100 años de gobierno bielorruso en el exilio (2ª Parte)

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En la primera parte de este artículo nos referíamos a la creación de las instituciones bielorrusas surgidas en el contexto de la Revolución Rusa y a la breve experiencia de la República Popular de Bielorrusia. En esta segunda y última parte, atenderemos a la situación de la Rada tras la reincorporación del territorio bielorruso a la Rusia soviética y a su periodo de exilio, destacando su papel en acontecimientos de tal importancia como la Guerra Polaco-Soviética (1919-1921).

Enlace a la primera parte.

Mapa de los territorios reclamados por la BPR

El hundimiento de Alemania en la guerra y el inicio de la Revolución Alemana permitió a los soviéticos invalidar lo establecido en Brest-Litovsk. En este contexto, el presidente de la Rada, Antón Lutkiévich, trató de desembarazarse de la tutela alemana y negociar con Moscú desde una posición de igualdad como un gobierno de un estado independiente. De hecho este será invitado a Moscú por Lenin para discutir la posible integración de los nacionalistas bielorrusos en el futuro gobierno bielorruso que se establecería tras la salida de los alemanes.

A pesar de estas negociaciones, los miembros de la Rada abandonarán Minsk en diciembre de 1918 ante el avance de las tropas soviéticas, asentándose primero en Vilnius y, más tarde, en Grodno. Desde estas ciudades las autoridades de la Rada lanzan un llamamiento al pueblo bielorruso para luchar contra los soviéticos, tratando de organizar milicias nacionalistas para hacer frente al Ejercito Rojo.

Tras haber recuperado el territorio bielorruso, los soviéticos van a proclamar la República Socialista Soviética de Bielorrusia, la cual será unificada posteriormente con Lituania en la llamada República Socialista Soviética de Lituania y Bielorrusia, con capital en Vilnius. El proyecto de un estado conjunto lituano-bielorruso resultaba también del gusto de los nacionalistas de la Rada, de hecho algunos de sus miembros, como I. Voronka, llegarán a tomar parte en la política lituana proponiendo la posibilidad de ese estado conjunto. Esto favoreció la incorporación de numerosos políticos bielorrusos a las instituciones lituanas, ya sea en la Lituania burguesa, como Voronka, o en la soviética, como Zhilunóvich (ex-miembro de la Rada).

Por otra parte, algunos miembros de la Rada intentaban conseguir el apoyo de los Aliados para su causa. A pesar de estos esfuerzos, los aliados estaban más interesados en luchar en Polonia y las Repúblicas Bálticas, donde tenían más posibilidades de vencer a los bolcheviques que en Bielorrusia, donde el apoyo a estos siempre fue mayor. Dentro de esta búsqueda de apoyos tratarán de ser tenidos en cuenta en la Conferencia de Paz de París, en un intento por frenar las ambiciones de los polacos sobre los territorios bielorrusos.

En febrero de 1919, las tropas polacas entraban en el territorio bielorruso ocupando las ciudades de Vilnius y Grodno, alcanzando Minsk en el mes de agosto, lo que supuso el fin de la República Socialista Soviética Lituano-Bielorrusa. Al entrar el ejercito polaco en Grodno, en sustitución de las tropas alemanas y con apoyo de los aliados, se decreta la disolución de los comandos militares bielorrusos, a pesar de las protestas de los dirigentes nacionalistas bielorrusos. Las fuerzas polacas van a establecerán en los territorios ocupados el Consejo Plenipotenciario de Bielorrusia, un gobierno títere conformado por miembros de la Rada. A pesar de las promesas iniciales, desde muy pronto se verá que Polonia no tiene intención de cumplir con su compromiso de crear una federación con Bielorrusia, sino que pretenden administrar esta como un territorio ocupado. El proyecto del mariscal polaco Pilsudski era realmente crear una gran Polonia que se extendiera desde el Báltico al Mar Negro, pretendiendo anexionar los territorios bielorrusos. La conquista vino seguida de un intento de aculturación de la población a través de la prohibición de la lengua bielorrusa y el intento de imponer el catolicismo sobre una población de mayoría ortodoxa. Junto con esto, los polacos también van a revertir todas las reformas iniciadas por los soviéticos en Bielorrusia, recuperando la propiedad privada y devolviendo las tierras a los terratenientes.

Jozef Pilsudski pasando revista a las tropas en el Minsk ocupado.

El dominio ejercido por los polacos provocará una nueva crisis en el seno de la Rada, surgiendo dos posiciones claramente diferenciadas. Por una parte encontramos a los partidarios de seguir colaborando con los polacos, liderados por Anton Lutskiévich. Frente a estos, encontramos a los partidarios de Vaclau Lastovsky, que defendían una lucha tanto contra los polacos como contra los soviéticos. El gobierno de Lutskiévich salió derrotado en una votación de la Rada, siendo sustituido por un nuevo gobierno dirigido por V. Lastovsky. Lutskiévich y sus seguidores no aceptarán esto, conformando otro gobierno diferente. Esto hace que surjan dos gobiernos diferentes: la Rada Popular de la República Popular de Bielorrusia, dirigido por Lastovski, y la Rada Suprema, por Lutskiévich.

Ante esta situación, los polacos deciden intervenir acabando con el gobierno de Lastovski y con la Rada, obligando a este a refugiarse en Lituania, que entonces se hallaba enfrentada a Polonia al verse amenazada por el nacionalismo polaco y sus planes expansionistas. En Kaunas, Lastovski organizará un nuevo gobierno bajo protección lituana. Por su parte, los polacos permitieron a la  Rada Suprema de Lutskiévich actuar con cierta autonomía, volviendo a prometerles la formación de una región autónoma bielorrusa dentro de la nueva Polonia. Esta facción pro-polaca comienza a organizar un ejercito bielorruso bajo control polaco, el ejercito de Bulak-Balajovich, con el que pretende atacar a los soviéticos. Este ejercito pretendió fundar un nuevo estado en torno a Slutsk conocido como “República Libre Bielorrusa”, un gobierno títere dominado por los polacos y apoyado por fuerzas anti-bolcheviques. El objetivo de este nunca fue crear una Bielorrusia independiente, sino emplearlo como base para una operación contra los bolcheviques.

Bandera de la República Libre de Bielorrusia (Slutsk, 1920)

El 12 de junio de 1920, los soviéticos firman la paz con Lituania en Kaunas (Vilnius, considerada su capital por los lituanos, estaba ocupada por los polacos). En este tratado se reconocía la autoridad lituana sobre varios territorios reivindicados por el nacionalismo bielorruso, como son Vilnius y Grodno y la neutralidad lituana en la Guerra polaco-soviética. Respecto a la Rada, el tratado establecía que Lituania no podría apoyar las actividades de “organizaciones y grupos antisoviéticos”, lo que era una clara referencia a la Rada y al nacionalismo bielorruso. Así, la paz marca el inicio de la ruptura entre la Rada y el gobierno lituano.

El 18 de marzo de 1921 se firma la Paz de Riga entre los soviéticos y Polonia, lo que supuso la división de Bielorrusia en dos partes, una occidental bajo control polaco y una oriental en manos soviéticas. Este pacto supuso un duro golpe para los nacionalistas bielorrusos, ya que suponía el fin del apoyo de Polonia y Lituania a su causa. Las fuerzas bielorrusas quedaban así divididas en cuatro gobiernos: el nuevo gobierno soviético en la Bielorrusia oriental, el gobierno de Lutskiévich en la zona ocupada por Polonia, el gobierno de Lastovski en Kaunas y la “República Libre” bajo control del ejercito de Bulak-Balajovich.

Estos gobiernos no tendrían una larga vida. El primero en caer sería el gobierno de Lutskiévich, este, ante la falta de apoyo de Polonia, que primero apoyó las operaciones del ejercito de Bulak-Balajovich y, más tarde, prefirió firmar la paz con los soviéticos, acaba dimitiendo y su gobierno se disuelve. Tras esto, Lutskiévich se mantendrá en Polonia trabajando en instituciones culturales bielorrusas, desde las que abogaba por la reunificación de Bielorrusia. Respecto a la “República” creada por Bulak-Balajovich, los oficiales blancos que habían apoyado su establecimiento, como Victor Savinkov, pretendió ocupar las tierras que, en virtud del Tratado de Riga, los polacos debían abandonar en favor de Rusia, desde donde pretendían lanzar una campaña contra Moscú. Finalmente, estos serán vencidos por el Ejercito Rojo, poniendo fin a esta pseudo-república. Por su parte, el gobierno de Lastovski, viéndose privado de cualquier apoyo, acabará disolviéndose. En un último intento por reunificar el movimiento nacionalista bielorruso bajo su mando, Lastovski pretendió celebrar un encuentro nacional en Daugavplis, lo cual fue rechazado por el presidente de la Rada, Krichevski. Ante este fracaso, Lastovski anuncia su retirada de la política, posteriormente, aprovechando la amnistía ofrecida por las autoridades soviéticas regresará a Bielorrusia a partir de 1927.

Tras la caída de Lastovski, se formó un nuevo gobierno a partir de los restos de la Rada. El nuevo gobierno, liderado por A. Tsvikevich, vino lastrado por las tensiones con el gobierno lituano que acabaron con Lastovski. La firma de la paz con los soviéticos y la reivindicación de Vilnius, ciudad que contaba con una importante población bielorrusa, como capital, supusieron la ruptura de la colaboración entre la Rada y el gobierno lituano, al que se acusa de implementar políticas “anti-bielorrusas”. Como consecuencia de esta ruptura, la Rada abandona Kaunas y se instala en Praga. Este nuevo gobierno de Tsvikevich no será reconocido por muchos dirigentes, sobretodo por seguidores de Lastovski como P. Bodunova, E. Mamonko o T. Grib.

La nueva situación en la región surgida tras las paces de Kaunas y Riga supone un cambio en la actitud de algunos miembros de la Rada hacia la recién creada Unión Soviética. La confluencia de las políticas nacionalistas implementadas por Polonia y Lituania y la nueva política de “bielorrusización” en la RSS de Bielorrusia hace muchos dirigentes bielorrusos comiencen a simpatizar con la URSS, planteando la posibilidad de regresar a Bielorrusia e integrarse en el sistema soviético, como ya habían hecho numerosos de sus ex-compañeros escindidos en los años anteriores. Esta simpatía aumentó aún más a partir de 1926 con la segunda ampliación de la RSSB, que fue percibido como la prueba de la consolidación de la Bielorrusia soviética y del compromiso de Moscú por respetar la autonomía bielorrusa.

Como consecuencia del reconocimiento por parte de la Sociedad de Naciones de la frontera polaco-soviética establecida por el Tratado de Riga, e influidos por esta nueva simpatía hacia las instituciones soviéticas, Tsvilevich convoca en 1925 en la ciudad de Berlín la II Conferencia Pan-Bielorrusa. En esta conferencia se reconoce a Minsk como centro político y cultural de Bielorrusia. También se define el dominio polaco de la parte occidental como una ocupación colonial. Finalmente, el sector liderado por Tsvilevich, que llevaba tiempo negociando con el gobierno de soviético de Bielorrusia, propone la disolución de la Rada, el reconocimiento del gobierno de la República Socialista Soviética de Bielorrusia y el traspaso de sus competencias a esta. Esta decisión no será reconocida por el presidente de la Rada, Peter Krichevski, quien junto a sus partidarios como Zakharkov y el sector crítico con Tsvilevich va a liderar la Rada a partir de este momento. Este sector definirá la decisión aprobada en la Conferencia como una “una traición a la independencia de Bielorrusia”, continuando con sus actividades en Praga. Quienes aceptaron la disolución de la Rada regresan a la Bielorrusia soviética. En el caso de  Tsvilevich había sido invitado a volver personalmente por Alexandr Chervyakov. A pesar de haberse opuesto a la disolución, algunos de los que habían apoyado inicialmente a Krichevski, como P. Bodunova o Mamonko, acabaron abandonando la Rada y regresaron también a Bielorrusia. El remanente de la Rada que quedó de la Rada permanecerá en Praga, tratando de seguir recabando apoyos para su causa. A la muerte de Krichevski, este será sucedido por A. Zakharko.

Con la llegada de los nazis al poder en Alemania, los nacionalistas bielorrusos en el exilio adquieren nuevas esperanzas de retomar el poder en Bielorrusia con apoyo alemán. En 1939, Zakharko publica un completo informe sobre la situación política, económica y cultural de Bielorrusia. Ese mismo año, se dirige a Hitler en busca de su apoyo. En su memorándum, Zakharko insiste en que los bielorrusos son una nación diferente a los rusos. A pesar de estos primeros contactos, no llegará a producirse un acuerdo entre la Rada y los nazis de cara a la ocupación de Bielorrusia. En febrero de 1943, en los territorios bielorrusos ocupados por los alemanes se organiza un gobierno títere en los territorios bielorrusos, dirigido por Rasdaslau Astrouski, la Rada Central de Bielorrusia, que no contará con el reconocimiento de la Rada original, que se mantiene en Praga.

En los últimos momentos de la guerra, la Rada, temiendo el avance de las fuerzas soviéticas, se refugia en el oeste de Alemania, que será posteriormente tomada por tropas británicas y estadounidenses. En 1948, la Rada celebra una conferencia en Osterhofen, Baviera, en la cual se decide aceptar como miembros a todos aquellos que habían abandonado Bielorrusia ante su recuperación por parte de los soviéticos. Entre estos se incluyeron numerosos colaboracionistas como Ivan Ermachenko, Joseph Sazhich o Boris Rogulya.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la Rada tuvo que enfrentarse a otro gobierno bielorruso en el exilio, el Consejo Central de Bielorrusia, heredero del gobierno títere que los nazis impusieron sobre Bielorrusia y formado totalmente por colaboracionistas. Durante los años siguientes a la guerra, la Rada se traslada a América del Norte, desde donde centrará sus esfuerzos en establecer contactos con gobiernos occidentales en un intento de ganar apoyos de cara a una futura independencia de Bielorrusia. Dentro de sus actividades contra la URSS y las países del Pacto de Varsovia, los miembros de la Rada tendrán un destacado papel en la creación del servicio bielorruso de la anticomunista Radio Libertad. Una de sus actuaciones más destacadas durante este periodo sería su participación en organización de las ayudas a Bielorrusia tras el desastre de Chernobyl de 1986.

Tras la disolución de la Unión Soviética, los gobiernos en el exilio de las repúblicas ex-soviéticas y de los estados del Pacto de Varsovia (Lituania, Ucrania, Polonia…) se disolvieron, traspasando sus funciones a los nuevos gobiernos. En un intento por tomar parte en el proceso de independencia de Bielorrusia, la Rada apoyó la formación del Frente Popular Bielorruso, que abogaba por declarar la independencia y restaurar la República Popular de Bielorrusia. Dentro de esta política de restaurar la antigua república, el Consejo Supremo de la República de Bielorrusia decidió adoptar los símbolos de esta: el escudo de armas de Pogonya y la bandera blanca, roja y blanca. En 1993, los miembros de la Rada estuvieron presentes en Minsk para la celebración del 75º aniversario de la proclamación de la República Popular de Bielorrusia. En dicha ocasión, los miembros de la Rada anunciaron su intención de trasferir sus competencias a un futuro parlamento bielorruso elegido democráticamente. Por ese momento, los miembros de la Rada consideraban que aún no podían disolver esta al considerar que el parlamento bielorruso de ese momento se había formado en época soviética y por tanto no era legítimo desde el punto de vista de los exiliados.

Manifestación independentista en Minsk (1991)

Así, los miembros de la Rada pospusieron su disolución hasta la celebración de las elecciones presidenciales de 1994 y las parlamentarias de 1995. Ambos procesos resultaron un desastre sin paliativos para la oposición pro-occidental representada por el Frente Popular de Bielorrusia y otros partidos liberales. Las presidenciales, cuyo resultado fue puesto en duda por los observadores internacionales, fueron ganadas por el actual presidente Alexander Lukashenko. Al llegar al poder, Lukashenko recupera los símbolos soviéticos y mantiene el ruso como lengua cooficial junto al bielorruso. Un resultado similar se observa en las parlamentarias, las cuales fueron ganadas por candidatos independientes que apoyaban a Lukashenko, seguidos por el Partido Comunista. Ante esto, la Rada, caracterizada por sus ideas anticomunistas y nacionalistas, se niega a disolverse, manteniéndose hasta la actualidad como gobierno en el exilio. Si se disolvió en estos años su gran competidor, el Consejo Central de Bielorrusia, heredero del gobierno títere impuesto por los nazis.

En la actualidad, la Rada mantiene una actividad similar a la sostenida durante la Guerra Fría. La actividad de la Rada se centra principalmente en los países anglosajones, fundamentalmente Reino Unido y Estados Unidos, en los cuales existe un número considerable de emigrantes y exiliados bielorrusos. Estos exiliados se encuentran agrupados en asociaciones como son la Belarusan-American Association y la Association of Belarusians in Great Britain. Los cuadros de la Rada se nutren de estas asociaciones, de hecho una parte importante de sus actuales líderes provienen de estas. Se trata de asociaciones surgidas en el contexto de la Guerra Fría, integrando a aquellos inmigrantes que habían abandonado Bielorrusia al ser recuperada por las tropas soviéticas.

De una de estas asociaciones, el Comité de Coordinación de los Bielorrusos de Canadá, proviene la actual presidenta de la Rada, Ivonka Survilla. El padre de esta, Uladzimier Šymaniev, fue un destacado miembro del movimiento nacionalista bielorruso, el cual, tras la caída de la República Popular de Bielorrusia, se había asentado en Polonia, donde nacerá Ivonka. Tras la recuperación del territorio bielorruso por parte del Ejército Rojo, el padre de Ivonka fue arrestado por las autoridades soviéticas, siendo posteriormente liberado por las tropas nazis cuando ocuparon Bielorrusia. Al igual que otros líderes nacionalistas, la familia Šymaniev, tras un breve periodo en un campo de refugiados en Dinamarca, se trasladó a París, donde se estaba reorganizando el nacionalismo bielorruso. En esta ciudad tendrá lugar el Primer Congreso de la emigración de Bielorrusia, en el cual participó también, Janka Survilla, quien años más tarde se convertiría en el esposo de Ivonka. La pareja se trasladará a España, donde el régimen franquista ofrecerá una beca a Janka Survilla, permitiendo a ambos realizar programas de radio bajo el amparo de Radio Nacional de España, desde los cuales se instaba a la diáspora bielorrusa a oponerse al gobierno soviético de Bielorrusia. Posteriormente, en 1969, los Survilla se trasladan a Canadá, donde Ivonka comenzará trabajando como traductora para el gobierno canadiense. En Canadá, la pareja colaborará con el Instituto bielorruso de Ciencia y Arte (BINiM), una organización cultural fundado en Nueva York en 1951 por miembros de la diáspora bielorrusa, que acababa de situar unas oficinas en Toronto. A partir de esta organización cultural, Ivonka pudo acceder al Comité de Coordinación de los Bielorrusos de Canadá, organización surgida en 1966 a partir de la unión de anteriores asociaciones bielorrusas y con el que desde 1971 estaban colaborando diferentes entidades, como es el caso del ya citado Instituto bielorruso de Ciencia y Arte. Junto con esto, Ivonka también logrará ser elegida como miembro del Consejo Canadiense Etnocultural, un organismo que agrupa a los representantes de los diferentes grupos étnicos de Canadá con el fin de defender sus intereses. Tras el desastre de Chernobyl, que afectó a amplias zonas de Bielorrusia, Survilla, junto a otros compañeros de la diáspora, colaboraron en la recaudación de fondos para la afectados. Gracias a la posición obtenida por medio del desempeño de cargos y otras actividades, Ivonka Survilla se hizo con la presidencia de la Rada en 1997, siendo la única líder de este órgano elegida tras la disolución de la URSS.

Ivonka Survilla, actual presidenta de la Rada.

Entre las pocas actividades reseñables de su mandato figura el haber sido signataria de la Declaración de Praga en 2008, una declaración anticomunista suscrita por dirigentes políticos de la Europa Central y Oriental y empeñada en equiparar el comunismo al fascismo. No entraremos aquí ha valorar el contenido de este documento, ya que esto daría para otro artículo.

Junto con esto, Survilla suele dirigirse a la sociedad bielorrusa el día 25 de marzo, aniversario de la proclamación de la República Popular de Bielorrusia. Este día es utilizado por las fuerzas de la oposición para manifestarse en contra del gobierno de Aleksandr Lukashenko. La utilización de este día, junto con los símbolos de la BRP, demuestra que si bien esta república tuvo un escaso desarrollo, su memoria y simbolismo sigue teniendo un enorme peso para la oposición y el nacionalismo bielorruso.

Respecto a la situación actual de la Rada, sus propios miembros reconocen que es imposible para ellos plantear realmente una toma del poder, de modo que sus únicas actuaciones se basan en apoyar a los grupos opositores en un intento por provocar un cambio de régimen. Sin embargo, esta política resulta problemática, como explicaba Packajeu en una entrevista en el año 2016, en Bielorrusia a penas existe a quien puedan apoyar, desde la Rada afirman que los partidos opositores se encuentra excluidos, y tampoco existe una insurgencia que quiera jugarse la vida para propiciar un cambio político. Otra cuestión que debería plantearse es la verdadera capacidad de la Rada para incidir en Bielorrusia o apoyar a los opositores. Debemos tener en cuenta que, como ya hemos señalado, la Rada cuenta con unos recursos muy limitados, procedentes de donaciones privadas de la diáspora bielorrusa.

Podríamos concluir este repaso por la historia de la República Popular de Bielorrusia y de su gobierno en el exilio indicando que tras más de 100 años de exilio, sigue sin vislumbrarse en el horizonte un futuro claro para la Rada. Actualmente parece inviable esperar un cambio de régimen en Bielorrusia, a pesar de las dificultades que se le presentan a Lukashenko, el veterano dirigente sigue resistiendo en el poder. Por su parte, tras un siglo de existencia, tampoco parece que la Rada vaya a acabar disolviéndose, el vetusto gobierno en el exilio ha soportado momentos mucho más duros y ha persistido. Tras cien años, ¿qué más da esperar un poco más?. Solo queda preguntarnos, ¿hasta que edad llegará el gobierno en el exilio más antiguo del mundo?.

Sobre el Autor

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Graduado en Historia por la UCO. Interesado en la Historia, el Arte y la Geopolítica.

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Jose A. Rivas

Graduado en Historia por la UCO. Interesado en la Historia, el Arte y la Geopolítica.
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