Bolsonaro toma posesión como presidente con un gobierno militarizado y ultraderechista

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La era Bolsonaro ya está aquí, el gobierno ultraderechista que dirigirá el mayor país de América Latina comenzará su andadura el próximo martes 1 de enero, cuando el exmilitar de 63 años tome posesión como Presidente de la República de Brasil.

El mandato de Bolsonaro comienza antes de que Brasil y el resto del mundo hayan podido asimilar su victoria, aún persisten los análisis sobre la derrota de Haddad o el impacto de este gobierno en las relaciones internacionales. Todas las elucubraciones dejan paso ya a los hechos: Bolsonaro gobernará durante 4 años Brasil rodeado de un gobierno de mano dura y con gran influencia militar.

El 1 de enero se abre una nueva época en Brasil; aunque sea un acto meramente simbólico, la toma de posesión de Bolsonaro supone toda una declaración de intenciones y adelanta la política que previsiblemente seguirá el ejecutivo.

Una toma de posesión sin “dictadores” ni oposición.

No invitamos ni al dictador cubano, ni al dictador venezolano. Después de todo, esto es una fiesta de la democracia” así anunció Bolsonaro, vía redes sociales, que no invitaría a los gobiernos venezolano y cubano. Como tampoco se ha invitado a representantes del gobierno nicaragüense debido a las “violaciones del régimen” contra sus propios ciudadanos. Se profundiza así en la crisis institucional entre administraciones de la misma región y que bajo el mandato de Lula forjaron una alianza clave tanto en materia económica, social y comercial.

Sí habrá presencia de Israel y EEUU. El propio Benjamin Netanyahu asistirá al acto, siendo el primer presidente israelí en visitar el país desde 1948. Netanyahu aseguró además “estar seguro de que su elección llevará a una gran amistad entre nuestros pueblos, así como al estrechamiento de los vínculos entre Brasil e Israel”. Bolsonaro, quien ya anticipó su intención de trasladar la embajada brasileña en Israel a Jerusalén siguiendo los pasos de Donald Trump, ya ha confirmado que visitará el país en marzo de este año.

El presidente israelí Netanyahu (izquierda) y el presidente brasileño Bolsonaro durante el encuentro realizado antes de la toma de posesión.

En la misma dirección, el presidente estadounidense Donald Trump ha invitado a Bolsonaro a visitar EEUU a “principios de 2019”. A la toma de posesión asistirá el secretario de Estado, Mike Pompeo, quien aprovechará el viaje a Brasil para reunirse con Netanyahu y visitar al presidente colombiano Iván Duque para profundizar en su estrategia contra “la dictadura de Maduro”.

Por su parte, el Partido de los Trabajadores, que cosechó un 45% de los votos en las presidenciales y que es la primera fuerza política en el legislativo, tampoco acudirá a la ceremonia. En un comunicado aseguraron que “las bancadas del PT no estarán presentes en la ceremonia de posesión del nuevo presidente en el Congreso Nacional (…), pero eso no nos impide denunciar que la lisura del proceso electoral de 2018 fue descaracterizada por el golpe del impeachment, por la prohibición ilegal de la candidatura de Lula y la manipulación criminal de las redes sociales contra el candidato Haddad”.

El acto, meramente simbólico, anticipa la política exterior brasileña que rompe definitivamente con Cuba (con quien había tenido lazos históricos de cooperación) y Venezuela, países a los que ha amenazado con “hacer todo lo posible” para acabar con sus “dictaduras”. Bolsonaro se posiciona junto con EEUU, siendo un aliado preferente en América Latina, que podría jugar un papel clave sobre la vecina Venezuela y en los planes de desestabilización de la región. Bolsonaro rompe además con la política hacia Palestina, estado que fue reconocido por Brasil en 2010. No obstante el acercamiento con Israel amenaza seriamente la posición pro-palestina de Brasil que probablemente se desvanezca en los primeros meses de gobierno.

Un ejecutivo de hombres, armado y ultraconservador

El nuevo gobierno de Bolsonaro estará formado por 22 ministerios, siete más de los 15 prometidos en campaña electoral, aunque siguen siendo menos que los 29 del gobierno de Temer.

Así, dejarán de existir los ministerios de Trabajo, Cultura, Planificación, Deporte Seguridad Pública, Desarrollo Social, Integración Nacional, Ciudades y Desarrollo, Industria y Comercio Exterior. Creándose dos nuevas carteras: Ciudadanía (que agrupa los antiguos ministerios de Desarrollo Social, Deporte, Cultura y parte de Trabajo) y Desarrollo Regional (unión de los ministerios Nacional y Ciudades).

El nuevo gabinete “cívico-militar” estará formado por 20 hombres y solo 2 mujeres. Habrá 7 militares y varios ministros de perfil técnico, lo que apunta a un gobierno liberal en lo económico y ultraconservador en lo social, destacando la gran influencia de la Iglesia Evangélica dentro del propio ejecutivo. Algo que ya analizamos en artículos anteriores.

El vicepresidente Hamilton Mourão junto con Jair Bolsonaro

Entre los ministros que merecen mención especial destacan:

El juez Sergio Moro -que aseguró que “nunca daría el salto a la política”- estará al frente del “super Ministerio” de Justicia, que agrupará funciones del antiguo Ministerio de Trabajo y de Seguridad Pública. Su nombramiento desató una ola de indignación al ser el juez que dirigió parte del caso “Lava Jato”, con el que fue encarcelado el expresidente Lula Da Silva.

El ministerio de Economía lo ocupará Paulo Guedes, perteneciente a la rama ortodoxa de la Escuela de Chicago y actualmente investigado por Fraude por la Fiscalía brasileña. Guedes aseguró en su primera intervención que el Mercosur (espacio de cooperación económica y libre de aranceles entre sus integrantes) “no es una prioridad” ya que es “demasiado restrictivo”, lo que deja entrever el unilateralismo que regirá la política económica brasileña. Por otro lado, ya se ha anunciado un programa acelerado de privatizaciones y de control del gasto público, como receta para “reactivar a un país”.

Como Ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos se encuentra la pastora evangelista Damares Alves, una de las dos mujeres del ejecutivo y que mantiene un discurso antiabortista y de defensa de la familia tradicional. Declarada antifeminista, defendió en una entrevista en marzo de 2018 que con el feminismo “es como si hubiera una guerra entre hombres y mujeres en Brasil.” Como alternativa planteó que  “es hora de que la Iglesia gobierne”.

Integrantes del nuevo gobierno.

Ricardo de Aquino Salles ocupará el Ministerio de Medioambiente. Cartera que inicialmente iba a desaparecer en el nuevo gobierno y que jugará un papel clave. Uno de los mayores riesgos que entraña Bolsonaro es la amenza medioambiental. “Donde hay tierra indígena hay riqueza debajo”, dijo en 2017 el ahora Presidente. Entre las propuestas electorales, el exmilitar incluyó: eliminar restricciones y fomentar la explotación de la selva amazónica, poner fin a la demarcación de tierras indígenas y reducir el presupuesto en esta materia. Con todo ello tendrá que lidiar un ministro acusado por la procuraduría de alterar de manera ilegal mapas de impacto ambiental cuando era parte de la secretaría medioambiental del estado de São Paulo.

Desde la dictadura, Brasil nunca había tenido tantos militares en el gobierno. El general Hamilton Mourão, en el ejército desde 1972, ocupará la vicepresidencia del país. “Si quieren utilizar la violencia, los profesionales de la violencia somos nosotros”, aseguró tras el ataque que sufrió Bolsonaro. Su figura es más que polémica, llegando a pedir la “intervención militar” durante el gobierno de Dilma Roussef en caso de que el “caos” se apoderase del país y asegurando en campaña que las familias “sin padre ni abuelo” y solo con “madre y abuela” son una fábrica de “elementos desajustados”.

Junto con Mourão y Bolsonaro, el gobierno se teñirá de verde oliva con la presencia de generales en reserva al frente de los ministerios de Defensa, Secretaría de Gobierno y Seguridad Institucional. También habrá militares de distinto rango al frente de Minas y Energía, Ciencia y Tecnología, Contraloría General de la Unión e Infraestructura. Muchos de ellos con amplia experiencia como senadores o en misiones internacionales.

Uno de los puntos clave será la seguridad pública, problema para el que Bolsonaro y sus ministros ya han mostrado predisposición a exportar el modelo de las favelas de Sao Paulo. Una militarización de las calles como respuesta a las crecientes tasas de criminalidad del país, una medida criticada por partidos y varios organismos que han calificado la estrategia de “plomo por plomo” que genera aún mayor inseguridad y violencia en las zonas marginales de la urbe. En este sentido Bolsonaro ha anunciado vía Twitter que pretende garantizar por decreto la tenencia de armas de fuego a personas sin antecedentes penales. Una de sus medidas estrella en campaña electoral.

En definitiva, el gobierno anunciado lejos de disipar los temores sobre un gobierno de mano dura los confirma. Con el nuevo año se cierne también sobre el gigante suramericano una nueva era de consecuencias aún desconocidas.

Sobre el Autor

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Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Intentando ofrecer una visión crítica de la geopolítica. Militante. He cubierto y vivido sobre el terreno los procesos migratorios en Grecia, Italia y Melilla. Ahora escribo sobre América Latina.

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Nestor Prieto

Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Intentando ofrecer una visión crítica de la geopolítica. Militante. He cubierto y vivido sobre el terreno los procesos migratorios en Grecia, Italia y Melilla. Ahora escribo sobre América Latina.