Argelia en la encrucijada

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El presidente argelino, Abdulaziz Bouteflika, presentó su dimisión ante el Consejo Constitucional durante la noche del 2 de febrero de 2019. Esta ya parecía asegurada de antemano puesto que desde su oficina se había anunciado poco antes que esta ocurriría antes del 28 de abril, pero esta llegó de manera abrupta poco después de que fuese publicado un comunicado de la cupula militar argelina en el cual se exigia que esta tuviera un caracter inmediato. Este último movimiento terminó de derrumbar el castillo de naipes en el cual se había convertido su administración durante las últimas semanas tras verse sacudido el gobierno por protestas masivas en las calles de Argel y otras ciudades del país.

Pero la dimisión de Bouteflika, en el poder desde el 27 de abril de 1999, da comienzo a una nueva etapa plagada más de dudas que de certezas.

Crónica: Argelia: hacia un futuro sin Bouteflika

¿Que futuro le espera a Argelia? Responder esta pregunta no es facil, la región ha pasado por una decada convulsa desde el comienzo de la conocida como Primavera Arabe en el ya lejano 2011. Es por eso que desde Descifrando la Guerra, acudimos a trés de nuestros compañeros para que desarrollen posibles escenarios que arrojen luz sobre lo que está por venir.

Riesgo de inestabilidad en Argelia Por Pablo del Amo

Protestas en Argel. Fuente: Reuters

Los interrogantes respecto al futuro de Argelia son numerosos, tras 20 años de Gobierno de Bouteflika todo apunta a que el país del Norte de África vivirá tiempos convulsos, la cuestión es ¿en que desembocará esa inestabilidad?

Uno de los posibles escenarios es que se desencadene un conflicto civil tal y como lo hemos visto en Libia (con los resultados desastrosos que han acaecido), bien es decir que este futuro es difícil que se produzca, no se dan las condiciones aún para una guerra. De momento los actores externos se mantienen en silencio, al menos de manera oficial ante la situación argelina; el ejército se mantiene firme en el poder, no se disciernen aún brechas en su estamento; y claro está la oposición de momento está relativamente inactiva dejando ver cómo se desarrollan los acontecimientos, sin poner excesivas trabas. Por estas mismas razones una conflagración armada es por el momento difícil.

Por otro lado no es descabellado pensar que una situación semejante al escenario egipcio se dé en el país. Es decir, se mantienen las mismas estructuras de poder, lo que hará que sigan las protestas en las calles (recordemos que los argelinos no protestaban sólo contra Bouteflika sino contra todo el régimen político-económico). Ahí es donde puede entrar el partido islamista como principal partido opositor  y capitalizar las protestas llegando incluso a ganar unas elecciones. En este punto si se repite el caso de Egipto entonces se daría un golpe militar, puede que incluso que auspiciado por Occidente como ya pasó en el país del Nilo y por tanto volveríamos o a la casilla de salida o a la instauración de una férrea dictadura militar. Destaquemos que ya en los 90 los islamistas ganaron unas elecciones y la respuesta de los militares fue la encarcelación de sus líderes y el comienzo de una guerra civil que dejó 200.000 muertos.

Ciertamente cualquiera de estos dos futuros contextos o cualquiera que acabe en una desestabilización del país tendrá serias consecuencias para la región y no olvidemos para Europa. No sólo hablo de la posible de ola refugiados que se puede desencadenar sino de la importancia de Argelia como suministrador de gas y petróleo para Europa. La economía de Argelia depende básicamente de la venta de gas y petróleoque supone el 93,48% de sus exportaciones y el 31% del PIB. ¿Y a donde van el petróleo y el gas argelino? Francia, Italia y España son los principales clientes energéticos de Argelia. Por tanto la inestabilidad de Argelia puede llevar a que se reduzca o incluso que se paren las exportaciones de petróleo y gas hacia Europa, eso dejaría a la Unión Europea con una dependencia total del gas ruso, un marco que en Bruselas visualizan con verdadero horror.

Después de Bouteflika ¿qué? Por Andrea Chamorro

¿Quien tiene el poder en Argelia?

La presentación de la quinta candidatura de Bouteflika causó un enorme descontento entre la población. Este malestar se tradujo en multitudinarias protestas exigiendo que el presidente no concurriese a las elecciones. Los manifestantes obtuvieron sus reivindicaciones, aunque el presidente hubiese mantenido  en el puesto hasta finalizar su mandato y las elecciones fueron atrasadas. Esta decisión ha sido interpretada por los manifestantes como un intento de mantener a Bouteflika en el poder de manera artificial.

Las movilizaciones de la población empezaron a despertar preocupación entre las figuras de poder. El Jefe del Estado Mayor, Gaid Salah, uno de los principales apoyos de Bouteflilka, solicitó el 26 de mayo que se aplicase el artículo 102 de la Constitución, que permitiría remover al presidente en caso de que este no pudiese ejercer su cargo. Este hecho supuso un punto de inflexión, ya que el ejército es uno de los pilares sobre los que descansa el gobierno de la nación.

La declaración caló de forma diferente entre los distintos actores: partidos políticos, élites y población civil. El presidente Bouteflika fue la figura alrededor de la cual se ha estructurado el resto del sistema político. Al desaparecer dicha figura el resto de actores necesitarán moverse rápidamente para reestructurarlo y mantener o mejorar sus condiciones.

Los partidos políticos han empezado a pensar en un futuro sin el expresidente .El Frente de Liberación Nacional ha comenzado rápidamente a preparar su estrategia para mantenerse en el poder. El partido “Asamblea Nacional por la Democracia”, el principal apoyo del FLN en el gobierno  se ha sumado a la petición de dimisión.

El ex presidente antecesor de Bouteflika, Liamine Zéroual, anunció que estaría dispuesto a asumir el cargo como presidente interino. Aseguró que sería apoyado por  los servicios de inteligencia, el tercer pilar del estado y por la población. “El Movimiento de la Sociedad por la Paz”, el principal partido islamista, ha presentado un programa de seis meses para una transición pacífica.

Sin embargo, la población reaccionó de manera muy diferente a las declaraciones del Jefe del Estado Mayor, Gaid Salah. Los manifestantes han pasado de pedir que el presidente no se presentase a las elecciones a exigir su dimisión. Hasta el momento, el foco de las reivindicaciones era la dimisión de Bouteflika pero tras el anuncio de Salah, se exigió también la dimisión de éste, ya que es considerado como parte del sistema. Tras la dimisión del presidente la mecánica de las exigencias de dimisión podría verse afectada. Las protestas se intensificaron y cada vez más grupos sociales estratégicos, como los jueces,  se han unido a las protestas. La policía respondió cortando el acceso a las calles principales y utilizando métodos antidisturbios.

Protestas en Argel

En este momento nos encontramos a nivel nacional con dos bloques de actores con propósitos definidos y antagónicos. Por una parte, las élites políticas y económicas ,tanto dentro del sistema como de la oposición. Las élites dentro del sistema aspiran a mantener su posición, mientras que las opositoras aspiran a unas mayores cuotas de poder. Por otro lado, la población es el sector que soporta unas crisis económicas y sociales que nunca se han llegado a solucionar. La población está cansada del sistema y de unas élites que lo mantienen y se lucran de él. No se conforman con la destitución del presidente, sino que exigen el cese de todas las personalidades que consideran parte del sistema.

Las élites pueden tratar de pactar una transición moderada que de facto no las releve de las estructuras de poder. Para conseguir esto necesitan una cierta tranquilidad social. Este requisito es difícil de conseguir por el descontento de la población hacia toda la élite. Los intentos de ésta por mantener el régimen han provocado una respuesta contraria por parte de la población.  En el momento en que Salah pidió la aplicación del artículo 102 los manifestantes incluyeron al jefe del Estado Mayor en sus cánticos de renuncia. En contraposición al artículo 102, los manifestantes invocan el art 7. Éste artículo dictamina que la legitimidad del gobierno reside en el pueblo. Si se realizase una transición pactada, que no responde a las demandas de la población, las protestas se podrían intensificar. La magnitud de la brecha es percibida desde ambos lados. Los intereses de ambos bloques son tan contrapuestos que es improbable llegar a un acuerdo. Personajes relevantes de la escena política como empresarios o el jefe de la patronal no vislumbran una solución pacífica y han tratado de salir del país. Esto supone un nuevo problema para el sistema, y para contrarrestarlo el gobierno ha prohibido a  150 personas determinadas abandonar el país.

La marcha del presidente ha sido acogida con alegría en la calles mientras las élites se preparan para el siguiente movimiento. El ejército de Argelia ha propiciado la dimisión del presidente. Su siguiente movimiento podría ser desempeñar un papel como director de una transición moderada sin grandes cambios en el sistema. Sin embargo, la población ha pasado a ser un factor clave en la configuración del sistema. Las élites argelinas son rechazadas por la población y todo movimiento de estas ha tenido una contestación en forma de protestas pacíficas. En el caso de que se diese una transición que no respondiese a las demandas democráticas de la población, el descontento de la población iría en aumento. En este escenario tendría lugar un fuerte choque de intereses entre ambos bloques que podría derivar en actos violentos.

El único país que no fue sacudido por las protestas de 2011 en el mundo árabe se enfrenta a un escenario complicado y cargado de tensión.

El peligro de la imposición militar Por Angel Marrades

Bouteflika y el ejercito.

La crisis del Estado, surgido fruto de la guerra civil, es palpable ante los profundos problemas económicos que arrastra una economía de mercado dirigida, el problema es que si bien los movimientos de las distintas élites (oligarcas, ejército y establishment político) se deben a las protestas populares contra el estado actual, que demandan la caída de lo que ellos llaman Le Pouvoir (el Poder), la dimisión de Bouteflika como figura de consenso no significa el fin de las distintas élites ni abre una transición de carácter popular/democrático.

Mientras el círculo cercano a Bouteflika y principalmente el establishment político ha intentado ganar tiempo para llevar a cabo una transición dirigida, estos son el hermano del ahora expresidente Said Bouteflika y el general Mohamed “Toufik” Mediene, el Vice Ministro de Defensa y Jefe del Estado Mayor Gaid Salah ha torpedeado esta posibilidad por sus propios intereses y los del ejército al forzar a Bouteflika a renunciar.

Toufik y Said Bouteflika ofrecieron al expresidente Liamine Zeroua (1994-1999) llevar a cabo la transición política tras la renuncia de Bouteflika al ser una figura con una imagen aceptable, pero al dejar el poder en manos del establishment político Salah temía un juicio y purga a los militares en una transición democrática al exponerse la red de patronazgo de la cual es parte el ejército junto a los oligarcas. Por esto el Jefe del Estado Mayor al día siguiente se movió para evitar que ocurriera esto y conseguir una transición más favorable a él llegando a amenazar por la fuerza si no se aceptaban sus exigencias. Además, Toufik es un férreo enemigo de Salah ya que fue degradado del poder cuando se enfrentaron en 2015 por lo que cualquier transición apoyada por esta persona iba a tener su oposición.

Al final Salah en su intento de mostrarse como el héroe del pueblo al invocar primero el artículo 102, y después también el 7 y 8 aduciendo a la soberanía popular, se ha puesto una diana en la cabeza pues por mucho que intente distanciarse sigue siendo visto como parte de Le Pouvoir ya que el ejército esta desprestigiado por sus luchas internas y el último escándalo de cocaína que surgió el pasado verano de 2018 y revelo una red de corrupción en las Fuerzas Armadas, esto fue utilizado por Gaid Salah para realizar una purga de sus opositores en el cuerpo por lo que podemos suponer que mantiene una fuerte influencia sobre los militares.

El próximo viernes están anunciadas más protestas, los argelinos no se conforman con Bouteflika fuera ni con una transición dirigida con unas elecciones inciertas en el futuro. Sin ninguna figura concreta a quien dirigir las demandas en el establishment político el objetivo de los manifestantes será Salah. Esto nos plantea un escenario peligroso en el que el ejército podría terminar haciendo algún tipo de movimiento para asegurar que no se ven expuestos por su corrupción si no consiguen convencer al pueblo de la legitimidad del trío Abdelkader Bensalah, como presidente en funciones, Nourredine Bedoui, como jefe de gobierno, y Tayeb Belaiz, al frente del Consejo Constitucional, son la transición democrática que el pueblo ha estado pidiendo durante todas estas semanas. Otra posibilidad es el de unas elecciones controladas por el ejército, pero ambos escenarios podrían llevar hacía un enfrentamiento ante una victoria democrática no reconocida por los militares, escenario que se dio en 1992 e inicio una guerra civil, o ante un enroque del ejército desafiado por las clases populares.

El fin de una era ¿y de la estabilidad? Por Jorge González Márquez

Tras 20 años en el poder, Abdelaziz Bouteflika ha dimitido.

Ahmed Gaïz Salah, jefe del estado mayor

Claramente, es el fin de una era, pero ¿es el fin del régimen del Frente de Liberación Nacional? Esto último es por ahora poco probable, al fin y al cabo, presidentes del FLN han gobernado Argelia desde 1962 utilizando siempre al partido como brazo político del ejército, con las notable excepciones de Mohamed Boudiaf, asesinado tan solo cinco meses después de tomar el cargo, y de Liamine Zéroual, militar no afiliado al FLN.

Pero Bouteflika ha tenido un papel especial en la historia de Argelia, no por nada ha sido el presidente que ha pasado más años en el cargo, y es que ha sido el líder de la “reconciliación nacional”. El líder tras el cual las distintas facciones de la elite argelina, entre las que destacaban el antiguo servicio secreto militar (DSR) y el alto mando militar, cerraron filas tras la sangrante guerra civil contra grupos islamistas ocurrida a finales del pasado siglo. Pero esta tregua se fue quebrando con el paso del tiempo y el deterioro de la salud de Bouteflika como quedó demostrado en 2015 con la destitución de Mohamed Mediene, jefe de los servicios secretos durante 25 años, y la posterior reestructuración del poderoso DSR en una nueva agencia (DSS) controlada directamente desde la presidencia.

Este movimiento fue el primero de una serie de purgas, poco después caerían otros tres generales, que causó un gran malestar entre muchos militares que consideraban que la facción gubernamental estaba ganando demasiado poder a su costa. Pero sus propias disputas internas y la carencia de un líder dejaban claro que el clan Bouteflika no enfrentaría una seria oposición siempre que jugara bien sus cartas.

Y eso hizo, hasta que el inexorable deterioro en la salud de Bouteflika y el estancamiento de la economía del país volvieron en su contra a grandes sectores de la población llevándonos a la situación actual. Gracias a esto, el Alto Mando encarnado en la figura del jefe de las Fuerzas Armadas, Gaid Salah, ha podido hacer su movimiento apartando definitivamente a Bouteflika del poder semanas antes de lo previsto.

Importaciones de Gas Natural a España en 2017 por países de origen. Fuente: CNMC

Ahora bien, con el clan Bouteflika herido de muerte y la calle embravecida ¿serán los militares argelinos capaces de acordar entre si el nombramiento de una nueva figura de unidad? Esto podría ser difícil, y es bastante probable que durante el periodo de transición hasta las próximas elecciones veamos que, con Bouteflika fuera de escena, las distintas facciones internas del ejército se vuelven unas contra otras provocando renuncias, expulsiones e incluso, dependiendo de lo grave de estas, asesinatos que podrían acercar al país a una espiral de caos, con terribles consecuencias para una región ya de por si turbulenta.

Pero incluso si se llegara a un nuevo acuerdo de unidad ¿lograrán convencer a la población civil de aceptar a esta? Si se diera esta situación y el ejército forzara su mano para colocar a un nuevo candidato a la presidencia proveniente del FLN que no sea aceptado por la calle argelina, podríamos ver una nueva y renovada oleada de protestas que fácilmente podrían llevar a que el ejercito hiciese uso del artículo 107 de la Constitución y declarase el estado de excepción, tal y como se había especulado que podría haber hecho en las últimas semanas, lo que podría llevar también a un escenario incierto y potencialmente caótico.

Hay quien dirá que con Argelia no se juega, que locales y extranjeros hemos aprendido del desastre libio, que nadie se atreverá a destapar una nueva caja de Pandora en el norte de África, especialmente sabiendo lo que significa Argelia para Europa (el 54% de las importaciones de gas y petróleo de España provienen de Argelia) pero algunos en Argel, Madrid y Paris dormirían más tranquilos si no fuera porque, por alguna razón, el gobierno argelino ha decidido necesario prohibir la salida del país a la práctica totalidad de la patronal argelina. Se avecinan curvas.

Sobre el Autor

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Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Salamanca. La geopolítica es mi mayor pasión, en particular vivo fascinado por el Este de Europa y Oriente Medio.

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Graduado en Historia y en el máster en Cooperación Internacional por la UCM. Interesado en geopolítica y en relaciones internacionales. Intentando comprender como funciona el mundo.

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Estudiante de Ciencia política en la USAL. Considero imprescindible conocer la realidad africana para comprender la realidad global. Especializada en Geopolítica, Relaciones y Terrorismo.

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Estudiante de tercer año de Ciencias Políticas en la Universidad de Salamanca. Historiografia, geopolítica y elecciones.

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