Juego de alianzas en la política europea (I)

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Imagen de Financial Times

Escrito por Àngel Marrades

Las elecciones europeas se presentan como el acontecimiento de mayor envergadura para la Unión Europea de este año. Cual termine siendo la correlación de fuerzas en el Parlamento Europeo y cuales sean las alianzas postelectorales marcaran los próximos 5 años. Tras las elecciones deberán constituirse los grupos parlamentarios y elegirse los cargos de mayor importancia, como la Comisión Europea, en especial su presidente, la Alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, el Presidente del Banco Central Europeo y el Presidente del Consejo Europeo. Los jefes de estado de los 27 estados miembros se reunirán el día 28 de mayo en Bruselas para valorar el resultado de las elecciones y discutir el proceso de nominación de los jefes de las instituciones de la Unión. Por lo que en este artículo os mostraré las distintas alianzas que se presentan, que partidos las componen, cuáles son sus propuestas y en que puede derivar esto.

Algunas cuestiones clave:

-Hay grupos parlamentarios, alianzas que se forman en el parlamento, y partidos europeos, que es una afiliación de los partidos nacionales distinta pero que suele estar vinculada.

-El Spitzenkandidat es la persona elegida por los partidos europeos para ser presidente de la Comisión Europea, el cargo de mayor importancia, se estableció en 2014 este sistema, la idea es que el spitzenkandidat del partido que más obtenga debería ser el Presidente de la Comisión Europea. Pero es un cargo que se consensúa entre los estados miembros, siendo nominado por el Consejo Europeo y votado por el Parlamento Europeo.

-Cada país miembro tiene derecho a un comisario europeo, que son como ministros, para la Comisión Europea. El comisario es elegido entre el gobierno del país miembro y el Presidente de la Comisión Europea, haciendo un total de 28 comisarios (27 en caso de Brexit).

-Las siglas que uso están en su acepción en inglés.

 

Partido Popular Europeo (EPP)

El Partido Popular Europeo tiene un objetivo para estas elecciones europeas mantener su hegemonía, para ello ha sacrificado lo que ha sido necesario. De esta manera podrán posicionarse como el mayor grupo parlamentaria tras las elecciones y tener el derecho a que su spitzenkandidat sea Presidente de la Comisión Europea. Pero esta unidad se ha mantenido a un alto conste pues la pugna interna entre los conservadores tradicionales, que se reclaman como centro-derecha y vienen de los democristianos, choca con aquellos miembros del partido que abogan por abandonar la Gran Coalición con socialdemócratas (y los pactos con los liberales) para realizar una gran alianza con la derecha, es decir con los partidos de extrema derecha como Lega (de Salvini) o Agrupación Nacional (de Le Pen).

Los partidarios dentro del Partido Popular Europeo de un pacto con la ultraderecha lo hacen por dos cuestiones: el avance de estos partidos en sus países amenaza con reemplazarlos (o lo han hecho), por lo que muchos ya han pactado con ellos o lo han intentado, y ven esto como la única manera de pararles, que los conservadores se muevan a la derecha. La segunda es que muchos de estos partidos ya tenían un carácter más derechista y entraron al EPP por decisiones políticas (se rebajaron los criterios) de que no se creara un grupo opuesto que pudiera rivalizar a esta alianza, estos fueron Forza Italia o Fidesz (de Hungría), por ejemplo.

En esta crisis el principal catalizador ha sido Fidesz, el partido gobernante de Hungría, y su líder Viktor Orban. Fidesz ha hecho políticas que han desagradado al EPP como las de inmigración, su lucha contra las ONG’s y otros grupos liberales, especialmente su enfrentamiento con el magnate húngaro George Soros. Pero Orban también tiene quejas para la UE en general y sus compañeros de grupo en particular, principalmente el reparto de cuotas de refugiados claramente descompensado dada la diferencia de población entre Hungría y Alemania (donde también gobiernan los conservadores). Hungría al ser un país de paso para el tránsito de refugiados ha tenido que afrontar esto y al igual que Italia le han sido denegadas ayudas o un reparto más solidario de las cuotas.

Estas distintas discrepancias y ataques de Orban al EPP tuvieron como punto de inflexión la campaña organizada contra el Presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker (prominente miembro de los conservadores). Esto se vio como algo inaceptable empujando al grupo a plantear la expulsión de Fidesz, siendo los conservadores suecos y finlandeses los defensores de esta postura. Pero ante unas elecciones europeas cruciales y siendo uno de los partidos que más aporta en número de escaños, por la mayoría absoluta del partido en Hungría, se decidió de común acuerdo una suspensión temporal hasta que después de las elecciones europeas se dispusiera que hacer. Esto se trató de una clara victoria de Orban, cuya influencia y votos seguirán contando en el Parlamento Europeo y además puede dejar el barco cuando deseé si ve que se hunde para unirse a una de las alianzas más conservadoras.

Viktor Orban en el congreso del EPP de Helsinki en noviembre de 2018 para elegir al spitzenkandidat del partido.

Sin embargo, las cosas no terminan aquí. El EPP eligió como spitzenkandidat a Manfred Weber, un conservador bávaro de la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), el partido hermano de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merkel. Weber es una figura de consenso entre aquellos que desean una postura más conservadora, como la CSU, que ya tuvo sus enfrentamientos con Merkel debido a su giro a la derecha para evitar perder votos frente a Alternativa para Alemania. O el canciller austriaco Sebastian Kurz del ÖVP, quien con solo 32 años renovó el partido, gano unas elecciones e hizo un gobierno de coalición con la extrema derecha FPÖ (con raíces neonazis). Kurz además deseaba un cambio generacional, Weber tiene 46 años frente a los 64 años del actual presidente de la Comisión.

De hecho, el año pasado Sebastian Kurz y los ministros del interior de Alemania (Seehofer, CSU) e Italia (Salvini, Lega) pusieron en aprietos a Merkel cuando anunciaron un acuerdo relativo a la inmigración, lo que fue llamado el eje Viena-Roma-Munich. Austria contaba por entonces con la presidencia del Consejo de la UE y puso la inmigración sobre la mesa como tema esencial, el problema y los actuales pactos derivados se resolvieron aceptando unas políticas migratorias más duras en lo que se llamó el pacto Seehofer-Merkel que salvo el gobierno germano y los reconcilió. En suma, Kurz marca el camino para los germanos siendo un ejemplo como bien dijo Jakov Devcic, del think tank asociado a la CDU Konrad Adenauer Stiftung, pues ha ayudado a reconciliar a la CDU con la CSU, fue el primer en dar apoyo a Weber y la nombrada sucesora de Merkel, Annegret Kramp-Karrenbauer, de tendencia claramente más conservadora es una elección en esa dirección como dejo claro cuando hablo de políticas de inmigración más duras.

Pero Weber también tiene detractores. Si bien consiguió negociar un acuerdo entre las distintas facciones del EPP y que Fidesz permaneciese en el grupo esta situación pronto se deterioró. Orban, continuando con su estrategia de acercar al grupo de Salvini a los conservadores y propiciar un pacto como el de Austria, se reunió con el Ministro del Interior italiano en Bucarest; Weber respondió diciendo que no asumiría el cargo “si necesitaba los votos del partido de extrema derecha de Orban”. Poco después en una rueda de prensa junto al vicecanciller austriaco, del partido ultraderechista FPÖ y aliado de Salvini, Viktor Orban anunció que no daría su apoyo a Manfred Weber y calificó sus declaraciones de insulto a los húngaros: “Weber ha dicho que no quiere ser presidente de la comisión con los votos de los húngaros”. Fidesz no es el único partido que habla abiertamente de la necesidad de un acuerdo con la extrema derecha, Forza Italia también y presenta como candidato a las europeas a su líder Silvio Berlusconi, quien busca una posición influyente en el futuro de la Unión Europea. Otros amenazan que un pacto de nuevo con socialdemócratas y liberales supondrá una escisión en el partido, y los conservadores eslovenos ya advirtieron de una ruptura si Fidesz era expulsado.

Jean-Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea, habla con el Presidente del Grupo del EPP en el Parlamento Europeo, Manfred Weber, en Estrasburgo, Francia, el 17 de abril de 2018.

En este escenario aún son de destacar algunos otros partidos, el centro-derecha polaco (Plataforma Cívica) ha optado por pactar con socialdemócratas, liberales y verdes formando una alianza bautizada Coalición Europea para enfrentarse al partido gobernante Ley y Justicia, de corte nacionalista e iliberal. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, viene de Plataforma Cívica y fue elegido en contra de los deseos del gobierno polaco. En otra posición encontramos a los Republicanos franceses que han sido desplazados como primer partido de la derecha por Agrupación Nacional (de Le Pen), y ya se están escorando a la derecha, aunque su influencia ha disminuido por los resultados y no conseguir la presidencia en 2017 podrían llegar a poner a uno de los suyos como Presidente de la Comisión Europea. Quien puede hacer sombra a Weber y suena con fuerza no es otro que Michael Barnier, quien ha sido en varias ocasiones comisario europeo, se presentó como candidato contra Jean-Claude Juncker en 2014 y es el negociador jefe del Brexit. Barnier es visto como un estadista, un veterano que ha conseguido mantener la unidad de los 27 y realizar unas buenas negociaciones con Reino Unido, gracias a esto tiene contactos en todos los partidos y gobiernos europeos, además de cercanía con la burocracia de Bruselas, donde tiene amigos de confianza. Con su puesto de negociador jefe ha podido viajar por toda Europa para reunirse con personalidades de alto nivel o hacer algún acto público, todo a gasto de la Comisión. Además, al parecer, podría recibir el apoyo de Macron. Aunque no se ha enfrentado a Weber ni ha hecho ningún tipo de anuncio los rumores se han extendido y hay preocupación entre los alemanes.

 

El Partido de los Socialistas Europeos (PES) y el Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D)

Los socialdemócratas intentan recuperar terreno frente a los conservadores, buscando coronarse con la presidencia de la Comisión Europea. Las recientes victorias en Finlandia y España parecería que podría darles el impulso para ello, pero encontramos que tras una fachada solida las grietas amenazan con derrumbar el edificio. Las desavenencias con el este, los flirteos con los liberales o el Brexit son solo algunos ejemplos.  

El onceavo congreso de los socialistas en Lisboa en diciembre de 2018 “eligió” como su spitsezkandidat a Frans Timmermans, miembro del Partido del Trabajo de Países Bajos y Vicepresidente primero de la Comisión Europea (la mano derecha de Jean-Claude Juncker). Arropado por los gobiernos socialdemócratas de Malta, España y Portugal al canto de “Bella Ciao” Timmermans bailaba junto a Sánchez para celebrar unas elecciones que había ganado sin ningún tipo de oposición al retirarse el candidato eslovaco Maroš Šefčovič. Esta imagen de victoria era a la vez una imagen de ruptura entre los socialdemócratas.

Frans Timmermans celebra junto a Pedro Sánchez, Presidente de España, su nominación como spitzenkandidat del PES.

Kornelia Ninova, la líder del Partido Socialista Búlgaro (BSP) y la oposición en el país, se negó a acudir al congreso de Lisboa y dar su apoyo a Timmermans aduciendo a diferencias ideológicas con el presidente del Partido de los Socialistas Europeos (PES), Sergei Stanishev, miembro también del BSP. Y es que las diferencias entre Ninova y Stanishev, rivales dentro de su partido, son un reflejo de la ruptura con los países del este de Europa. Si Ninova apoya medidas restrictivas frente a la inmigración, el PES habla de políticas de apertura y acogida; mientras Ninova se posiciona contra el Convenio de Estambul (sobre la prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica) el PES lo apoya férreamente; Ninova apuesta por políticas sociales que refuercen la familia y Stanishev por políticas de corte liberal. Y así sucesivamente en distintos temas, ya sea cuestiones como la familia, la austeridad, el matrimonio homosexual o el Pacto Mundial sobre Migración. Ninova además ha sido defensora de las políticas de Viktor Orban en Hungría, en quien ve un referente.

El hecho diferencial es que los socialistas del este tienen una posición más conservadora que sus socios progresistas y una apuesta por políticas sociales que choca con las propuestas liberales, como el salario mínimo europeo. Estas posiciones mencionadas en Bulgaria se extrapolan a la mayor parte, ya sea Rumania, Eslovaquia o República Checa. En la elección del spitzenkandidat el eslovaco Maroš Šefčovič, vicepresidente de la Comisión Europea, era la baza de estos partidos, pero con la elección de Timmermans, al que tildan de ultraliberal, las tensiones se han agudizado. El pasado mes de abril Timmerm

ans tomaba la decisión de congelar las relaciones con los socialistas rumanos al menos hasta junio ante las preocupaciones por su reforma judicial, que dicen, pone en peligro el estado de derecho. Desde entonces están vetados de participar de las cumbres del PES, algo que fue respondido por el partido de gobierno en Rumania con indignación tildando este hecho de “inaceptable”.

La brecha con el este es también fruto de la posición que ocupan estos países como periferia de la Unión Europea, con lo que esto supone para sus economías y como receptores de inmigración y refugiados. El cisma si se agrava podría crear una ruptura que les alinee con otros partidos del este como el PiS polaco y su coalición conservadora alternativa, la Alianza de Conservadores y Reformistas Europeos, adonde también podría acudir Viktor Orban. El hecho es que estos países ven en Bruselas un enemigo, solo hay que ver el apoyo dieron en la aplicación del artículo 7 (suspensión de voto a país miembro) a Hungría, acusada de “degradación del estado de derecho”, y declararon que harían lo mismo en caso de Polonia o Rumania, siendo el Partido Socialista Búlgaro uno de los que rompió la disciplina de voto.

Pero hay más flancos por los que S&D se ve amenazado. En Francia un débil partido socialista que podría no tener representación ha virado a la izquierda aliándose con el partido Place Publique, rechazando a Timmermans por ser demasiado liberal y apostando por un proyecto social y ecologista. En su lugar proponen al belga Paul Magnette, abandonar los pactos con los conservadores y acercarse a los Verdes. Todo ello fruto del clima en Francia debido a las protestas de los Gilets Jaunes y la fragilidad del partido. En Reino Unido Jeremy Corbyn es a la vez un salvavidas, pues será de quienes más eurodiputados aporte, y un peligro, tanto por sus políticas más sociales como por el Brexit. En último lugar encontramos a Italia, donde el Partido Demócrata parece que vuelve a las manos de Matteo Renzi tras una larga batalla interna, aunque en la sombra pues es Nicola Zinganetti quien es la cara. El desafió aquí lo supone Macron y su proyecto europeo postelectoral Renaissance (Renacimiento), que busca agrupar a todas las fuerzas liberal y progresistas en Europa como parte de sus ambiciones para la Unión Europea que quiere construir. Entre los candidatos a entrar en esta alianza se encuentra el Partido Demócrata, sin duda el que tiene unas posiciones más liberal-progresistas del S&D. Por el momento han dicho que no abandonaran el grupo parlamentario socialista, pero si Macron triunfa en su proyecto se unirán a este, otro de los posibles candidatos dentro de los socialdemócratas son los socialistas portugueses.

En definitiva, los socialdemócratas pueden tener un futuro complicado, pero también es claro que ocuparan carteras de importancia en la próxima Comisión Europea, una muy probable y bastante sonada es que Josep Borrell se convierta en el Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad debido a la mayor implicación de España en la política europea.

 

Los liberales: “Grupo de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa” y “Renaissance”

Estando el bipartidismo debilitado los liberales ven una oportunidad de posicionarse como un grupo clave para la próxima legislatura al ser la tercera fuerza del Parlamento Europeo. Para cumplir estas expectativas, y quizá superarlas, han buscado nuevos aliados y los han encontrado: Emmanuel Macron, el presidente de Francia, y su movimiento “La Republique En Marche!” (LREM). Sin embargo, Macron es ambicioso, tiene importantes planes para la Unión Europea, su inclusión al grupo de ALDE forma parte de un objetivo más grande y no ha venido sin contrapartes, aún no está claro quien obtendrá más réditos.

La candidatura de Macron a las europeas se llama Renaissance, y de la misma forma que LREM para Francia, se trata de un movimiento construido a su alrededor sin estructuras consolidadas. Esto es un problema para el Parlamento Europeo, pues si bien al ser uno de los partidos más grandes es fácil que consiga influencia eso no le basta, porque lo que quiere Macron es disponer de una fuerza, una alianza que liderar, para ser un jugador clave en la Unión Europea e impulsar sus reformas. Por ello introducirse dentro de un grupo consolidado, con sus propias dinámicas y estructuras, como es ALDE le relegarían. Es por esto que también rechaza el sistema de Spitzenkandidat acordado por los grandes partidos, pues al no liderar una alianza no tiene la capacidad de nombrar uno.

¿Qué ha hecho Macron entonces? Se ha coaligado con ALDE, pero con dos condiciones, primero que se negaran al sistema de spitzenkandidat, con lo que ALDE ha presentado el Team Europe que propone a un equipo de 7 personas para la Comisión Europea, entre ellos destacan el líder del grupo Guy Verhofstadt y la danesa Margrethe Vestager.  Segundo que le dieran plataforma para la creación de su propia alianza: “Renaissance”.

Nathalie Loiseau, cabeza de lista de Renaissance a las elecciones europeas, junto a Edouard Phillippe, Primer Ministro de Francia, en un mitín de la candidatura.

El 10 de mayo en Estrasburgo Emmanuel Macron presentaba su proyecto para la Unión Europea, una plataforma postelectoral que aglutinara a partidos desde el espectro de la izquierda a la derecha en una alianza centrista que quisieran una Europa más cohesionada y poderosa ante los desafíos que están por venir y los peligros de las potencias Estados Unidos y China. Entre sus propuestas están las de crear un ejército europeo, reforzar Frontex, invertir mil millones en transición energética, aplicar sanciones a firmas extranjeras que dañen el medioambiente o intereses estratégicos, dar más poder al Parlamento Europeo, aplicar un salario mínimo europeo, crear un mecanismo para negar fondos europeos a países de la unión que violen el estado de derecho y aplicar impuestos para las Big Tech.

Por el momento han anunciado que se unirán a Renaissance el partido español Ciudadanos, el Partido Democrático Libre (FDP) de Alemania, los neerlandeses D66 y el gobernante Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD), el húngaro Momentum, el austriaco NEOS y los belgas Open VLD y el gobernante Movimiento por la Reforma. Todos estos partidos liberales forman parte actualmente de ALDE, pero Macron quiere llegar mucho más lejos, por eso no ha utilizado la palabra “liberal” para su movimiento, por la connotación negativa que tiene en muchos países. Por el momento también ha recibido el apoyo del Partido Demócrata italiano y el Partido Socialista portugués, que no dejarán el grupo de los socialdemócratas, pero si triunfa podrían unirse a él. Otros objetivos para Renaissance son el griego Syriza o los Verdes alemanés. La candidata de Macron es Nathalie Loiseau, previamente ministra de Asuntos Europeos, que debiera liderar este nuevo grupo parlamentario y si es posible conseguir que se convierta en la Presidenta del Parlamento Europeo.

Los demás partidos que forman ALDE parecen no tenerlo claro, ya sea porque apuestan por mantener esta estructura o porque tienen otros planes, como es el caso de los liberales rumanos Alianza 2020. Su líder Dacian Cioloş ha aceptado negociar con Macron, pero no descartan otras posibilidades pues aseguran que están discutiendo con otras fuerzas la creación de un grupo político propio que incluya partidos que provengan de ALDE, nuevos y de otras familias políticas.

En Francia también se han producido movimientos, especialmente con los Republicanos (EPP), donde Macron está consiguiendo desgajar al partido por la dificultad que tienen para conciliar sus alas moderada y soberanista. Tras haber destruido todos los cuadros políticos de los socialistas, un partido que ahora no sabe ni si obtendrá representación, está haciendo lo propio con los conservadores. Algunos ejemplos son el exprimer ministro Jean Pierre Raffarin o el actual primer ministro Edouard Phillippe, al que han tildado de traidor y que declaró: “Me fui de mi antiguo partido político porque no pudieron decirme si preferirían votar por Emmanuel Macron o por Marine Le Pen, en completa ruptura con la herencia de Jacques Chirac”. Otra destacada figura es Françoise Grossetête, vicepresidenta del Partido Popular Europeo en el Parlamento Europeo y parte del buró político de los Republicanos, que habló de la necesidad de apoyar a Macron para evitar la victoria de Agrupación Nacional (de Le Pen), de aglutinar a las fuerzas liberal-conservadoras y de que Francia recuperase influencia en Europa, “que está en un momento crucial para que sea soberana ante el peligro de ser una vasalla de Estados Unidos o China”.

Aunque tanto Macron como ALDE rechacen el formato de spitzenkandidat no están en contra de la Comisión Europea y querrán poner a un candidato favorable a sus intereses en la presidencia. Entre los nombres que se barajan estos días por Europa encontramos a Michael Barnier, veterano político francés y negociador del Brexit, que como ya he dicho tiene posibilidades por sus antecedentes. Si bien es una buena manera de coaligar a Renaissance con los conservadores ALDE tiene difícil poder votar por una candidatura ajena a su grupo, más aún si tenemos en cuenta que la voz fuerte de ALDE para la presidencia de la Comisión es Margrethe Vestager.

La Comisaria de Competencia de la UE, Margrethe Vestager, ofrece una conferencia de prensa tras la decisión de la Unión Europea de evitar la fusión ferroviaria de la alemana Siemens y su competidor francés Alstom en Bruselas, el 6 de febrero de 2019.

Vestager es la actual Comisaria de Competitividad de la Comisión Europea por Dinamarca, lo cual le ha ganado mucho prestigio siendo la comisaria mejor valorada de la Unión Europea. Sus acciones contra grandes firmas tecnológicas estadounidenses como Apple, Google o Facebook la posicionan como la gran defensora de las firmas europeas frente al extranjero e implacable ante las grandes empresas que evaden impuestos. Su nombre no solo se encuentra entre el Team Europe de ALDE, sino también entre los socialdemócratas que podrían plantear una alianza de liberales, verdes e izquierda para ponerla como presidenta de la Comisión Europea. Su perfil encaja pues es liberal, progresista, apuesta por políticas medioambientales y aunque cree en el libre mercado ha demostrado ser partidaria de ponerle regulaciones al ser la Comisaria de Competitividad y actuar contra los monopolios.

Sin embargo, esto es algo que a la vez le ha ganado enemigos. El pasado febrero Bruselas vetaba la fusión de los gigantes del ferrocarril Siemens (alemán) y Alstrom (francés), Vestager argumentó que pondría en peligro la competencia al crearse un monopolio de facto con capacidad de fijar precios sobre los consumidores. París y Berlín protestaron enérgicamente y advirtieron de la necesidad de esta alianza frente al gran competidor chino CRRC (China Railroad Rolling Stock Corporation), nacido de la fusión de dos grandes empresas de ese mismo país y que ha adquirido peso en el mercado internacional. Por En Marche se dice: “Es una comisaria muy valiente, la primera en aplicar multas a gigantes industriales, pero después del veto a la fusión Siemens-Alstom, apoyarla va a ser complicado”. En casa también tiene problemas, Dinamarca tiene elecciones el 5 de junio, si se reedita la coalición de su rival el Partido Liberal del Primer Ministro Rasmussen junto al Partido Popular Danés (de extrema derecha), cuyo líder escribía en Twitter recientemente: “Ella quiere más UE y menos Dinamarca. ¡Queremos lo contrario!”, no la apoyarán. Si ganarán los socialdemócratas y su partido Radikale Venstre pactara una coalición tendría el apoyo, y aun así se debe tener en cuenta que Dinamarca no forma parte del euro.

Segunda parte.

Sobre el Autor

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Estudiante de tercer año de Ciencias Políticas en la Universidad de Salamanca. Historiografia, geopolítica y elecciones.

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Àngel Marrades

Estudiante de tercer año de Ciencias Políticas en la Universidad de Salamanca. Historiografia, geopolítica y elecciones.

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