David Beriain: “Me da miedo la muerte, pero me aterra mucho más vivir para nada”

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Hablamos con el periodista navarro de sus inquietudes, sus motivaciones y descubrimos cual es para el la verdadera esencia del periodismo y del ser humano.

David Beriain es periodista de inmersión. Ese periodismo de mirar a los ojos y preguntar, de ganarse la confianza de estar a pie de calle, rastrear los contactos… hace el periodismo de toda la puta vida.

Enamorado de la condición humana, del periodismo y de América Latina, reconoce que su obsesión es descubrir la esencia del ser humano. Nació hace cuarenta años en un pequeño pueblo de Navarra, pero desde que en 2003 viviese la invasión estadounidense de Iraq no ha podido parar, y ha conocido algunos de los lugares más peligrosos del mundo tras convivir con las FARC, entrar al Cartel de Sinaloa o recorrer las calles de El Salvador con la Mara 18 Revolucionaria.

Con humildad se define a si mismo como alguien cobarde, que no se adentra en los lugares más extremos porque sea un yonqui de la adrenalina o porque le guste la guerra. Lo hace por las conversaciones, en las cuales encuentra sentido a su vida. Tiene muy claro cual es la clave del éxito y de que todavía no le hayan pegado un tiro: Trabajar. En todos los sentidos.

 

Todo el mundo te conoce por los documentales sobre situaciones de conflicto como Clandestino,  pero también has contado otro tipo de historias como la de Serxio Ces, un percebeiro de Cedeira. ¿Qué es para ti una buena historia?

Yo hago las historias que amo. Cada historia me permite el acceso a un mundo en el que descubro la verdadera naturaleza humana. ¿Qué es ser humano? La mejor forma de saberlo es encontrarse a las personas en situaciones extremas donde no existe esa hipocresía en la que la gente se esfuerza por ser quien no es. Esto pasa en la guerra, pero también entre las rocas recogiendo percebes. Yo a una historia lo que le pido es que me enseñe.

¿Por qué te fascina esa naturaleza humana?

Por todo. Se trata de sobrevivir y contarlo. Si hay un problema se resuelve, y si no se puede resolver se olvida. Si me caes bien, eres mi hermano, y si no me caes bien pues no pierdo el tiempo contigo. ¿Que te ametrallan el coche? Pues buscas otro, y si te quedas sin dinero o pides más o te vas a casa. Son esas cosas.

Cuando conoces situaciones tan extremas y después tienes que volver a la rutina, al día a día, ¿te cuesta re-adaptarte? ¿cómo es ese proceso de volver a la normalidad?

Mi primera experiencia fuerte fue en 2003 en Irak. Primero había estado en Afganistán pero no fue tan intenso. Al volver todo me importaba una mierda. Se trata del umbral de adaptabilidad, en el que te acostumbras a vivir siempre arriba y cuando vuelves estás abajo. Volver nunca es fácil y me tuvieron que enseñar.

Cuando algo te hace demasiado daño o no sientes nada, es el momento de irse

¿En qué sentido te tuvieron que enseñar?

Este mundo es adictivo y hay que saber poner unos límites además de cuando parar. Conocí a un periodista estadounidense que decidió dejarlo y a mi por aquel entonces me parecía una locura y un error porque pensaba que el corresponsal era la verdadera esencia del periodista. Qué equivocado estaba, ahora entiendo que su decisión fue la más valiente.

Nosotros cuando vamos a un conflicto somos los representantes de nuestro mundo allí, y tienes que tenerlo en mente todo el rato. Cuando eres incapaz de vivir en tu mundo es que estás teniendo un problema. A mi ese periodista me contó que un día su mujer le llamó preocupadísima porque se había roto la lavadora y el vecino estaba hecho un basilisco. El, que venía de un conflicto de África en el que había visto literalmente montañas de cadáveres lo que sintió fue odio. Ganas de hacer daño físico a su propia esposa. Ahí es cuando tienes que parar, y aprender a volver a vivir abajo en lugar estar constantemente arriba.

No puedes dejar que tu persona se pierda en el personaje del corresponsal. Yo solo espero que si me pasa alguna vez, tenga el valor que tuvo esta persona para poder dejarlo porque es un problema mayúsculo.

¿Cómo te das cuenta de que has llegado al límite, que hay que poner freno?

En mi experiencia eso ocurre cuando ya no eres capaz de ver los grises, cuando ya todos te parecen unos hijosdeputa y no ves los matices en esa hijoputez. Tienes que encontrar un equilibro en el que no eres demasiado sensible porque si no te paralizas o no gestionas bien las cosas, con lo que te pueden llegar a matar, pero donde sigues teniendo sensibilidad para contar a las personas un relato en el que puedan entender qué sentirían en las situaciones que tratas. Cuando algo te hace demasiado daño o no sientes nada, es el momento de irse.

Has entrevistado a gente que se lucra con el negocio de la muerte como por ejemplo sicarios. ¿De algún modo eso te ha hecho empatizar con ellos y preocuparte pensando en que estás entendiendo los motivos que llevan a una persona a matar?

Yo precisamente trato de comprender, pero no hay que confundirlo con justificar, apoyar o defender. Incluso si queremos terminar con un enemigo tenemos que comprenderlo, porque solo podemos cambiar lo que conocemos. Entonces, desde luego que es un vértigo muy grande; es el abismo más grande al que me enfrento como periodista más allá del que me disparen.

Cuando tú te pones delante de esa persona que ha asesinado, que es un criminal de guerra o lo que sea, te esfuerzas en pensar que es diferente a ti. Sin embargo, cuando te miras en su espejo te das cuenta que eres muy parecido a él, y eso realmente da mucho miedo. El bien y el mal y todo lo contrario están en nosotros todos los días.

La violencia y la guerra creemos que son algo que le cae encima al ser humano cuando en realidad, cuando te analizas, te das cuenta que es algo que vive dentro de nosotros y dependiendo de las circunstancias, las experiencias y las decisiones personales esa parte se libera más o se libera menos. Si tu entras a un foro de periódicos deportivos verás que tardan tres comentarios en desearse la muerte.

Clandestino: Cartel de Sinaloa

¿Podría decirse que el detonante suele ser las condiciones de vida a las que están sometidos?

A veces también son las elecciones, no todos son víctimas. A veces lo son, si, pero otras eligen el camino. Es un cúmulo de elecciones y de circunstancias.

Me cambió bastante la vida cuando entrevisté a un niño sicario que se llamaba Felipe. El mataba por unos 75 euros más o menos, y cuando encendimos la cámara, antes de que yo le hiciese ninguna pregunta el lo que me dijo fue: “si usted estuviera en el lugar mío, entendería cómo soy”. No es que sea un argumento muy complejo pero cuando lo oyes de la boca de un niño de doce años te golpea en todas las paredes de tu ser. Si usted estuviera en el lugar mío, porque gracias a Dios no lo estoy.

¿Cómo logras mantenerte la perspectiva en entrevistas que resultan tan impactantes?

Al principio de mi carrera tenía que escribir a la noche una crónica que sonase imparcial, ecuánime y además fuese honesta, así que tenía que medir mucho más la distancia. Ahora me puedo permitir eliminar toda distancia cuando estoy grabando porque los documentales son algo que cuesta mucho tiempo grabarlos y además en el proceso de edición entran muchas más personas, por lo que adquieres el tiempo suficiente para distanciarte y corregir los prejuicios que pudieran dar una proximidad excesiva.

Cuando estás grabando y vas aprendiendo cosas nuevas con cada entrevista, ¿éstas influyen en el resultado final o por el contrario sueles trabajar con un guión sabiendo la historia que quieres contar y cómo la quieres contar?

Hay mucha gente que hace documentales y da la sensación de que lo que hacen es llevar su esquema mental y lo que dice es, “bueno, yo vengo aquí a contar esto entonces y lo que necesito es que pongas tu nombre y me des dos declaraciones”. Yo creo que ahí lo único que están haciendo es confirmar sus prejuicios. Si en una experiencia de inmersión lo que haces es eso, es que estás haciendo muy mal tu trabajo.

Normalmente llevamos una idea y un guión o una estructura mental que nos oriente, pero ineludiblemente eso va a saltar por los aires porque es lo que hace la realidad. Cuando hablas de algo lo haces de lo que no conoces y de los matices en los que te vas fijando.

Tu has viajado muchas veces ya a América Latina. ¿Notas que te cuesta más encontrar esos matices o por el contrario es un lugar que todavía te sigue sorprendiendo?

Gracias a Dios cada vez que llego a una historia todavía me enamoro. Cada vez que llego a una historia me obsesiono, y cada vez que llego a una historia siento que esa es. Aquí en América Latina, pero también en todo el mundo.

En América Latina especialmente porque yo me considero latino. Por cultura, porque nací aquí como periodista y porque aquí aprendí el periodismo como yo lo entiendo, que es estar a pie de calle con las personas. Es mirarlas a los ojos y preguntarles, ganarse su confianza, rastrear los contactos… El periodismo de toda la puñetera vida, vamos. Aquí me han pasado las cosas más importantes. Aquí conocí a mi mujer que es venezolana, y es que esta tierra, como decía Sabina, me calienta el alma.

Es un lugar que te sigue fascinando 

Si, pero también otros territorios. Uno de los mejores trabajos que he hecho en mi vida fue El ejército perdido de la CIA en Laos

Sobre ese documental en concreto te quería preguntar, y es que ¿qué te pasaba por la cabeza cuando estabas yendo a conocer a los Hmong y te encontrabas en mitad de la selva aislado y sabiendo que un ataque del ejército era inminente?

Se te pasa por la cabeza que quieres hacer esa historia, que se tiene que contar la historia de ese micro universo de personas que siguen ahí luchando esa guerra por encargo que diseñó la CIA durante la época de Vietnam.

El Ejército perdido de la CIA trata sobre cómo a veces la historia se traga pueblos enteros en su devenir y cómo hay personas en este mundo que nacen con una especie de pecado original por las elecciones que tomaron sus abuelos. En todo eso pensaba. En la convicción de hacer una historia que quise hacer durante cinco años y que conseguí hacer finalmente gracias al apoyo que nos dio Discovery.

Pensaba en todo eso consciente de dónde me metía, de lo que podía pasar y aceptándolo. Cada vez que salgo a un sitio intento hacer las paces conmigo mismo y con la gente que quiero sabiendo que quiero volver y que no soy ningún mártir ni ningún héroe. Lo que tengo que hacer es trabajar mucho para disminuir los riesgos. Mi trabajo considero que es una ecuación y la incógnita es el riesgo. No se trata de correr riesgos porque si, si no de hacer una historia. ¿Me da miedo morir? Pues claro, pero me da mucho más miedo vivir sin sentido, y el sentido que he encontrado en mi vida es hacer este tipo de periodismo que no definiría por el riesgo si no por el contacto con esas personas que tanto me aportan y de las que tanto aprendo. Yo hago este trabajo por las conversaciones con las personas.

El ejército perdido de la CIA

¿Has conseguido mantener el contacto con la gente a la que entrevistas?

Intento hacerlo. A veces hay más y a veces hay menos, pero intento mantenerlo. Sobre los Hmong yo sé que el grueso del grupo consiguió sobrevivir al asedio aunque murieron varios. Sé que siguen en una situación muy precaria a pesar del documental, porque parece que no se ha tomado ningún tipo de acción para ayudarles por parte de Naciones Unidas.

Cuando entras a mundos aparentemente tan herméticos como conflictos u organizaciones criminales, ¿Cómo consigues que se abran a ti para contarte sus entresijos y además delante de cámaras?

Cada persona tiene una motivación para hablar, y la cuestión es encontrarla. Sobre todo hay que ser honesto, y por eso nosotros tenemos tres reglas:

La primera es que no mentimos nunca, porque en este mundo la mentira tiene patas muy cortas y no te puedes permitir mentir a esa gente, porque no se lo van a tomar muy bien. Son gente con la que no se juega.

La segunda es que no robamos planos. Todo el mundo que sale en Clandestino sabe que va a salir en Clandestino y sabe a lo que se expone. Con esto te quiero decir que somos totalmente directos con la gente.

Y tercero, todas las personas que participan en el proceso de producción saben que tienen que regirse y hacer el documental como si las personas que salen en el documental fuesen a verlo a su lado por primera vez. No quiere decir que sea apologético de esas personas, si no que tiene que ser justo. Esto tampoco quiere decir que vayamos a dejar de contar las cosas; simplemente las vamos a contarlas de otra forma.

Piensa que mucha gente con la que tratamos jamás ha recibido una aproximación real y honesta, y por eso hay muchos que después de la entrevista nos dan las gracias. A mi me sorprende mucho porque nadie les ha preguntado antes qué les pasaba. Entonces, las razones por las que hablan son muy diversas: a veces es la difusión de su causa política y sus intereses, a veces es querer llevar un mensaje a alguien, a veces solo quieren satisfacer su ego, otras desahogarse… lo que hay que hacer es encontrar esa razón, conectar con ella y ser honesto. No hay más que eso y mucho trabajo del equipo. Y aunque yo sea el que pone el careto, la gente más importante del equipo son los productores locales, que son los que abren la puerta y los que más se exponen porque luego se quedan en el lugar a pagar las consecuencias.

Tienes que saberlo manejar, aislar, entender, usar… pero miedo vas a tener

¿Cómo es asumir la responsabilidad de saber que como haya un error en el equipo se puede pagar con una ejecución?

Es muy duro. Por eso tomé el camino de ser dueño de lo que hago, porque así puedo ser yo el responsable y encargarme de los compromisos en materia de seguridad. Así soy yo el que tiene que cumplir, no hay nadie por delante de mi ni me tengo que escudar detrás de nadie; si alguien tiene que hacerse responsable de los errores, soy yo y no otra persona.

¿Has tenido miedo alguna vez de realizar alguna entrevista o entrar a algún país? 

Yo paso mucho miedo, muchas veces y en todos los programas. Yo no creo en la formulación esta de a ver cuantos huevos u ovarios tiene cada uno. Creo que ese punto de vista ha hecho mucho daño a la profesión, porque ha valorado más el arrojo que el conocimiento. Yo lo que creo es que el miedo es bueno porque es un mecanismo de alerta para decirte que no deberías estar ahí. Si no tienes miedo a perder la vida es que tienes algo seriamente jodido dentro de ti. La cosa es cómo manejes ese miedo. Tienes que saberlo manejar, aislar, entender, usar… pero miedo vas a tener.

Te pongo un ejemplo: Soy el comandante Talibán que has intentado entrevistar durante meses. Yo estoy aquí, te doy la entrevista, pero te advierto de algo, y es que no te puedo asegurar la seguridad en el camino porque hay otros comandantes talibanes y no se si vas a sobrevivir. Entonces tu haces tus investigaciones y llega una pregunta: ¿Vas o no vas? ¿Tú que harías?

En mi caso iría, pero claro, tendría que valorar primero si merece la pena para la historia

Pues yo sinceramente pienso que lo que está mal es la pregunta. El error es caer en esa pregunta. Hay que hacer la historia. La pregunta no tiene que ser si voy o no voy, la pregunta tiene que ser si hay alguna forma segura de hacer la historia. A lo mejor no hace falta ni ir.

Yo en este caso lo que hice fue decirle al tipo que viniese. Cuando había hablado con él por teléfono me dijo que era capaz de moverse con total libertad sin que le detuviesen en ningún lado. Le dije que me lo probase, y a cambio yo lo contaría. Y así sucedió. Jugué con su ego y su necesidad de mostrar poder y me dio la entrevista. No solo fue mucho más segura para mi, si no que además fue altísimamente significativo porque hicimos la entrevista a diez minutos de la base española. Pero eso pasa por no sucumbir a la dialéctica del valor y el miedo. No tienes que probar tu valentía a nadie, porque el periodismo es la religión de “el otro”. Lo importante es la historia del otro.

Yo claro que me meto en lugares peligrosos. Ostras, que te metes en el Cartel de Sinaloa, ¡cómo no va a ser peligroso! Pero detrás de eso hay muchísimas horas y muchísimo trabajo por disminuir los riesgos. Detrás de esa pregunta de vamos o no vamos lo que hay es falta de trabajo, o al menos de dar un paso más.

Afganistán: Españoles en la ratonera

¿Cómo es el proceso ese de una vez está decidido que quieres contar la historia, trabajar en poder contarla? Entrar en contacto, ganarse la confianza…

Trabajo, trabajo, trabajo, trabajo, trabajo, trabajo y trabajo. Trabajar en muchos temas para terminar eligiendo uno, leer absolutamente todo lo que hay, ver todo lo que hay, encontrar las mejores personas, empezar a tejer una red de contactos, ser ambicioso en el mejor sentido de la palabra, en el sentido de honrar la historia, seguir trabajando, emplear más tiempo, más recursos… Trabajar. Hacer una pregunta más, otra reunión más, fracasar más veces que los demás… Todo es trabajar.

Con las nuevas series del tipo Narcos o Patrón del Mal, hay cierto fetiche por el mundo del narco. Realmente ¿cómo es por dentro?

Es un fenómeno global y muy distintos los unos de los otros, pero precisamente porque cada uno tiene su forma de ser. Tampoco es lo mismo alguien de abajo en la cadena como un agricultor peruano que cultiva coca que un capo mexicano. Hay una cultura que cambia de país en país pero que tiene características comunes. En general me he encontrado a personas muy normales y muy cercanas. Son personas que quieren a alguien y que alguien les quiere a ellos. Personas como tú y como yo. Pero luego si que es cierto que tienen una relación muy curiosa con las series. Da la sensación de que los narcos alimentan la realidad, pero luego éstos imitan a la ficción.

Te pongo como ejemplo una anécdota y es que en uno de los moteles más concurridos por esta gente, la habitación más demandada tiene un mural de Scarface. ¿Qué necesidad tienes de emularlo si tú ya eres un narco? Pero pasa, ellos también quieren parecerse a las películas. Se retroalimentan.

Una Mara por ejemplo no es otra cosa que el regreso de la sociedad a la tribu

¿Has encontrado algún tipo de patrón común entre lo que lleva a alguien a integrar una Mara o un Cartel? 

Son mundos totalmente distintos. Estos fenómenos suceden en todo el mundo y desde que el mundo es mundo, pero si que es verdad que se dan con más frecuencia en aquellos lugares donde el estado ha fallado. Se vuelven realmente fuertes e influyen en la vida de las personas en aquellos lugares en el que el estado ha fracasado a la hora de monopolizar la violencia y establecer un imperio de la ley, porque cuando no existe el orden las personas tienden a crear sus propias estructuras de autoridad que nos pueden parecer más o menos aberrantes pero que son respuestas al fracaso del estado.

Una Mara por ejemplo no es otra cosa que el regreso de la sociedad a la tribu. En la violencia y la marginación de un mundo que no te acepta y que te hostiga tienes que elegir entre ser víctima o victimario, y por instinto de supervivencia a lo mejor elijo ser victimario aunque esto me convierta también en víctima porque me vuelvo soldado de una guerra por el poder que no es mía. El mundo del Narco es más bien una estructura de negocios ilegales que utiliza la violencia para posibilitar su negocio. Es un riesgo pensar que todas las guerras son iguales, que todos los crímenes son iguales y que todos los tráficos son iguales.

Acorde a lo que dices de que estas organizaciones surgen tras un vacío de estado, ¿en Colombia es palpable el poder que ejercen éstas organizaciones como un segundo estado o actúan de un modo más sutil?

El fenómeno de la violencia en Colombia es algo estructural que tiene que ver con que es una de las sociedades más desiguales de América Latina y del mundo. Al final son una respuesta que lo que hace es generar más violencia, porque inician sus luchas por una serie de razones que terminan en guerras.

En muchas partes de Colombia el estado directamente no existe, y en otras el estado es alguien que te quiere matar, porque igual han estado bajo el dominio de la guerrilla y cuando aparece el ejército no diferencia entre guerrilleros y civiles. Esa es la percepción que hay en Colombia del estado que no les ha dado nada. Estamos hablando de la Colombia que vive a un día a pie del primer lugar al que puede llegar un todoterreno. Gran parte de los conflictos aquí son rurales porque es un territorio donde existe un concepto que a los europeos nos es totalmente ajeno que es la inmensidad. La seguridad total de perderse en un sitio. Son zonas muy remotas, y muy olvidadas.

Escuchando estas cosas la percepción es casi como de que desde Europa se ha convertido el territorio que dominan estas organizaciones en el basurero del mundo, en el que se les deja actuar mientras no molesten

Desde los países ricos en general dejan que pase, pero porque también son ricos gracias a que se alimentan de la pobreza de los otros. A veces nos acordamos y a veces no nos queremos acordar. Sin embargo no lo definiría así.

Esta es una tierra que tiene violencia, que tiene problemas, pero es una tierra que atesora algunos de los seres humanos más humildes del planeta. Es una tierra que como te decía, calienta el alma. Es increíble la bondad humana, la candidez, la humanidad… que existe todavía aquí a pesar de todo lo que viven a diario. Hay valores en la cultura iberoamericana que nosotros ya hemos perdido. El concepto de respetar a los ancianos, no dejar tirados a los tuyos, la entrega, la generosidad, la hospitalidad… es tremendo. Yo no siento más que admiración por este continente y su capacidad de resistencia a cosas que nos harían quebrar al instante número uno. Colombia ha sobrevivido a 50 años de guerra sin perder lo mucho de bueno que tienen. Si de vez en cuando mirásemos más hacia esta tierra, igual no perderíamos valores que estamos perdiendo y que son muy valiosos.

¿Alguna vez has hecho algo de lo que te arrepientas a la hora de haber entrevistado a alguien?

Si. Se comenten errores que no son intencionados pero claro, es que trabajamos con una sustancia muy sensible y muy volátil. Afortunadamente son errores que se han podido subsanar, pero por eso mismo no hay que dejar de trabajar y hay que tener en mente siempre que esto no es ningún juego y que cada ventana que abres ya no las vas a cerrar nunca más.

¿Estos errores han cambiado tu forma de trabajar?

Todo. Yo tengo que cambiar todos los días, pero porque todos los días aprendo algo y me adapto a la vida. El que no cambia su visión o se mantiene pétreo en sus ideas a mi me da la sensación de que no ha vivido.

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