista pulsa aquí:

Entrevista a Bucharaya (I)

Relaciones Internacionales y Economía (URJC). Interesado en geopolítica, historia y relaciones internacionales. Especialmente África y América Latina.

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Ignacio Madurga

Relaciones Internacionales y Economía (URJC). Interesado en geopolítica, historia y relaciones internacionales. Especialmente África y América Latina.